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domingo, 12 de diciembre de 2010

Sexismo malo o sexismo bueno, pero sexismo al fin: el caso de la galantería

En muchas ocasiones, he sido objeto de acerbas críticas de parte de mujeres que consideran que la galantería es una buena cosa, y que no tienen la más mínima intención de ceder ese lugar de "diosa" a la que hay que venerar y tratar de manera particular por el mero hecho de ser mujer.
Me cuesta un Perú hacer entender a esas mujeres (y a la mayoría de los hombres) que la galantería es una forma de sexismo.

Lo he empezado a explicar en una de mis primeras entradas.

Ahora voy a tratar de darle un marco más teórico.

Existen dos formas de sexismo: lo que se podría llamar el sexismo negativo, agresivo, claramente discriminatorio contra las mujeres, en que las mujeres son menospreciadas. Lo que los psicólogos Peter Glick y Susan Fiske definieron como el sexismo tradicional o "sexismo hostil".

Excepto algunos trogloditas irrecuperables, muy pocos varones profesan un sexismo hostil. Muchos creen en la igualdad de derechos entre mujeres y varones, no se les ocurriría pegar a una mujer ni violarla, creen que las discriminaciones son algo malo. Hoy en día, en los países occidentales al menos, sólo una minoría de personas cree realmente que las mujeres son inferiores.

Sin embargo, existe otro tipo de sexismo, al parecer positivo, que coloca a la mujer en un pedestal (siempre y cuando responda a algunos criterios y estereotipos de mujer abnegada, dulce, condescendiente y buena madre), en que se glorifica a las mujeres. Un sexismo que Glick y Fiske definen como "sexismo benévolo".

El mejor ejemplo de sexismo benévolo es la galantería.
La galantería es una serie de actitudes que los varones tienen con las mujeres, por el hecho de ser mujeres, y que no tienen con otros varones: abrirle la puerta, dejarla pasar primero, pagar por ella en el restaurante, dejarle el asiento en los medios de transporte, etc. etc.

¿Por qué digo que es una forma de sexismo? Bueno, porque claramente, muestra una actitud de superioridad del varón, que siente la obligación de proteger a la mujer, como si la mujer necesitara siempre la protección de un hombre y no fuera capaz de abrir una puerta o quedarse de pie en el colectivo.

A algunas mujeres, de hecho, les encanta sentirse más débiles y buscan esa "protección" varonil, y pongo comillas esa palabra porque no veo bien qué tiene de protector que a una le abran la puerta.

Así, pues, actitudes que parecen ser de respeto hacia la mujer en realidad son otra forma de sexismo. Por eso también es tan difícil luchar contra el sexismo: porque no todas sus manifestaciones son abiertamente hostiles contra las mujeres. Algunas también parecen ser positivas y hacen creer tanto a mujeres como a varones que las mujeres están en una posición conveniente.

Una investigación llevada adelante sobre "Sexismo, masculinidad-feninidad y factores culturales" muestra que "sexismo hostil y sexismo benevolente son una potente combinación que promueve la subordinación de las mujeres, actuando como un sistema articulado de recompensas y de castigos para que las mujeres sepan 'cuál es su sitio'. La hostilidad sola crearía resentimiento y rebelión por parte de las mujeres. Es obvio que los hombres no desean ganarse la antipatía de las mujeres, dado que dependen de ellas. El sexismo benévolo debilita la resistencia de las mujeres ante el patriarcado, ofreciéndoles las recompensas de protección, idealización y afecto para aquellas mujeres que acepten sus roles tradicionales y satisfagan las necesidades de los hombres".

En 2000, Glick y otros realizaron una investigación empleando el ASI (Ambivalent Sexism Inventory), realizada en 19 países y con una muestra total de más de 15.000 personas. El resultado es que sexismo hostil y benévolo están relacionados y esa relación se explica como ideologías legitimadoras complementarias: las naciones con puntuaciones altas en sexismo hostil fueron también las naciones con puntuaciones en sexismo benévolo más elevadas. Y cuanto más sexistas eran los hombres de un país, más probable era que las mujeres aceptaran tanto el sexismo hostil como el sexismo benévolo.

"Las mujeres utilizan el sexismo benévolo para defenderse a sí mismas: cuanto más sexistas son los hombres, más buscan las mujeres la protección, idealización y afecto que el sexismo benevolente ofrece."

Y es normal. En un país en que las mujeres son discriminadas, desvalorizadas, y en que las exigencias que pesan sobre ellas para ser respetadas son inmensas (ser buenas madres, buenas esposas, buenas amantes sin ser putas, etc. etc.), es entendible que busquen sentirse valorizadas de manera especial por un trato galante. Inconscientemente piensan: "ya que va a haber sexismo, que al menos pueda sacar algo positivo de ello".

Y algunas mujeres se ponen realmente agresivas cuando una trata de hacerles entender que la galantería en realidad es una forma de discriminación, porque sienten que se les está sacando lo único bueno que tiene el sexismo.

Pero no por eso el sexismo benévolo deja de ser sexismo. En lo ideal, las mujeres no deberían sentir la necesidad de ser protegidas por un varón. Y, en todo caso, si necesitan protección, será contra agresiones y violencias; no en el momento de abrir una puerta o subirse a un colectivo.
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viernes, 26 de octubre de 2007

Pasá...

Cola para subirse al colectivo. Primero está un hombre joven, 30 años, buen estado de salud. Luego una mujer joven, 30 años, buen estado de salud. Llega el colectivo. Indefectiblemente, el hombre se da vuelta y dice a la mujer: "Pasá..."

La mujer no entiende muy bien por qué debería pasar antes que el hombre, si ambos tienen la misma edad, y el mismo estado de salud, que es bueno. Pero se supone que el hombre fue amable, bien educado, atento, y que hay que agradecer, sonreír, sentirse una diosa y subir (y de paso el hombre aprovecha para mirarle el culo).

Pero... ¿por qué esa mujer tendría que sentirse agradecida? ¿Ella pidió algo? No. ¿Mostró señales de estar cansada, enferma, débil? No. ¿Entonces?

A él le enseñaron que hay que dejar pasar a las damas, que eso está bien, que es señal de buena educación. Bien. O sea que él lo hizo pensando que estaba bien y que así quedaba como un caballero. Fue galante. Buenísimo.

¿A quién más se deja pasar en el colectivo? A las personas discapacitadas (ciegos, rengos, personas enyesadas, etc.), a las mujeres embarazadas, a las/os ancianas/os, a las personas con niños en brazos... es decir, a personas que necesitan una ayuda puntual, que no están en las mismas condiciones físicas que nosotros de subirse al colectivo y viajar de pie ("con movilidad reducida", dice el cartel del colectivo). A ellos se les deja el asiento, porque lo necesitan.

Pero... ¿por qué una mujer debería necesitar que se la deje pasar? ¿Acaso una mujer es necesariamente inferior físicamente a un hombre? ¿No será que un hombre la deja pasar porque la considera necesariamente débil? ¿Porque le permite marcar su superioridad?

No nos confundamos: una cosa es la buena educación. Otra, la galantería. La galantería es una forma de seducción, de sexualización de las relaciones, ergo, de sexismo (yo hombre fuerte, vos mujer débil, yo hombre seductor, vos mujer seducida).
Si veo que ese hombre también dejó pasar a otro hombre joven, entonces no me siento ofendida. Pero si veo que sólo deja pasar a las mujeres, sorry, pero me da cosita.

Cuando pregunto a los hombres si harían lo mismo con otro hombre, la mayoría me contesta que de ninguna manera, que no son gay. Ahí está el meollo de la cuestión: si dejan pasar a la mujer, es porque de alguna manera aquí se juega la seducción. O sea, al hacerlo, me recuerdan que son hombres, que soy mujer. No hay manera de sentirse simplemente un ser humano.

Obvio, no digo nada. Ese hombre no sabe que está siendo machista. Le enseñaron que eso está bien, lo hace de bueno. Entonces me callo la boca y paso. Pero tampoco le doy las gracias.

No estoy diciendo que hay que descuidar de todos y cagarnos en los otros. Al contrario: quiero que todos cuidemos de todos. No quiero una sociedad en la que la gente se ignora. Tampoco quiero una sociedad galante. Quiero una sociedad igualitaria y solidaria. La galantería no es solidaridad. La galantería es seducción.

Sé que con eso me voy a hacer odiar de muchas mujeres. Porque muchas creen que hay que tratarlas diferente, tienen que sentirse diosas, y que la galantería es algo bueno. Claro, por una vez que el machismo nos es favorable, no vamos a querer cambiar las cosas, ¿no? Pues lo lamento, pero sí. Si queremos los mismos derechos que los hombres, entonces tenemos que querer los mismos deberes también. Y la misma consideración. Consideración que, en un mundo ideal, sería de mutuo respeto.

PD: Eso sí, a la hora de dejar el asiento a una mujer embarazada, ya no hay buena educación ni galantería que valga, todos se hacen los boludos.