A las feministas nos ven en general como mujeres feas, mal cogidas, o amargas porque nadie las quiere coger, frustradas, y que vuelcan esa frustración en odio hacia los varones y, en el mejor de los casos, se vuelven lesbianas.
Porque, por supuesto, el feminismo es el odio hacia los hombres y el lesbianismo es el resultado de esa frustración...
Más allá de que tal aserción demuestra el cretinismo absoluto de quien la formula, en algo tienen razón: a las mujeres feministas heterosexuales nos cuesta encontrar pareja.
¿Por qué?
Pues es muy simple. Sabemos lo que no queremos. Sabemos lo que queremos. Y lo que queremos no abunda.
No queremos un machista. No queremos un esencialista. No queremos a alguien que diga "amar" a las mujeres. No queremos a alguien que nos diga estar a favor de la igualdad, pero luego nos deje ocuparnos del bebé porque "vos sabés mejor, vos lo tuviste nueve meses en la panza", o nos diga que somos paranóicas porque vemos sexismo en todos lados. O que tenga una sexualidad centrada en la penetración y que hable de "preliminares" al hablar de caricias. No queremos a alguien que salte con que "yo no soy así" cada vez que denunciamos la dominación masculina.
Queremos un varón feminista. Que no tenga miedo a decirlo. Que comparta nuestra lucha. Que nos entienda cuando decimos que queremos deconstruir el patriarcado y la masculinidad hegemónica. Que se reconozca dominante en una sociedad desigual, y que haga esfuerzos por no aprovechar ese lugar privilegiado. Que no hable en nuestro lugar.
Evidentemente, chocamos con la realidad: la inmensa mayoría de los varones son machistas (y de las mujeres también), o, al menos, esencialistas. La mayoría cree, en el mejor de los casos, que somos "iguales en la diferencia".
A la mayoría les conviene esa estafa de los sexos "complementarios", y no buscan a una igual, sino a una mujer que los ponga en valor. No soportan que ella gane más, viaje sola, tenga su vida propia. No soportan que esté muy segura de ella misma.
Quieren una mujercita con un dedito en la boca (pero que pueda ser salvaje en la cama). A una mujer que esté siempre hermosa, flaca, maquillada, depilada (para poder despotricar contra las mujeres que pasan tres horas preparándose para poder estar hermosas, flacas, maquilladas, depiladas). A una mujer que no cuestione el orden social y la jerarquía de género (aunque serían incapaces de decirlo así porque no tienen ni la más remota idea de lo que significa "jerarquía de género").
Entonces claro. Nos resulta muy difícil encontrar pareja. Muchas feministas o nos conformamos con historias sin compromiso. O nos arreglamos con la soltería (y a veces, la reivindicamos, como el único estado posible para un correcto desarrollo de nuestro potencial), porque mejor solas que mal acompañadas.
O, también, por qué no, empezamos a fijarnos en las mujeres. Después de todo, si lo que buscamos es una persona feminista que comparta nuestra vida, tendremos más posibilidades, estadísticamente hablando, de encontrar a una mujer que a un varón*.
¿Que si a veces no me gustaría ser "un poco menos" feminista? ¿Que si no me cansa estar siempre en lucha? Pues sí, claro. Ser feminista duele, porque el sexismo está en absolutamente todos los ámbitos de la vida cotidiana, profesional, personal, íntima, urbana... La lucha antisexista cansa. Pero es imposible cerrar los ojos sobre el sexismo una vez que se los ha abierto.
La verdad, debería crear un sitio de citas feminista. El problema sería, por supuesto, la escasa cantidad de varones inscriptos: no creo que los varones feministas heterosexuales tengan tantos problemas en encontrar a una pareja feminista...
En todo caso, ese sería mi anuncio:
Porque, por supuesto, el feminismo es el odio hacia los hombres y el lesbianismo es el resultado de esa frustración...
Más allá de que tal aserción demuestra el cretinismo absoluto de quien la formula, en algo tienen razón: a las mujeres feministas heterosexuales nos cuesta encontrar pareja.
¿Por qué?
Pues es muy simple. Sabemos lo que no queremos. Sabemos lo que queremos. Y lo que queremos no abunda.
No queremos un machista. No queremos un esencialista. No queremos a alguien que diga "amar" a las mujeres. No queremos a alguien que nos diga estar a favor de la igualdad, pero luego nos deje ocuparnos del bebé porque "vos sabés mejor, vos lo tuviste nueve meses en la panza", o nos diga que somos paranóicas porque vemos sexismo en todos lados. O que tenga una sexualidad centrada en la penetración y que hable de "preliminares" al hablar de caricias. No queremos a alguien que salte con que "yo no soy así" cada vez que denunciamos la dominación masculina.
Queremos un varón feminista. Que no tenga miedo a decirlo. Que comparta nuestra lucha. Que nos entienda cuando decimos que queremos deconstruir el patriarcado y la masculinidad hegemónica. Que se reconozca dominante en una sociedad desigual, y que haga esfuerzos por no aprovechar ese lugar privilegiado. Que no hable en nuestro lugar.
Evidentemente, chocamos con la realidad: la inmensa mayoría de los varones son machistas (y de las mujeres también), o, al menos, esencialistas. La mayoría cree, en el mejor de los casos, que somos "iguales en la diferencia".
A la mayoría les conviene esa estafa de los sexos "complementarios", y no buscan a una igual, sino a una mujer que los ponga en valor. No soportan que ella gane más, viaje sola, tenga su vida propia. No soportan que esté muy segura de ella misma.
Quieren una mujercita con un dedito en la boca (pero que pueda ser salvaje en la cama). A una mujer que esté siempre hermosa, flaca, maquillada, depilada (para poder despotricar contra las mujeres que pasan tres horas preparándose para poder estar hermosas, flacas, maquilladas, depiladas). A una mujer que no cuestione el orden social y la jerarquía de género (aunque serían incapaces de decirlo así porque no tienen ni la más remota idea de lo que significa "jerarquía de género").
Entonces claro. Nos resulta muy difícil encontrar pareja. Muchas feministas o nos conformamos con historias sin compromiso. O nos arreglamos con la soltería (y a veces, la reivindicamos, como el único estado posible para un correcto desarrollo de nuestro potencial), porque mejor solas que mal acompañadas.
O, también, por qué no, empezamos a fijarnos en las mujeres. Después de todo, si lo que buscamos es una persona feminista que comparta nuestra vida, tendremos más posibilidades, estadísticamente hablando, de encontrar a una mujer que a un varón*.
¿Que si a veces no me gustaría ser "un poco menos" feminista? ¿Que si no me cansa estar siempre en lucha? Pues sí, claro. Ser feminista duele, porque el sexismo está en absolutamente todos los ámbitos de la vida cotidiana, profesional, personal, íntima, urbana... La lucha antisexista cansa. Pero es imposible cerrar los ojos sobre el sexismo una vez que se los ha abierto.
La verdad, debería crear un sitio de citas feminista. El problema sería, por supuesto, la escasa cantidad de varones inscriptos: no creo que los varones feministas heterosexuales tengan tantos problemas en encontrar a una pareja feminista...
En todo caso, ese sería mi anuncio:
Busco varón heterosexual o bisexual de entre 30 y 45 años,
con consciencia de igualdad de género e igualdad social (absolutamente excluyente),
que entienda lo que significan expresiones como "estereotipo de género", "esencialismo" o "mandatos sociales" sin que yo le tenga que convencer de nada (o sea, que ya venga formadito con nudito y todo, no tengo ganas de jugar a la maestra como tantas veces lo he hecho, ya fue, ya no tengo edad para esas cosas, no pretendo cambiar a nadie),
por ende, y por supuesto, que no piense que varones y mujeres somos "complementarios" o "iguales en la diferencia" (¡¡PUAJJ!!),
que no le tenga miedo a una mujer feminista, militante e independiente (en todos los aspectos),
que sea inteligente y con mucho humor (ambas cosas relacionadas, y excluyentes), de izquierda y con consciencia ecologista,
que esté disponible (no casado, no de novio, no en una relación complicada: dis-po-ni-ble),
que no sienta la necesidad absoluta de tener hijxs, o de tener más hijxs de lxs que ya tiene,
que no tenga un concepto cerrado de lo que significa "estar en pareja",
que sea compañero, cariñoso, tierno, que exprese sus sentimientos,
que sea maduro y responsable en sus relaciones, que no huya a la primera de cambio cuando surgen dificultades.
Ah, y preferentemente no fumador.
Escucho todo tipo de propuestas a mi mail. Histéricos y falsos feministas abstenerse (igual son fáciles de detectar y neutralizar).
¿Qué les parece? ¿Que tendría éxito? Yo, creo que no.
Eso sí: de haber tenido esta lista antes y haberla seguido a rajatablas, me habría ahorrado muchos dolores de cabeza... Hoy, definitivamente prefiero estar sola antes que mal acompañada.
*Ojo, ya veo venir a algunxs. No estoy diciendo que el lesbianismo sea una elección "por descarte" por no haber encontrado a un varón, como muchxs piensan (volvemos a lo de la frustrada sexual). Tengo mis serias dudas acerca de la posibilidad de "convertirse" en lesbiana por "voluntad propia". Pero como creo, como expliqué en una entrada anterior, que las categorías "heterosexual" y "homosexual" son construidas socialmente, y que de no ser por esas categorías, todxs seríamos pansexuales con alguna tendencia/preferencia hacia un lado o hacia otro, pues también creo que, a fuerza de deconstrucción de nuestras sexualidades impuestas, algunas personas pueden, efectivamente, dejar inclinar la balanza hacia un lado que no sospechaban hasta ahora.
Eso sí: de haber tenido esta lista antes y haberla seguido a rajatablas, me habría ahorrado muchos dolores de cabeza... Hoy, definitivamente prefiero estar sola antes que mal acompañada.
| que mal acompañadá... |






