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jueves, 22 de mayo de 2014

El mito del óvulo pasivo

Los varones son activos y las mujeres pasivas, dice la creencia popular.

Los psicólogos evolucionistas tienen varias explicaciones para ello.

Una de ellas es que en la reproducción, el elemento femenino, el óvulo, espera pásivamente a que el elemento masculino, el espermatozoide, haga esfuerzos terribles para ganar una carrera sin piedad en la que millones quedarán en el camino, navegando en el cuerpo femenino con toda la fuerza de su cola, hasta finalmente penetrar el óvulo tras un largo camino lleno de dificultades, y ser el vencedor entre muchos otros.

Algo así como el maratón de Nueva York, pero sobre los 15 a 18 cm de la vagina y las trompas.

Y esto, señoras y señores, es ciencia, y la ciencia, es bien sabido, es neutra.

Sólo que... no. La ciencia no es neutra. La ciencia no es sino la interpretación del mundo por personas humanas, y por lo tanto situadas cultural, social, políticamente. Las investigaciones no sólo dependen del dinero que se acepte invertir en ellas, y por lo tanto se hacen selecciones de temas, de enfoques, que orientan esas investigaciones, sino también, luego, de la biografía misma de lxs investigadores, sus creencias, las normas culturales que han interiorizado, el interés que pueden tener en tal o cual trabajo, etc.

Por ejemplo, siempre se ha estudiado mucho el papel de las hormonas en las mujeres, llegando a conclusiones como que tienen mucha influencia en su estado de ánimo, su carácter, su líbido. Afirmaciones como: las mujeres son más irracionales que los varones porque están influenciadas por sus hormonas y, por lo tanto, son impredecibles y no se les puede confiar puestos de responsabilidad.

Ahora, cuando algunxs científicos se empezaron a interesar por la influencia de las hormonas en los varones, hicieron hallazgos sorprendentes: ellos también tienen ciclos, anuales, mensuales y hasta diarios, como explican aquí. Extrañamente, salvo algunos artículos en la prensa, no se difundió demasiado la información, y el estereotipo de la mujer impredecible, irracional, y del varón racional y confiable permanece intacto.

Sobre el papel del óvulo y de los espermatozoide pasa lo mismo: el estereotipo del óvulo pasivo y del espermatozoide activo sigue esgrimido por quienes quieren justificar las supuestas personalidades distintas de varones y mujeres, aún cuando se sabe desde hace casi 30 años que las cosas no son tan así.

Ya sobre la cantidad de óvulos y de espermatozoides, las descripciones supuestamente científicas son sesgadas, y hablan de "desperdico" en el caso de las mujeres.

Al nacer, en efecto, los bebés de sexo femenino ya tienen todos sus óvulos en sus ovarios, unos dos millones. No producirán ninguno nuevo a lo largo de su vida, y los que estén irán degenerando a lo largo de su vida. Al llegar a la pubertad, quedarán sólo unos 300.000. Y de esos, sólo uno por mes será liberado como para poder ser fecundado, con lo cual, a lo largo de su vida reproductiva, una mujer sólo usará 400 o 500 de los dos millones presentes al nacer.

Los textos de biología suelen sacar conclusiones sobre ese "desperdicio" y subrayan que, a diferencia de los varones que se pasan sesenta años de su vida "produciendo" esperma, las mujeres simplemente esperan a que sus huevos "degeneren".

Ahora, pregunta la antropóloga Emily Martin, "el verdadero misterio reside en por qué la amplia producción de esperma del hombre no está vista como un "desperdicio". Dado que un hombre "produce" 100 milliones de espermatozoides por día (una estimación conservadora) durante una vida reproductiva promedia de 60 años, produce mucho más que tres trillones de espermatozoides en toda su vida. Dado que una mujer "hace madurar" un huevo por mes lunar, o 13 por año, durante el transcurso de sus 40 años de vida reproductiva, haría madurar un total de 500 huevos en su vida. Pero la palabra "desperdicio" implica un exceso, producción en demasía. Si una mujer tiene dos o tres hijxs, por cada bebé que una mujer produce, desperdicia alrededor de 200 huevos. Por cada bebé que un varón produce, desperdicia más de un trillón (10 potencia 12) de espermatozoides."

Como vemos, la palabra "desperdicio" asociada únicamente a las mujeres no es un dato científico, sino una interpretación sesgada de los datos científicos. Una cosa es el dato bruto (una x cantidad de óvulos no se usan, una x cantidad de espermatozoides no se usan) y otra, la interpretación que se hace sobre esos datos (es un "desperdicio", las mujeres desechan, los varones producen; las mujeres desperdician, los varones crean; las mujeres son pasivas, los varones son activos...)

Otro dato supuestamente científico es que el óvulo espera "pásivamente" cual Bella Durmiente a que un espermatozoide azul lo venga a despertar y, con un beso mágico, a fecundar.

Este, nos dicen, se mueve gracias a la formidable fuerza de su cola, que le permite remontar hasta el óvulo por las trompas de Falopio. Y ahí, siempre gracias a su muy viril potencia, "penetra", "conquista", "vence" (poner ahí cualquier otro verbo guerrero) al óvulo inactivo. Prácticamente todos los textos de biología presentan así la fecundación.

¿Cuál es la realidad?

La realidad es que el ovocito es muchísimo más activo de lo que se suponía (y de lo que la gente sigue pensando, a pesar de las evidencias).

Contrariamente a lo que se cree, la potencia de la cola del espermatozoide es insuficiente como para hacerlo avanzar tanta distancia y, sobre todo, como para hacerlo penetrar el óvulo. El espermatozoide no es el potente "penetrador" que imaginábamos. Los movimientos de su cola, que son laterales, no pueden llevarlo a romper la barrera del óvulo. No es ningún príncipe azul conquistador.

En realidad, es el óvulo el que "atrapa" al espermatozoide: en efecto, el óvulo emite unos filamentos (vellosidades) que se enroscan alrededor de la cabeza del espermatozoide, atrapándolo y "chupándolo" literalmente. El espermatozoide no tiene otra que entrar en el óvulo, "tragado" por el ovocito.

Con lo cual, la fecundación no sería tanto la acción de un espermatozoide frente a la inacción del óvulo, sino la estrecha colaboración de ambos.

Estos descubrimientos datan de la década de los ochenta, o sea, tienen unos 25 años. ¿Se han modificado desde entonces los estereotipos sobre el óvulo/mujer pasiva y el espermatozoide/varón activo? Pues no. Nada. Ni un poquito. En el mejor de los casos, algunxs científicxs cambiaron el estereotipo de la Bella Durmiente pasiva por el de la bruja que teje su telaraña para atraer a los hombres y devorarlos.

Sea como sea, interpretaciones sexistas que oponen, dividen, presentan a unos y otras como enemigxs, contrincantes, rivales, en lugar de mostrar la realidad: organismos que colaboran para crear conjuntamente una nueva vida.

Para más información:



  • Jay M. Baltz, David F. Katz, and Richard A. Cone, "The Mechanics of the Sperm-Egg Interaction at the Zona Pellucida," Biophysical Journal 54, no. 4 (October 1988): 643-54.

  • Paul M. Wassarman, "The Biology and Chemistry of Fertilization," Science 235, no. 4788 (January 30, 1987): 553-60, esp. 554.

jueves, 11 de octubre de 2012

¿Es razonable seguir hablando de mujeres y de varones?

Hace poco tiempo, en Facebook, apareció un comentario bastante interesante, por parte de alguien que, a todas luces, tiene algunos problemas con las mujeres y la noción de género.

Sacado de la página Amaranta en Facebook,
que recopila comentarios "divertidos" (y no tan divertidos)
de personas opuestas a la legalización del aborto.

Más allá de lo increíblemente estúpido de la primera parte del comentario, me llamó la atención la segunda parte: "no que ahora todos somos iguales y ser hombre o mujer es algo irrelevante?"

Y me hizo pensar, justamente, en la contradicción constante en la que cae el movimiento feminista, oscilando entre diferenciación e indiferenciación.

En este blog, me la paso, por un lado, señalando todos los problemas a los que se enfrentan las mujeres, y todas las medidas específicas que se podrían tomar para que dejen de ser discriminadas por ser mujeres, y también para que dejen de ser invisibles, olvidadas, para que lo masculino, lo varonil, deje de ser el centro del mundo.

Con lo cual, estoy apelando a hacer una diferencia clara entre varones y mujeres, en un sistema binario de categorías.

Pero, por otro lado, me la paso diciendo que el sexo biológico no es importante, que habría que llegar a una indiferenciación de géneros, que habría que dejar de pensar en una binariedad de la sociedad, dejar de pensar en términos de "varón" o "mujer" y empezar a hablar de "individuos", todxs distintxs entre sí, sin que importe ni su sexo, ni el color de su piel, ni sus orígenes, etc.

Sí, en un mundo ideal, no deberíamos hacer diferencia. El hecho de ser biológicamente mujer o varón no debería tener más importancia que el tener pelo rubio o castaño, medir 1m60 o 1m80, tener pecas o no.

El problema es que hoy en día, son las personas definidas como mujeres las que están más discriminadas que las personas definidas como varones (si apartamos la cuestión de personas trans, sobre quienes pesan discriminaciones alucinantes, que en realidad son más de lo mismo, pero potenciado).

Entonces, para señalar y denunciar las discriminaciones y para revertirlas, estamos prácticamente obligadxs a seguir hablando de un mundo bi-sexuado, con mujeres y varones que tienen atribuciones, cualidades asignadas y comportamientos esperados bien distintos.

De hecho, esto es lo que hicieron las primeras feministas, reivindicando las supuestas "cualidades femeninas" (con muchas comillas, porque evidentemente, no creo que existan en la naturaleza, sino que son una construcción social), que siempre fueron despreciadas, en oposición a las "masculinas", que, al contrario, siempre fueron puestas en valor (todo el mundo está construido sobre normas y valores por y para los varones).

El primer feminismo necesitaba esa reivindicación de "lo femenino", para que las mujeres dejaran de odiarse a sí mismas, dejaran de odiar su cuerpo y las cosas que les pasan específicamente y que son ocultas, despreciadas, mostradas como algo asqueroso (sólo hace falta ver todo lo que tienen que hacer las mujeres para ser deseables, artificios como depilación, pintura, tinturas, dietas, operaciones quirúrgicas, bótox, con el presupuesto de que "al natural", las mujeres son feas, y ni que hablar de los mitos que giran alrededor de la menstruación).

Era necesario decir a las mujeres: sus cuerpos son bellos, su menstruación puede ser algo disfrutable, el parto puede ser un momento de gloria, el embarazo no es ninguna enfermedad, todo eso que es visto como algo repugnante, de temer, enfermizo, en realidad es constitutivo de lo que son, y, al contrario, deberían sentirse orgullosas de todo ello, reivindicarlo como algo específico de ustedes, las mujeres, y como algo realmente hermoso (volveré en una entrada sobre el tema de la menstruación).

El problema es que ese reconocer de "lo femenino" es un camino muy resbaladizo, porque puede llevar (y, de hecho, ha llevado) a seguir separando de manera radical a varones y mujeres, a apartar a las mujeres de lugares históricamente ocupados por los varones, por reivindicar una biología especial y definitoria de su psiquis.

Así es cómo llegamos al feminismo de la diferencia actual, que reivindica que las mujeres son más aptas que los varones para ocuparse de lxs niñxs, por ejemplo, por ser supuestamente más dulces, más cariñosas, más pacientes, por supuestas cuestiones hormonales, lo cual nos lleva a más de lo mismo: papá ganando el pan y mamá cuidando al hogar, que es lo que, al fin y al cabo, mejor le sale "naturalmente".

Entonces, lo ideal sería, efectivamente, que las diferencias biológicas reales, que nadie niega, no sean definitorias de lo social o lo psicológico.

También hay que saber que no todas las personas tienen un sexo biológico tan claramente definido (existen muchas personas que, por ejemplo, tienen pene y testículos, pero cromosomas XX, o sea, femenino), lo cual debería hacernos entender que esas diferencias biológicas no son tan importantes ni tan definitorias.

De ahí que, en una segunda fase, una vez que las mujeres dejen de odiarse y que la sociedad deje de odiar "lo femenino", se pueda llegar a una indiferenciación, y que la gente se deje de considerar como "mujer" o "varón", y pase a considerarse "ser humano" ante todo, así como tener ojos celestes o verdes, en sí, no define nuestra personalidad, nuestros gustos, nuestra psiquis (excepto si la sociedad hace diferencias entre las personas con ojos celestes y las personas con ojos verdes, como, de hecho, suele pasar con las personas de piel oscura o las personas de piel clara, entonces sí esas diferencias pueden influir en nuestro comportamiento).

Alguna feministas, como Antoinette Fouque y otras feministas francesas, consideran que ese "igualitarismo" abstracto que borra las diferencias sexuales es, en realidad, una prolongación del patriarcado, porque son los valores "masculinos" los que siguen puestos en valor y los que sirven como "padrón", como "modelo a seguir", en una suerte de androcentrismo del universalismo masculino, que sigue invisibilizando a las mujeres.

Y, de hecho, muchas de mis propias reivindicaciones tienden a visibilizar a las mujeres en tanto colectivo específico, por ejemplo cuando pido el fin del lenguaje sexista, la feminización de los títulos y funciones (presidenta, ministra) o medidas de discriminación positiva para favorecer el acceso de las mujeres a puestos tradicionalmente ocupados por los varones.

Hablando del idioma, el tema es que en castellano, no existe un neutro verdadero. Hoy en día, el neutro es el masculino, con lo cual estamos en un sistema androcentrista, que pone a lo masculino en el centro de todo, como estado "por default", siendo lo femenino lo "eventual", lo "otro", lo "aleatorio". Entonces no tengo otra opción que la de pedir que las mujeres sean visibles, dado que inventar un neutro es muchísimo más complicado.

Por eso, la lucha feminista oscila constantemente entre esa diferenciación necesaria -porque la invisibilización no es neutra, está centrada y construida alrededor de lo masculino-, y la indiferenciación deseada -para no seguir pensando de manera binaria, y lograr, por fin, que nos vean como seres humanos y no como varones o mujeres, exactamente como deberíamos poder hacer abstracción del color de la piel o del tamaño del cuerpo.

Y por eso es que el feminismo parece a veces tan contradictorio, pidiendo a la vez la diferencia y el igualitarismo, de acuerdo a los momentos, los lugares y las reivindicaciones específicas.

viernes, 24 de agosto de 2012

Sobre gustos y colores...

... no han escrito los autores, dice el refrán popular.

Significando que cada persona tiene sus gustos propios. Pero, ¿realmente son propios los gustos?

Cuando vemos que la mayoría de las niñas occidentales de hoy prefieren el rosa, jugar con muñecas, pintarse, ponerse vestiditos y joyas, y la mayoría de los varones occidentales de hoy prefieren el azul, jugar con autitos, ponerse pantalones y zapatillas, podemos preguntarnos cómo puede ser que los gustos sean tan definidos por el sexo.

Si los gustos realmente fueran propios, personales, individuales, las preferencias serían mucho más variadas entre niñas y niños, y no habría una clasificación tan clara entre "gustos femeninos" y "gustos masculinos".

Entonces, ¿de dónde viene esa clasificación por sexo?

La mayoría de la gente opina que esos gustos vienen de la naturaleza. Que estamos genéticamente diseñados, de acuerdo a nuestras hormonas o nuestros genes, para que nos gusten algunas cosas, y otras no. Y que por eso a las mujeres les gusta el rosa y los vestidos, y a los varones les gusta el azul y los pantalones.

Las mujeres que prefieren vestirse con pantalones y jugar con autitos serían algo así como excepciones, o errores de la naturaleza. Y lo mismo con los varones que prefieren los juguetes y los atuendos "femeninos".

Tomemos simplemente el ejemplo de los colores, rosa y celeste.


¿Sabían que la tradición del rosa para las niñas y del celeste para los varones se remonta... al siglo 19?

Antes de eso, los códigos de colores para lxs niñxs eran exactamente a la inversa: el celeste del velo de la Virgen María se atribuía a las mujeres (por lo pulcro, virginal, etc.), y el rojo, que representaba el poder y la guerra, se atribuía a los varones... Y antes del Medioevo, era también distinto: el azul, por ejemplo, no se atribuía a casi nada, excepto a cosas negativas, porque era muy complicado obtener ese color artificialmente...

Hoy en día, la cosa volvió a cambiar: celeste (más discreto) para los varones, rosa (heredero del rojo, color del pecado) para las mujeres.

Si ese gusto por los colores fuera "natural" o "genéticamente programado", la especie humana habría tenido los mismos gustos desde al menos la Prehistoria, porque los cambios genéticos no se hacen de un siglo para el otro. Y, por supuesto, serían las mismas en todas las culturas.

Sobre todo, no necesitaríamos imponerlos desde antes mismo de que nazca el bebé, regalando ropita celeste o rosa de acuerdo al sexo del feto, pintando la habitación con los colores atribuidos al sexo... ¿luego hablan de poder elegir? ¿Qué poder de eleccion tiene un feto o un bebé recién nacido?

Nuestra sociedad actual necesita condicionar desde muy bebés a lxs niñxs para que se identifiquen con un sexo y con un género o con otro (y ojo con salirse de la norma).

Pero la sexualización temprana de lxs niñxs, que empieza desde muy temprano, con los colores, la ropa, el corte de pelo, será objeto de otra entrada.

lunes, 6 de agosto de 2012

¿Es la sociedad feminista? La teoría de los masculinistas

Seguimos viviendo en un mundo sexista.

De eso, no cabe la menor duda. Este blog muestra cómo, aun cuando pensamos que "las mujeres ya lo tienen todo", los varones siguen teniendo una posición privilegiada (sin buscarlo, por supuesto), aunque ellos también, en menor medida, son víctimas del sexismo, a través de los estereotipos de género.

Desde hace varias décadas, las personas feministas (varones y mujeres) pelean por obtener la igualdad y abolir el sistema binario de separación de los sexos.

Mucho se ha obtenido en los últimos años en la mayoría de los países occidentales: el derecho de ir a la escuela y a la universidad, el derecho de voto, el derecho de trabajar y tener una cuenta bancaria sin autorización del marido (recuerdo que todo ello estaba vedado a las mujeres hasta no hace mucho), el derecho a tener cierto control sobre el aparato reproductor, a través de la anticoncepción (en América Latina el aborto sigue penalizado), la patria potestad compartida, etc. etc.

Algunas leyes específicas protegen a las mujeres de las violencias de las que son víctimas, como la violencia de género, las violaciones, etc., y en algunos países existen medidas de discriminación positiva para alentar la igualdad de oportunidades, siendo las mujeres discriminadas en el trabajo y en otros ámbitos.

A pesar de los avances en las leyes, la situación está lejos de ser óptima en los hechos, como lo muestra esta nota. Además, porque las mentalidades no han cambiado acerca de los estereotipos de género (la mayoría de la gente sigue atribuyendo cualidades distintas a mujeres por un lado y varones por el otro, lo cual se llama esencialismo -pensar que las mujeres y los hombres son así o asá por esencia), sigue habiendo situaciones y leyes discriminatorias tanto para las mujeres como para los varones.

Por ejemplo, la ley argentina estipula que en caso de separación, si bien la patria potestad sigue compartida, para lxs niñxs menores de cinco años la custodia es de la madre, más allá de si el padre se ocupó de ellxs en un 50% real. La custodia compartida es muy difícil de obtener. No es imposible, pero sí difícil.

Esto provoca situaciones de mucha frustración para algunos padres, que consideran que fueron injustamente separados de sus hijxs. Se acercan a asociaciones cuyas intenciones no siempre son tan buenas como lo que presentan. Muchas organizaciones de padres "injustamente" alejados de sus hijxs, en efecto, fueron creadas por padres acusados de abusos sexuales contra sus hijxs, y a los que la justicia determinó, lógicamente, que no tendrían su custodia.

Esos padres llegan a la conclusión de que la ley argentina, porque "favorece" a las mujeres, es feminista (mucho se podría decir acerca de este supuesto privilegio, con lo complicado que es, económica, psicológica y socialmente ocuparse sola de varios hijxs).

Estas personas, evidentemente, no tienen idea de lo que significa la palabra "feminista". Mucha gente sigue creyendo que el feminismo es el exacto opuesto del machismo, y busca la superioridad de las mujeres, cuando lo único que busca el feminismo es la igualdad.

O sea, las personas feministas no están en contra del principio de custodia compartida, muy por el contrario: ¿qué mejor que tener igualdad de salarios, igualdad de oportunidades laborales, igualdad en las tareas domésticas de la casa, igualdad en las tareas relacionadas con lxs hijxs, igualdad en la custodia compartida, igualdad en el cuidado de lxs hijxs en caso de separación, etc. etc.?

Sí están en contra de la custodia compartida de manera automática, porque todavía estamos en una sociedad en que son las mujeres las que se ocupan mayoritariamente de lxs niñxs, en particular cuando son bebés. O sea, si el padre se involucró tanto como la madre en el cuidado día a día de sus hijxs, es totalmente lógico que luego de la separación, la custodia sea compartida.

Pero si dejó que fuera la madre quién dejó de trabajar o redujo su horario laboral para ocuparse del bebé, que fuera la madre quien faltara al trabajo cuando se enfermaba, que fuera la madre quien se ocupara de comprarle la ropa, lavarla, plancharla, que fuera la madre quien se acordara de la fecha de visita al pediatra, que fuera la madre quien fuera a buscarlx a la escuela o fuera a las reuniones de padres, etc. etc., pues entonces también es lógico que ella tenga la custodia.

Y por supuesto, en caso de posibles abusos sexuales, es imprescindible llevar a cabo primero una investigación real antes de dar la custodia a un padre abusador (y a una madre abusadora, por supuesto, aunque la mayoría de los abusos son cometidos por el padre).

El problema es que estamos viviendo una situación de transición, entre una sociedad extremadamente machista, y otra que se encamina muy lentamente hacia la igualdad. Las mentalidades aún no han cambiado, la mayoría de los varones y de las mujeres siguen siendo sexistas y esencialistas, la sociedad sigue dividiéndose entre masculino y femenino, sea para la guerra, el deporte, o para la idea de complementariedad de los sexos, ambas ideas muy nefastas a la hora de implementar la igualdad.

Mucha gente confunde a las mujeres que siguen reclamando la exclusividad de la crianza de lxs hijxs siempre (mujeres, a todas luces, con mentalidad sexista) con las feministas, que no reclaman esa exclusividad, muy por el contrario.

Y, erróneamente, esa gente piensa que hoy en día, porque las mujeres siguen teniendo esa exclusividad, la sociedad es feminista, cuando lo que sigue siendo es, precisamente, sexista.

Esa gente se llama "masculinista". Creen que hoy en día, los dominados son los varones, en una sociedad que "privilegia" a las mujeres.

Lxs masculinistas hacen furor en países mucho más igualitarios que otros, como Canadá, pero también en Estados Unidos.

Una portavoz de ese movimiento es Esther Vilar, argentino-alemana, autora de "El Varón Domado". Su idea principal es que la mujer no está dominada por el varón, sino que, al contrario, lo controla con técnicas de seducción: "El hombre fue entrenado y condicionado por la mujer, de manera no muy distinta a cómo Pavlov condicionó sus perros, para convertirlos en sus esclavos. Como compensación por su labor, los hombres son premiados periódicamente con una vagina".

Mucho tengo para comentar acerca de las ideas misóginas y antifeministas de Esther Vilar (y sí, una mujer también puede ser misógina) y de las personas masculinistas en general, pero lo haré en otras entradas porque sino, se va a hacer eterno. Justamente con esta nota inauguro una nueva categoría, llamada "Masculinismo".

En mis momentos optimistas, pienso que es cuestión de una o dos generaciones antes de que el malentendido acerca del feminismo sea levantado. El problema es que eso depende del cambio de mentalidades, y esto último es lo más difícil de conseguir: la gente se siente más segura cuando puede encasillar a los demás, y se siente perdida cuando saltan esas casillas y las categorizaciones se vuelven más caóticas.

Entonces, reaccionan como pueden, acusando al feminismo de todos los males de la sociedad, por querer cambiarla.

Y es cierto, el feminismo pretende una verdadera revolución, no solamente algunos cambios, no solamente algunas medidas, porque toda la sociedad está basada en la separación de los sexos, y el feminismo pretende acercarlos (lo más irónico es que al feminismo, se le llama "guerra de los sexos"...). Entonces,  las personas feministas asustan, como asustaban las personas que osaban reivindicar que los negros eran seres humanos o que la Tierra no era el centro del universo.

Lo más extraño es que muchas personas masculinistas pelean contra las personas que estarían más propensas a apoyarlas: en efecto, son las personas feministas las que están a favor de que las tareas domésticas y el cuidado de lxs hijxs se compartan en un 50% real durante la relación y luego de la separación. O sea, una postura lógica de los padres frustrados por ser separados de sus hijxs luego de un divorcio sería unirse al feminismo, y no oponerse a él...

Lo que han entendido perfectamente los pro-feministas, varones antipatriarcales, etc., que no reniegan de la lucha feminista, no tildan a las feministas de "feminazis", como sí lo hacen los masculinistas, no niegan las estadísticas sobre violencia de género, violaciones, pedofilia, como sí hacen los masculinistas, y aportan muchísimo a la lucha antisexista por la igualdad.

miércoles, 11 de julio de 2012

Todos distintos, todos iguales

"Las mujeres no son iguales a los varones. Hay diferencias. Ustedes las feministas quieren que seamos todos iguales, quieren matar la diversidad."
He hablado mucho, en este blog, del género, para explicar por qué estas afirmaciones son erróneas, hablando del tema de la igualdad o de la supuesta complementaridad de los sexos.

Pero parece que todavía no queda claro. Entonces vuelvo a la carga, quizás plagiándome a mí misma.

Hay un problema de concepto.

Cuando se dice que varones y mujeres son iguales, significa que las diferencias que puede haber entre dos personas no viene necesariamente de su diferencia sexual biológica, sino de su diferencia individual.

Varones y mujeres no son idénticos, no se parecen entre sí, así como dos varones no son idénticos, ni dos personas con ojos azules, ni dos personas negras, ni dos personas pelirrojas. Simplemente, porque ningún individuo es idéntico a otro.

Las diferencias son entre individuos, no necesariamente entre sexos.

No existen diferencias esenciales que se puedan definir entre sexos, más allá de las biológicas obvias: los varones tienen pene, las mujeres tienen vulva, los varones tienen próstata, las mujeres tienen útero, y menos obvias y que no se niegan: los varones tienen más testosterona, las mujeres más estrógenos, etc.

Se trata de decir que las diferencias de carácter y comportamiento son culturales, de educación, y no biológicas. La prueba está que en otras culturas, las cualidades que se atribuyen a uno u otro sexo son distintas.

Si las diferencias de comportamiento fueran naturales, entonces TODAS las culturas y TODAS las épocas tendrían las mismas.

Y no es así. Por ejemplo, se dice de las mujeres que son más coquetas, les gusta ponerse más adornos, más joyas, más pintura, realzar sus atributos con tacos altos, etc., para atraer a los varones, y que esto es natural.

Pavo real. La hembra, sin adornos.
Pero en primer lugar, en la mayoría de las especies animales, son los machos los que tienen atributos atractivos y se "decoran" para atraer a las hembras, o sea que si fuera por la naturaleza, entonces debería ser el contrario. O sea, ya tenemos una primera pista que nos indica que si, hoy en día, las mujeres se "decoran" más que los varones, no se trata de un comportamiento que viene de la naturaleza o de los genes.

Luis XIV de Francia.
Pero además, ¿qué de la corte de Luis XIV en Francia, por ejemplo, en que los varones se ponían calzas, tacos muy altos, ropa con encaje, pelucas enormes y se pintaban muchísimo? Si fueran naturales, las costumbres no variarían entre las épocas y las culturas, serían siempre las mismas, en todos lados.

O sea, las diferencias que podemos notar en nuestra cultura (las mujeres son mejores comunicadoras, los varones son más violentos, las mujeres se relacionan más con la naturaleza y el cuerpo, los varones con el intelecto, las mujeres no tienen sentido de la orientación, los varones manejan mejor, etc.) no están escritas en el mármol, no son datos biológicos, son producto de una sociedad, una cultura, una educación dadas. Cambiando la sociedad, la cultura y la educación, podemos cambiar esas diferencias.

Las cualidades culturales son lo que componen el género, a diferencia del sexo, que es biológico.

O sea, cuando se habla de género se está justamente del lado de la diferenciación entre individuos (y no entre sexos), o sea, del lado de la diversidad absoluta, ya que no se divide a las personas en solamente dos categorías (varones y mujeres), sino entre una infinita cantidad de categorías (tantas como el número de individuos en el mundo).

Por último, recordarles algo:
El contrario de la igualdad no es la diferencia: es la desigualdad.

jueves, 31 de mayo de 2012

Las mujeres no están hechas para ser......

Foto: LA NACION / Mariana Araujo
Foto: LA NACION / Mariana Araujo
El diario La Nación publicó hace unos días una nota en la que destacan a una mujer que fue nombrada comisaria de la seccional 52 de Villa Lugano (que, para lxs que no conocen Buenos Aires, es un barrio bastante carenciado de la capital).

Los comentarios fueron los esperados:
"Ahí esta claro como va a ser su conducción. Basada en los sentimientos y no la racionalidad y el profesionalismo. Las mujeres siempre apuntan a lo emocional y por eso no pueden estar al mando de las FFAA, donde se requieren decisiones frías. La "equidad" inexistente entre el hombre y la mujer esta haciendo estragos por toda la sociedad y la culpa de todo la tienen los feministas (hombres y mujeres)" 
"Ahora te van a preguntar "como se siente" que le hayan robado... Prefiero hombres en las FFAA" 
"la mujer no puede ni manejar un auto, va a poder manejar un arma y apuntar bien?"
Y last but not least:
"Dios establece en la Biblia claramente las funciones del hombre y la mujer. No todo es lo mismo, como pretenden algunos profetas de la modernidad. Saber entender esas diferencias es estar en armonia con la naturaleza."
Me encantaría que esta persona me dé la referencia exacta de la Biblia que dice que una mujer no puede ser comisaria, pero en fin...

A lo que voy, es que sin darse cuenta (o dándose cuenta y sin que les importe demasiado), todas estas personas repiten como loros lo que otrxs han dicho decenas de años atrás, con exactamente los mismos argumentos.

Lo divertido es que esos mismos argumentos se han usado a la vez para justificar que una mujer pueda ejercer tal o cual trabajo (una mujer puede ser médica porque tiene empatía, suavidad, instinto de protección), y a la vez para justificar que no pueda acceder a ese mismo trabajo (una mujer no puede ser médica porque es demasiado sensible, púdica y empática).

En su tesis "El mérito y la naturaleza. Una controversia republicana: el acceso de las mujeres a las profesiones de prestigio (1880-1940)", editada en 2007 por Fayard, la socióloga Juliette Rennes (que he tenido el privilegio de tener como docente) nos da algunos ejemplos de estos discursos que sirven para alejar a las mujeres de las profesiones prestigiosas, siempre con el mismo argumento: no está en la naturaleza de las mujeres ejercer tal trabajo.

En 1885, por ejemplo, durante un debate sobre si las mujeres podían ser admitidas como residentes en los hospitales en Francia (ya podían ser médicas, pero no residentes en hospitales), un miembro del Consejo municipal de la ciudad de París, Levraud, dijo:
"No se trata solamente de la residencia de las mujeres, sino del ejercicio de la medicina por mujeres, el primer error ha sido autorizarlas a estudiar medicina. Pronto llegaremos a tener mujeres catedráticas, mujeres decanas, mujeres diputadas, mujeres ministras, una mujer presidenta de la República: (...) ¿Es la medicina una profesión de mujer? No, porque no se enseña solamente en los libros, hay que disecar, hacer autopsias. (...) Una mujer en un trabajo semejante sólo sería un ser híbrido, sin sexo. Afirmo que las mujeres sólo serán médicos mediocres."
Lo divertido es que apenas 17 años después, cuando las mujeres ya podían ser residentes, Charles Turgeon, profesor de derecho, escribía, sobre el acceso de las mujeres a los puestos de cirujanas:
"La vocación de médica no me choca en la mujer. ¿Qué más natural que una mujer que trata, atiende y cura a las mujeres? Acostumbradas a los trabajos manuales más delicados, se puede creer que las mujeres médicas no serán menos hábiles con sus dedos que la mayoría de nuestros doctores (...). Sobre que pueden ser buenas cirujanas, ni hay que pensarlo (...). Muchas operaciones exigen una aplicación prolongada, una tensión del espíritu y de los nervios, y hasta un gasto prolongado de fuerzas musculares por encima de los medios físicos de la mujer. Encontramos este límite natural que marca la frontera de los privilegios viriles".
O sea, en 1885, no estaba en la naturaleza de las mujeres ser médicas. En 1902, está en su naturaleza misma. Pero eso sí, de cirujanas, ni hablar, no está en su naturaleza. Y así podemos seguir para más o menos todos los trabajos otrora reservados a los varones, por sus "privilegios viriles".

Otro ejemplo de lo mismo: en 1899, hubo un debate en la cámara de diputados de Francia sobre el acceso de las mujeres a la profesión de abogada. Y ahí, el diputado Perrier de Larsan explicaba:
"(...) se entiende muy bien que la mujer, que es la personificación de la caridad y el afecto, pueda curar a enfermos, ser médica, partera. Esto entra en la excelencia misma de su naturaleza. (...) Lo que no entra es desertar, abandonar su hogar, la casa conyugal para ir a litigar (...). Nunca me harán admitir eso".
Pero esto no termina aquí... En 1907, las mujeres ya podían ser abogadas. Y hete aquí que estas locas también pretendían ser juezas. De nuevo lo mismo, de Charles Rabany, en la "Revista general de administración".
"Hay mujeres abogadas, pueden ser excelentes en esa profesión, que exige rapidez de espíritu, facilidad de asimilación y calor de las convicciones, aunque sean pasajeras. Juzgar es menos lo suyo, porque, para ser un buen juez, se necesita una objetividad muy rara para ese sexo, lo mismo que para legislar; las leyes están hechas para promedios, y la mujer raras veces ve otra cosa que casos particulares".
O sea, en 1899, una mujer no puede ser abogada por su naturaleza misma que se lo impide. En 1907, está en su naturaleza misma ser abogada, pero no jueza...

Hoy día, en 2012, más de cien años después de esos debates, sigue habiendo gente para decir lo mismo: no está en la naturaleza de las mujeres ejercer tal trabajo porque... y se pueden poner ahí más o menos lo que convenga a la persona que cree que ese trabajo debe ser privilegio de los varones.

Eso sí, estas personas suelen afirmar sin ningún tipo de vacilación que no, no están siendo discriminatorias, que hay cosas que los varones tampoco pueden hacer, que es una cuestión de naturaleza nada más, como en ese comentario de la nota de La Nación:
"Las mujeres son mas débiles emocional y físicamente. Esa es la diferencia. No es un comentario machista, es la realidad."
No, no, qué va, no es un comentario machista. Exactamente como no era machista el comentario de ese abogado en 1931:
"Hay trabajos para los cuales las mujeres parecen estar hechas, y sin embargo son trabajos de inteligencia. ¿Qué más natural que una mujer dentista, farmacéutica? E (...) incluso en el campo de la medicina, una mujer procede a intervenciones apenas sangrientas, es lo propio de sus aptitudes. Que haya una mujer al lado de un cirujano, esto es perfectamente deseable. (...) Pero ¿por qué no reconocer que en la discriminación del trabajo, hay profesiones para varones y profesiones para mujeres? (...) por ejemplo, es cómico que varones sean vendedores en la sección de lencería, las mujeres estarían mejor en su lugar; de la misma manera, las mujeres no están en su lugar en la barandilla de un tribunal porque estarían disminuidas, porque están infravaloradas en todo punto de vista. Decir eso no es ser antifeminista, es al contrario querer evitar a las mujeres largos pisoteos y esfuerzos inútiles".
En cien años, las mentalidades no han dado un solo paso hacia adelante.

viernes, 27 de abril de 2012

El mito de las hormonas

Se cree que las hormonas sexuales tienen una influencia importante en el humor, el estado de ánimo, la agresividad, la depresión. Cuántas veces se escucha decir eso de las mujeres, que son presa de las hormonas, que "les vino" y por eso están nerviosas o de mal humor...

Ahora bien. La neurobióloga francesa Catherine Vidal, directora de investigación en el Instituto Pasteur de París, distingue dos situaciones: las primeras son las situaciones en que hay desarreglos hormonales muy importantes, como el embarazo, la menopausia, los tratamientos hormonales para la fertilidad o de algunos cánceres. En esos casos, en que hay una baja o una suba muy importante del nivel hormonal, sí puede existir una relación con los cambios de humor.

La segunda situación se da la mayoría de las veces, con condiciones fisiológicas normales: en esas condiciones, las hormonas tienen una influencia muy menor en comparación con la situación social, psicológica, cultural, etc.

¿Por qué digo eso, si entre los animales sí las hormonas tiene una influencia importante?

Entre los animales, en efecto, sí se puede decir que las hormonas tienen un papel preponderante en los períodos de celo y de apareamiento, porque sexualidad y reproducción están íntimamente ligados.

Entre los humanos, en cambio, sexualidad y reproducción no están ligados, tenemos sexo sin que el fin sea la procreación (excepto, me imagino, entre lxs adeptos del Opus Dei y lxs mormones...). Las hormonas no son importantes en la elección de nuestras parejas. Se estableció, por ejemplo, que los varones homosexuales no tienen niveles distintos de testosterona a los de los varones heterosexuales.

Entre los humanos, existe una especificidad que hace que las hormonas no sean determinantes en el comportamiento: el córtex cerebral.

El córtex está tan desarrollado entre los seres humanos que tuvo que aplastarse y doblarse en varias circunvalaciones para poder caber dentro del cráneo. La superficie del córtex cerebral, si se desplegara, sería de dos metros cuadrados, sobre tres milímetros de espesor.

El cortex cerebral, explicó Catherine Vidal en numerosos artículos, libros, videos y hasta ante el Parlamento francés, "ocupa los dos tercios de nuestro cerebro y concentra las tres cuartas partes de los sinapsis. Su superficie es diez veces más importante que la de los monos. De acuerdo a los especialistas de la evolución, fue esa extensión de la superficie del córtex cerebral la que permitió la aparición del lenguaje, del pensamiento reflexivo, de la consciencia, de la imaginación, que confieren al ser humano la libertad de elección en sus acciones y sus comportamientos".

El córtex es como un filtro. Los humanos actúan con estrategias inteligentes, representaciones mentales, que no están influenciadas por las hormonas. Nuestro cerebro no está sometido a la ley de las hormonas como sí pasa con los animales.

¿A qué viene todo esto? Pues a explicar que entre los humanos, los "instintos" están controlados por el córtex cerebral, y por ende, por la cultura

O sea (y esto es válido también para el nivel de testosterona de los varones, como lo expliqué en otra entrada), es inútil comparar los comportamientos animales y los comportamientos humanos: somos seres culturales ante todo.

jueves, 12 de abril de 2012

El mito de la testosterona

Testosterona
Mucha gente está convencida de que los varones son más violentos que las mujeres porque tienen un nivel de testosterona más elevado que ellas.

Esto significaría que los varones que golpean a las mujeres, los violadores, los criminales, son presa de un destino biológico del que no son responsables y, peor aún: todos los varones son delincuentes en potencia, ya que llevan en su sangre la razón misma de su violencia, y no hay nada que hacer al respecto.

Lo extraño es que las mismas personas que piensan eso son también las que critican el término "violencia de género", creyendo erróneamente que ese término significa "violencia atribuible al hecho de ser de sexo masculino y por ende violento", cuando, todo lo contrario, la palabra "género" se refiere a una construcción social, y no biológica.

Lo que no entiendo es por qué, por un lado, esas personas sostienen que los varones son más violentos por naturaleza (por culpa de la testosterona), y por el otro, niegan lo que creen ser una teoría que afirma que los varones... son violentos por naturaleza.

Si esas personas fueran lógicas, se unirían a la causa feminista, que reconoce en la violencia de algunos varones una causa socio-educativa, y no biológica.

Pero volviendo a la testosterona, ¿cuál es la realidad?

Las personas más violentas, ¿tienen  mayor nivel de testosterona que las otras? ¿Se puede explicar el hecho de que los varones tengan el poder y manejen las riendas del mundo con causas hormonales?

Pues lamento comunicarles que NO.

Ningún estudio, jamás, ha pudido establecer una conexión entre violencia y nivel de testosterona. Es más. Se ha establecido que no es la testosterona la que incita a los varones a ejercer su poder. 

Como lo explica la neurobióloga francesa Catherine Vidal en su libro "Cerebro, sexo y poder", se midió el nivel de testosterona entre jugadores de tenis, antes y después de un partido. Y se detectó un mayor nivel después del partido (no antes) y únicamente... entre las personas que habían ganado. No entre los perdedores.

¿Qué significa eso? Que no fue la testosterona la que permitió ganar, sino que fue el hecho de ganar lo que aceleró la secreción de esa hormona esteroidiana.

O dicho de otro modo: no es la testosterona elevada la que origina la violencia: es la violencia la que origina un aumento del nivel de testosterona.

Y los varones no son violentos "por naturaleza", porque tengan más o menos testosterona

Detrás de esa violencia, hay una red de instancias de sociabilización (padres, otros familiares, escuela, compañerxs, padres de esos compañerxs, televisión -no nos olvidemos de que lxs niñxs de hoy pasan más de tres horas por día delante del televisor-, literatura, etc.) que, sin que nos demos cuenta, asignan a los varones y a las mujeres valores determinados, de manera tan sutil que esos valores nos parecen ser el orden "natural" de las cosas (creer eso se llama "esencialismo": creer que los varones o las mujeres son como son por "esencia").

Estos valores son los famosos estereotipos de género de los que tanto hablo, y que explican, entre otras cosas, por qué cuando un varón golpea a su pareja mujer, se llama "violencia de género".

En otra entrada desconstruiré el mito de la influencia de las hormonas en el estado de ánimo y el humor de las personas.

viernes, 6 de abril de 2012

Las mujeres, ¿más débiles físicamente que los varones?

Algunas teorías atribuyen el origen del machismo a la mayor debilidad de las mujeres, su menor contextura física y muscular, y por ende, la superioridad física de los varones.

Según esas teorías, los varones aprovecharon el hecho de que fueran más fuertes para someter a las mujeres.

Pero para muchxs antropólogxs, la mayor debilidad de las mujeres no es la causa, sino... otra consecuencia del machismo.

Hay varios indicios que nos pueden hacer presuponer eso:

- a medida que la alimentación, la higiene y la calidad de vida fueron mejorando, el tamaño promedio de los seres humanos (varones y mujeres) en los países occidentales fue aumentando, sobre todo desde el siglo 19. O sea, el tamaño de las personas depende de su alimentación.

- las diferencias en los récords deportivos entre varones y mujeres tienden a disminuir a medida que pasa el tiempo. Un estudio de la Universidad de California sobre la evolución de los resultados olímpicos desde la década de los veinte ha demostrado que las atletas femeninas progresaban dos veces más rápido que los atletas masculinos, y que, a ese ritmo, las diferencias desaparecerían por completo hacia 2050.

Hay un hecho biológico real: la testosterona es la hormona que permite el desarrollo de los músculos. Como los varones tienen más testosterona que las mujeres, tienen, en promedio, una masa muscular mayor. Sin embargo, el desarrollar músculos no solamente se logra con testosterona: también se logra con... ejercicios de musculación.

Se ha hecho una prueba simple, con dos grupos de varones. El primer grupo tomó esteroides. El segundo grupo se dedicó a hacer ejercicios. Los que tomaron esteoides obtuvieron cinco veces más testosterona que los que no. Pero luego de diez semanas, ambos grupos tenían la misma fuerza. O sea, aumentar las dosis de testosterona no fue suficiente para superar los beneficios del ejercicio físico. 

Conclusión: por más que los varones tengan más testosterona que las mujeres, ellas pueden compensar esa diferencia con un ejercicio físico adecuado (fuente: Feminity, Sports and Feminism. Developping a Theory of Physical Liberation", por Amanda Roth y Susan A. Basow).

¿Entonces cuál es el problema? ¨Pues que se desalienta a las mujeres a practicar deportes que podrían "pervertir" su "naturaleza" delicada y fina: de una mujer que hace pesas y desarrolla músculos, se dice que es un mamarracho, que es "demasiado" musculosa, "demasiado" fuerte, "demasiado" cuadrada, en fin, "demasiado" masculina, porque se considera a priori que una mujer de verdad debe ser delicada, fina y frágil, y que la fuerza y la altura están reservadas a los varones.

Serena Williams,
¿"demasiado masculina"?
La división de roles, que encierra a las mujeres en la casa con lxs niñxs (se alienta a las mujeres a jugar dentro de la casa, con muñecas, a no ensuciar sus lindos vestidos, etc.), no permite que las mujeres desarrollen su musculatura. Y si lo hacen demasiado, corren el riesgo de que les hagan pasar humillantes "tests de femeneidad", como ha sucedido con algunas atletas en los juegos olímpicos.

A principios del siglo 20, el discurso médico incluso era que el deporte intenso dañaba el bienestar y la salud de las mujeres, y sobre todo su capacidad reproductora. "Se temía un desplazamiento del útero, una reducción de la pelvis, un estrechamiento de los músculos abdominales, un uso incorrecto de la energía y una masculinización del cuerpo y del espíritu", describe Gertrud Pfister en el artículo "Actividades físicas, salud y construcción de las diferencias de género en Alemania". Y agrega: "Todos los ejercicios que exigen fuerza, valentía, resistencia u otras calidades, consideradas "no femeninas" por los varones debido a ideales masculinos de belleza o debido al 'sentido común', son desalentados por la profesión médica y denunciados como potencialmente peligrosos".

En un movimiento completamente erróneo, se llega entonces a la conclusión de que las mujeres no pueden tener la misma fuerza que un varón, cuando es la sociedad la que hace todo para que ni siquiera tenga la pretensión de intentarlo.

Es cierto que siempre habrá una diferencia natural física entre varones y mujeres, pero si fuera solamente por la diferencia de tasa de testosterona, y no por razones sociales y culturales, la diferencia probablemente no sería tan grande como lo es ahora (y como no lo es en otros mamíferos, sólo hace falta ver la potencia de una leona para darse cuenta de que no es un ser débil, delicado y amoroso como nos quieren hacer creer que son "naturalmente" las mujeres).

La antropóloga francesa Françoise Héritier (que sucedió a Claude Levi-Strauss en el Colegio de Francia) piensa que el origen de la diferenciación física entre varones y mujeres se sitúa en la época de la aparición de los neandertales, hace 750 000 años, con lo que llama la "presión de selección". 

Los varones, en efecto, se reservaban las partes más proteínicas de las comidas, y las mujeres se quedaban con los restos. Ahora bien, las mujeres, sobre todo cuando están embarazadas y cuando amamantan (algo que ocurría en la mayor parte de su vida en esa época) necesitan más proteínas que los varones (algo reconocido hoy por la OMS).

Por ende, fueron las mujeres más menudas y más pequeñas, o sea, las que necesitaban menos aportes proteínicos y calóricos, las que sobrevivieron y llegaron hasta hoy.

Sin darnos cuenta, seguimos perpetuando esas costumbres ancestrales: muchos estudios muestran que cuando amamantan, las mujeres dan más tiempo la teta a sus bebés varones que a sus bebés mujeres. Y cuando lxs alimentan con biberón, respetan menos el tiempo de succión de las niñas que el de los niños, interviniendo e interrumpiéndolas más a ellas que a ellos. Hasta hace muy poco en nuestras culturas occidentales, era muy común que los varones comieran primero, los pedazos más nobles, y las mujeres después, lo que quedaba.

Y la gente sigue pensando que los varones necesitan más carne porque son más altos y tienen más actividad física que las mujeres, cuando lo que se necesita en caso de actividad física intensa son calorías, no proteínas.

Conclusión final: aún lo que creemos depender únicamente de la naturaleza (la diferencia física entre varones y mujeres) ha sido producto de una construcción social, y esa diferencia no es tanto la causa como la consecuencia de la discriminación sexual.

La coreana Jang Miran,
campeona olímpica de halterofilia
en la categoría de las más de 75 kilos,
levantando 326 kilos. (foto Getty Image)

lunes, 23 de enero de 2012

¿Por qué la violencia de mujeres contra varones no es violencia de género?

En una entrada anterior sobre la violencia de género y el mito de las falsas denuncias, había dicho que la violencia de mujeres contra varones no es violencia de género, y había prometido dar una explicación al respecto.

Si no saben precisamente lo que es el género, si creen que "género" es sinónimo de "sexo", les aliento a leer la entrada que escribí al respecto antes de seguir adelante con ésta.

Si leyeron la entrada en cuestión, o si ya saben lo que es el género, entenderán entonces que el género no hace referencia al varón o a la mujer, al sexo biológico, sino a "lo masculino" y "lo femenino" tal como son definidos socialmente.

Por ende, cuando se habla de violencia de género, no se habla de la violencia de un sexo contra otro, sino de la violencia perpetrada por una persona que pertenece al género dominante contra una persona que pertenece al género dominado.

Y resulta que en nuestra sociedad, el género masculino es el dominante, y el género femenino es el dominado.

Si una mujer es asesinada en un tiroteo en la calle porque justo pasaba por ahí, o si un ladrón mata a una mujer en un intento de robo, no se trata de violencia de género, porque no se la mató por ser mujer.

Ahora, si un varón pega o mata a su pareja, por celos, o porque ella lo quería dejar, es violencia de género, porque ese varón usa su posición dominante para castigar a una persona que tiene una posición "inferior".

¿Inferior por qué? Pues porque a las mujeres se les enseña a ser más sumisas, dulces, comprensivas, no violentas; entienden, por ejemplo a través de la televisión, que su cuerpo está a disposición de los varones, lo cual conlleva una serie de actitudes y reacciones en situaciones de violencia. 

Y a los varones, se les enseña que tienen un poder sobre el cuerpo de las mujeres, que cuando dicen "no", hay que escuchar "sí"; cuando los niños ven mujeres desnudas en gigantografías en la calle, en los programas de televisión, etc., entienden que una mujer es un bello objeto que puede ser usado como mejor les parezca.

O sea, niños y niñas reciben constantemente mensajes contradictorios: por un lado les hablan de igualdad de género, igualdad en la ley, etc., pero, por el otro, la sociedad les manda imágenes de mujeres sumisas y de varones dominadores, como por ejemplo cuando un niño mira debajo de las faldas de una niña.

En la palabra "violencia de género", por lo tanto, hay una idea de dominación, de poder. La psicoanalista Eva Giberti lo explica así en el diario Página/12:

"En la familia, la tradición patriarcal insiste en hacerles creer a los hombres y a las mujeres que el género femenino es una propiedad privada y que, por lo tanto, el varón puede tomar decisiones corporales sobre ella, puede golpearla, puede violarla y, sobre todo, exigirle que lo sirva. En los casos de violencia física, los golpeadores no son hombres con antecedentes policiales porque no se pelean con otros, pegan sólo a su mujer, o a veces a sus hijos, lo que demuestra que no son enfermos, sino que lo que tienen es necesidad de disfrutar del abuso de poder".

¿Por qué dije, en otra entrada, que la violencia de una mujer contra un varón no es violencia de género

Pues porque detrás del gesto de una mujer violenta, no hay toda una sociedad que haya alentado ese gesto, esa mujer no usó su posición de género dominante en la sociedad para imponer lo suyo a una persona en posición de dominación.

Un varón que golpea a una mujer, en cambio, hizo caso a un sistema que lo "alienta" a ser violento, y lo hace para marcar su territorio, para demostrar que él es el dueño de la vida de esa mujer, desfigurándola, quemándola, matándola.

Yo hasta me atrevería a decir que ese varón también es víctima de la sociedad sexista que lo crió, pero es un pensamiento muy criticado, ya que desresponsabiliza de alguna manera a los varones violentos. A ver si después pasa eso:


Con todo esto, en todo caso, no se niega que la violencia de mujeres contra varones exista. Claro que existe. Claro que hay que castigar a una mujer violenta, claro que hay que tomar en serio a los varones que denuncian a sus parejas mujeres por golpearlos.

Es más, es absolutamente necesario reconocer que las mujeres también pueden ser violentas, por dos motivos: 1) para proteger correctamente a sus víctimas y 2) para terminar con el estereotipo de la mujer dulce, abnegada e incapaz de hacer el mal porque "da la vida", un estereotipo tan peligroso como cualquier otro.

Negar que las mujeres también puedan ser violentas parte del mismo razonamiento sexista, el mismo esencialismo, que atribuye cualidades distintas por naturaleza a varones y mujeres.

En ese sentido, los estudios que empieza a haber a nivel sociológico sobre la violencia de las mujeres son, a mi entender, muy bienvenidos.

Pero no se puede equiparar la violencia de las mujeres con la violencia de género, simplemente porque no parte del mismo mecanismo, no tiene las mismas causas, ni el mismo origen, ni la misma explicación (ni tampoco, lógicamente, la misma amplitud).

En el caso de una mujer que es violenta contra su pareja varón, no se trata de violencia de género, porque su género y el género de su pareja no pueden explicar esa violencia. O sea, hay que buscar el origen de esa violencia en otro lugar.

Por ejemplo, en el caso de una mujer de clase alta violenta contra su jardinero, tampoco se trata de violencia de género, sino de violencia de clase: ahí está el origen de esa violencia, la pertenencia a una clase que se cree con poderes sobre otra, la cual, por su lado, integró la idea de que es inferior y se somete.

Por eso también es tan difícil que una mujer golpeada deje a su pareja, porque esa mujer integró la idea de que "está bien así", "algo habrá hecho para merecerlo", y de que por ser mujer, tiene que bancarse esas cosas.

Y por eso es tan difícil luchar contra la violencia de género: no se trata simplemente de poner a los culpables en la cárcel, sino de modificar la mentalidad patriarcal y sexista en la que somos criados desde la panza misma (este blog apunta precisamente a explicar cómo se construye esa mentalidad patriarcal y sexista).

Para eso, hay que reconocer que el sistema sexista, binario, que opone masculino y femenino, que habla de "sexos complementarios", es el origen de todas las violencias de género. Algo que la inmensa mayoría de la gente no está dispuesta a aceptar, porque haría tambalear el mundo tal y como siempre lo conocieron.

viernes, 20 de enero de 2012

¿Qué es el género?

En este blog, se habla mucho de "género", pero para muchxs, no queda muy claro lo que es.  Así que voy a tratar de explicarlo de la manera más simple y concisa posible.

Pido disculpas de antemano a las personas que ya saben lo que es el género, y probablemente consideren que mi explicación es demasiado simplista o reduccionista.

La "teoría de género", en realidad, no existe. Lo que existen son estudios de género, que estudian las relaciones sociales entre los sexos. Se ha observado, en esferas académicas, universitarias y científicas, que si bien existe un sexo biológico, también existe un sexo social, y lo que se estudia cuando se estudia el género son las relaciones de poder que se construyen entre los sexos.

¿Cuál es la diferencia entre sexo biológico y sexo social?

La mayoría de las personas nacemos con un sexo biológico definido, hembra o macho. Digo "la mayoría", porque existen personas que son intersexuales, que no tienen un sexo definido, y se podría considerar que existe un "tercer sexo" o varios otros sexos que la sociedad no está dispuesta a reconocer, al menos por ahora.

Pero eso de tener un sexo biológico no es suficiente. Para poder ser verdaderos "varones" y verdaderas "mujeres", reconocidxs como tal por la sociedad, necesitamos ser criadxs, educadxs, según preceptos distintos si somos machos o hembras.

Para decirlo de otra manera, si bien la naturaleza nos da características físicas de macho y hembra, la sociedad nos va a dar otras características que nos van a definir socialmente como varón o mujer. Cuando digo "la sociedad", quiero decir: nuestros padres, la escuela, la familia, el Estado, las leyes, los medios de comunicación, etc.

La sociedad es la que nos va a imponer gustos, maneras de vestirnos, de hablar, de movernos, que creemos naturales, pero que no lo son. A las nenas, se las vestirá de rosa y a los varones, de celeste.

Un ejemplo: si ven un bebé vestido de rosa, sin haber visto sus órganos genitales, ¿a qué conclusión van a llegar? A ese bebé lo van a tratar como a una niña, es decir, van a ver atributos sociales como es la ropa (que no tiene nada de natural, los animales no usan ropa), y van a llegar a la conclusión de que es una nena, lo cual demuestra que existe un sexo "social" que no depende de los órganos genitales físicos.

Y existen experimentos que demuestran que actuamos de manera distinta con lxs bebés según si sabemos que es una nena o un nene (experimentos que serán objeto de otra entrada).

Poco a poco, con todo eso, lxs niñxs van aprendiendo qué es lo que pueden hacer de acuerdo a si son varones o si son mujeres. Y empezarán a dejar de hacer algunas cosas y a "preferir" hacer otras: a los niños, por ejemplo, se les dirán que llorar es de nena, entonces aprenderán a callar sus sentimientos; y a las niñas, se les dirá que eso de jugar al fútbol es de varón y se las alentará a quedarse en su casa jugando a la muñeca, con lo cual aprenderán a no desarrollar algunas aptitudes físicas, por ejemplo.

Y así es como, poco a poco, los nenes se volverán "hombres de verdad" (es decir, insensibles, fuertes, a veces violentos, con dificultades para comunicar y expresar sus sentimientos) y las nenas se volverán "mujeres de verdad" (es decir, dulces, tranquilas, con dificultades para ubicarse en el espacio o para realizar algunas actividades físicas).

Esas "asignaciones" de la sociedad, esas características "sociales", son lo que componen el género (se usa esa palabra que viene del inglés gender para diferenciarlo del concepto de "sexo", que se entiende es el "sexo biológico").

Para resumir, el género masculino es el conjunto de características que componen la "masculinidad" (lo que nuestra sociedad actual entiende por masculinidad), y el género femenino, el conjunto de características que componen la "femeneidad" (lo que nuestra sociedad actual entiende por femeneidad).

Una prueba de que esas características son sociales y no naturales, es que no son las mismas en todas las sociedades, y además, cambian en una misma sociedad según las épocas. Por ejemplo, en el siglo XVII, los varones de la alta sociedad se ponían polvo en el rostro, se pintaban, se ponían pelucas, usaban tacos altos y ropas con muchos encajes. Y nadie dudaba de la "virilidad" de un varón que usara todo eso.


Hoy en día, de un varón que se pinte, use tacos y encajes, se duda de su masculinidad, por más que tenga todos los atributos físicos de un varón: no encaja con la masculinidad "social" atribuida a los varones, o sea, tiene un sexo masculino, pero la sociedad le asigna un género femenino.

Por todo eso es que la filósofa francesa Simone de Beauvoir escribió su famoso: "No se nace mujer, se llega a serlo". A lo cual agregaría que tampoco se nace varón, se llega a serlo.

Y por todo eso es muy difícil poder determinar qué es lo que depende de nosotrxs como individuos, y qué es lo que nos ha sido impuesto socialmente, no con una pistola en la sien, sino con educación, crianza, lavado de cerebro, a través de lxs padres -que reproducen inconscientemente todos esos esquemas que ellxs mismxs adquirieron sin darse cuenta-, la escuela, los medios, etc.

Es lo que el sociólogo Pierre Bourdieu llama la violencia simbólica: una violencia invisible, contra la que no nos podemos rebelar porque no somos conscientes de ella, y que nos da la sensación de que las cosas son legítimas y naturales, porque ni nos percatamos de que nos "impone" cosas socialmente. Es una especie de "creencia colectiva".

Creer que esas características sociales (varón fuerte, insensible, etc. y mujer dulce, comunicadora, etc.) son naturales y no sociales se llama "esencialismo", porque se cree que varones y mujeres son como son "por esencia".

¡Hasta aquí llega mi explicación "simple y concisa" (ejem...) del género!

Para saber más acerca del género, recomiendo a los más valientes la lectura de "El género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad", de Judith Butler.

EDIT del 22 de enero: agradezco los aportes de algunas lectoras de mi blog, y les copio aquí un video que explicará más en detalles (y de manera mucho más justa y precisa, sin los reduccionismos de los que hablaba arriba) la teoría de género:


Gender Identity Project Subtitulado from Sebs Trivino on Vimeo.

Entrada editada el 29/09/13.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Estereotipos de género explicados por una niña de tres años

Cuando me quejo del sexismo y de los estereotipos de género, lo hago, sobre todo, por las próximas generaciones. Son lxs niñxs que estamos educando, formateando, para que piensen que varones y mujeres son radicalmente distintos. Son ellxs las primeras víctimas de las publicidades sexistas, del lenguaje sexista, del esencialismo

Muchas veces me retrucan: somos lo suficientemente inteligentes como para entender que una publicidad como la de Clear es humor y nada más.

Sí, tal vez algunos adultos. ¿Pero lxs niñxs? Ellxs, por lo general, no entienden el segundo grado. Si ven un comercial que dice, con un tono de hartazgo: "Las mujeres son complicadas porque usan 200 productos distintos para la piel", pues se lo toman en serio, y asimilan la idea de que las mujeres son hincha pelotas... cuando claramente, las mujeres también son producto de una sociedad sexista y consumista que les incita a pensar y actuar de tal o cual manera.

Esto que digo, una niña de tres años fue capaz de entenderlo.

En el video siguiente, se ve a una niña estadounidense, Riley, que se indigna ante la separación por sexo de los juguetes en una juguetería.

Le parece totalmente injusto que se incite a las nenas a jugar con juegos de princesas, y a los nenes con super-héroes. Considera, con razón, que a una nena le puede gustar los juegos de super-héroes, y a un nene, un juego de princesas. Y entiende perfectamente que la libertad no existe realmente, si la sociedad (en este caso, una juguetería) ordena las cosas como para que parezca "natural" que a las nenas les gusten las princesas y a los nenes, los super-héroes.



En los comentarios, algunxs se indignan ante lo que llaman "adoctrinamiento" de la nena. Sí, puede ser que esas ideas no hayan salido solitas de su cerebro, y que haya sido influenciada por sus padres para pensar lo que piensa... exactamente como los gustos de lxs niñxs tampoco se auto-generan, también son "adoctrinadxs" de manera sexista.

Si los gustos fueran tan "naturales", ¿qué necesidad habría de pintar las habitaciones de rosa o celeste, de vestir a recién nacidos de rosa o de celeste? ¿Puede realmente un bebé de un día de vida decir si le gusta más el rosa o el celeste?

Si se viste a un bebé de color celeste desde que nació y si ese bebé escucha, desde que nació, que el color rosa es "para las nenas", ¿no es esto un adoctrinamiento y un lavado de cerebro también?

Lo mismo con los juguetes.

En esta época navideña y de regalos, militar por que las jugueterías dejen de separar los juguetes de acuerdo a los sexos sigue siendo absolutamente vital para luchar contra los estereotipos de género.

Si una niña de tres años logró entenderlo, ¿por qué algunos adultos se siguen haciendo los desentendidos y defendiendo con uñas y dientes los estereotipos de género?