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miércoles, 17 de diciembre de 2014

La perforación de orejas: mutilación y sexismo

Una noticia reciente me llamó la atención: el Estado de Nueva York decidió prohibir por ley tatuar (salvo para su identificación) o poner piercings a las mascotas, por considerar que estas prácticas son una forma de maltrato a los animales.
En efecto, contrariamente a una persona humana adulta, un animal doméstico no tiene la capacidad de decidir sobre su cuerpo, de oponerse a un trato doloroso, y cualquier imposición del dolor sin una causa realmente justificada es un trato cruel.

Y estoy bastante de acuerdo con esto.

Pero entonces, pregunto, ¿qué tenemos que pensar de los piercings en las orejas de las niñas a una temprana edad, a veces con muy poquitos días de vida?

Esta práctica, en algunos países, está muy arraigada. En España, es común incluso que la niña salga del hospital en el que nació con sus orejitas ya perforadas.

"En cada vez más hospitales y clínicas ya te ofrecen el pack de bebé niña + agujereado de oficio, junto con las pruebas médicas, el aspirado de mocos y otro tipo de cuidados, de forma que casi ni te enteras de cuándo se los ponen. Y claro, una vez en casa, coger a la niña un día, llevarla a la farmacia, sujetarla tú mientras se revuelve y llora, exige un acto mucho más consciente. Y da más palo" cuenta el blog De mamas y de papas.

Como para los animales, imponer una práctica física, definitiva (los agujeros pueden volver a taparse, pero puede que queden secuelas de por vida) y dolorosa (por más que el dolor sea menor) sobre el cuerpo de una o un bebé que no tiene la capacidad de decidir si está o no de acuerdo es una forma de maltrato. 

Son sus orejas, no las mías. Es su cuerpo, no el mío. No tengo por qué imponerle semejante decisión, por más mono que me parezca. Las bebés no son muñecas. Son seres humanos sujetos de derechos. El derecho a la integridad física es uno de los primeros.

La única persona que debería poder tomar decisiones que atañen al cuerpo (excepto razones médicas) es la persona misma, tenga la edad que tenga.

Por eso la perforación de orejas, como también la circuncisión de los niños, deberían ser consideradas mutilaciones y, por ende, prohibidas hasta que el niño o la niña estén en edad de decidir por si mismxs.

Pero además, la perforación de orejas de las niñas es una de las primeras maneras de marcar el género. No sea que confundamos una niña y un niño, dios nos libre y nos guarde.

Salvando las distancias, esta voluntad de marcar físicamente el género de una recién nacida se asemeja a la estrella de David impuesta a lxs judíxs en Europa bajo el nazismo: mujer naciste, mujer hay que reconocerte, mujer hay que marcarte ante la humanidad, porque como mujer hay que tratarte, con todo lo que esto significa.

Varios estudios muestran que la gente no se comporta de la misma manera con lxs niñxs e, incluso, con lxs bebés, según si se trata de un varón o de una mujer.

Uno de los experimentos* consistió en enseñar a dos grupos de adultxs el mismo video de un bebé llorando. Al primer grupo, se presentó ese bébé como un varón. Al segundo, como una mujer. A ambos, se les preguntó por qué lloraba. Las respuestas, para el mismo video, fueron distintas: lxs que creían estar frente a un niño contestaron que estaba enojado. Lxs que creían estar frente a una niña, que tenía miedo.

Al interpretar de manera distinta el llanto de un mismo bebé de acuerdo a su sexo, la respuesta de lxs adultxs será necesariamente distinta: no se actúa de la misma manera con alguien que está enojadx que con alguien que está asustadx. No se le habla de la misma manera, no se le trata de la misma manera.

Esto puede explicar por qué, desde una muy temprana edad, niños y niñas tienen actitudes, gustos (juegos, juguetes, centros de interés), comportamientos distintos, y por qué es absolutamente imposible saber, a ciencia cierta si esas diferencias son innatas o adquiridas. A partir del momento en que el o la bébé, y mismo el feto, recibe estímulos de personas adultas (se ha comprobado que tampoco se le "habla" de la misma manera, con el mismo tono y la misma voz, a un feto según si es varón o mujer, con lo cual la influencia social empieza antes mismo del nacimiento), esa sociabilización hace imposible la distinción entre genética e influencia del entorno.

Por ende, marcar desde muy temprana edad a las niñas con aritos en las orejas es una manera, junto con el color de la ropa, de alentar a la gente a tratar a esa niña "como una niña", a imponerle nuestra construcción mental y social sobre cómo deben actuar las niñas de acuerdo a cómo las vamos a tratar (por ejemplo, se le habla con mayor dulzura a una niña que a un niño, condicionando, por supuesto, a la niña, pero también al niño, que deberá construirse con otros tipos de estímulos).

Por eso algunas personas han querido ocultar a su entorno el sexo de su bebé, vistiéndole con ropa de color "neutro", dándole un nombre "neutro", para que el sexismo de la sociedad, basado en estereotipos de género, no influya en su comportamiento.

Capítulo aparte merecería la hipocresía de una sociedad que perfora las orejas de bebés de pocos días de vida, pero se atraganta de indignación cuando unx adolescente quiere perforarse la nariz, el ombligo u otras partes del cuerpo...

*Sex differences : a study of the eye of the beholder, John Condry and Sandra Condry, Child development, n° 3, sep. 1976

domingo, 7 de diciembre de 2014

Catálogos no sexistas de juguetes: ¡se puede!

Se acercan las fiestas de fin de año, y cada vez tenemos que soportar los catálogos de juguetes sexistas divididos en dos categorías: para niñas y para niños.

Muchas veces contestan: es que así es más fácil encontrar un juguete.

¿Más fácil? ¿Qué pasa si un varoncito quiere una muñeca o si una niña quiere un disfraz de cow-boy, como yo soñaba con tener (y obtuve) (sí, ya sé, los cow-boys son representantes de un sistema patriarcal y racista)?

Me imagino a mis padres deambulando por los pasillos de una juguetería, siguiendo los carteles, y buscando infructuosamente el disfraz de cow-boy en las góndolas "para niñas" (ya que yo era una niña)... ¿En qué es eso más fácil?

¿No sería más lógico dividir los juguetes de acuerdo al tipo de juguete, y no de acuerdo al supuesto género del o de la niña?

Pues buena noticia, esto es lo que ha hecho la marca Toy Planet en su último catálogo en España. 

Todo no está perfecto, el color rosa sigue siendo el predominante en cuanto a todo lo que sea juguetes tradicionalmente atribuidos a las niñas, ya saben, esos que apuntan a convertirlas en futuras esclavas domésticas de su marido e hijxs.

Pero se ven a niños jugando con muñecas y a niñas con autitos o herramientas de construcción. Y esto, sólo eso, ese detalle que parece tan anecdótico, pues es casi revolucionario.

Un niño juega con un cochecito de bebé
Además, las categorías son muchísimo más inteligentes, y permiten encontrar más fácilmente el juguete buscado: aire libre, fiestas y disfraces, manualidades, muñecas, primera infancia, electrónicos, vehículos grandes, etc.

También hay lista por edad, y otra por personajes (Dora la Exploradora, Minnie, Spiderman), etc.

Aquí otros ejemplos de las páginas del catálogo:

Una niña juega con herramientas

Un niño y una niña comparten herramientas de juguete

Niños y niñas juegan con muñecas y cocinas

Un niño juega con un lavarropa de juguete. ¿Par hacer como papá?

Una niña juega con cochecitos (¡como yo de niña!)

Niñas juegan con autitos

Una niña subida a una moto roja y negra (¡no rosa!)

Niñas jugando con cochecitos

Me parece que no era taaaan difícil cambiar el paradigma de los juguetes. Es una muestra de que dividir a la humanidad por sexo no es una fatalidad (como tampoco lo es dividirla por clase o por color de la piel). No es la humanidad a la que hay que dividir y poner en categorías, sino, en todo caso, si realmente queremos crear categorías, son nuestras actividades o nuestros comportamientos o nuestras "orientaciones íntimas" a las que hay que categorizar.

Es lo que propone el sociólogo francés Michel Bozon, que considera que las categorías por orientación sexual (hetero, homo, bi, etc.), por comportamiento sexual (monogámicx o no) o en función de la apariencia y de las actitudes en materia sexual (machote, afeminado, mujer "honesta"/mujer "fácil"...) no logran dar cuenta de los significados que revisten los comportamientos sexuales.

Michel Bozon propone entonces tres tipos de "orientaciones íntimas":

- el modelo de red sexual o de sociabilidad sexual: aquel en que se valoriza el hecho de tener muchas parejas y en que la intimidad se exterioriza (en general, la sociedad sexista considera que este modelo no es el adecuado para las mujeres).
- el modelo del deseo individual: orientación individualista en cuanto a sexualidad, y uso narcisista de dicha sexualidad
- el modelo de la sexualidad conyugal (sea cual sea, entonces, la orientación sexual de las personas).

Esta es una manera de categorizar los comportamientos sexuales, pero se pueden encontrar otras.

A lo que voy, es que no es necesario categorizar a las personas de acuerdo a su sexo, su género o su orientación sexual. Esas categorías no ayudan a entender mejor a la humanidad y a cada individuo.

Porque si, por ejemplo, divido a las personas de acuerdo a su sexo, ¿qué hago con las personas intersex?

O si divido a las personas de acuerdo a su género, ¿qué hago con una mujer que es "masculina" pero que no necesariamente es lesbiana? ¿En qué categoría la ubico? ¿Cómo hago para entenderla, para acercarme a esa persona?

Si somos humanistas, si nos interesan las personas que nos rodean, si las queremos entender, es imprescindible no ponerlas en categorías cerradas. Esas categorías son restrictivas, limitadoras, nos nos permiten entendernos.

El humanismo debe pasar, necesariamente, por romper los estereotipos de género, de clase, de raza.

jueves, 2 de octubre de 2014

Los hombres deben pagar la cena... y las mujeres abrirse de piernas

Ya es un clásico: cuando los varones se quejan de que el sexismo les afecta a ellos por igual, dan el ejemplo de quién paga la cena.

En efecto, en esta sociedad, se espera de los varones que sean ellos los que paguen la cena, el cine, las salidas. 

"¡Qué feminismo ni feminismo, si al final las mujeres pretenden que seamos nosotros los que paguemos todo!", lloran (comparando su desgracia con las violaciones, los acosos, las agresiones que sufrimos a diario).

Tienen razón y no tienen razón. En efecto, la mayoría de las mujeres, en todo caso en Argentina, esperan eso de los varones, y consideran que un varón que no pague o pague a medias es un desubicado, un maleducado, un grosero.

El tema es que no son "las mujeres" las que impusieron eso, y mucho menos las feministas, sino, nuevamente, la sociedad patriarcal

Aquella sociedad que hace de los varones los proveedores, y de las mujeres las que planchan sus camisas y limpian la caca de sus hijxs (aunque en el mundo real, las mujeres también trabajan, y algunos varones -muy pocos, como lo muestra este estudio del Indec- comparten el trabajo doméstico).

Aquella sociedad que establece los códigos dentro de los cuales varones y mujeres nos movemos sin haberlos elegido realmente.

Aquella sociedad que dice que un varón debe ser caballeroso, abrirle la puerta a una dama y dejarla pasar, caminar del lado de los autos en la vereda, y, claro está, pagarle la comida.

Aquella sociedad que discrimina a las mujeres en el campo laboral, les paga menos que a un varón, y luego, lógicamente, establece que el varón es el que tiene que pagar la cena.

Aquella que, de esa manera, sostiene a las mujeres en un estado de dependencia económica con respecto a los varones: quien tiene el dinero tiene el poder de decisión, o sea, el poder.

Y muchas mujeres creen que así se debe comportar un varón para respetar verdaderamente a una mujer, sin darse cuenta de que ese sistema las encierra en un rol de sumisión.

Esto se llama sexismo benevolente, un concepto que expliqué en otra entrada: cuanto más machista y violento con las mujeres es un país, más aceptado y deseado por las mujeres es el sexismo benevolente, porque, muy maltratadas a diario, buscan que las protejan, las cuiden, y el sexismo benevolente da precisamente la ilusión de proteger y cuidar a las mujeres.

¿Por qué digo que es una ilusión?

Porque el sexismo benevolente no es gratis. Un varón que le paga la cena a una mujer no lo hace de manera desinteresada. La idea es que si le abriste la puerta del taxi, le regalaste flores, la llevaste al cine y le pagaste la entrada y la cena, debe haber una retribución.

¿Qué tipo de retribución? Pues sexual, por supuesto.

Una mujer que no responda favorablemente (o sea, que no acepte tener una relación) a un hombre que le pagó el cine, el restaurante, etc., será tildada de malagradecida, de histérica.

Y así lo entendieron los que idearon este cartel visto en el centro comercial del Abasto:


El mensaje es claro, escrito en un tono conminativo: si él invita el cine, tú invita los besos. 

Y que no te quepa la menor duda: esto es lo que tenés que hacer, es tu obligación. ¿Te pagó la cena? ¡A la cama! ¿Te invitó al cine? ¡Poné el cuerpo!

Este cartel roza la violencia simbólica, naturalizando el hecho de que si él paga la cena, entonces la mujer debe retribuirle con besos (por no decir directamente con sexo).

Este cartel lo ven niñxs, adolescentes, a los que se presenta como normal que un varón pague y una mujer agradezca con besos. Y esto reproducirán más tarde, creyendo que así es cómo un varón (heterosexual, por supuesto) seduce a una mujer, cómo consigue sexo: pagando.

Hilando fino, es una justificación del sistema prostituyente: si pago, tengo derecho a tener acceso a tu cuerpo.

Y sino... ¿y sino qué? ¿Te violo?

Algo de eso hay. De hecho, si una mujer sale con un varón, luego no quiere acostarse con él y él la viola, siempre habrá gente para decir que "se lo buscó", "si aceptó salir con él, que se la banque", "si no quería acostarse con él, ¿para qué aceptó ir a cenar con él?

Los debates sobre la suerte de la pobre Melina Romero son un ejemplo de ello.

(Gracias V. por la foto)

martes, 30 de septiembre de 2014

La imbecilidad de los varones, según Samsung

Los varones son tarados.

Esto es de lo que se nos acusa a las feministas: de pensar que los varones son todos tontos, inútiles, imbéciles.

Sin embargo, si hay algo que nunca hacemos las feministas, es poner a todas las personas en una misma bolsa, generalizar, y por supuesto, difundir estereotipos sexistas.

La que sí denigra a los varones es la propia sociedad patriarcal, cuando le conviene, por supuesto. ¿Y cuándo le conviene a la sociedad mostrar a los varones como imbéciles?

Pues sí, cuando de trabajo doméstico o cuidado de lxs niñxs se trata. 

Ya teníamos una publicidad de Alto Palermo, que mostraba a los varones completamente perdidos en ausencia de su pareja que se había ido al shopping. O una otra de Movistar, que mostraba a un papá incapaz de entender que su hijo lloraba porque quería leche...

Mensaje subliminal: ustedes las mujeres lo hacen muchíííísimo mejor que nosotros, así que mejor les dejamos el lugar preponderante en el hogar.

Ahora le toca a Samsung presentar a los varones como tarados a la hora de cumplir con su parte de trabajo doméstico:


Este tipo de publicidad muestra a los varones como imbéciles al cuadrado y deberían sentirse ofendidos.

Pero no nos confundamos: muchos se reirán de este comercial y dirán que no ven dónde está la ofensa, porque en realidad, el mensaje oculto les conviene.

El mensaje oculto es que si usar un lavarropa o una aspiradora es muy complicado e insume mucho tiempo, entonces los varones no se harán cargo de su parte. 

Los varones intervienen únicamente si se trata de apretar un botón o jugar (no será que se entienda que el trabajo doméstico tiene que ser hecho por los dos miembros de la pareja, eh, qué va...).

O sea, es un mensaje para nada igualitario, para nada revolucionario: el esquema que atribuye a las mujeres la responsabilidad del trabajo doméstico si éste es engorroso sigue intacto. Ellos "ayudarán" si y sólo si es fácil para ellos.

Para ellas, puede ser complicado y largo, no pasa nada, es su deber. Ellos tendrán la inmensa generosidad de "ayudar" a su mujer, siempre bajo la supervisión femenina, por supuesto, si las cosas están al alcance de un niño de dos años. Sino, tendrán cosas muchísimo más importantes que hacer, como por ejemplo tomar esa cerveza que están guardando en la heladera.

En ese sentido, no me extrañaría que muchos varones salgan a defender a Samsung a pesar de que deberían sentirse ofendidos, porque el comercial no subvierte para nada el orden establecido.

viernes, 26 de septiembre de 2014

La vida, el embrión, el sujeto y el aborto

Sofía Gala, la hija de Moria Casán, embarazada de 7 meses, posó para la revista La Garganta Poderosa, a favor de la legalización del aborto: "En mi cuerpo decido yo", dice una frase dibujada en su panza.
Foto: http://lapoderosa.org.ar/

Su madre, Moria, salió a defender a su hija y el aborto legal y reveló que ella había abortado a los 16 años. La periodista Cynthia García publicó en su cuenta de Twitter el mismo tipo de foto que Sofía Gala con el comentario: "me sumo a la campaña por la despenalización del aborto".

Enseguida, por supuesto, se desató la polémica, y en particular, las voces de quienes se oponen a que las mujeres puedan elegir.

Es hora, entonces, de aclarar algunos conceptos básicos.

El gran argumento de lxs "pro-vida" (paréntesis aparte, habría que entregar un premio del mejor marketing a la persona que tuvo la idea de llamar a los anti-derechos "pro-vida", dejando a las personas que están a favor de la posibilidad de elegir el lugar de "pro-muerte"), su gran argumento, decía, es que no se puede abortar porque hay vida desde la mismísima fecundación del óvulo por un espermatozoide.

Y estoy de acuerdo. Tienen razón. Hay vida. 

El problema es que confunden el concepto de "vida" con el concepto de "sujeto", "persona" o "ser humano".

Vida hay desde la concepción, estamos perfectamente de acuerdo. Es más: lxs anti-derechos se quedan muy, pero muy cortxs: vida hay desde mucho antes. 

Vida hay en un óvulo, en un espermatozoide. Ambos son seres vivos, están compuestos por células vivas.

Si lxs anti-derechos fueran rigurosxs, deberían pedir la prohibición de la masturbación, porque en cada paja ocurre un verdadero genocidio, en que millones y millones de espermatozoides son aniquilados de golpe, sin que nadie piense en ellos nunca.

Son seres vivos que terminan en el inodoro en un santiamén. Y nadie se inmuta.

Bueno, en realidad, sí: algunas organizaciones anti-derechos de España han pedido que la masturbación sea considerada un crimen: "Si se acepta que los anticonceptivos son pro-abortivos debido a que representan una barrera física o química para que una vida humana llegue a su concepción, entonces debemos de aceptar que las masturbación es claramente una forma de aborto también", se atrevió Alicia Latorre, presidenta nacional de la Federación de Asociaciones Provida de España y de Adevida Cuenca. [Edit del 27/09: me señalan que caí en las trampas de los hoax, esas falsas noticias que circulan en Internet, y que esta información es falsa. Igualmente la masturbación es un acto condenado por la Iglesia y no me extrañaría que algunx de sus fanáticxs lo piense en serio.]

Hay que reconocer la lógica del asunto. Y de hecho, me parece más entendible esa postura: si hay que prohibir el aborto porque hay vida en un cigoto, entonces hay que prohibir la masturbación porque hay vida en un espermatozoide.

Es más: habría que obligar a todas las mujeres a ser fecundadas ni bien ovulan, porque la menstruación vendría también a ser la muerte de un óvulo, que es otro ser vivo, que termina agarrado a un tampón, derramado en una toallita o vertido en una copa menstrual...

Ahora, el verdadero debate, como vemos, no está en si hay vida desde la concepción, cosa que nadie niega, ni siquiera las personas que están a favor del aborto legal. Esto es un hecho científico: un cigoto, un embrión, están tan vivos como el óvulo y el espermatozoide que permitieron su génesis.

El debate reside en saber cuándo se puede hablar de "sujeto", de "persona", de "ser humano" con derechos.

Y ahí ya no estamos hablando de ciencia, porque el concepto de "sujeto" no es un concepto científico que la ciencia pueda definir. 

La ciencia puede decir que un cigoto es un ser vivo. Pero no puede definir si ese cigoto es un ser sujeto de derechos. Esto lo decide la moral, la filosofía, la cultura, y es distinto según las épocas y los lugares.

Una misma institución puede decretar que un embrión es una persona recién a los dos meses de embarazo, y de un día para el otro, decretar que en realidad, es una persona en el momento mismo de la concepción.

Fue el caso de la Iglesia: sólo desde 1869 es que el Vaticano excomulga a quien abortó o ayudó a abortar en cualquier momento del embarazo, porque considera que el embrión se convierte en un ser humano (lo que llama la "hominización") desde el mismo momento de la concepción. 

Pero no siempre ha sido así. La mayoría de los teólogos del Medioevo, San Agustín inclusive, consideraban que un alma no podía habitar un cuerpo que no estaba completamente formado, y que la hominización sólo tenía lugar 40 días después de la concepción para los varones, y 80 días (casi tres meses) para las mujeres.

Santo Tomás de Aquino pensaba que el aborto no era un homicidio a menos que el feto ya estuviera unido al alma. En 1591, Gregorio XVI distinguió el feto "animado" (con alma) del feto "inanimado" y consideró que si se abortaba a este último, entonces no se aplicaba la excomunión.

Esta doctrina perduró hasta 1869. Hoy día, la Iglesia considera que es la fecundación del óvulo por el espermatozoide que marca la aparición del ser humano con alma, aunque la práctica no siempre siga la doctrina: por ejemplo, no se bautiza de manera sistemática a los fetos en caso de aborto espontáneo. Una actitud completamente ilógica.

O sea, hablar de "sujeto" es algo muy subjetivo y que depende de las culturas y de las épocas, no de la ciencia. 

Pero lxs anti-derechos son muy hábiles: mezclan un concepto científico, el de la vida, con un concepto filosófico, el del sujeto, para decretar que la mismísima ciencia demuestra que hay un ser humano sujeto de derechos desde la concepción.

Para la "personificación" del cigoto y del embrión, hacen creer que no se apoyan en un dogma religioso (porque saben que eso de la religión ya no tiene mucho quórum) sino en un supuesto dato científico, y por ende indiscutible (aunque la ciencia se caracterice precisamente por la posibilidad de que los datos sean verificables, y por ende, discutibles...). 

Y para redondear la ilusión de apoyarse en la ciencia y no en un dogma, hablan del ADN, del hecho (real) de que las primeras células del cigoto ya llevan el genoma completo del nuevo ser, distinto del de sus genitores: y así, pim pum pam, "demuestran" que un embrión es una persona.

Todo muy científico. Pero que no dice nada sobre cuándo ese conjunto de células se convierte en un "sujeto".

Por la simple razón de que ahí ya no estamos hablando de conceptos científicos, sino filosóficos.

Y así como un óvulo no es un ser humano, así como un huevo no es una gallina, así como una semilla no es un árbol (y, como irónicamente subrayaron en España luego de la retirada del anteproyecto que ilegalizaba el aborto, "un proyecto de ley no es una ley"), se puede considerar perfectamente que un embrión no es un ser humano.

Ahora, cada unx es libre de considerar que un cigoto sí lo es, y una mujer puede no querer abortar porque sentiría que está matando a alguien.

Lo que no se puede es pretender que esto sea una verdad científica, e imponer esa creencia, esa convicción, esa ideología, al resto de las personas, que no necesariamente la comparten.

Al ser el aborto ilegal, se impone una convicción personal al resto de la humanidad. Al ser el aborto legal, no se impone nada a nadie: cada cual vive de acuerdo a sus ideas, nadie obliga a nadie a hacer cosas que no estén acordes con sus convicciones: de eso se trata el derecho a elegir.




jueves, 18 de septiembre de 2014

Melina Romero y la cultura de la violación

Por ahora, no se sabe qué pasó con Melina Romero, esta chica de 17 años que salió a festejar su cumpleaños y nunca volvió a su casa.

Se presume que fue violada y asesinada.

Eso sí, de su pasado, gracias a Clarín, sabemos todo (sin ningún respeto por su intimidad ni su condición de menor de edad): que tenía piercing, que no trabajaba ni estudiaba, que le gustaba salir a bailar, que tenía cinco cuentas de Facebook, que su vida "no tenía rumbo"...

En fin, básicamente, que era "trolita", "putita", "buscona".

Esa es la conclusión de muchísimos comentarios en Internet: que si salía con chicos desconocidos, entonces se buscó lo que le pasó. 

O sea, merecía morirse por tener un modo de vida libre pero no querer tener sexo.

Porque todxs sabemos que si nos gusta salir a bailar y si tenemos cinco cuentas de Facebook, es porque queremos coger con absolutamente todos los tipos con los que nos cruzamos. Y si nos negamos, somos calentonas que nos merecemos ni más ni menos que la muerte.

Y, porque alguien la vio besándose a la salida del boliche con un chico que luego figuró entre los sospechosos, entonces no puede haber violación nunca: una manera implícita (o no tan implícita, de hecho) de decir que si besás a un chico, es porque tenés ganas de tener sexo con él y con todos sus amigos. Y este chico tiene el derecho, luego, de penetrarte, aunque vos no quieras ir más lejos que unos besos. Y tiene derecho a matarte si te negás.

La cultura de la violación en todo su esplendor: si le das a un chico de manera voluntaria un mínimo acceso a tu cuerpo, entonces ese chico tiene derecho a acceder al resto de tu cuerpo aunque no estés de acuerdo, porque tu cuerpo ya no es tuyo, es de él.

Con un beso, mágicamente, la cultura de la violación le otorga a los varones un libre e irrestricto acceso al cuerpo de las mujeres.

La razón por la que se cree que fue violada y asesinada es porque uno de los sospechosos habría dicho: "Se resistió a estar con nosotros, la matamos a golpes y la tiramos al arroyo".

Resistirse: Dicho de una persona: Oponerse con fuerza a algo (diccionario de la Real Academia).

Esta chica se resistió. Se negó. Dijo que no. Dijo que no quería. Dijo que no quería tener sexo con esos muchachos.

Pero esos muchachos consideraron que si había llegado hasta ahí, era porque su cuerpo les pertenecía a ellos. No pudieron soportar que una mujer se resista, decida en autonomía: la mataron.

Y eso es lo que opina la mayoría de la gente: que si llegó hasta ahí, si salió a bailar, si siguió a esos chicos, si se drogó, entonces su cuerpo ya no le pertenecía, y ellos tenían derecho de vida y muerte sobre ella.

Nuestra sociedad es formidable: considera que una muchacha de 17 años que vive su vida de muchacha de 17 años, es decir, que sale a bailar y a divertirse, que por ahí se droga, como se drogan tantxs jóvenes de todas las clases sociales, todos los géneros, todas las razas, por razones sociológicas complejísimas, merece ser violada y ser brutalmente asesinada.

Algunxs dicen que se merecía ser violada y asesinada porque no era "una chica bien" como sí era Angeles Rawson, quien estudiaba y era "seria". Porque al parecer, nuestra integridad sexual pasa por si estudiamos y trabajamos, si salimos a bailar, si tomamos drogas, si nos emborrachamos, si tenemos aventuras sexuales, si besamos a chicos a la salida de un boliche... 

Para Angeles Rawson se pedía paredón al violador, un monstruo, un psicópata. Melina Romero, en cambio, mereció su destino. Los violadores ya no son monstruos: son pobres tipos presos de su deseo sexual y víctimas de una calentona y buscona.

A las mujeres "serias" se las respeta. A las otras, se las viola y se las mata.

Ese es el destino de una mujer libre que vive su vida como quiere: ser asesinada si se resiste.

Una mujer libre no tiene derecho a resistirse.
Una mujer libre no tiene derecho a decir que "no".
Una mujer libre que dice que "no" sólo merece la muerte.
Una mujer libre no puede elegir con quién coger y con quién no.
Una mujer libre tiene que tener sexo con absolutamente TODOS los tipos que así lo exigen.
Una mujer libre no puede tener control de su propio cuerpo y de su sexualidad.
Una mujer libre se tiene que someter a cuanto macho quiera penetrarla.
Una mujer libre tiene que pagar por su libertad.

Porque allí está el quid de la cuestión: nuestra sociedad no tolera a las mujeres libres. 

Las que pretenden serlo y vivir su vida según sus propios antojos y no de acuerdo a las normas contradictorias que pesan sobre las mujeres (si te pintás, te ponés tacos y minifaldas, sos una puta, pero si te vestís con un jean y una remera sos un marimacho; si te acostás la primera noche, sos una puta, pero si no lo hacés, sólo das unos besos y pretendés volver a tu casa, sos una calentona, una histérica y te buscás que te violen; si salís a bailar, sos una puta, pero si no salís a bailar, sos una aburrida...), las que pretenden vivir libremente, decía, tienen que pagar por ello.

Y eso, señoras y señores, no es el delirio de los que la violaron solamente: esto es lo que piensa la sociedad en su conjunto, en voz alta o en voz baja.

Los violadores, como lo expliqué en una entrada anterior, no son monstruos enfermos: están entre nosotros, son cualquier tipo que piensa que "se lo buscó por salir a bailar y emborracharse", son todos los comentaristas que le echaron la culpa a ella de lo que le pasó, por vivir su vida libremente.

Los violadores son nuestros amigos, nuestros maridos, nuestros padres, nuestros primos, nuestros hijos. No son locos, no son psicópatas: somos nosotros mismos.


Aquí un ejemplo de las justificaciones de la violación y del asesinato, más allá de la nota de Clarín que mencioné, y que es, por si sola, una justificación de la cultura de la violación. Son comentarios debajo de un mismo y único artículo periodístico:
17 años en una fiesta de sexo y drogas y volvia a los dos dias a la casa. Si te tiras en un pozo de serpientes no pienses en salir vivo. 
Por supuesto que a violadores & cia hay que eliminarlos.....yo no dije que no , pero da mucho  para pensar la libertad de estas pibas............. 
Fue a una fiesta de sexo y drogas con 5 tipos y al medio de una villa. Vos decis que ella no tiene ninguna responsabildiad? 
Toda festichola con falopa alcohol y sexo termina mal. Si te gusta, agua y ajo ... 
Veas donde lo veas, tv, internet, en la calle, a las mujeres les gusta provocar, les gusta exhibirse, no quiero meterlas a todas en la misma bolsa, pero un dia van a ser todas tan put4s y no es joda. 
LAS PPENDEJASS DE HOY EN DIA ESTAN MUY AATREVIDASS, MUCHA JODA VICIOS asi terminan TODAS.. 
Esta parece que dijo SIII SIII SIII.

Dime con quien andas, y te dire quien eres. 
las chicas van a calentar tipos por cambio de tragos y cuando llega la hora de revertir la situacion pasan estas cosas 
una cabeza de tacho , que se junta con 4 macacos sola es probable que termine en un zanjon violada, y matada a golpes como un animal.
y si me dejo llevar por la apariencia no vale ni una moneda de 10ctvs. as van a calentar tipos por cambio de tragos y cuando llega la hora de revertir la situacion pasan estas cosasa parece que dijo SIII SIII SIII. 
Dime con quien andas, y te dire quien eres.
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las chicas van a calentar tipos por cambio de tragos y cuando llega la hora de revertir la situacion pasan estas cosaslas chicas van a calentar tipos por cambio de tragos y cuando llega la hora de revertir la situacion pasan estas cosas
  
las chicas van a calentar tipos por cambio de tragos y cuando llega la hora de revertir la situacion pasan estas cosa
las chicas van a calentar tipos por cambio de tragos y cuando llega la hora de revertir la situacion pasan estas cosas 

lunes, 4 de agosto de 2014

¿Dónde están los violadores?

Algo siempre me asombró al escuchar las cifras escalofriantes sobre cantidades de violaciones en el mundo.

Es muy frecuente que en algún momento, alguna de mis amigas "confiese" lo que siempre ocultó: que en algún momento de su vida, tuvo sexo sin que ella lo consintiera. Y digo "confesar" a propósito, porque parecería que cuando a una mujer la violan, lo tiene que ocultar como si fuera una vergüenza.

También es frecuente que alguna se dé cuenta tardiamente de que aquello que vivió en su pasado y siempre había identificado como un "mal momento", en realidad, fue una violación.

Y a medida que pasa el tiempo, crece la lista de amigas o conocidas de las que me entero de que, en algún momento, han sido violadas. 

Lo asombroso, es que nunca jamás en mi vida me enteré de que algún amigo o conocido violó a una chica. Nunca. Jamás.

Y siempre me pregunté: si tantas chicas son violadas, ¿dónde están los violadores?

Las historias que cuentan no son de violaciones tal como la mayoría de las imagina: de noche, en alguna calle oscura, por un desconocido, con la amenaza de un arma.

Esas violaciones son estadísticamente infrecuentes. En el 70% de los casos, las mujeres conocían a su violador, y la violación ocurrió en un lugar familiar (su casa, la casa del violador, un consultorio médico...). Pero no precisamente en la calle y por un desconocido.

Entonces, si tantas mujeres son violadas por gente de su entorno, ¿cómo es que todos mis amigos, sin excepción, dicen que nunca violaron a ninguna mujer?

El problema es que vivimos en una sociedad que envía mensajes contradictorios sobre las violaciones. Por un lado, todas y todos sabemos que las violaciones están mal. Que no hay que violar. Que a los violadores habría que encerrarlos de por vida. Que son una lacra. 

Nadie en su sano juicio, con la excepción de algunos imbéciles que sí existen, diría que violar está bien.

Pero casi nadie conoce la definición de "violación". Muchísima gente cree que si no hay violencia, o si no hay amenaza con un arma, entonces no hay violación.

Y claro, la inmensa mayoría de los varones no golpearon a una mujer para tener sexo. Ni la amenazaron con un arma. Visto así, la inmensa mayoría de los varones nunca violaron a nadie.

Pero existen muchas otras situaciones de violaciones que no son reconocidas como tales, incluso entre las propias mujeres, quienes fueron educadas para poner el placer del varón por encima del de ellas y fueron criadas, de alguna manera, para ser violadas... sin saberlo.

Algunos ejemplos de esas situaciones:

  • Fiesta en que la consigna es tener sexo. Circula el alcohol. Tanto chicas como chicos toman de más, empieza la orgía. A priori, todxs consienten, están ahí por voluntad propia. Pero claro, igual la gente va eligiendo con quién coger y con quién no. Siempre hay preferencias, ¿no? Pero en esa, una chica toma de más, y cae inconsciente. No está más en estado de decir que sí o que no. Varios chicos se acercan y la penetran uno atrás de otro, a veces varios al mismo tiempo. Total, estaba ahí para eso, ¿no? Se divierten muchísimo con ese cuerpo prácticamente inerte a su disposición.
    Ninguno pensará haber violado a nadie. Sin embargo, todos los que tuvieron sexo con esa chica cometieron una violación. Porque la definición de la violación pasa por el hecho del no consentimiento. Una chica inconsciente no puede expresar su consentimiento. Esté en ese lugar para coger o no, aprovecharse de su estado de inconsciencia es una violación.
  • Momento de intimidad entre dos personas, a punto de coger. Para ella, es la primera vez. Para él, no. Ella quiere perder la virginidad, pero no está muy segura de querer hacerlo aquí y ahora. Pero bueno, todo llevó a esta situación. El chico es guapo, alto, fuerte, sexy. Ella ya tiene 18 años, siente la presión de sus pares: ¿18 años y todavía virgen? Hay que hacer algo. El se coloca un preservativo y empieza a intentar penetrarla. Ella siente un dolor muy agudo, y de repente se da cuenta de que realmente no quiere hacerlo ahí con él. Le pide que por favor pare. El sigue. A ella le duele cada vez más. Ella le dice que al final ya no quiere, que le duele mucho, que no. El contesta: "Te duele porque estás cerrada. Si no te relajás, no voy a poder entrar" y sigue. A ella le da miedo, piensa: "Es culpa mía, si llegué hasta ahí, ahora no le puedo decir que no, no lo puedo frustrar así, además si me resisto mucho, él me puede romper la cara, es muchísimo más fuerte que yo". Le sigue diciendo que no, pero no se atreve a pelear físicamente con él. Finalmente ella ya no se resiste, aprieta los dientes y espera a que él termine "lo suyo", gritando del dolor.
    Para él, probablemente esto no fue una violación. Pero en ningún momento respetó la palabra de ella, en ningún momento respetó el "no", reiterado varias veces (con un solo "no", sin embargo, habría sido suficiente), se creyó eso que le dijeron siempre, tanto en las películas pornos como en las publicidades, sus amigxs, las revistas: "Las mujeres que dicen que no, en realidad quieren decir sí, sólo hay que insistir un poquito y se ponen a gritar como zorras". No respetó el hecho de que una mujer (o un varón) tiene derecho a cambiar de opinión en cualquier momento de la relación, aunque en un principio hubiera estado totalmente de acuerdo. No respetar un "no", en cualquier momento de la relación, y por más que no haya resistencia física, es una violación. Porque ceder no es consentir.
  • En la habitación de una mujer en situación de prostitución. El cliente pagó. La mujer cobró. Están en pleno acto, pero por alguna razón, ella pide que él pare (por ejemplo porque se siente mal). El considera que si pagó, tiene derecho a seguir más allá de lo que ella diga. Sigue.
    Para él, lo más probable es que no esté violando a esa mujer sino cobrando aquello por lo que pagó. Pero la integridad física pasa delante de cualquier otra situación, y si una mujer, por más que se le haya pagado, por más que esté en situación de prostitución, dice que no, si el varón sigue adelante, es violación, y es un crimen.
  • Un varón y una mujer, casadxs. Ella duerme profundamente. Se tomó unas pastillas para dormir porque últimamente no se siente muy bien. El se despierta con unas ganas tremendas. La empieza a acariciar, pero ella no se despierta. Entonces él la empieza a penetrar.
    Para él, se tratará de un acto normal entre marido y mujer, y es posible que piense que el acto sexual en una pareja casada es un deber. Pero no siempre todxs tenemos ganas, el consentimiento puede variar entre un momento y otro, incluso en una misma pareja. Penetrar a alguien dormidx, sin estar segurx de si esa persona está de acuerdo, es violación, por más que estemos hablando de una pareja casada. 
Es muy probable que varios de mis amigos hayan vivido en algún momento una de estas situaciones, pensando que tenían todo el derecho del mundo a tener sexo con esa persona en ese momento y que, por lo tanto, no se trataba de una violación. 

Es muy probable que todos estén totalmente convencidos de no haber violado nunca a nadie, y tengan un discurso de firme condena de las violaciones, imaginando una violación como un acto de violencia, amenaza y terror, cosa que a ellos, porque son buenas personas (y realmente lo son), nunca se les ocurriría hacer.

Pero ahí están los violadores invisibles, aquellos que violan a mis amigas pero con los que nunca nadie se cruzó. Están alrededor nuestro, simplemente. Están entre nosotrxs. Porque la propia sociedad es quien los cría y les enseña a violar.

Un violador no es un psicópata, no es un enfermo, no es un monstruo. Un violador puede ser un padre, un vecino, un amigo, un novio, un cura, un médico, un hermano, un ex, un marido.

Los violadores no son monstruos, sino hijos sanos del sistema sexista: aquel sistema que promueve sin decirlo la cultura de la violación

Aquel sistema que, oficialmente, condena las violaciones, pero que no enseña nunca a los varones a no violar. No les explica en qué consiste violar a una mujer, ni cuándo se está cometiendo un crimen.

En lugar de inventar silbatos antiviolación, bombachas antiviolación, atuendos antiviolación, en lugar de enseñar a las mujeres estrategias para no ser violadas, de aconsejarles no salir solas, no ir por tal calle, no vestir de tal manera, es hora de que se enseñe a los varones a no violar, es decir, a saber identificar aquellas situaciones en que pueden estar abusando de una mujer.

Cosas que no causan violaciones: remeras ajustadas,
contacto visual, sonrisa, deportes,
estado de inconsciencia, alcohol.
Cosas que sí causan violaciones:
los violadores ("Bueno, no me dijo que NO")

Claro que para eso, hace falta un cambio total de la sociedad. Mientras tipos como Guillermo Pardini en Duro de Domar den como consejo para tener sexo con una mujer "drogarla para que pierda los sentidos", mientras a nadie se le ocurra decirle: "esto es violación", mientras los otros tipos se rían de esa ocurrencia, mientras la sociedad entera aliente a los varones a violar impunemente a las mujeres, y mientras ni siquiera las mujeres sean capaces de reconocer cuándo fueron violadas porque ellas también integraron la idea de que el placer masculino es el que importa, seguirá habiendo decenas de miles de violaciones, y seguirá habiendo decenas de miles de violadores que no se reconozcan como tales.

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PD: sé que me van a atacar en esa entrada diciendo que entonces, considero a todos los varones como violadores en potencia y, por ende, soy tan sexista como los peores machistas, poniendo a todos en una misma bolsa.

Aquí va mi respuesta: violar no es "natural". Un tipo que viola no sigue ningún "instinto". No creo que los varones sean violadores "por naturaleza". No creo que sean naturalmente peligrosos.

Pero sí creo que la sociedad los educa para ser violadores. Creo que si hay tantas violaciones, es porque hay muchos violadores, y esto no es porque estén todos enfermos, sino porque nadie nunca les enseñó qué es una violación, cuándo se está violando a una mujer, y qué significa realmente respetar su consentimiento. Nunca nadie les dijo que su placer no era taaaan importante, y que dejar de coger en medio del acto no les iba a hacer caer el pene. Se cría a los varones para considerar que el sexo es un derecho que tienen. En ese sentido sí, todo varón criado por esta sociedad sexista, que pone el placer del varón por encima de todo, y sobre todo por encima del consentimiento de la mujer, es un violador en potencia.

Pero si se cambiara la educación, si la sociedad dejara de ser sexista, si criáramos a varones y mujeres en pie de igualdad, pues no habría tantas violaciones. 

Sí quedarían los psicópatas reales, los enfermos de verdad, los monstruos verídicos, aquellos que secuestran, violan y muchas veces matan, en un combo de horror. Pero aquellas violaciones "de todos los días" ya no existirían, o no tanto, porque a todas y todos, varones y mujeres, les parecería simplemente horroroso no respetar un "no" y tener sexo con alguien que no pudo expresar un consentimiento claro. 

Porque no se nace violador: se llega a serlo.

Para terminar un poco de humor: cómo quedarían los consejos a los varones para no violar, si nos inspiráramos en los consejos a las mujeres para no ser violadas. O cómo tener un cambio de perspectiva, dejando de responsabilizar a las víctimas, y empezando a responsabilizar a los victimarios:


viernes, 1 de agosto de 2014

El origen de la palabra "feminista"

Incontables veces, me preguntan:
¿Por qué en lugar de "feminista" no te reivindicás como "humanista" o "igualitarista"? ¿No era que el feminismo era un humanismo?

Las razones son dos principalmente:
  • El movimiento humanista no ha defendido históricamente la igualdad entre varones y mujeres
Muchos humanistas eran también grandes misóginos. Tomemos el ejemplo del iniciador de los Juegos Olímpicos modernos, el francés Pierre de Coubertin. Está asociado en todo el mundo a los ideales de paz y de igualdad supuestamente celebrados por los Juegos.

En realidad, su concepto de igualdad se limitaba a la igualdad entre los varones: consideraba que los Juegos Olímpicos debían ser vedados a las mujeres, porque su participación sería "no práctica, ininteresante, antiestética e (...) incorrecta". Los Juegos, pensaba, deben buscar "la exaltación solemne y periódica del atletismo macho con el internacionalismo como base, la lealtad como medio, el arte como marco y el aplauso femenino como recompensa".

Y sin embargo, todavía hoy en día, se considera a ese misógino como un gran humanista, y muchos estadios, gimnasios, etc., llevan su nombre.

¿Y qué pensar de los masones, estos humanistas destacados, que celebran la libertad, la tolerancia, la justicia social, la paz, pero que en sus estatutos rechazaban a "los siervos y las mujeres", y entre quienes todavía hoy en día perdura la idea de que las logias no deben ser mixtas?

El humanismo nunca fue ninguna garantía para las mujeres. Hizo falta un movimiento específico de defensa de los derechos de las mujeres para que ellas pudieran ser consideradas ciudadanas y gozar de los mismos derechos que los varones (derecho de votar, de trabajar, de tener una cuenta bancaria. de viajar, de tener o no hijxs, de compartir la patria potestad, de casarse, de divorciar, de tener el mismo salario que ellos, de ser dueñas de su cuerpo, cosas que hoy en día, todavía no están garantizadas).

Entonces sí, el feminismo es un igualitarismo, pero la palabra "feminista" permite visibilizar a las mujeres y su lucha específica, y subrayar el hecho de que son ellas las primeras víctimas del patriarcado. 

El feminismo lucha por la igualdad entre varones y mujeres, pero esa igualdad se alcanzará cuando se deje de oprimir, maltratar, denigrar a las mujeres, y cuando se acaben con los estereotipos de género que atribuyen a unas y otros cualidades distintas.

Si bien los varones también son "víctimas relativas" del patriarcado, ellos salen favorecidos en la ecuación, aunque les cueste reconocerlo, porque no siempre se sienten favorecidos (evidentemente, existen otras opresiones, de clase, de raza, que los afecta también, y les impiden ver que ante una mujer que esté en las mismas condiciones que ellos, ellos siempre tendrán las de ganar).

Pero hacer de las mujeres el centro de la lucha por la igualdad de género es una manera de recordar que si bien los varones también sufren por el sexismo, las primeras víctimas, a las que liberar en prioridad del yugo patriarcal, son las mujeres.

La otra razón tiene que ver con la historia de la palabra "feminista".
  • ¿Cuál es el origen de la palabra feminista?
La palabra nació en Francia en el siglo XIX. Durante mucho tiempo, se pensó que la palabra había sido inventada por el filósofo socialista (y favorable a la igualdad entre varones y mujeres) Charles Fourier, quien presenció los inicios del movimiento feminista moderno allá por 1830.

Pero al parecer, se trata de un error. En realidad, el término ya se usaba en medicina. Designaba un trastorno de desarrollo en los varones, que afectaba su "virilidad" y les hacía parecer femeninos. 

Pero el primero en usar ese término para designar a las mujeres que luchaban por sus derechos fue en realidad el escritor francés Alexandre Dumas hijo. En 1872, publica "El hombre-mujer", en el que se burlaba: 

"Las feministas, perdón por el neologismo, dicen: todo lo malo viene del hecho de que no se quiere reconocer que la mujer es igual al varón, que hay que darle la misma educación y los mismos derechos que al varón".

A partir de ese neologismo, la palabra se difundió como una manera despreciativa de designar a las mujeres que luchaban por sus derechos. 

Hubertine Auclert
(1848-1914)
Hasta que la sufragista francesa Hubertine Auclert se apropió de la palabra en 1882, del mismo modo que las personas "queer" se apropiaron de ese término, que en un principio era una manera negativa de designar a las personas "raras".

Reivindicarme "feminista" es una manera de honrar a todas aquellas que me precedieron, lucharon, sufrieron y a veces murieron por que las mujeres tengan los mismos derechos que los varones.

La gente piensa que los derechos fueron adquiridos por arte de magia, o porque algunos varones fueron muy muy generosos y decidieron, en su inmensa bondad, ceder derechos a las mujeres.

Pues no. Las mujeres consiguieron el derecho de voto luchando, peleando, manifestándose, siendo reprimidas, encarceladas, tildadas de locas, de histéricas, exactamente como se tilda de locas e histéricas a las feministas actuales.

Por todas estas mujeres que me precedieron (como Hubertine Auclert, de quien se recordará el centenario del fallecimiento el 4 de agosto próximo) y gracias a las cuales hoy en día soy una ciudadana que goza de casi los mismos derechos que los varones, me reivindico y me reivindicaré siempre FEMINISTA

Con mucho orgullo y a mucha honra.

Como lo deberían hacer todas las mujeres que hoy, gozan de esos derechos sin siquiera preguntarse gracias a quién, y que luego escupen sobre el feminismo y hasta afirman no necesitarlo.

Algunas fuentes (en francés):
Geneviève Fraisse, "Muse de la raison. Démocratie et exclusion des femmes en France". Texto completo.
Geneviève Fraisse, "FÉMINISME - Histoire du féminisme", Encyclopædia Universalis [en línea]. Extracto.

martes, 1 de julio de 2014

Feministas contradictorias

Sé que dije que no hablaría más del Lavezzi gate, pero no puedo dejar de hacer otro comentario.

En las redes sociales circula una imagen que ya reproduje en mi primera entrada sobre el tema, en la que explicaba la hipocresía de los varones que, de repente, se sublevan como un solo hombre contra la cosificación de las personas, cuando nunca se les había ocurrido que era una cosa mala mientras solamente afectaba a las mujeres.

Se trata de esta imagen:


Cada vez que comento algo sobre el tema Lavezzi con perspectiva feminista, siempre surge alguna persona que se cree muy original y pega esa imagen, convencida de ser, seguramente, la primera persona en hacerlo.

Las feministas, nos dicen, son contradictorias: se la pasan despotricando contra la cosificación y la imposición de modelos de belleza inalcanzables, pero ni bien aparece un tipo lindo, se derriten y adoptan la misma actitud que la que denuncian.

Ahora, ¿por qué esta imagen me parece deshonesta?

Por dos motivos: el primero lo desarrollé en una entrada anterior, en que explico que difícilmente se pueda equiparar la expresión de 360.000 mujeres en la página de Facebook "para que el Pocho Lavezzi juegue sin camiseta" con la cosificación que viven, a diario, el conjunto de las mujeres, y que va más allá de una simple expresión de deseo sexual hacia una figura pública que nos atrae.

El segundo es que confunde "mujeres" con "feministas". Dudo muchísimo de que las 360.000 babosas del grupo sean feministas. 

Si todas las mujeres fueran feministas, la igualdad habría sido alcanzada hace mucho. Pero el feminismo es minoritario incluso entre las mujeres, quienes son formateadas, como los varones, por una sociedad y un sistema sexistas que les impiden ver sus propias cadenas.

Una feminista nunca habría abierto un grupo instando a otras mujeres a subir fotos de alguien (sea varón o mujer) en cuero y a "piropearlo" como lo están haciendo. 

Porque aún sabiendo que el contexto es distinto y que no se le puede llamar realmente "cosificación", no se nos ocurriría nunca imitar lo que hacen los machistas, ni siquiera como un acto de rebeldía, ni siquiera a modo de burla, o bien de manera completamente confidencial.

Entonces no, las feministas no somos contradictorias. No somos nosotras las que hemos abierto este grupo. No somos nosotras las que le hemos dado la importancia que llegó a tener. Sí hemos hablado del tema no para defender o alabar a las autoras del grupo, sino para subrayar la hipocresía de los que saltaron a indignarse cuando nunca jamás en sus vidas se han indignado por la cosificación de las mujeres.

Conclusión: todas las personas que me envían muy socarronamente esta imagen se le pueden guardar donde más les guste: es deshonesta, de mala fe y necia.

Edit: agrego una imagen que me acaban de enviar y me pareció muy acorde a la situación:



lunes, 30 de junio de 2014

Y de repente, las mujeres desearon

Para terminar con el tema Lavezzi, ¿se acuerdan antes del Mundial, todos los consejos a las mujeres que pulularon en los medios sobre cómo comportarse durante los partidos para no molestar a sus novios, porque es bien sabido que 1) las mujeres no miran fútbol ni saben nada al respecto y 2) las mujeres son todas heterosexuales y en pareja?

Básicamente, las reglas se podían resumir a: 
- callate,
- llená la heladera de cerveza y servime pero sin pasar delante del televisor,
- no te metas, no hagas comentarios sobre el físico de los futbolistas,
- callate,
- dejá que los machosdeverdad hagan comentario porque ellos saben y vos no, 
- y ya que estás, chupá.

Los machosdeverdad se disponían a ocupar todo el espacio durante un mes. No que en otro momento no lo ocuparan. Se sabe que el espacio lo ocupan los machosdeverdad siempre, sea desparramándose en los medios de transporte, sea acosando a las mujeres en la calle para que entiendan que el lugar es de ellos y que ellas tienen que respetar sus reglas.

Pero por lo general, se tiene la (errónea) idea de que el espacio de la casa es de las mujeres. Que ellas son las que mandan de la puerta para adentro.

Y de repente, ¿qué pasó?

Una horda de mujeres en celo irrumpió en el territorio reservado a la testosterona, imponiendo la expresión de un deseo sexual que parece inagotable, con un vocabulario otrora también reservado a los machosdeverdad: 

te doy hasta que el Cristo Redentor junte las manos, 
te doy hasta que el papa Francisco deje los hábitos, 
te doy hasta que Arjona descubra por qué es tan cruel el amor, 
te doy hasta que Messi juegue de suplente en la B nacional,
te doy contra al ropero hasta aparecer en Narnia...

O sea, de repente, las mujeres no solamente desoyeron la orden dada por los varones de callarse y chupar, sino que además, expresaron una libido que, supuestamente, ellas no tienen.

En el estereotipo socialmente aceptado, las mujeres no tienen tanto deseo como los varones, a ellas no les gusta el sexo, o poco, o hasta ahí, y siempre tienen alguna (mala, siempre mala) excusa para no coger.

Y ¿qué vemos ahí? Vemos a mujeres que dicen que tendrían sexo desenfrenado sin ningún límite con un tipo que las calienta.

Evidentemente, es perturbador. Y muchos varones héteros saltaron a recalcar lo "putas" que son esas mujeres. Claro, ¡qué osadía! No solamente están pisando un territorio que no les corresponde, el del fútbol, sino que además, toman un lugar en la sexualidad que tampoco es de ellas, sino pura y exclusivamente de ellos.

Y esto es lo que les debe molestar a muchos machosdeverdad. Que les quiten el lugar exclusivo de deseantes, sexo-adictos, super-cogedores. Si ellas también empiezan a tener esa libido, significa que ya no se las podrá controlar y que se pudre el rancho. Porque controlar la sexualidad de las mujeres ha sido siempre el meollo de la cuestión sexista. 

Y encima de todo, ellas se ponen como sujetos activos de la relación sexual, en la que son ellas las que "le dan" a Lavezzi, cuando toda la vida fueron los varones los que "les daban" y ellas las que eran "cogidas", "tomadas", "penetradas".

Entiendo que la expresión de esta repentina autonomía de un deseo femenino ilimitado moleste, y mucho. Y que sea objeto de burlas e insultos, con una rápida reacción para que todo vuelva a la "normalidad", como la creación de una página Facebook para que la mujer de Lavezzi salga sin camiseta.

Pero ésta es la mejor prueba de que quien coloca a las mujeres en el lugar de "no deseantes" y "poco libidinosas" no es ninguna realidad biológica, sino un sistema sexista que separa cuidadosamente los géneros y reparte los papeles según una lógica que nada tiene que ver con la biología.

Ahora, muy interesante la reacción de La Nación ante el Lavezzigate. 

Ese diario, que nunca mostró a los deportistas varones de otra manera que como... deportistas, no privándose, en cambio, de recalcar los atributos sexuales de cuanta deportista mujer se le cruzara (¿recuerdan la "médica más sexy del fútbol"? o "la entrenadora más sexy del mundo del fútbol"?), ahora publicó "las fotos más sexy de Ezequiel Pocho Lavezzi". 

¿Quién dijo oportunismo?

Sobre la ocupación por las mujeres héteros y los gays de un territorio antes reservado a los machosdeverdad, les recomiendo la lectura de esta nota, de Luciano Fabbri
"Hete aquí el quid de la cuestión. La consagración de Lavezzi como figura destacada de nuestra selección, no fue aclamada por la crítica periodística, ni por las hinchadas de los grandes clubes, ni por los millones de frustrados directores técnicos que la miran por TV. Quienes viralizamos su figura en las redes sociales fuimos mujeres heteros, bisexuales y trans; varones gays, putos y trans; travestis, y algún que otro varón heteroflexible o lesbiana solidaria. Sujetos diversos y deseantes, notablemente cachondos, pero idiosincráticamente outsiders del deporte nacional.
No sólo osamos invadir su cancha sino que lo hacemos sin pretender adecuarnos a las reglas de juego, a hablar como lo harían ellos, los varones heterosexuales, oscilando entre un riguroso análisis táctico y una acalorada defensa por la única pasión que compite con el calor del útero materno: la camiseta.
Más allá de que podamos o no compartir los análisis tácticos o pasiones (en mi caso lo hago), lo que suscita la reacción defensiva por parte del club de la heteromasculinidad futbolera es que le llenemos la cancha de deseos sexuales, corriendo su voz autorizada del centro de la escena.
Ante semejante blasfemia, los vemos correr desesperadamente detrás de la pelota, reclamando “mía, mía”, con improvisaciones tácticas propias de selección mundialista primeriza."
Leer la nota entera aquí.