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jueves, 22 de mayo de 2014

El mito del óvulo pasivo

Los varones son activos y las mujeres pasivas, dice la creencia popular.

Los psicólogos evolucionistas tienen varias explicaciones para ello.

Una de ellas es que en la reproducción, el elemento femenino, el óvulo, espera pásivamente a que el elemento masculino, el espermatozoide, haga esfuerzos terribles para ganar una carrera sin piedad en la que millones quedarán en el camino, navegando en el cuerpo femenino con toda la fuerza de su cola, hasta finalmente penetrar el óvulo tras un largo camino lleno de dificultades, y ser el vencedor entre muchos otros.

Algo así como el maratón de Nueva York, pero sobre los 15 a 18 cm de la vagina y las trompas.

Y esto, señoras y señores, es ciencia, y la ciencia, es bien sabido, es neutra.

Sólo que... no. La ciencia no es neutra. La ciencia no es sino la interpretación del mundo por personas humanas, y por lo tanto situadas cultural, social, políticamente. Las investigaciones no sólo dependen del dinero que se acepte invertir en ellas, y por lo tanto se hacen selecciones de temas, de enfoques, que orientan esas investigaciones, sino también, luego, de la biografía misma de lxs investigadores, sus creencias, las normas culturales que han interiorizado, el interés que pueden tener en tal o cual trabajo, etc.

Por ejemplo, siempre se ha estudiado mucho el papel de las hormonas en las mujeres, llegando a conclusiones como que tienen mucha influencia en su estado de ánimo, su carácter, su líbido. Afirmaciones como: las mujeres son más irracionales que los varones porque están influenciadas por sus hormonas y, por lo tanto, son impredecibles y no se les puede confiar puestos de responsabilidad.

Ahora, cuando algunxs científicos se empezaron a interesar por la influencia de las hormonas en los varones, hicieron hallazgos sorprendentes: ellos también tienen ciclos, anuales, mensuales y hasta diarios, como explican aquí. Extrañamente, salvo algunos artículos en la prensa, no se difundió demasiado la información, y el estereotipo de la mujer impredecible, irracional, y del varón racional y confiable permanece intacto.

Sobre el papel del óvulo y de los espermatozoide pasa lo mismo: el estereotipo del óvulo pasivo y del espermatozoide activo sigue esgrimido por quienes quieren justificar las supuestas personalidades distintas de varones y mujeres, aún cuando se sabe desde hace casi 30 años que las cosas no son tan así.

Ya sobre la cantidad de óvulos y de espermatozoides, las descripciones supuestamente científicas son sesgadas, y hablan de "desperdico" en el caso de las mujeres.

Al nacer, en efecto, los bebés de sexo femenino ya tienen todos sus óvulos en sus ovarios, unos dos millones. No producirán ninguno nuevo a lo largo de su vida, y los que estén irán degenerando a lo largo de su vida. Al llegar a la pubertad, quedarán sólo unos 300.000. Y de esos, sólo uno por mes será liberado como para poder ser fecundado, con lo cual, a lo largo de su vida reproductiva, una mujer sólo usará 400 o 500 de los dos millones presentes al nacer.

Los textos de biología suelen sacar conclusiones sobre ese "desperdicio" y subrayan que, a diferencia de los varones que se pasan sesenta años de su vida "produciendo" esperma, las mujeres simplemente esperan a que sus huevos "degeneren".

Ahora, pregunta la antropóloga Emily Martin, "el verdadero misterio reside en por qué la amplia producción de esperma del hombre no está vista como un "desperdicio". Dado que un hombre "produce" 100 milliones de espermatozoides por día (una estimación conservadora) durante una vida reproductiva promedia de 60 años, produce mucho más que tres trillones de espermatozoides en toda su vida. Dado que una mujer "hace madurar" un huevo por mes lunar, o 13 por año, durante el transcurso de sus 40 años de vida reproductiva, haría madurar un total de 500 huevos en su vida. Pero la palabra "desperdicio" implica un exceso, producción en demasía. Si una mujer tiene dos o tres hijxs, por cada bebé que una mujer produce, desperdicia alrededor de 200 huevos. Por cada bebé que un varón produce, desperdicia más de un trillón (10 potencia 12) de espermatozoides."

Como vemos, la palabra "desperdicio" asociada únicamente a las mujeres no es un dato científico, sino una interpretación sesgada de los datos científicos. Una cosa es el dato bruto (una x cantidad de óvulos no se usan, una x cantidad de espermatozoides no se usan) y otra, la interpretación que se hace sobre esos datos (es un "desperdicio", las mujeres desechan, los varones producen; las mujeres desperdician, los varones crean; las mujeres son pasivas, los varones son activos...)

Otro dato supuestamente científico es que el óvulo espera "pásivamente" cual Bella Durmiente a que un espermatozoide azul lo venga a despertar y, con un beso mágico, a fecundar.

Este, nos dicen, se mueve gracias a la formidable fuerza de su cola, que le permite remontar hasta el óvulo por las trompas de Falopio. Y ahí, siempre gracias a su muy viril potencia, "penetra", "conquista", "vence" (poner ahí cualquier otro verbo guerrero) al óvulo inactivo. Prácticamente todos los textos de biología presentan así la fecundación.

¿Cuál es la realidad?

La realidad es que el ovocito es muchísimo más activo de lo que se suponía (y de lo que la gente sigue pensando, a pesar de las evidencias).

Contrariamente a lo que se cree, la potencia de la cola del espermatozoide es insuficiente como para hacerlo avanzar tanta distancia y, sobre todo, como para hacerlo penetrar el óvulo. El espermatozoide no es el potente "penetrador" que imaginábamos. Los movimientos de su cola, que son laterales, no pueden llevarlo a romper la barrera del óvulo. No es ningún príncipe azul conquistador.

En realidad, es el óvulo el que "atrapa" al espermatozoide: en efecto, el óvulo emite unos filamentos (vellosidades) que se enroscan alrededor de la cabeza del espermatozoide, atrapándolo y "chupándolo" literalmente. El espermatozoide no tiene otra que entrar en el óvulo, "tragado" por el ovocito.

Con lo cual, la fecundación no sería tanto la acción de un espermatozoide frente a la inacción del óvulo, sino la estrecha colaboración de ambos.

Estos descubrimientos datan de la década de los ochenta, o sea, tienen unos 25 años. ¿Se han modificado desde entonces los estereotipos sobre el óvulo/mujer pasiva y el espermatozoide/varón activo? Pues no. Nada. Ni un poquito. En el mejor de los casos, algunxs científicxs cambiaron el estereotipo de la Bella Durmiente pasiva por el de la bruja que teje su telaraña para atraer a los hombres y devorarlos.

Sea como sea, interpretaciones sexistas que oponen, dividen, presentan a unos y otras como enemigxs, contrincantes, rivales, en lugar de mostrar la realidad: organismos que colaboran para crear conjuntamente una nueva vida.

Para más información:



  • Jay M. Baltz, David F. Katz, and Richard A. Cone, "The Mechanics of the Sperm-Egg Interaction at the Zona Pellucida," Biophysical Journal 54, no. 4 (October 1988): 643-54.

  • Paul M. Wassarman, "The Biology and Chemistry of Fertilization," Science 235, no. 4788 (January 30, 1987): 553-60, esp. 554.

lunes, 12 de mayo de 2014

"Es normal que las mujeres cobren menos": otro delirio masculinista

Concepción Rodríguez,
la mujer que peleó
por el derecho
a trabajar en las minas.
Los masculinistas suelen basarse en creencias que no están sustentadas en ninguna estadística oficial, simplemente en observaciones que no responden a ningún criterio científico.

Por ejemplo, atribuyen el hecho de que los salarios de los varones sea, en promedio, más elevado que el de las mujeres, al hecho de que ellos "eligen" trabajos más peligrosos y, por ende, mejor pagados.

Y, afirman, los varones son las principales víctimas del sexismo, porque son ellos los que mueren en accidentes laborales, en las minas de carbón y en los andamios de las obras, mientras que las mujeres están tranquilitas en sus casas tejiendo ropita para el bebé, cosa con la que, evidentemente, tienen menos posibilidades de morir desangradas (si nos olvidamos de que las agujas de tejer han sido usadas durante décadas para realizar abortos inseguros que terminaban muchas veces en perforaciones, infecciones y hemorragias...).

¿Qué hay de cierto en todo eso? ¿Es verdad que los varones tienen, en promedio, actividades más peligrosas que las mujeres, que justifique que se les pague más?

Como Argentina carece de estadísticas en todos los aspectos que voy a mencionar, elegí el caso de España, que sí cuenta con muchos estudios oficiales.

En primerísimo lugar, vale aclarar un detalle: si las mujeres trabajan poco en las minas de carbón, no es una "elección".

Es, además de los estereotipos de género que atribuyen a uno y otro sexo actividades distintas, porque hasta 1993 lo tenían prohibido, lisa y llanamente. 

Y si, a partir de 1993, lograron hacerlo, no fue porque de repente el Estado se diera cuenta de que los varones padecían una tremenda injusticia, sino porque una mujer, Concepción Rodríguez Valencia, peleó durante ocho años hasta lograr que el Tribunal Constitucional le reconociera el derecho a trabajar en una mina.

O sea, las mujeres han peleado para poder trabajar en las minas de carbón, como lo relata una entrada del blog Mujeres del diario El País. No veo tanto ahínco de los masculinistas en reclamar ser amos de casa y ocuparse de lxs niñxs sin sueldo, sin vacaciones, sin fines de semana, sin aportes jubilatorios, sin compensación económica alguna...

Pero aunque los estereotipos de género, y no la discriminación, fueran la única razón por la cual hay más varones que mujeres en las minas de carbón y en la construcción, entonces con más razón los masculinistas deberían unirse a la causa feminista, en lugar de rechazarla: el término mismo de "estereotipo de género" ha sido acuñado por el feminismo, cuya lucha central es justamente en contra de dichos estereotipos.

Accidentes laborales

Ahora, estudiemos eso de que los varones son las principales víctimas en esta sociedad, y no las mujeres, porque son ellos los que mueren en accidentes laborales, y vayamos a las estadísticas. 

Estas muestran en primer lugar que, incluso por el mismo trabajo, en la misma empresa, con el mismo nivel de peligrosidad, las mujeres reciben, en promedio, un salario menor al de los varones.

Según la Encuesta Anual de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadísticas, "analizando las diferencias salariales para cada actividad económica, se comprueba que las mujeres tuvieron un salario inferior al de los hombres en todas ellas".

Es decir, en un mismo rubro, con trabajos similares, las mujeres siguen ganando menos que los varones.

Esto, por un lado.

Por el otro, ¿cuál es la cantidad real de muertes por accidentes laborales en España? Según un estudio de la Fundación Mapfre, a la que difícilmente se pueda tachar de feminista, y basado en fuentes oficiales, las cifras son las siguientes:

- Accidentes laborales: 1.089, de los cuales 258 fueron en el trayecto entre el domicilio y el lugar de trabajo (2008) (según el Ministerio de Empleo, fueron 683 en total en 2011)

Pero además: 

- Accidentes de tránsito: 3.100 (en 2008)
- Accidentes domésticos y de ocio: 4.000 (en 2007)

Hete aquí que, oh casualidad, el mayor número de accidentes no se da en el lugar de trabajo, tampoco en la ruta, sino... en la casa.

¿Y quiénes son las personas que más se quedan en la casa y son víctimas de esos accidentes domésticos? Pues sí: las mujeres. Representan el 56,2% de las víctimas de lesiones por accidentes domésticos. Dice el estudio del Ministerio de Sanidad y Consumo:
"Se confirma, igual que en años anteriores, el predominio de los accidentes entre los hombres, superior a la media, hasta los 24 años. El porcentaje se equilibra en la franja de edad entre 25 y 44 años. La tendencia se invierte a partir de los 45 años, donde se observa una disminución del porcentaje de siniestralidad. Dicha situación es la desigual distribución de las funciones y roles sociales que desempeñan cada uno de los géneros."
Hay que destacar que entre los accidentes domésticos y de ocio, están, justamente, los de ocio. Allí, los varones que mueren son mayoría (en las áreas deportivas, sobre todo). Es decir, las mujeres son muchas más en sufrir accidentes por realizar tareas domésticas en la casa (65,7%, por 48,4% de varones). Y los varones, durante su tiempo de ocio:
"Se observa un mayor peso de las actividades domésticas que contribuyen al 39,6% de las lesiones. En el otro extremo se encuentran las actividades relacionados con los juegos y el tiempo libre".
¿Y el bricolaje, preguntarán? Aquel famoso bricolaje que los masculinistas suelen esgrimir a la hora de comparar las tareas domésticas de unos y otras, tipo "nosotros tenemos que ir al bosque a cortar leña" (les juro que salen con ese argumento): pues representa el 5,5% de los accidentes... Y ahí sí, claro, el 90% son varones.

Pero en fin, hay que ser de muy mala fe para equiparar tareas domésticas y bricolaje.

Sobre los accidentes laborales que derivan en muerte, y que han alcanzado la cifra de 683 en el año 2011, según la Estadística de Accidentes de Trabajo del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, es cierto que los varones son mayoría abrumadora
"Sobre siniestralidad de accidentes mortales, los varones tienen una siniestralidad de 6,37 accidentes mortales por cada cien mil trabajadores, mientras que dicho índice en mujeres es de 0,30."
Sin embargo, como vemos, hay más mujeres que mueren en su casa haciendo las tareas domésticas que varones que mueren en su lugar de trabajo.

Otra diferencia es que en caso de accidente laboral (que no derive en muerte), las víctimas tienen derecho a seguir cobrando su salario, indemnizaciones, etc. En caso de accidente doméstico, las víctimas no tienen derecho a absolutamente nada. Y muchas veces, aún lesionadas, las mujeres tienen que seguir ocupándose de la casa y lxs hijxs.

Y ni hablemos de la situación de las empleadas domésticas que, en su inmensa mayoría, no son declaradas ni tienen Seguridad Social ni nada por el estilo (hay 747.000 empleadas domésticas en España, y la casi totalidad son mujeres).

Sin embargo, los masculinistas afirman sin vacilar que los varones son las principales víctimas de los estereotipos de género que les asignan a ellos los trabajos peligrosos y a ellas el quedarse sin hacer nada en su casa (algunos, en comentarios que han dejado aquí, han comparado las tareas domésticas y el cuidado de lxs niñxs a "poner un DVD") y que, por lo tanto, es normal que tengan mejores sueldos.

Por último, lo que contaba al principio: los masculinistas suelen decir es normal que los varones ganen más que las mujeres, en promedio, porque ellos son los que más trabajan en puestos peligrosos, y mejor pagados.

Recuerdo que, en España, la ganancia media anual femenina supuso en el año 2008 el 78,1% de la masculina, según el Instituto Nacional de Estadística.

Vemos las cifras entonces:

- unas 7.000 personas trabajan en minas de carbón, de las cuales 300 son mujeres.
- hay 1.650.800 obrerxs de la construcción (2010), entre los cuales 137.300 mujeres.

O sea, ¿realmente unos 1.520.200 varones (mineros y obreros de la construcción) pueden modificar estadísticas y justificar que, en promedio, las mujeres en España ganen el 78,1% de lo que ganan los varones?

Evidentemente, no. La brecha salarial entre varones y mujeres se tiene que buscar en otro lugar.

Más información:

Las mujeres ganan menos que los hombres de por vida y la brecha salarial aumenta con la formación (informe de RTVE basado en la Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística)


lunes, 21 de abril de 2014

Las mujeres, el sexo, el orgasmo y muchos mitos

- Las mujeres necesitan estar enamoradas para excitarse y tener sexo.
- Las mujeres asocian siempre sexo y sentimientos.
- El orgasmo de las mujeres es misterioso.
- Las mujeres necesitan mucho tiempo para llegar al orgasmo.
- Las mujeres no se focalizan solamente en sus genitales, necesitan que todo el cuerpo esté involucrado.
- Las mujeres no se excitan mirando imágenes pornográficas, para ellas el mirar no es tan importante como para los varones, su placer es más "cerebral", se excitan imaginándose historias de amor.
- Las mujeres no tienen tantas necesidades sexuales como los varones.
- Las mujeres no se masturban varias veces al día como los varones.

Todos estos estereotipos, que no tienen absolutamente ningún sustento científico, se pueden encontrar en publicaciones diversas y variadas, y la gente los suele repetir como loros, sin siquiera preguntarse de dónde salen.

¿Cómo es posible, entonces, que yo:

- alcance el orgasmo, cuando me masturbo, en un promedio de un minuto y medio (mi récord fueron 30 segundos de reloj)?
- haya tenido sexo con muchos varones sin tener ni un ápice de sentimiento amoroso por ellos, y la haya pasado fenomenal, a veces mejor que cuando estuve en una pareja estable y enamorada?
- considere que mi orgasmo es simplísimo y nada misterioso: me toco el clítoris, acabo, y ya?
- necesite tocarme solamente el clítoris para alcanzar rápidamente el orgasmo?
- me excite muchísimo al mirar (algunas) imágenes pornográficas y alcance el orgasmo mucho más rápidamente cuando miro alguna imagen?
- no introduzca ni ternura ni amor en mis fantasías sexuales, sólo puro sexo carnal?
- me pueda llegar a masturbar 10 veces en el dia, en algunas épocas de mucha líbido?

Hay dos respuestas posibles a mis preguntas:

1) soy varón y nunca me había percatado de ello,
2) las generalizaciones sobre la sexualidad femenina son sólo estereotipos, o en todo caso construcciones sociales que nos imponen, y para nada realidades naturales, en las que las mismísimas mujeres creen porque nunca les pintaron que su sexualidad podía ser distinta.

Eso sí: cuando estoy con un varón, ni de casualidad acabo tan rápido. El tiempo que descubran cómo tocar el clítoris para que sea placentero (previo descubrimiento de que es el clítoris al que hay que tocar), como si fuera la primera vez que vieran uno, ya pasaron 20 minutos... Por lo general, prefiero terminar el trabajo yo misma, harta de que me amasen como si fueran a hacer pan.

Entonces claro, si los "estudios" son hechos por varones que se basan en su experiencia, o si se les pregunta a las mujeres acerca de cuánto tiempo alcanzan el orgasmo cuando es un varón el encargado de hacérselo alcanzar, me imagino que la cosa es medio larga...

En cuanto a que ellas lleguen a reconocer que se excitan mirando imágenes, que pueden tener sexo placentero con desconocidos por los que no sienten absolutamente nada o que se masturban varias veces al día... no way. Serían catalogadas de inmediato como putas, con las consecuencias que ello conlleva (entre otras cosas, que te digan que "te lo buscaste" en caso de abuso sexual, si empiezan a hurgar en tu vida privada).

Y lo peor es que es muy probable que efectivamente, muchas sean sinceras cuando dicen que prefieren el sexo con amor, que no se masturban o que no miran imágenes pornográficas: nos crían con la idea de que todo eso es de varones, de que nosotras soñamos con príncipes envueltos en flores y corazones, y de que el placer del varón es más importante que el nuestro (¿cuántas han fingido multiorgasmos cósmicos para hacer acabar a su pareja, cuando no han siquiera empezado a gozar?).

Párrafo aparte merece lo de que las mujeres son más "cerebrales", como si la visión de imágenes pornográficas y el mismo orgasmo no fueran actividades cerebrales en todos los casos...

(Y por supuesto, solamente se habla aquí de mujeres heterosexuales. Ignorando por completo que hay mujeres homosexuales, bi, trans, etc.)

PD: Me preguntarán por qué elegí la imagen de un varón para ilustrar una entrada sobre placer femenino. Pues porque estoy harta de que TODAS las notas o entradas sobre sexualidad estén ilustradas por minas en pelotas, sea cual sea el tema tratado, incluso cuando se habla únicamente de sexualidad de los varones (como esta, que habla de varones acosados sexualmente -con un título por demás completamente engañoso- e ilustrada por una mina en bolas). Así que para compensar, pongo la foto de un tipo sexy para ilustrar una entrada sobre las mujeres y el sexo.

jueves, 10 de abril de 2014

Las mujeres y los niños primero... ¿un mito?

"Las mujeres y los niños primero"... Es uno de los grandes argumentos de los masculinistas a la hora de demostrar que los hombres sufren tantas discriminaciones como las mujeres, o incluso peores.

Nosotros, dicen, en caso de hundimiento de un barco, tenemos que sacrificarnos para salvar a las mujeres y lxs niñxs. ¿Dónde quedó la igualdad? preguntan, indignadísimos, ante tamaña injusticia.

Y acto seguido, dan el ejemplo del Titanic, en el que, efectivamente, el 70% de las mujeres se salvaron, frente al 20% de los varones.

El tema es que el caso del Titanic es... una excepción.

Una excepción que ha construido un mito, el de que en caso de una catástrofe, las que se salvan son las mujeres, mientras los pobres hombres se sacrifican y mueren en atroces sufrimientos.

¿Por qué un mito? Bueno, resulta que investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia) estudiaron 18 grandes naufragios ocurridos entre 1852 y 2011, y se dieron cuenta de que en realidad, manda la ley del más fuerte.

Más que la ley de "las mujeres y lxs niñxs primero", los varones tienen tendencia a aplicar la ley del "sálvese quien pueda" y a salvarse a sí mismo.

En su estudio, titulado Género, normas sociales y sobrevivencia en desastres marítimos y publicado en junio de 2012 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences de Estados Unidos, lxs investigadores han estudiado en detalle esos 18 naufragios, que implicaron a 15.000 personas de 30 nacionalidades diferentes. El resultado fue tajante: "Las mujeres tienen una desventaja de sobrevivencia clara en comparación con los varones".

Los resultados son inapelables. En promedio, lxs que mayor tasa de sobrevivencia tienen son... lxs tripulantes (61%). Luego le sigue el capitán (más de 44%, con lo cual el comportamiento del capitán del Costa Concordia, Francesco Schettino, es más común de lo que se cree). Luego, los varones, con más del 37% de posibilidad de sobrevida. Lejos están las mujeres, que tienen menos de 27% de posibilidad de salvarse, y por último lxs niñxs, con un 15%.

"En el Titanic", dicen lxs investigadores, "la tasa de sobrevivencia de las mujeres fue más de tres veces más elevada que la tasa de sobrevivencia de los varones. Pero al estudiar una muestra mucho más amplia de desastres marítimos que lo que nunca antes se había hecho, demostramos que la tasa de sobrevivencia de las mujeres es, en promedio, sólo la mitad de la de los varones. Interpretamos esto como una prueba de que la aplicación de la norma de "las mujeres y lxs niñxs primero" es excepcional en los desastres marítimos."

Y, agregan, "parece que es lo que dicta el capitán, más que la moralidad de los varones, lo que determina si se les da un trato preferencial a las mujeres en los hundimientos de barcos".

Básicamente: si no se les obliga a hacerlo (como ocurrió en el Titanic, a veces a punta de pistola), los varones intentan salvar primero su pellejo, como lo haría cualquier ser normalmente constituido.

Ante la ley del "sálvese quien pueda", una hipótesis de lxs investigadores es que los varones corren con ventaja en comparación con las mujeres: en caso de hundimiento de un barco, se salvará quien corra más rápido, sea más fuerte y pueda sortear más fácilmente los obstáculos. Todas cosas, y eso lo agrego yo, son más difíciles si se viste con polleras, zapatos incómodos o si hay que hacerse cargo de lxs niñxs, trabajo que, por lo general, le incumbe a las mujeres. Niñxs a lxs que, visiblemente, también les importa tres pepinos a los varones.

El "las mujeres y lxs niñxs primero" es una ley que, en realidad, estaría destinada a favorecer y salvar a lxs niñxs ante todo (los seres más indefensos), y puesto que son las mujeres las que se encargan de ellxs, pues a ellas también es a quien habría que salvar.

Y resulta que el estudio muestra que al final, lxs niñxs son lxs que menos posibilidad de salvarse tienen.

Ya me hablarán del duro sacrificio de los varones y de la horrible discriminación que viven por esa ley de "las mujeres y lxs niñxs primero": no solamente tienen ínfimas posibilidades de estar en una situación similar a la del hundimiento de un barco, sino que la realidad muestra que ante los hechos, no aplican esa ley que supuestamente tanto los desfavorece.

Sin embargo, los masculinistas la siguen esgrimiendo a la hora de demostrar lo horriblemente discriminados que son los varones en comparación con las mujeres...

miércoles, 10 de abril de 2013

Hay dos sexos: ¿mito o realidad?

Cuando hablo de género, me acusan de querer ignorar la realidad biológica, una realidad que nadie se atreve a cuestionar: existen dos sexos biológicos, el masculino y el femenino. Y ninguna teoría del género podrá borrar eso.

Más allá de que la teoría del género no pretende "borrar" esa "realidad biológica", sino que pretende deconstruir los roles de género que se aplican cultural y socialmente a los sexos biológicos, hay un problemita que se agrega a todo eso: la ciencia, hoy en día, ya no tiene tan claro eso de que hay dos sexos.

WTF?? dirán algunxs.

Bueno, recapitulemos.

¿Cómo se define el sexo biológico? ¿Cómo se sabe si un individuo es nena o nene?

En la mayoría de los casos, esto se ve, o se cree ver en la ecografía, o más seguramente aún, al nacer el bebé. Ahí aparece siempre el discurso performativo de algún miembro del cuerpo médico: "es una nena" o "es un nene".

Y entre "varón" y "mujer", pues no hay nada.

Sin embargo, sabemos hoy en día que no solamente de gonadas (testículos/ovarios) o de genitales (pene/vulva) vive el hombre. También existen los cromosomas.

Para que un individuo pueda ser decretadx plenamente varón o mujer, tiene que haber coincidencia entre esos tres elementos: gonadas, genitales, y cromosomas (XX para las mujeres, XY para los varones).

Pero hete aquí que algunxs bebés muy chistosos nacen con elementos propios de ambos sexos, con distintas combinaciones posibles: algunxs tienen vulva y pene a la vez, testículos y ovarios. A esxs individuxs se les llamaba antes "hermafroditas" o "tercer sexo".

Pero además, algunxs nacen, por ejemplo, con un pene y testículos (o sea, todo bien, al parecer), pero con cromosomas XX. ¿Cómo definimos a esas personas? Son varones por sus gonadas y sus genitales, pero mujeres por sus cromosomas. ¿En qué categoría lxs ponemos?

¿Y a las personas XXX? ¿Y las personas X0? Y las personas XXY? ¿Qué son? ¿Cómo las definimos?

Hoy en día, esta situación se llama "intersexualidad".

Y todavía hoy en día, en la mayoría de los casos, se opta por una solución radical, mutilante y absolutamente contraria a los derechos humanos más básicos: como no podemos concebir la idea de que haya más de dos sexos, se decide asignar quirúrgicamente a ese bebé uno de los "dos" sexos que aceptamos como "normales".

Por ejemplo, a lxs que tienen un clítoris demasiado grande o un pene demasiado chico, sencillamente se les corta para "fabricar" una mujer (pero no tenemos ningún reparo en indignarnos cuando algunas tribus africanas cortan el clítoris de sus hijas).

Algunxs otrxs nacen con el síndrome de Klinefelter: tienen un cromosoma X "de más" (XXY). Tienen aspecto masculino, pero a veces, testículos atrofiados y les crece el pecho en la adolescencia. A ellxs, por lo general, se les da un tratamiento hormonal con andrógenos, se les saca los testículos atrofiados y se les coloca prótesis testiculares. Todo ello, por supuesto, sin nunca preguntarles su opinión ni darles información de nada.

A las personas intersexuales XX, se les asigna siempre el sexo femenino, sea cual sea la apariencia de sus genitales, incluso si tienden a ser masculinos: además del tratamiento hormonal ad hoc, esa persona tiene que pasar por varias operaciones quirúrgicas para tratar de mantener su capacidad reproductiva, crear una vagina suficientemente grande como para recibir un pene (porque, por supuesto, se considera que una mujer debe ser heterosexual y debe querer ser penetrada por un pene, con lo cual agregamos heterosexismo a todo lo demás), etc.

Entonces, en la mayoría de los casos, se reúne un equipo pluridisciplinario, para decidir qué sexo se asignará al bebé. Esxs niñxs son sometidxs a una serie infinita de operaciones para "adecuar" su cuerpo al sexo que el cuerpo médico le asignó de manera prepotente, operaciones que muchas veces derivan en dolores de por vida, infecciones, pérdida de sensibilidad de los genitales.

Sin hablar del hecho de que se trata como enfermos a niñxs que, en la mayoría de los casos (salvo excepciones) son perfectamente saludables.

Ahora, si en la naturaleza existen tantas combinaciones posibles entre gonadas, genitales y cromosomas, y si estos individuos representan, según distintos estudios, entre el 1 y el 4% de la población, ¿tiene sentido seguir hablando de dos sexos?

Para hacer un paralelismo sexo/raza, ¿tendría sentido querer vivir en un mundo en que solamente existan personas muy blancas y otras muy negras, negar que pueda haber toda una gama de mezclas posibles, y someter a lxs niñxs mestizos a tratamientos crueles e inhumanos para volver su piel más negra o más blanca, según lo que decida el cuerpo médico, a fin de evitar la (deseable, a mi entender) desaparición del concepto de raza?

¿Por qué nos aferramos tan desesperadamente al concepto de sexo y a su binariedad obligatoria? ¿Cuál sería el drama universal de constatar que en la naturaleza existen todas las combinaciones posibles de sexos, como existen todas las combinaciones posibles de color de piel?

¿Cuál sería el tremendísimo problema de dejar de hablar de sexos, como se está dejando, por fin, de hablar de razas?

Porque además, la cifra de entre 1 y 4% está siendo cuestionada. En efecto, como vimos, no solamente existen las personas con diferencias entre sus gonadas y sus genitales, que se pueden ver "desde afuera" o a través de una ecografía.

También está el tema de los cromosomas. Y ahí, algunxs dicen que probablemente haya muchísimos más casos de individuxs con genitales y gonadas perfectamente "normales", pero con algún tipo de "anormalidad" cromosómica. 

Y de acuerdo a algunas fuentes, como la Red de Intersexuales Francohablantes de Europa, entre el 5 y el 15% de la población presentaría alguna "alteración" de sus cromosomas, que haría imposible definir realmente si se trata de varones o mujeres.

O sea, básicamente, lo que se está diciendo es que usted, yo, su padre, su madre, su novio, su novia, podríamos tener algún tipo de "anormalidad" cromosómica, sin saberlo.

Usted mismo, que está leyendo esta entrada, podría ser "otra cosa" que estrictamente varón o mujer. ¿Qué? No se sabe muy bien, porque la sociedad ni lo contempla. Pero ni completamente varón, ni completamente mujer.

Pero como hemos sido asignados "mujer" o "varón" al nacer, porque nuestros genitales y nuestras gonadas aparentaban ser eso, pues hemos sido criados como "varón" o como "mujer", es decir, nos han impuesto, además, roles de género de acuerdo a ese supuesto sexo biológico, y no nos hemos cuestionado nunca si nuestro sexo cromosómico es realmente el que nos designaron.

Caster Semenya. Foto: EPA
Esto fue lo que le pasó a la atleta sudafricana Caster Semenya, medalla de oro en los campeonatos mundiales de Berlín en 2009. Ante su voz grave y sus resultados "masculinos", fue sometida a un humillante "test de feminidad". Allí descubrieron que tenía un problema de insensibilidad a los andrógenos, que tenía testículos que no habían bajado, un alto nivel de testosterona, pero la apariencia física de una mujer con vagina, pechos y útero.

Finalmente, fue autorizada a seguir compitiendo como mujer. Pero su caso cuestiona claramente la binariedad de los sexos y nuestra necesidad de categorizar a los seres humanos entre varones y mujeres, descartando la amplia variedad de otros sexos posibles.

Ahora, pregunto yo: ¿no sería mucho más humano, justo, ético, "cortar" dentro de nuestra concepción cultural de los sexos y modificar nuestra visión sistemáticamente binaria de la sociedad, antes que "cortar", literalmente, esta vez, cuerpos perfectamente saludables para adecuarlos a esa visión artificial?

¿Hasta cuándo vamos a seguir torturando a niñxs para seguir teniendo una sociedad bien dividida entre varones y mujeres, conceptos cerrados que, evidentemente, no existen como tales en la naturaleza?

En un país que reconoció el derecho de todxs a elegir su identidad de género, ¿hasta cuándo vamos a mutilar a personas, como ese bebé intersex que nació en Misiones, para poder seguir afirmando, como si fuera una verdad absoluta: "Biológicamente existen dos sexos"?


Para saber más:

- El blog Intersexualidad hace una lista de bibliografía sobre el tema, en castellano y en otros idiomas.
- Extracto publicado en Página/12 de “Reflexiones sobre la cuestión intersex”, incluido en Intersexo. Una clínica de la ambigüedad sexual, de reciente aparición (Ed. Grama).
- La película "XXY", de Lucía Puenzo, con Inés Efrón, cuenta la historia de una familia que no quiso mutilar a su hijx, y decidió dejarle elegir al llegar a la adolescencia.

martes, 5 de marzo de 2013

El mito de las falsas denuncias (bis)


Ya he escrito acerca del mito de las falsas denuncias, que regularmente agitan los masculinistas para demostrar que los varones son víctimas de "feminazis" dispuestas a aplastarlos y eliminarlos.

Por supuesto, nunca tienen cifras ni estadísticas reales, más que algún recorte periodístico, como si un caso en particular fuera revelador de un hecho sociológico.

Como otrxs más calificadxs que yo se han tomado la molestia de responder, con argumentos, punto por punto, a los masculinistas que niegan la amplitud de la violencia de género, dejo la palabra a uno de ellos, Miguel Lorente Acosta, profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada y ex delegado del Gobierno contra la Violencia de Género.

Sé que con esa nota, los trolls masculinistas van a desembarcar aquí con toda su furia, como lo suelen hacer últimamente. Bienvenidos sean. Porque no hay mejor prueba de la misoginia y la violencia de los masculinistas que sus propias palabras.

El dato principal que rescato de la nota es que las denuncias falsas no llegan al 1% del total, de acuerdo a la Fiscalía General del Estado, y que el delito de violencia de género es, de lejos, el delito con menos denuncias falsas.

Pueden leer la nota directamente en el diario El País aquí
Palabras contra palabras  
Las mujeres nunca han tenido palabra, la sociedad y la cultura no han creado una expresión como lo han hecho con los hombres (“palabra de hombre”), para así darle trascendencia a su voz con la simple referencia a su origen: el hombre. Las mujeres han sido presentadas justo como lo contrario: perversas, mentirosas, traidoras, desleales… Desde Eva y Pandora hasta hoy. Y si existe una cultura que ha creado esta doble referencia sobre la desigualdad, no es de extrañar que cuando la palabra de las mujeres entra en conflicto con la conducta de los hombres, salgan a la luz todos los mitos que buscan defender la desigualdad
Al analizar el argumento de las denuncias falsas se pone de manifiesto esta construcción cultural. En primer lugar, porque parte de esa idea de la mujer perversa que denuncia para hacer daño al hombre y para beneficiarse. Segundo, porque conforme la sociedad ha avanzado más en la lucha contra la violencia de género y ha dejado menos espacio a los maltratadores —señal de que la respuesta social está teniendo éxito—, en lugar de tomar esa realidad como demostración de la verdad de la violencia de género y de la necesidad y eficacia de la denuncia, la reacción es la contraria: se cuestiona la conducta que permite superar esa violencia y a los hombres violentos
Tercero: la crítica montada sobre las denuncias falsas no se sostiene sobre el análisis de la realidad: las mujeres apenas denuncian, la mayoría de las víctimas se separan, y las que lo hacen no piden medidas sobre el domicilio, la custodia de los hijos, ni ninguna cantidad de dinero al hombre; los datos están en los informes del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Como cuarto argumento encontramos que aquellos hombres que piden que se mantenga la presunción de inocencia y que no se le dé credibilidad a una denuncia basada en la palabra de la mujer, no dan ninguna presunción de inocencia a las mujeres y consideran que la gran mayoría miente y delinque al denunciar falsamente a un hombre. 
En quinto lugar están los datos, reveladores de su mentira. El CGPJ y la Fiscalía General del Estado han analizado la situación y han concluido que las denuncias falsas no llegan al 1% del total. Así se deduce que el de violencia de género es, con diferencia, el delito con menos denuncias falsas. Pero, además, el hecho de que aquellos que defienden la falacia de las falsas denuncias cambien sistemáticamente sus datos demuestra que mienten. Al principio usaban como referencia el porcentaje de sentencias no condenatorias (un 30%), pero como no era sostenible ahora emplean el porcentaje de mujeres que retiran la denuncia o no quieren declarar contra su pareja. 
Sus argumentos parten de la ideología que presenta a las mujeres como malas y perversas, y luego buscan datos que encajen en sus ideas. Cuando hablan sobre el tema, en lugar de aportar referencias válidas o estudios, recurren a los casos personales (curiosamente todos conocen alguno) o a aquellos que han sido aireados a todo volumen en determinados medios
La idea de las denuncias falsas es el reflejo de los argumentos que la desigualdad y el machismo ha utilizado históricamente para defender sus privilegios y atacar a las mujeres. Nunca han tomado el silencio tras los casos de violencia como falso, porque era coherente con esa normalidad construida sobre la agresión. En cambio, la denuncia para salir de ella sí es tomada como falsa. Y es que las palabras se las lleva el viento, pero la palabra es la ley.
(Lo subrayado en negrita es mío) 

jueves, 24 de enero de 2013

El suicidio, ¿un flagelo masculino?

Los varones se suicidan más que las mujeres, se escucha por ahí.

Y es absolutamente cierto. Todas las estadísticas muestran que los varones mueren más que las mujeres por suicidio, y Argentina no es ninguna excepción, como lo muestran las cifras publicadas por la ONU.

Allí vemos que el 80% de las personas que mueren por suicidio son varones.

¿Significa eso que los varones sufren más depresiones que las mujeres, y que, por lo tanto, las mujeres viven más felices que los varones? Esa es la conclusión a la que se podría llegar perfectamente.

Pero sería un error. ¿Por qué? Pues porque esas cifras hablan de los fallecimientos. No de los intentos de suicidio.

Y si vamos a las cifras de intentos de suicidio, la realidad es completamente distinta: la cantidad de mujeres que intenta suicidarse triplica la de los varones.

La gran diferencia reside en los métodos empleados: por los estereotipos de género, porque las mujeres son criadas para ser más discretas y silenciosas, y porque los varones tienen más acceso (por educación también) a armas letales, ellos eligen métodos más radicales y mortíferos, como armas de fuego o ahorcamiento, y ellas eligen métodos más discretos y menos sangrientos, pero también menos eficientes, como la toma de pastillas.

La OMS lo explica en un documento sobre prevención de suicidio: "Las mujeres son ligeramente más inclinadas a reportar ideas suicidas que los hombres y hasta dos o tres veces más inclinadas a intentar suicidarse. Sin embargo, los hombres tienen mayor probabilidad de completar el suicidio, a menudo porque escogen medios más violentos e irreversibles".

¿Conclusión? Hay que tener mucho cuidado con las estadísticas. El análisis de las cifras no está al alcance de cualquier persona, aunque parezca que sí. No por nada lxs sociólogxs estudian años de carrera. Hay que saber interpretar, cotejar con otras cifras y poner en perspectiva.

Claramente, si se toma la cantidad de muertes por suicidio, se llega a la conclusión de que los varones tienen más tendencia que las mujeres a estar deprimidos. 

De hecho, son esas cifras las que usan los masculinistas para probar que en un mundo en que la cantidad de varones muertos por suicidios cuatruplica la de las mujeres, no se puede decir que los varones sean privilegiados. Y llegan a la conclusión de que en realidad, los varones sufren más que las mujeres.

Pero si se toma la candidad de intentos de suicidio, se llega a la conclusión exactamente inversa.

Y hace rato que lxs psicólogxs ya no interpretan el intento fallido de suicidio como una simple "llamada de atención", sino como la marca de una verdadera depresión.

¿Que los varones mueren más por suicidios? Sí. ¿Que haya que tratar de combatir ese flagelo? Por supuesto. ¿Que hay que dificultar el acceso a las armas de fuego? Por ejemplo. ¿Que significa que los varones tienen más tendencias depresivas que las mujeres? Pues no.

La realidad, validada por todas las estadísticas, es que en el mundo entero, las mujeres son más proclives a la depresión y al intento de suicidio.

jueves, 1 de noviembre de 2012

¿Las mujeres trabajan menos que los varones?

Los masculinistas suelen alegar que la diferencia de salario entre varones y mujeres (un promedio de 17% en América Latina) es normal, dado que, al fin y al cabo, ellas trabajan menos horas que ellos, "elijen" estar a tiempo parcial, "elijen" trabajos menos peligrosos, y se quedan más tiempo que los varones en casa.

Estadísticamente, es cierto, aunque mucho se podría decir acerca de la supuesta "elección" del tiempo parcial y de los tipos de trabajo.

El tema es que los masculinistas nunca toman en cuenta algo: el trabajo en el hogar.

Ese trabajo, mal que les pese a los que tildan de "feminazi" a cuanta mujer que defienda sus derechos se les cruce, es imprescindible para el buen estado de salud de la sociedad.

Es imprescindible limpiar, cocinar, ordenar, planchar, y, sobre todo, cuidar a lxs hijxs, lo cual supone muchísimas horas de trabajo. Algunos estudios muestran que las mujeres se ocupan de sus hijxs durante 9 horas por día.

Ahora, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec) presentó el miércoles 31 de octubre el informe final del Censo 2010. Y, a diferencia de otras veces, hizo un análisis con perspectiva de género.

Se determinó la participación de las mujeres en el Producto Interno Bruto (PIB) tomando como guía el trabajo en el hogar.


¿El resultado del estudio?

Las mujeres participan en las tres cuartas partes de la producción en valor y en horas de trabajo.

Un trabajo no remunerado, no reconocido, sin ninguna perspectiva de crecimiento, sin vacaciones, sin pago de horas extras, sin aporte jubilatorio, sin valoración social, y completamente ignorado por aquellos que se jactan de que los varones "trabajen más" que las mujeres.

Si se toma el trabajo en el hogar, las mujeres trabajan muchísimo más que los varones. Pero ganan muchísimo menos. Porque ese tiempo, sacado del tiempo dedicado a una actividad laboral y remunerada, no tiene ningún salario.

Consecuencia: las mujeres, aunque trabajen (y, contrariamente a otro mito, siempre han trabajado), dependen de los varones, de las ayudas sociales (o sea, son las primeras afectadas cuando se cortan esas ayudas por implementar políticas de austeridad).

Y los masculinistas tienen el morro de quejarse de que las mujeres reciben más ayudas sociales que los varones y, por ende, salen favorecidas en esta sociedad...

No se trata aquí de reivindicar el trabajo doméstico como un trabajo en sí y de pedir un salario y aporte jubilatorio por ello (personalmente, no estoy a favor de este tipo de medidas), sino de hacer tomar consciencia de la importancia de ese trabajo, y de la absoluta necesidad de que los varones, en lugar de hacerse las víctimas, se den cuenta de sus privilegios, y empiecen a renunciar a ellos, es decir, empiecen a ceder espacio en el mundo laboral, a dedicar más tiempo a las tareas domésticas y el cuidado de lxs niñxs, a fin de permitir una distribución más equitativa de los roles y de que todxs tengan las mismas oportunidades, laborales y personales.

martes, 28 de agosto de 2012

La sexualidad, ¿un ocio colonizado por el trabajo?

Tras el debate que se armó en los comentarios de mi entrada Mitos acerca de la prostitución, he decidido traducir y publicar (con autorización de su autora) un texto de una feminista, anarquista y sindicalista, Irène Pereira, sobre la prostitución, en el que se pregunta, desde una perspectiva marxista, si la prostitución puede ser considerado como un trabajo.

El combate feminista siempre tuvo que ver con un control por las mujeres de su propia sexualidad, para que ésta no esté al servicio del placer masculino, de la reproducción o de intereses económicos, y que las mujeres puedan disfrutarla de manera autónoma. Todo lo contrario de lo que plantea la prostitución.

He aquí el análisis de Irène Pereira, que dio oralmente en Liege (Bélgica), el 22 de febrero de 2011, y que fue publicado en "Prostitución y Sociedad" n°172, el sitio de una asociación francesa que defiende a las prostitutas con una perspectiva abolicionista, Le Nid.

La sexualidad, ¿un ocio colonizado por el trabajo?

mayo de 2011

por Irene Pereira
El problema es saber si debemos, como feministas, reivindicar el hecho de que la prostitución se convierta en una profesión reconocida legalmente (posición reglamentarista) o, al contrario, luchar por la abolición del sistema prostitucional (posición abolicionista), de la misma manera que luchamos por la abolición del sistema capitalista. 
Voy a dar mi opinión a la vez como militante feminista que lucha por los derechos de las mujeres, militante anarquista defensora de la liberación sexual y militante sindicalista revolucionaria que lucha contra la explotación económica de los proletarios. 
Reubicar la pregunta en el marco de un análisis del trabajo 
De un punto de vista sindicalista, querría plantear el tema de la prostitución en el marco de una reflexión sobre el trabajo y el ocio y su futuro en el sistema capitalista. 
Mi tesis es la siguiente: el sistema capitalista intenta transformar en trabajo todo lo que puede ser, para él, fuente de beneficios. De manera general, los sistemas de opresión tienden a operar inversiones entre lo que debería ser del orden del ocio, y lo que debería ser del orden del trabajo. Al contrario, me parece importante que defendamos una distinción clara entre trabajo y ocio. 
¿Qué es un trabajo (en el sentido de la antropología filosófica)? 
Se trata de una actividad socialmente necesaria para asegurar la sobrevivencia de una comunidad social. Esto significa dos cosas: 1) el trabajo es una actividad que está ligada a una obligación: una comunidad no puede evitarla, so pena de no poder garantizar su sobrevivencia; 2) en ese sentido, el trabajo es la condición económica de la pertenencia al pacto social (ciudadanía económica). 
A cambio de su trabajo, el individuo tiene derecho a acceder a los bienes producidos por esta sociedad. 
Al trabajo, siempre en el sentido de una antropología filosófica, se opone el ocio. 
¿Qué es el ocio? 
El ocio designa una actividad que un individuo realiza por su placer, no obligado por la necesidad de participar a la sobrevivencia de la sociedad. Es una actividad que tiene un fin en si mismo. 
Una lucha importante del sindicalismo revolucionario fue hacer reconocer, en el seno del sistema capitalista, que el patrón no solamente debía pagar un salario que permitiera al trabajador reproducir su fuerza de trabajo, sino también asegurarle ocios, es decir, un tiempo no-obligado. 

Ahora bien, los sistema de opresión – el capitalismo, el Estado o el patriarcado – transforman el ocio en trabajo y el trabajo en ocio. Aquí van varios ejemplos, entre ellos el de la actividad prostitucional. 
Las tareas domésticas y la educación de los niños: un ejemplo de transformación de trabajo en ocio. 
Uno de los aportes de las feministas materialistas es haber mostrado que había actividades que las mujeres realizaban y que en realidad no eran ocio, sino trabajo, aún si no percibían un salario: las tareas domésticas, la educación de los niños… son actividades necesarias a la sobrevivencia de la colectividad. Mostraron que había una explotación del trabajo de la clase de sexo de las mujeres en beneficio de la clase de sexo de los varones. 
En Francia, la [reducción de la semana de trabajo a] 35 horas permitió a los varones recuperar un tiempo de ocio de más, y a las mujeres un tiempo de tareas domésticas de más. Hacer reconocer ese tiempo como trabajo, y no como ocio, es un verdadero desafío feminista. Aunque esto no signifique pagar un salario a las mujeres para esas tareas, sino luchar por un verdadera división del trabajo doméstico entre varones y mujeres.


La prostitución: un ejemplo de transformación de ocio en trabajo 
Uno de los planteos de las luchas feministas fue y sigue siendo luchar para que la sexualidad pueda ser, para las mujeres, una cuestión de placer y no de obligación; hacer que la sexualidad de las mujeres no tenga como único fin el placer de los varones o la reproducción de la especie, sino su propio placer. 
Ahora bien, ¿qué es la prostitución? Una actividad por la cual una persona vende una prestación sexual para asegurar su subsistencia. 
Luchar para hacer reconocer la prostitución como un trabajo sería entonces: 
1) Luchar para que la sexualidad ya no sea una actividad orientada hacia el placer, sino una actividad de subsistencia, es decir, relacionada con una obligación. 
2) Reforzar ese movimiento general de transformación de actividades de trabajo en ocio o de actividades de ocio en trabajo en beneficio de los intereses de algunas clases de individuos contra otras. 
De esa manera, algunas personas, en nombre de argumentos de apariencia humanista, reivindican la implementación de un servicio público para las personas discapacitadas. Su argumento consiste en afirmar que la sexualidad es una necesidad vital y que existiría un derecho a la sexualidad. 
Al mismo tiempo, esas personas afirman que las personas prostituidas o las personas que aseguren ese servicio lo harían como una elección. Pero cuando se les pregunta por qué no podría tratarse de un voluntariado, responden que si fuera el caso, esas personas no asegurarían ese servicio. De hecho, reconocen que las personas que aseguran un servicio sexual tarifado no lo hacen libremente, sino como una obligación. 
Ahora bien, ¿por qué el “derecho a la sexualidad de las personas discapacitadas” sería superior al derecho a una sexualidad que sea un placer para las personas que realizan prestaciones sexuales? 
De manera general, me parece que las personas que buscar hacer de la prostitución un trabajo reconocido jurídicamente se equivocan de lucha en dos niveles. Por un lado, sin darse cuenta, hacen el juego del capitalisto, permitiendo a ese sistema económico invadir más plenamente ese mercado (desarrollo de los Eros Centers). Por otro lado, luchan por la colonización por el trabajo de campos de la actividad humana que no tienen que ver con el trabajo. 
Este fenómeno de transformación del ocio en trabajo y del trabajo en ocio es, a mi entender, una tendencia general nefasta para el desarrollo de los individuos, y voy a poner otros ejemplos: 
El deporte profesional: el sistema capitalista, con el fin de generar un beneficio máximo, transformó el fútbol en una actividad profesional. Así es cómo tenemos a futbolistas pagados mucho más que médicos, y los valores del deporte a menudo sufren las consecuencias de ello. 
El voluntariado: a la inversa, algunas actividades que son necesarias socialmente tienden a no ser aseguradas por los servicios públicos y a no ser más consideradas como un trabajo, sino a ser confiadas al voluntariado y a los medios asociativos (ejemplo, las obras caritativas). 
La actividad: algunas personas sostienen que hoy día ya no hay diferencia entre el trabajo y el ocio, y que hay una sola categoría, la actividad. El sistema capitalista hace creer a la gente que, cuando trabajan para realizar un beneficio, es un ocio; o bien coloniza su tiempo de ocio diciendo que ya no hay diferencia entre los dos (ejemplo, el teletrabajo). 
Conclusión 
El debate sobre la prostitución constituye un verdadero desafío en cuanto al tipo de sociedad que queremos. 
En lugar de pelear por el reconocimiento del trabajo de prostitutx, elijo luchar por los derechos sociales para todxs como el derecho a un techo, a la capacitación, a un salario socializado en una sociedad capitalista actual. Pero más fundamentalmente, lucho por que los trabajadores se vuelvan a apropiar el control de la organización de la producción y del trabajo, para que determinen colectivamente las actividades que tienen que ver con trabajo, y las que tienen que ver con ocio, no en función de una búsqueda del beneficio, sino más bien de la utilidad social y la búsqueda del desarrollo individual. 
En ese marco, lucho por que la sexualidad se convierta para todos en un ocio, y no un trabajo. 
Aclaración de Irene Pereira: 
En el marco de esa intervención oral, me inspiré en un texto de Marx, sacado del "Capital" (Libro III), para hacer la diferencia entre una esfera del trabajo, relacionada con la necesidad, y una esfera del ocio, desinteresada. 
Sin embargo, es necesario relativizar esa distinción, que en realidad sólo tiene sentido en una sociedad en que el trabajo está alienado. Cualquier actividad humana es en realidad una actividad que tiene su impulso en una necesidad vital, y es ilusorio pensar que pueden existir actividades desinteresadas. 
Sin embargo, sea en una sociedad en que el trabajo es alienado, sea en una sociedad en que no lo es, existen actividades que no tienen que ver con el trabajo, y es el caso de la sexualidad. Marx, en los Manuscritos de 1844, describe así ese tipo de actividad en el marco de una sociedad en que el trabajo es alienado:  
Llegamos entonces a este resultado de que el hombre (el obrero) sólo se siente ya libremente activo en sus funciones animales: comer, beber y procrearm y cuando mucho, en su cuarto, en su arreglo personal, etc., y que en sus funciones humanas sólo se siente ya animal: lo bestial se convierte en lo humano, lo humano se convierte en lo bestial. Sin duda, comer, beber, procrear, etc. son también funciones auténticamente humanas. Pero en la abstracción que las separa del ámbito restante de la actividad humana, y que las convierte en fines últimos y únicos, ya sólo son actividades animales”.
Esto significa que en una sociedad en que el trabajo ya no sea alienado, esas actividades se transformarán para convertirse también en actividades más auténticamente humanas. Pero desde un punto de vista antropológico, no pueden de ninguna manera constituir un trabajo.

jueves, 2 de agosto de 2012

Mitos acerca de la depilación

Estaba en falta de inspiración, y de repente, ¡zás! Una foto que me devuelve a la realidad sexista. O, más bien, fueron los comentarios a la foto los que lo hicieron.

"La pesista peluda es sensación en los Juegos"
¿Los comentarios? Bueno, los típicos: qué asco, qué poco higiénico, si tiene así las axilas, cómo debe tener la concha, qué poco femenino, imaginate los olores, etc. etc.

Entonces, es hora de aclarar algunos mitos sobre la depilación:

Depilarse las axilas es más higiénico.
FALSO - Las axilas son una cavidad en la que el aire circula poco. Esto produce un aumento de la temperatura. La transpiración permite enfriar las axilas, porque al evaporarse, el líquido absorbe el calor. Los pelos absorben la transpiración y le permiten evaporarse progresivamente, lo cual reduce la calor de las axilas. Por ende, la transpiración es regulada, y el calor disminuye.
En caso de no haber pelos, la transpiración gotea y se absorbe en la ropa. No enfría las axilas, las cuales se calientan cada vez más, aumentando así la transpiración. Las bacterias que quedan en la ropa producen el mal olor.

En el pubis, los pelos protegen contra las enfermedades sexualmente transmisibles. En las mujeres, forman una barrera natural contra las bacterias y otros microbios que pueden introducirse en la zona genital. 

Conclusión: es mucho más higiénico tener pelos en las axilas y en el pubis.

Pero sobre todo, si fuera cierto que es más higiénico depilarse, entonces los primeros en tener que hacerlo deberían ser los varones, ya que tienen mucho más pelo que las mujeres. Sin embargo, se exige sólo a las mujeres que se depilen. El argumento de la higiene, por lo tanto, cae por su propio peso.


Los pelos no sirven para nada.
FALSO - Los seres humanos tienen pelo en toda la superficie del cuerpo, excepto en la palma de las manos y debajo de los pies. La pilosidad humana fue seleccionada por la evolución, no es un simple residuo de nuestros ancestros los primates.

Como dicho más arriba, los pelos de las axilas intervienen en la regulación de la transpiración. En las piernas y los brazos, los pelos se yerguen (piel de gallina) cuando tenemos frío para disminuir la circulación del aire. También protegen la piel contra la deshidratación.
Además, permiten anticipar un golpe en una fracción de segundo, ya que tienen terminaciones nerviosas. Sin hablar del hecho de que aumentan las sensaciones producidas por las caricias.

Otro detalle que los defensores de la depilación "definitiva" con láser o luz pulsada preferirían ignorar: hace unos años, un equipo de investigadores franceses de la Escuela Politécnica Federal de Lausanne (Suiza) descubrió que los folículos pilosos, esos mismos que son destruidos para evitar que el pelo vuelva a crecer, contienen células madres necesarias para reconstituir el epidermis, las glándulas sebáceas y los propios folículos pilosos. O sea, estos últimos son muy útiles en caso, por ejemplo, de quemaduras graves que necesitan auto-injertos de piel.

Con los folículos pilosos del propio paciente, se podría crear piel destinada al injerto. Eso sí: si los folículos pilosos fueron destruidos por la depilación, pues adios injerto.

Conclusión: desde un punto de vista fisiológico, sacarse los pelos sólo trae inconvenientes.


Lxs cirujanxs rasuran el lugar que va a ser operado: es la prueba de que los pelos son anti-higiénicos.
FALSO - Esa costumbre quedó en el pasado. Si bien antes se creía que los pelos podían acarrear problemas higiénicos durante una operación o un parto y se solía rasurar la zona, esa práctica es abandonada por la mayoría de lxs médicxs, porque se dieron cuenta de que los riesgos de infección en realidad aumentan: durante el rasurado se pueden producir cortes, y además, el rasurado o la depilación fragilizan la piel.

De hecho, la OMS recomienda NO rasurar a las mujeres que están a punto de parir: las mujeres pueden sentirse humillada y vulnerables por el rasurado (que las devuelve al estado de "niñas"), sienten molestias cuando los pelos vuelven a crecer, y el riesgo de infección es el mismo o más importante. Es más, la OMS considera que el rasurado sistemático podría incluso aumentar el riesgo de infección por VIH y por el virus de la hepatitis, tanto para el cuerpo médico como para la mujer.


Es más sexy una mujer depilada.
DEPENDE y FALSO - Primero, se trata de una afirmación muy subjetiva, que depende de las personas, de las épocas, de las culturas. En otros siglos, las mujeres peludas eran lo más.

Segundo, en realidad, los pelos permiten la difusión y la producción de feromonas, que desempeñan un papel en la comunicación olfactiva y la atracción sexual.

Conclusión general: se puede, porque la sociedad así nos lo impone o por gusto propio, preferir las mujeres o los varones depilados. Cada cual con su gusto, sus mambos, sus preferencias (aunque me parece más honesto reconocer que nuestros gustos son, muchas veces, los resultados de una norma social). 

Pero gritar "qué asco" o invocar argumentos higienistas ante una mujer que no se depila es, como mínimo, una estupidez, y por supuesto, una marca de sexismo, ya que no se pegan los mismos alaridos ante un varón que no se depila.

Sin hablar, claro, de la pérdida de tiempo que representa la depilación, el costo (cremas, aparatos, institutos..), y la contaminación (industria de las cremas depilatorias y de las maquinitas deshechables).

Gracias a "Mara" por el enlace a la foto.

Edit: Recomiendo una nota sobre una periodista cansada de tener que depilarse, y decidió dejar de hacerlo durante 18 meses, para ver qué pasaba. Y el video, en inglés, en que es entrevistada en la tele.