martes, 26 de marzo de 2013

El origen del patriarcado, del machismo y del sexismo

¿Por qué, en todas las culturas, impera el machismo? ¿Por qué los seres humanos han "elegido" el sistema de patriarcado y de dominación masculina en todo el mundo?

La primera pregunta es: 
¿Desde cuándo existe el patriarcado?

Algunos atribuyen el origen del patriarcado a la aparición de la agricultura, de la propiedad privada y, por ende, a los orígenes del capitalismo. Pero esto ocurrió hace "apenas" 30.000 años.

Sin embargo, de acuerdo a la antropóloga francesa Françoise Héritier, el sistema patriarcal aparece muchísimo antes. Ella sitúa su aparición en el paleolítico superior, entre hace 200.000 y 50.000 años, en la época de lxs cazadores-recolectores, es decir, antes de la aparición de la agricultura.

¿Cómo logra situar el origen del patriarcado en esas fechas tan remotas, en que había menos de 100.000 individuos en todo el planeta?

A la luz de los nuevos estudios etnológicos y antropológicos, se comprobó que en esas épocas, los seres humanos vivían en grupitos familiares consanguíneos de 15 a 20 personas. Analizando los restos de grupos humanos diezmados por cataclismos, o sea, que murieron todxs juntxs, se dieron cuenta de que los varones y lxs niñxs tenían el mismo ADN, y que habia mujeres con un ADN distinto.

Esto significa que ya en esa época, las mujeres eran objeto de intercambio entre los varones, entre distintos grupos consanguíneos. O sea, ya existía una sociedad patriarcal. Entonces, hay que remontarse a antes de la aparición de la propiedad privada para encontrar los orígenes del patriarcado.


La segunda pregunta sería entonces: 

¿Cómo surge ese patriarcado, y por qué?

Algunxs aseguran que la universalidad de la dominación masculina se explica por la naturaleza: al ser más fuertes que las mujeres, los varones tienden a dominarlas.

Esa explicación no resiste la más leve observación del reino animal, donde las diferencias físicas entre machos y hembras muchas veces son mayores que entre los seres humanos y donde, sin embargo, no existe ningún sistema de dominación entre los sexos. 

La única especie en la que los machos dominan, maltratan, agreden, torturan, matan a las hembras, es la especie humana. Es por exceso de humanidad que los varones son violentos, y no por un exceso de bestialidad o de testosterona, puesto que los animales sí logran "controlarse".

La única especie con capacidad para pensar, o sea, la única capaz de controlar sus pulsiones, es también la única especie en la que los machos maltratan y dominan a las hembras.

O sea, la mayor fuerza de los varones (que, además, es muy relativa) y la naturaleza no pueden explicar el origen del patriarcado. Los varones no maltratan a las mujeres porque no se pueden contener, sino porque se sienten legítimos al hacerlo. O sea, por un sistema social legitimado.

Según Françoise Héritier, la raíz de todo empieza cuando esos muy antiguos seres humanos, que fueron lxs que construyeron el sistema de pensamiento que usamos al día de hoy, intentaron dar sentido a lo que les rodeaba.

Eric Garault/LEXPRESS
Uno de los misterios que les rodeaba era por qué, mientras los varones no pueden reproducirse directamente, las mujeres sí tenían esa capacidad extraordinaria de fabricar no solamente cuerpos parecidos a ellas, sino también cuerpos distintos a ellas: cuerpos masculinos.

Luego observaron que sin coito, no había embarazo ni reproducción. Para poder controlar ese poder exorbitante de las mujeres (ya que si las mujeres tenían el poder de fabricar varones, entonces también tenían el de dejar de producirlos), se encontró una explicación a la relación entre coito y reproducción que, de paso, fue también una manera de controlar la capacidad de las mujeres: son los varones los que introducen a lxs hijxs en el cuerpo de las mujeres.

Las mujeres se convirtieron en un mero receptáculo, puesto a disposición de los varones. Y se transformaron, a lo largo de varios milenios, en un recurso que había que poseer, controlar y dominar, a fin de poder asegurar la reproducción. Fue necesario impedirles disponer de su cuerpo, restarles autonomía, y se las empezó a alejar de la educación y del poder.

Ese proceso es llamado por Françoise Héritier la "valencia diferencial de los sexos", que hizo de las mujeres eternas menores. Ella considera que ese sistema de pensamiento es la base del inicio del mundo en el que vivimos, fundado en una relación desigual, jerárquica, entre varones y mujeres.

O sea, el origen de la dominación masculina, que se expandió a medida que los seres humanos se multiplicaban, a partir de esos 100.000 individuos primitivos, es la voluntad de control de los varones sobre el poder de fecundidad de las mujeres.

De ahí derivan absolutamente todos los estereotipos de género, que llegaron a ser universales precisamente porque ese sistema se remonta a épocas muy, muy lejanas: la mujer-objeto, la mujer abnegada, que se sacrifica por sus hijxs, la mujer dulce y compasiva, la maternidad como destino obligatorio para toda mujer, la mujer fiel porque necesita de un macho protector vs. el macho que va sembrando su semen de flor en flor, pero también la mujer demonio, la mujer presa de sus hormonas, la mujer loca a la que hay que controlar...

Sobre esa creencia se construyeron todas las sociedades. El patriarcado no es una mera división del trabajo: es un sistema de dominación, del que deriva una división del trabajo que es cambiante de acuerdo a las épocas y las necesidades. Cuando hay necesidad de mano de obra, como durante una guerra, se le da la bienvenida a las mujeres en el campo laboral. Cuando hay sobrante de mano de obra, se les pide que vuelvan a sus casas...

Es muy probable que, mientras las mujeres sean las únicas en poder gestar, el sistema de dominación patriarcal, a través de los estereotipos de género relacionados precisamente con la capacidad de gestar, sigan vigentes.

El machismo tiene muchos siglos de vida por delante...

- Masculino/Femenino: el pensamiento de la diferencia, de Françoise Héritier (2002). Barcelona, Ariel.
- Una entrevista en castellano a Françoise Héritier en La Nación.

viernes, 22 de marzo de 2013

La cerveza Schneider, cada vez más machista

¿Qué tan difícil es entender lo ofensivo de una campaña a las que nos somete la cerveza Schneider?

Evidentemente, lxs responsables de las publicidades de esa marca no entendieron absolutamente nada. No les bastó con que el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión denunciara uno de sus comerciales por su "fuerte mensaje discriminatorio" y por su "violencia simbólica".

Tampoco les bastó con las múltiples quejas recibidas después de su patético comercial Perdón, en que muestran a los varones como subnormales que no son responsables de cometer agresiones sexistas en la calle o de "pensar que un no es un sí" (o dicho de otro modo, de ir en contra de la expresa voluntad de una mujer).

En los últimos días, siguieron adelante con su magnífica idea de desresponsabilizar a los varones por el machismo, y nos castigaron con afiches en la calle:


Traducción: perdón por "apoyar" nuestro pene en su cuerpo en el autobús, algo que es considerado una agresión sexual y un delito ante la ley argentina, pero que vaaaaamos, no es tan grave, no es para ponerse así, es sólo una picardía, ya saben cómo somos los varones de juguetones...

Las reacciones no se hicieron esperar. El martes se abrió la página Facebook "Repudio a la campaña en vía pública de cerveza Schneider". En tres días, 4.500 personas se adhirieron a la página. 

El repudio fue tal que Schneider decidió retirar los carteles de la calle, y emitió un comunicado diciendo que lamentaba que "el objetivo humorístico de la campaña haya sido interpretado de una forma alternativa".

O sea: no entendieron NADA.

¿De una forma alternativa? ¿En serio? ¿Es humor minimizar las agresiones que las mujeres viven todos los días en la calle? ¿Es humor reivindicar un modelo de masculinidad que pasa por la agresión sexual, el acoso callejero, la dominación, la impunidad? ¿Es pícaro obligar a una mujer a sentir un pene entre sus nalgas mientras viaja en autobús?

Como preguntó la organización de lucha contra el acoso callejero Hollaback, "¿qué sigue después? ¿“Perdón por violarte” o “perdón por prenderte fuego”?"

Por la reacción de lxs responsables de Schneider, que muestra que no tienen absolutamente ningún remordimiento por su nefasta publicidad, me temo que bien podría ser el siguiente paso.

Dos días después del Día internacional contra el Acoso Callejero, me parece lamentable tener que volver a explicar, una y otra vez, que los "piropos" son acoso, y que agredir sexualmente a una mujer no es una picardía, sino un delito.

Esta publicidad es la prueba más fehaciente de que entre un piropo y una violación, sólo hay una cuestión de grados, pero que se trata del mismo mecanismo: el de la impunidad de varones que creen que la calle es su feudo, que las mujeres sólo están ahí de invitadas, y que ellas se tienen que someter a lo que impongan ellos, estén o no de acuerdo: comentarios sexistas, toqueteos, violaciones.

En este blog, ya hablé mucho del acoso callejero, que algunxs trogloditas siguen llamando "piropos", pueden volver a leer mis entradas al respecto aquí, aquí, aquí y aquí. Y también aquí. Ah, y aquí. Y aquí. Puf, y aquí. 

Sin olvidarme de mencionar otra nefasta publicidad, la de Coca-Cola, que también mostraba a los piropos como una picardía deseable...

PD: una nota en Tiempo Argentino, otra en Télam y otra en Página/12.

viernes, 8 de marzo de 2013

¿Qué no quedo claro? ¡Es un día de lucha!

Casi todos los años, recuerdo en este blog que el 8 de marzo no es un día de homenaje a "la mujer", sino un día de lucha, para recordar el camino recorrido y evaluar el que falta por recorrer para alcanzar la igualdad de género.

Todos los años, florecen en Facebook, Twitter y demás redes sociales mensajes con corazoncitos, florcitas y rosas por doquier, deseando a las mujeres que tengan un "feliz día".

Así como, para el principio del año, di la palabra a varones feministas, lo vuelvo a hacer hoy, ya que se tomaron la molestia de explicar por qué, en este día, es casi ofensivo regalar flores y bombones a las mujeres.
8 de marzo, día de las mujeres. Ni flores, ni bombones, ¡día de lucha!

Ni flores ni bombones. Hoy es un día de lucha contra todas las formas de opresión hacia las mujeres. Día de Lucha contra todas las manifestaciones del Patriarcado. 
Desde el Colectivo de Varones Antipatriarcales hace tiempo que decidimos formar parte de la misma lucha que históricamente vienen llevando adelante las organizaciones de mujeres. Lo hacemos problematizando nuestros roles de poder y nuestros privilegios, siendo conscientes de que es una lucha cotidiana. 
Por eso también salimos a la calle con ellas repudiando todas las formas de violencias que como varones ejercemos hacia las mujeres, reflexionando sobre nuestras prácticas y exigiendo al gobierno que desarrolle acciones claras y contundentes para terminar con la opresión de género. 
En ese marco es que exigimos un urgente tratamiento y aprobación del Proyecto de Ley presentado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. No queremos más de mujeres muertas por abortos clandestinos y realizados en condiciones de insalubridad. Las mujeres que se mueren son en su mayoría, mujeres pobres 
También exigimos acciones claras, sin ambigüedades, por parte del Estado, para desmantelar las redes de trata con fines de explotación sexual de mujeres, niñas y adolescentes.  La erradicación de la complicidad de la policía, del Poder Judicial en todos sus estratos y condenas de por vida con cumplimiento efectivo a los responsables de los secuestros y explotación a mujeres.
No ignoramos que la distribución de derechos es una cuestión de poder. Entonces nos preguntarnos, quiénes ejercemos el poder sobre las mujeres, negándoles la soberanía sobre sus cuerpos, entre tantas otras cosas. Este poder es el que el feminismo ha sabido denunciar, y del que los varones nos debemos hacer cargo. 
Somos varones los que ocupamos lugares de poder: jueces que condenan a las mujeres por abortos clandestinos. Jueces cómplices de las Redes de Trata y Explotación Sexual. Médicos violentos que maltratan a las mujeres que se practicaron un aborto. Autoridades eclesiásticas que bregan en contra de los derechos reproductivos, mientras encubren a sacerdotes pedófilos. Empresarios de la publicidad que producen y fomentan imágenes misóginas sobre las mujeres. 
También somos varones los que no nos hacemos cargo en situaciones de embarazos no deseados. Somos varones los que inferiorizamos a nuestras compañeras de trabajo. Somos varones los que seguimos relegando las tareas domésticas a nuestras novias, madres y amigas. Y los que las cosificamos, maltratamos  y oprimimos. 
Invitamos a todo aquél que se autodefina como varón, a comprometerse y ponerle el cuerpo a la lucha contra el patriarcado para revertir toda forma de desigualdad y de opresión hacia las mujeres. No es nuestro destino inexorable ser los machos hegemónicos. Apostamos a descubrir colectivamente otras formas de ser varones que impliquen la construcción de relaciones igualitarias con nuestras compañeras, con otros varones y con todas las identidades de géneros. 
Es así que demandamos:
-          Aparición con vida de todas las mujeres secuestradas con fines de explotación sexual. No están perdidas, son desaparecidas en democracia para ser prostituidas. Sin clientes, no hay trata. Si sos cliente, sos prostituyente.
-          Reglamentación y aplicación urgente de la Ley contra toda forma de violencia hacia las mujeres con políticas públicas de prevención y contención para todas las víctimas de violencia. Condena pública para toda manifestación misógina en los medios masivos de comunicación.
-          Aprobación de la Ley de Interrupción voluntaria del Embarazo. ¡Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir!
-          Basta de precarizar a las mujeres. Igual remuneración por igual trabajo!
-          Juicio y castigo para todos los femicidas,  encubridores y responsables políticos! 
¡Ni Machos, Ni Fachos!
Colectivos de Varones Antipatriarcales

martes, 5 de marzo de 2013

El mito de las falsas denuncias (bis)


Ya he escrito acerca del mito de las falsas denuncias, que regularmente agitan los masculinistas para demostrar que los varones son víctimas de "feminazis" dispuestas a aplastarlos y eliminarlos.

Por supuesto, nunca tienen cifras ni estadísticas reales, más que algún recorte periodístico, como si un caso en particular fuera revelador de un hecho sociológico.

Como otrxs más calificadxs que yo se han tomado la molestia de responder, con argumentos, punto por punto, a los masculinistas que niegan la amplitud de la violencia de género, dejo la palabra a uno de ellos, Miguel Lorente Acosta, profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada y ex delegado del Gobierno contra la Violencia de Género.

Sé que con esa nota, los trolls masculinistas van a desembarcar aquí con toda su furia, como lo suelen hacer últimamente. Bienvenidos sean. Porque no hay mejor prueba de la misoginia y la violencia de los masculinistas que sus propias palabras.

El dato principal que rescato de la nota es que las denuncias falsas no llegan al 1% del total, de acuerdo a la Fiscalía General del Estado, y que el delito de violencia de género es, de lejos, el delito con menos denuncias falsas.

Pueden leer la nota directamente en el diario El País aquí. 
Palabras contra palabras  
Las mujeres nunca han tenido palabra, la sociedad y la cultura no han creado una expresión como lo han hecho con los hombres (“palabra de hombre”), para así darle trascendencia a su voz con la simple referencia a su origen: el hombre. Las mujeres han sido presentadas justo como lo contrario: perversas, mentirosas, traidoras, desleales… Desde Eva y Pandora hasta hoy. Y si existe una cultura que ha creado esta doble referencia sobre la desigualdad, no es de extrañar que cuando la palabra de las mujeres entra en conflicto con la conducta de los hombres, salgan a la luz todos los mitos que buscan defender la desigualdad. 
Al analizar el argumento de las denuncias falsas se pone de manifiesto esta construcción cultural. En primer lugar, porque parte de esa idea de la mujer perversa que denuncia para hacer daño al hombre y para beneficiarse. Segundo, porque conforme la sociedad ha avanzado más en la lucha contra la violencia de género y ha dejado menos espacio a los maltratadores —señal de que la respuesta social está teniendo éxito—, en lugar de tomar esa realidad como demostración de la verdad de la violencia de género y de la necesidad y eficacia de la denuncia, la reacción es la contraria: se cuestiona la conducta que permite superar esa violencia y a los hombres violentos. 
Tercero: la crítica montada sobre las denuncias falsas no se sostiene sobre el análisis de la realidad: las mujeres apenas denuncian, la mayoría de las víctimas se separan, y las que lo hacen no piden medidas sobre el domicilio, la custodia de los hijos, ni ninguna cantidad de dinero al hombre; los datos están en los informes del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Como cuarto argumento encontramos que aquellos hombres que piden que se mantenga la presunción de inocencia y que no se le dé credibilidad a una denuncia basada en la palabra de la mujer, no dan ninguna presunción de inocencia a las mujeres y consideran que la gran mayoría miente y delinque al denunciar falsamente a un hombre. 
En quinto lugar están los datos, reveladores de su mentira. El CGPJ y la Fiscalía General del Estado han analizado la situación y han concluido que las denuncias falsas no llegan al 1% del total. Así se deduce que el de violencia de género es, con diferencia, el delito con menos denuncias falsas. Pero, además, el hecho de que aquellos que defienden la falacia de las falsas denuncias cambien sistemáticamente sus datos demuestra que mienten. Al principio usaban como referencia el porcentaje de sentencias no condenatorias (un 30%), pero como no era sostenible ahora emplean el porcentaje de mujeres que retiran la denuncia o no quieren declarar contra su pareja. 
Sus argumentos parten de la ideología que presenta a las mujeres como malas y perversas, y luego buscan datos que encajen en sus ideas. Cuando hablan sobre el tema, en lugar de aportar referencias válidas o estudios, recurren a los casos personales (curiosamente todos conocen alguno) o a aquellos que han sido aireados a todo volumen en determinados medios. 
La idea de las denuncias falsas es el reflejo de los argumentos que la desigualdad y el machismo ha utilizado históricamente para defender sus privilegios y atacar a las mujeres. Nunca han tomado el silencio tras los casos de violencia como falso, porque era coherente con esa normalidad construida sobre la agresión. En cambio, la denuncia para salir de ella sí es tomada como falsa. Y es que las palabras se las lleva el viento, pero la palabra es la ley.
(Lo subrayado en negrita es mío) 

jueves, 28 de febrero de 2013

Super-dominante

El fundador de ZeroMacho, red internacional de varones pro-feministas por la abolición de la prostitución (a la que los varones de todo el mundo pueden adherirse), Patric Jean, suele decir que es un "super-dominante".

O sea: es varón. Es blanco. Es de clase media acomodada, con acceso a un buen nivel educativo. Viene de uno de los países más ricos del planeta. Es heterosexual. Es flaco. Es alto. Tiene 40 y pico de años, la edad en que se considera que los varones están en su punto más álgido.

En fin, tiene absolutamente todo a favor.

Ese varón también suele decir que entiende que la mayoría de los varones no quieran perder sus privilegios de género, y se resistan, como los masculinistas, a los cambios que impliquen que cedan espacios de poder para que las mujeres tengan igualdad de oportunidades.

Claro, dice, que un varón de clase media acomodada, con muchos otros privilegios, ceda espacios de poder en cuanto a género, vaya y pase. Le quedan todos los otros privilegios. 

Pero andá a decirle a un tipo pobre, sin trabajo, sin formación, sin perspectivas de mejora social, que ceda los pocos privilegios que le da su condición de varón... Ni en pedo. Y es entendible: no sacaría ningún beneficio de ello, al contrario, perdería lo poco que tiene.

Lo que no ve, o no quiere ver, ese tipo pobre, sin trabajo, sin formación, sin perspectivas de mejora social, es que él es el penúltimo eslabón de la sociedad. El último eslabón son... las mujeres pobres, sin trabajo, sin formación, sin perspectivas de mejora social.

Lamentablemente, los tipos pobres, sin trabajo, sin formación y sin perspectivas de mejora social no son los únicos en negarse a ceder espacios de poder. La mayoría de los varones se niega a hacer ese esfuerzo.

Ahora, sí, es difícil ceder espacios de poder. Y no trae casi ningún beneficio inmediato al varón que lo haga, excepto el de la sensación de hacer lo justo. Porque, recalca Patric Jean, es lo justo. Es lo justo si queremos una sociedad más justa.

Bien lo dice, a su manera, Louis CK, un humorista estadounidense, hablando de los privilegios de ser blanco. Y varón (en inglés):

lunes, 25 de febrero de 2013

Las mujeres, en el frente de batalla

Uno de los argumentos de los masculinistas para demostrar que las mujeres son privilegiadas en esta sociedad, es que los que mueren en el frente de batalla, durante las guerras, son los varones.

Sí. Es cierto. O más bien, era cierto.

En efecto, el Ejército argentino acaba de aprobar el acceso de las mujeres al arma de Infantería y Caballería, las dos principales fuerzas de combate en un campo de batalla, lo cual les estaba vedado hasta ahora.

"Luego de la entrada en vigencia de la resolución 1143/11 (...), que elimina todas las restricciones en el acceso del personal militar femenino a los distintos escalafones, 65 mujeres tuvieron la posibilidad de ejercer su derecho de elección de arma en igualdad de condiciones con los hombres", informó hace pocos días el Ejército argentino.

Una decisión similar tomó el ejército estadounidense hace poco, al permitir que las mujeres estén en el frente de batalla, luego de que un grupo de mujeres militares presentara una demanda legal, porque la norma que prohibía a las mujeres ocupar puestos de combate bloqueaba sus posibilidades de ascenso en el ejército.

En Estados Unidos, se abrirán así un cuarto de millón de puestos que estaban prohibidos a las mujeres.

Soldadas norteamericanas en Bagdad. Foto AFP.

Porque claro, lo que no dicen los masculinistas, es que el acceso de las mujeres al frente de combate estaba prohibido. Por más que hubiese querido, una mujer no podía elegir dar su vida por su patria y ser considerada heroína por ello.

Qué fácil que es recalcar que solamente los varones mueren en el frente de batalla, cuando las mujeres tienen, lisa y llanamente, prohibido estar en ese mismo frente de batalla.

Y lo que tampoco dicen los masculinistas es que por esa veda, las mujeres perdían posibilidades de subir en la jerarquía militar, ser condecoradas por acciones heróicas, ocupar puestos de mando. Estaban obligadas a ocupar lugares subalternos, tener sueldos más bajos, perderse las primas que se pagan a los soldados que van al combate.

En las guerras, mueren muchos soldados masculinos (aunque en las guerras modernas, ya no mueren tantos). Y muchas mujeres civiles, consideradas trofeo de caza, botín de guerra: son violadas, torturadas, asesinadas por los ejércitos vencedores. Sin hablar de la cantidad de mujeres que, hasta no hace poco en las sociedades occidentales, morían al dar a luz a los niños que el Estado les pedía que parieran en serie para que los ejércitos tuvieran suficiente carne de cañón.

Víctimas invisibles
Pero las únicas muertes reconocidas como heróicas son las muertes de los soldados. A los únicos a los que se les dan medallas, condecoraciones, los únicos que son homenajeados como defensores de la patria, son los soldados, o sea, los varones.

Y no nos olvidemos de que hoy en día, en la mayoría de los países occidentales, Estados Unidos inclusive, el servicio militar ya no es obligatorio. O sea, eso de morir en la guerra es una elección también para los varones. Una elección, y un privilegio, si se compara con cómo se tratan a las mujeres que mueren en esas mismas guerras: en la más absoluta indiferencia.

Las mujeres son las víctimas invisibles de las guerras, de ellas no se habla nunca, como si ellas no murieran también, no sufrieran también.

¿Un avance de la sociedad?
Ahora, ¿se puede considerar un avance de la sociedad que ahora las mujeres también puedan matar y combatir? ¿Son esas actividades realmente gloriosas? ¿Está bien nivelar hacia abajo y permitir que las mujeres tengan tantas posibilidades como los varones de ser asesinas legales?

Personalmente, soy pacifista, estoy en contra de la existencia misma de los ejércitos, no entiendo que alguien, varón o mujer, elija una carrera que consiste en matar a otros seres humanos.

Pero en un mundo en que existen los ejércitos y las guerras, sí considero un avance que las mujeres tengan esa misma posibilidad. Que se las deje de considerar seres débiles que deben ser protegidos por los varones. Que se rompa con el estereotipo de género de la mujer frágil y del varón fuerte. Que las mujeres tengan las mismas oportunidades de ascender en la jerarquía militar y ocupar puestos de mando.

El pacifismo, el fin de las guerras y de los ejércitos pasa por otro lado. No por que las mujeres tengan o no acceso a los puestos de combate.

Ahora, espero ansiosamente la reacción de los masculinistas. Me imagino que muchos verán esa medida como algo negativo, arguyendo que las mujeres no están capacitadas naturalmente para ser soldadas y luchar a la par de los varones, sin temer ser contradictorios, ya que son los primeros en quejarse, erróneamente además, de que los únicos en morirse en las guerras son los varones.

lunes, 11 de febrero de 2013

De pie contra la violencia de género


Mil millones de mujeres de pie contra la violencia de género.

Es la apuesta de Eve Ensler, autora de los Monólogos de la Vagina, para este jueves 14 de febrero, el V-Day (juego de palabra entre el día de San Valentín, y el día de la Vagina).

Este año, organizó un flash mob gigante, es decir, un baile callejero, en el mundo entero. Casi todos los países del planeta participarán ese día, con la intención de decir basta a las violencias de género.

Pueden buscar dónde se organiza en su país o su ciudad en el sitio de One Billion Rising, donde también encontrarán videos para aprenderse la coreografía.

En Buenos Aires, una de las principales citas es a las 17 en el Anfiteatro Costanera Sur.

Personalmente, no creo que una manifestación, por más masiva que sea, tenga el poder de modificar las mentalidades de miles de millones de varones (porque no nos olvidemos de que detrás de toda violencia de género, hay un varón violento, abusador y machista) y suprimir esa violencia.

Mientras las mentalidades no cambien, mientras los estereotipos de género, que hacen de las mujeres objetos sexuales, cuerpos a disposición de los varones, y de los varones los dueños de las mujeres, la violencia de género seguirá existiendo. 

El fin de las violencias se logra con educación igualitaria y no sexista, concientización de lxs más jóvenes, lucha contra los estereotipos de género en los medios masivos de comunicación (televisión, publicidades, cine...), no tanto con mujeres bailando en la calle.

Además, hay algo que no me gusta en la campaña One Billion Rising, y es que se echa la responsabilidad del fin de las violencias a las mujeres, pidiéndoles que se levanten para lograrlo, cuando los primeros en tener que modificar su comportamiento deberían ser los varones violentos.

De todas formas, creo que esta campaña es una manera de visibilizar el tema, y por eso aliento a todas y a todos a olvidarse de la fiesta comercial y mercantilista de San Valentín, a difundir y participar en la campaña, y a salir ese día a la calle a bailar.



PD: recuerdo que una mujer de cada tres, en el mundo, será alguna vez víctima de violencia de género en su vida. Esto es, mil millones de mujeres.

martes, 29 de enero de 2013

Los hombres, ¿o los varones?

La palabra "hombre" para designar a la humanidad no es inocente: en el inconsciente colectivo, los varones son la humanidad, siendo las mujeres algo periférico, eventual. Lo expliqué en otra entrada.

Y así lo muestra ese artículo de The Sun, que imaginó hace unos meses cómo sería físicamente el ser humano dentro de mil años.

Más allá de que es científicamente absurdo (los cambios físicos debidos a la evolución no se miden en milenios, sino en decenas de miles de años; de hecho, excepto en la altura, la humanidad no se ha modificado tanto entre el año 1013 y el año 2013), ¿adivinen bajo qué rasgos se figuró la humanidad?

Pues, sí, por supuesto, bajo los rasgos de un varón:

Copyright 2012 News Group Newspapers Ltd 
Habría sido demasiado penoso para los señores del Sun representar a la humanidad bajo los rasgos de una mujer, ¿no?

Lo peor es que si lo hubieran hecho, mucha gente no habría entendido que se hablaba de la totalidad de la humanidad, y no solamente de las mujeres. Porque en el imaginario colectivo, la humanidad, por default, son los varones. Las mujeres sólo son algo particular, puntual, "lo otro", como lo definió Simone de Beauvoir en El Segundo Sexo.

jueves, 24 de enero de 2013

El suicidio, ¿un flagelo masculino?

Los varones se suicidan más que las mujeres, se escucha por ahí.

Y es absolutamente cierto. Todas las estadísticas muestran que los varones mueren más que las mujeres por suicidio, y Argentina no es ninguna excepción, como lo muestran las cifras publicadas por la ONU.

Allí vemos que el 80% de las personas que mueren por suicidio son varones.

¿Significa eso que los varones sufren más depresiones que las mujeres, y que, por lo tanto, las mujeres viven más felices que los varones? Esa es la conclusión a la que se podría llegar perfectamente.

Pero sería un error. ¿Por qué? Pues porque esas cifras hablan de los fallecimientos. No de los intentos de suicidio.

Y si vamos a las cifras de intentos de suicidio, la realidad es completamente distinta: la cantidad de mujeres que intenta suicidarse triplica la de los varones.

La gran diferencia reside en los métodos empleados: por los estereotipos de género, porque las mujeres son criadas para ser más discretas y silenciosas, y porque los varones tienen más acceso (por educación también) a armas letales, ellos eligen métodos más radicales y mortíferos, como armas de fuego o ahorcamiento, y ellas eligen métodos más discretos y menos sangrientos, pero también menos eficientes, como la toma de pastillas.

La OMS lo explica en un documento sobre prevención de suicidio: "Las mujeres son ligeramente más inclinadas a reportar ideas suicidas que los hombres y hasta dos o tres veces más inclinadas a intentar suicidarse. Sin embargo, los hombres tienen mayor probabilidad de completar el suicidio, a menudo porque escogen medios más violentos e irreversibles".

¿Conclusión? Hay que tener mucho cuidado con las estadísticas. El análisis de las cifras no está al alcance de cualquier persona, aunque parezca que sí. No por nada lxs sociólogxs estudian años de carrera. Hay que saber interpretar, cotejar con otras cifras y poner en perspectiva.

Claramente, si se toma la cantidad de muertes por suicidio, se llega a la conclusión de que los varones tienen más tendencia que las mujeres a estar deprimidos. 

De hecho, son esas cifras las que usan los masculinistas para probar que en un mundo en que la cantidad de varones muertos por suicidios cuatruplica la de las mujeres, no se puede decir que los varones sean privilegiados. Y llegan a la conclusión de que en realidad, los varones sufren más que las mujeres.

Pero si se toma la candidad de intentos de suicidio, se llega a la conclusión exactamente inversa.

Y hace rato que lxs psicólogxs ya no interpretan el intento fallido de suicidio como una simple "llamada de atención", sino como la marca de una verdadera depresión.

¿Que los varones mueren más por suicidios? Sí. ¿Que haya que tratar de combatir ese flagelo? Por supuesto. ¿Que hay que dificultar el acceso a las armas de fuego? Por ejemplo. ¿Que significa que los varones tienen más tendencias depresivas que las mujeres? Pues no.

La realidad, validada por todas las estadísticas, es que en el mundo entero, las mujeres son más proclives a la depresión y al intento de suicidio.

jueves, 17 de enero de 2013

Ser glamour en cualquier circunstancia:
sólo para mujeres

¿Se imaginan un comercial en que se recomiende a los varones ser glamorosos incluso en el campo de batalla? ¿O ponerse pantalones ajustados y zapatitos de charol cuando juegan al fútbol?

Bueno, pues es lo que se hace constantemente con las mujeres, incluso cuando están en situaciones en que deberían privilegiar la comodidad antes que el glamour, como el embarazo, o cualquier práctica deportiva, de hecho (recuerdo que el uso de la pollera es obligatorio para las mujeres en los campeonatos de tenis).

La marca de pañales Huggies, en todo caso, cree que las mujeres deben cuidar su aspecto siempre. En este video, se describe a una mujer que cursa lo que parece ser su último trimestre de embarazo, bajando las escaleras de su casa.

Está vestida lo más cómoda posible, es decir: una remera amplia, un pantalón de jogging y pantuflas a prueba de frío.

Pero claro, Huggies define esa mujer como "necesitada de glamour". 

Porque es bien sabido que las mujeres, incluso embarazadas de 8 meses, incluso en la intimidad de su casa, deben llevar tacos de 10 centímetros para resbalar en las escaleras, vestidos ajustados para entorpecer sus movimientos y dificultar la circulación sanguínea, y escotes pronunciados para enfermarse de anginas.

¿Estar cómodas? Nooooo, qué horror. Eso se lo dejamos a los varones. Las mujeres deben ser glamorosas en cualquier circunstancia, y Huggies está para recordárnoslo y darnos "clases de belleza y muchos temas más":

viernes, 11 de enero de 2013

Nuevos padres: ¿los monstruos del Loch Ness?

Foto Javier Zorrilla. elmundo.es
Empiezo el año con una pregunta: se habla mucho de los nuevos padres, ¿pero quiénes son realmente? ¿Son una realidad social o una promesa siempre postergada?

Me surgieron esas preguntas en particular luego de leer un artículo en el diario La Nación, llamado La rebelión de las madres.

El artículo, globalmente, cuenta lo que conté en una entrada acerca de lo que no nos dicen sobre la maternidad: que no todo es color de rosa en el hecho de tener hijxs, que el embarazo, el parto, el posparto, la crianza, pueden ser dolorosos, deprimentes, aburridos o angustiantes, y que es hora de decir la verdad a las mujeres sobre lo que les puede llegar a esperar.

Hasta ahi, todo bien. Me alegro de que se toque ese tema en un medio masivo.

Pero como soy quisquillosa, pues no puedo dejar de ver los detalles que recuerdan que vivimos en un mundo sexista.

Hete aquí que hacia el final de la nota, luego de hablarnos únicamente de las madres, aparece El Padre. Pongo mayúsculas, porque parece ser el salvador. O mejor dicho, el Nuevo Padre.

Hace unos 20 años que escucho hablar del Nuevo Padre, y salvo honrosas excepciones, no he visto a muchos todavía. De hecho, las estadísticas son formales: las mujeres se siguen encargando del 80% de las tareas domésticas, más si hay niñxs en el hogar.


En Francia, otro estudio del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE) mostró que en 25 años, los varones han aumentado el tiempo que dedican a las tareas domésticas y al cuidado de lxs hijxs en... 10 minutos.

Así que ya me hablarán de los Nuevos Padres...

En fin, ¿qué dice el artículo? Bueno, justamente, luego de explicarnos que la maternidad puede ser bastante estresante y engorrosa (eso sí, las mujeres que opinan en la nota siempre lo hacen "entre risas", "con una carcajada" o "con descaro y humor irónico", no sea que las tomen por monstruos de verdad), nos intima a reconocer que "los hombres, cada vez más, participan en la crianza de los hijos".

Con 10 minutos más diarios en 25 años, lxs amantes de los cálculos matemáticos ya me dirán cuánto tiempo falta para alcanzar la paridad en eso de la crianza de lxs niñxs.

Pero en fin, ¿cómo es eso de que cada vez participan más, de acuerdo al artículo? Retengo tres elementos:
"Mamaderas y pañales forman parte de sus rutinas diarias mientras las madres no están en casa".
Ojo: "mientras las madres no están en casa". ¡Cuidadito con agarrar un pañal o una mamadera si ellas están en casa! No, no, no, no se entusiasmen. Ese es el trabajo de-la-madre. El padre está para hacer de niñero mientras ella no está, no para hacer de papá que se ocupa de su bebé en un 50% real. No estoy criticando aquí a la periodista: en realidad, lo que dice es el fiel reflejo de la realidad. Pero entonces, ¿por qué entusiasmarse tanto con los Nuevos Padres?
"(...) cuanto más aceitado esté el equipo, cuanto más apuntalada y comprendida se sienta la mama en su desborde, menores serán los efectos en los vínculos".
Y sí, el desborde es de la mamá. No es de la pareja. El papá, mientras tanto, se va a jugar al pool con los amigos, y cuando se aburre, va, y le dice a la mamá: "Andá a la peluquería, mientras tanto yo, Nuevo Padre abnegado y ejemplar, le daré una mamadera y le cambiaré un pañal... Che, ¿dónde era que guardabas los pañales?"

Nuevamente, es una realidad. La inmensa mayoría de los padres, Nuevos Padres incluidos, piensa que el desborde es de la madre. Entonces nuevamente, ¿por qué entusiasmarse tanto por los Nuevos Padres, si al final se parecen tanto a los padres de los de antes?
"Advertidas, con ayuda de sus maridos y conscientes del acto altruista de traer un hijo al mundo"
Bueh, ahí tenemos un hermoso remate, con la confirmación de que los padres "ayudan". No participan en algo en el que tienen un 50% de responsabilidad. No. Ayudan en algo que en realidad le corresponde a la madre.

En fin, los Nuevos Padres existen, no lo niego. Conozco a algunos. Pero hacer de esas excepciones una realidad social me parece demasiado apresurado. 

Sí, bueno, genial, los padres ahora cambian pañales y dan alguna mamadera, cuando los de hace 40 años no hacían nada de eso, pero, gente, estamos en 2013, ¿hasta cuándo nos vamos a caer de rodillas delante de los varones que lo hacen? ¿No es acaso su deber de padre? ¿Realmente les tenemos que dar una medalla cada vez que cambian un pañal o llevan a sus hijxs al colegio?

Aparte, eso de que hace 40 años no lo hacían es muy relativo: voy a tener 40 años, y por lo que me cuentan, mi papá y mi mamá se turnaban para cambiar pañales y dar mamaderas, y ambos trabajaban a mitad de tiempo para que unx de lxs dos siempre estuviera en casa.

Si mi padre lo hizo hace 40 años, ¿qué tiene de excepcional que algunos varones lo hagan en el 2013? 

¿No será hora de exigir una paridad real? Y, en lugar de babearnos y mirar como al Cristo resucitado a los varones que aceptan sacrificar cinco minutos de su precioso tiempo para cambiar un pañal, ¿no será tiempo, al contrario, de empezar a escandalizarnos de que solamente sigan "ayudando a la mamá en su desborde mientras no está en la casa"?

PD fuera de tema: eso de que traer un hijx al mundo es un "acto altruista". Sí, claro. Y no tenerlxs, ¿es un acto egoísta? Me encantaría conocer a una sola pareja que tenga hijxs por altruismo, y no para satisfacer un deseo propio, sea cual sea la naturaleza de ese deseo.

martes, 8 de enero de 2013

Feliz año antipatriarcal

Tengo abandonado este blog desde hace un par de meses, por razones de tiempo y por razones técnicas que, espero, se resolverán pronto.

No es para nada por falta de inspiración. Lamentablemente, el sexismo es infinito, y lo que se puede escribir sobre las discriminaciones de género, también.

Para recibir el año 2013, voy a dejar la palabra a varones. Se trata del Colectivo de Varones Antipatriarcales, cuyo lema es "Ni machos, ni fachos".

Tienen el mérito de luchar por una nueva definición de la masculinidad, sin renegar del feminismo y sin hacerse las víctimas, como lo suelen hacer los masculinistas, que de igualitarios, no tienen absolutamente nada.

No son los únicos varones en declararse abiertamente feministas. Existen otros colectivos, tanto en Argentina como en otros países. En la columna de la derecha encontrarán enlaces hacia grupos de "Varones contra el sexismo". De hecho, si conocen otros, no duden en enviarme un mail para que los agregue.

Aquí va, entonces, un poco cortado, el texto que el Colectivo de Varones Antipatriarcales han publicado en su página por la llegada del año 2013. Ojalá los masculinistas aprendan un poco de ellos lo que la palabra "igualdad" significa realmente.
Queridxs compañerxs, vamos acercándonos al final de este 2012, un año muy intenso en nuestra incipiente historia como colectivo. 
Este año nos deja la alegría de haber avanzado en iniciativas que nos esperanzan en el desafío que testarudamente decidimos emprender; sumarnos como "varones" a la lucha contra el hetero-patriarcado capitalista, y cultivar la certeza de que queremos y podemos transformarnos para transformar. (...) 
No podemos soslayar que todas estas alegrías tienen razón de ser porque son granitos de arena contra un sistema que persiste injusto y desigual, y que descarga toda su violencia contra las mujeres y otras identidades subalternizadas por razones de género, sexualidad, etnia y clase. 
Tenemos razón de ser porque Marita Verón sigue desaparecida y sin encontrar justicia; porque el aborto sigue siendo ilegal y las mujeres expropiadas del derecho a decidir sobre sus cuerpos: porque siguen multiplicándose los femicidios y la impunidad que la justicia brinda a los violentos y abusadores; porque el Estado sigue siendo cómplice de la violencia clerical; porque la gran mayoría de los varones se mantiene indiferente ante todas estas injusticias, siendo impunes artífices, cómplices privilegiados o inertes espectadores. 
Contra estas miserias nos levantamos; por nuestros sueños nos organizamos... Para que sigamos avanzando, con pasión y alegre rebeldía, hacia el fin de la explotación y la opresión, levantamos la copa junto a ustedes, y brindamos por un 2013 lleno de energía para seguir luchando, hasta que todas, todos, todxs, seamos libres! 
Salud y Revolución, en las calles, en las plazas, y en las camas! 
Colectivo de Varones Antipatriarcales

jueves, 8 de noviembre de 2012

El machismo según Schneider: un simple problema de inmadurez

La marca de cerveza Schneider nos tenía acostumbradxs a publicidades sexistas, por las que, incluso, fue señalada por el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión por su "fuerte mensaje discriminatorio" y por su "violencia simbólica".

Evidentemente, Schneider no ha sido la única marca de cerveza en ser señalada por el Observatorio. Recordamos la nefasta publicidad de Quilmes, "Igualismo", sobre la que el Observatorio también emitió un informe sobre su sexismo.

Qué hizo entonces la marca Schneider, luego de la advertencia del Observatorio? ¿Tratar de hacer publicidades menos sexistas? ¿O ignorar por completo la advertencia?

Pues no. Hizo algo peor: eligió burlarse, lisa y llanamente, de la advertencia, y hacer una publicidad provocativa y machista, pretendiendo presentarla como feminista porque muestra a los varones como subnormales, como si el feminismo pensara eso de los hombres, buscando en realidad desprestigiar ese movimiento.

Así es el comercial "Perdón":

>

¿Qué nos dice ese comercial?

A primera vista, se trata de un pedido genuino de perdón de parte de los varones por su machismo (partiendo de la base, por supuesto, que todos los varones son machistas).

Pero el tono irónico, y un análisis un poco más detallado del mensaje, muestran que es más de lo mismo y aún peor: una justificación abyecta de lo peor del sexismo, presentado como una cuestión de inmadurez, que coloca a los varones machistas como inimputables: como niños, no son responsables de sus actos porque en el fondo, no saben lo que hacen.

¿Y de qué no son responsables?

Pues, entre otras cosas, del acoso callejero y las agresiones sexistas ("los piropos cochinos") y las violaciones ("pensar que un no es un sí").

El tono irónico y el hecho de mezclar y poner en un mismo nivel actos gravísimos del machismo como la violación (que, recuerdo, es un crimen) con otras completamente insignificantes y más bien cómicas, como "una camisa abierta como arma de seducción masiva" o  "tocar una guitarra que no existe", presenta esas quejas como todas irrelevantes, incluidas las que conciernen la violencia de género, y muestra las reivindicaciones feministas y las críticas al machismo como exageradas, y las mujeres como hincha pelotas.

Y claro, las mujeres, perdón, las "señoritas" (otra manera de desprestigiar los reclamos feministas) debemos ser comprensivas, pacientes, perdonarles, pobrecitos ellos que están en pleno proceso de maduración, mientras nosotras, claro, ya somos maduras "naturalmente", tenemos un "gen" de la maduración, y nos tenemos que bancar todo y perdonar todo, violaciones incluidas, porque ellos no lo tienen.

De nuevo, como en "Igualismo", de Quilmes, se confunde "ser varón" con "ser machista", "ser mujer" con "ser feminista" y se presenta al feminismo como una serie de reclamos más superficiales unos que otros (que los varones se laven las manos luego de mear, que no miren pornografía, que destapen las botellas correctamente... ah, y si puede ser, que no violen y no agredan sexualmente en la calle).

Lo increíble son los comentarios en You Tube, en que varones consideran que esta publicidad es genial, cuando los muestra como subnormales.

Aunque rescato un comentario, por el que tildaron a su autor de "nena de barrio":
"Me da asco y bronca que muestren a mi género como unos imbéciles. Esta propaganda es misándrica. No entiendo a los pelotudos que todo el tiempo andan acusando a las feministas de odiar a los hombres y cuando aparece una propaganda como esta que nos denigra no dicen nada".
PD: un refrán dice "no se queje si no se queja". Pueden enviar su reclamo por discriminación al Observatorio  de la Discriminación en Radio y Televisión aquí. 

Gracias a Luchiitaa16 por señalarme este comercial.

jueves, 1 de noviembre de 2012

¿Las mujeres trabajan menos que los varones?

Los masculinistas suelen alegar que la diferencia de salario entre varones y mujeres (un promedio de 17% en América Latina) es normal, dado que, al fin y al cabo, ellas trabajan menos horas que ellos, "elijen" estar a tiempo parcial, "elijen" trabajos menos peligrosos, y se quedan más tiempo que los varones en casa.

Estadísticamente, es cierto, aunque mucho se podría decir acerca de la supuesta "elección" del tiempo parcial y de los tipos de trabajo.

El tema es que los masculinistas nunca toman en cuenta algo: el trabajo en el hogar.

Ese trabajo, mal que les pese a los que tildan de "feminazi" a cuanta mujer que defienda sus derechos se les cruce, es imprescindible para el buen estado de salud de la sociedad.

Es imprescindible limpiar, cocinar, ordenar, planchar, y, sobre todo, cuidar a lxs hijxs, lo cual supone muchísimas horas de trabajo. Algunos estudios muestran que las mujeres se ocupan de sus hijxs durante 9 horas por día.

Ahora, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec) presentó el miércoles 31 de octubre el informe final del Censo 2010. Y, a diferencia de otras veces, hizo un análisis con perspectiva de género.

Se determinó la participación de las mujeres en el Producto Interno Bruto (PIB) tomando como guía el trabajo en el hogar.


¿El resultado del estudio?

Las mujeres participan en las tres cuartas partes de la producción en valor y en horas de trabajo.

Un trabajo no remunerado, no reconocido, sin ninguna perspectiva de crecimiento, sin vacaciones, sin pago de horas extras, sin aporte jubilatorio, sin valoración social, y completamente ignorado por aquellos que se jactan de que los varones "trabajen más" que las mujeres.

Si se toma el trabajo en el hogar, las mujeres trabajan muchísimo más que los varones. Pero ganan muchísimo menos. Porque ese tiempo, sacado del tiempo dedicado a una actividad laboral y remunerada, no tiene ningún salario.

Consecuencia: las mujeres, aunque trabajen (y, contrariamente a otro mito, siempre han trabajado), dependen de los varones, de las ayudas sociales (o sea, son las primeras afectadas cuando se cortan esas ayudas por implementar políticas de austeridad).

Y los masculinistas tienen el morro de quejarse de que las mujeres reciben más ayudas sociales que los varones y, por ende, salen favorecidas en esta sociedad...

No se trata aquí de reivindicar el trabajo doméstico como un trabajo en sí y de pedir un salario y aporte jubilatorio por ello (personalmente, no estoy a favor de este tipo de medidas), sino de hacer tomar consciencia de la importancia de ese trabajo, y de la absoluta necesidad de que los varones, en lugar de hacerse las víctimas, se den cuenta de sus privilegios, y empiecen a renunciar a ellos, es decir, empiecen a ceder espacio en el mundo laboral, a dedicar más tiempo a las tareas domésticas y el cuidado de lxs niñxs, a fin de permitir una distribución más equitativa de los roles y de que todxs tengan las mismas oportunidades, laborales y personales.

lunes, 29 de octubre de 2012

Las mamás, 9 horas diarias con sus hijos... ¿y los papás?

Según un estudio reciente que involucró a 6.000 mujeres, las mamás, aunque trabajen, se ocupan de sus hijxs durante 9 (nueve) horas diarias. 

¿Y los papás?

Los papás, bien, gracias. Rascándose los huevos, mirando un partido de fútbol, tomando mate con amigos, durmiendo... Taaaantas cosas interesantes se pueden hacer durante 9 horas diarias, fuera del horario laboral, aparte de ocuparse de lxs hijxs...

El 36% de las mujeres aseguró que le gustaría que su pareja estuviera "un poco o mucho más involucrado en la crianza de los hijos".

No me digas...

Personalmente, me parecía un poco delirante eso de las 9 horas. Pero me puse a hacer cálculos. Si descontamos 8 horas de trabajo, 1 hora de transporte, y al menos 6 horas de sueño, quedan... bueno, sí, quedan 9 horas en el día... Sabiendo que, muchas veces, las mamás se levantan a la noche cuando llora el bebé, y no duermen noches completas.

Pero aunque fuera la mitad, aunque fueran 4 horas diarias, ¿qué padre pasa tanto tiempo ocupándose realmente de sus hijxs, aparte de "jugando" con ellxs o "llevándolxs a la escuela", como dice la encuesta? ¿Qué padre se levanta sistemáticamente a la noche? ¿Qué padre falta al trabajo para cuidar al nene enfermo? ¿Qué padre sabe cuándo faltan medias limpias, se encarga de comprar ropa, de tomar la temperatura, de pensar en llevar crema protectora en verano?

No dudo de que esos padres existan, de hecho, conozco algunos. Pero estadísticamente, son una ínfima minoría, que no son representantes de la realidad.

En Francia, se calculó que en los últimos 25 años, las mujeres han bajado el tiempo que dedican a las tareas domésticas y al cuidado de lxs hijxs en media hora diaria.

Los varones, en cambio, han aumentado el tiempo que dedican a las tareas del hogar y a sus hijxs en... ¡10 minutos! ¡Diez minutos más por día! Y la diferencia entre varones y mujeres sigue siendo del simple al doble. Y luego se rasgan las vestiduras hablando de lo mucho que se ocupan de sus hijxs, porque alguna vez cambian un pañal...

Recuerdo un amigo que decía: "Cuando estoy en casa, no permito que nadie más que yo le cambie los pañales a mi hija".

Y todxs quedaban embobadxs ante ese padre taaaan dedicado. "Qué suerte que tiene tu esposa", decían.

Sí. Mucha suerte. Excepto que el secreto de la cosa estaba en el "cuando estoy en casa". El amigo en cuestión estaba en su casa desde las 6 de la mañana hasta las 4 de la tarde, más o menos, durmiendo entre las 6 y las 13... No cambió un minuto de su agenda laboral con el nacimiento de sus hijas, no bajó un solo cambio, y continuó su vida como si nada hubiera pasado.

Eso sí: ¡qué suerte que tiene su esposa!

Son los mismos que, luego de una separación, se quejan de ser despojados de su casa y de no tener custodia compartida. ¡Ahora quieren custodia compartida! ¿Para qué, además de para joder a su ex? Digo, ¿dónde estaban a la hora de compartir la crianza, estando en pareja?

Si son capaces de tener custodia compartida y ocuparse de sus hijxs una vez separados, ¿por qué mierda no lo hacían cuando estaban en pareja?

Ahora bien, soy consciente de que gran parte de esa indolencia a la hora de ocuparse de sus hijxs viene de la educación sexista que todas y todos recibimos, y que dice que las mujeres son más aptas que los varones en esas cosas del cuidado de lxs niñxs, y que los varones tienen la obligación de traer el dinero a casa, y, por ende, trabajar más (y no menos, como se podría esperar) cuando nacen lxs hijxs.

El resultado es que muchas mujeres se niegan a delegar a la hora del cuidado diario, y muchos varones creen sinceramente que no sirven para eso, y que la "naturaleza" dio a las mujeres un "plus" genético para entender a los bebés, interpretar sus llantos, cambiar pañales o despertarse a la noche.

Pero ya es hora de que tanto los varones como las mujeres abran los ojos sobre la realidad: nadie viene preparado genéticamente para cambiar un pañal o saber por qué llora un bebé.

Es cuestión de hacer un esfuerzo, y de querer hacerlo.

martes, 23 de octubre de 2012

Uruguay, el aborto y la democracia

Al fin una buena: José Mujica, presidente de Uruguay, acaba de promulgar la ley de despenalización del aborto, aprobada hace pocos días por el Senado.

No se trata de una ley perfecta: no legaliza, sino que despenaliza. Las mujeres tendrán que pasar delante de un "jurado" de tres médicos y explicar sus razones, como si abortar no fuera un derecho, como si las mujeres no pudieran ser completamente autónomas, como si hubiera que vigilar, de alguna manera, que las pobrecitas no se manden cagadas. Y luego, pasar por un período de reflexión, como si las mujeres fueran, naturalmente, seres irracionales incapaces de tomar una decisión acertada de una.

Pero es un avance enorme, un caso único en América del Sur (si exceptuamos Cuba y Guayana).

Dejo la palabra al ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, que ha escrito un texto impecable en el diario El País. Lo único que podría criticar, es cuando presenta al aborto como visto siempre como una tragedia por la mujer que aborta, cuando, al contrario, si está hecho en buenas condiciones, puede ser vivido como un alivio, sin traumas ni culpabilidades.

Mientras tanto, en Argentina, Mauricio Macri, jefe de gobierno de Buenos Aires, vetó la ley de abortos no punibles, que reglamentaba ya no el aborto en cualquier circunstancia, sino únicamente los que ya están permitidos por la ley 86 del Código Penal, ley que nunca es aplicada...

El aborto legal es una deuda de la democracia argentina. Porque las mujeres deberían tener derecho a decidir sobre su cuerpo. Deberían poder decidir si quieren hijxs, cuántxs y cuándo. Porque penalizar el aborto no impide su práctica, al contrario, es una práctica mucho más extendida en los países en que es ilegal que en los países en que es legal.

En Uruguay, al fin, el Estado ha comenzado a saldar esa deuda.

La maternidad como derecho
Un aborto es siempre una grieta, el difícil punto final a un embarazo no deseado. Toda mujer que lo procura llega presionada por una situación angustiosa, sea porque fue víctima de una violación, está prisionera de una precariedad económica que no le permite asumir la responsabilidad, sola frente a un padre alejado, o porque, en plena juventud, esta posible maternidad le cercena el desarrollo de su vida sin condiciones aun para asentar un hogar. Hay mil otras circunstancias en que una mujer puede verse enfrentada a la posibilidad de un hijo que no deseó y al que no le podría dar aquello que anhelaría. 

Es una situación dramática, que ninguna mujer asume con alegría. Lo que se debate en el parlamento no es si es bueno o malo abortar. Es si a esa mujer, y a quien la asista, la ley penal la debe castigar como un delito. Y eso lo vemos como profundamente injusto. 

Ante todo, injusto para la mujer. Ella es dueña de la libertad de procrear. La maternidad es un derecho, no una obligación a la que hay que resignarse si las circunstancias de la vida no le llevan, en ese momento, a desearla. Hay quienes -desde una actitud religiosa- la miran, a la inversa, como un deber ineludible. Disentimos con ese criterio por razones de conciencia. La maternidad es un acto del querer y de la voluntad. Es algo muy elevado para reducirlo a la casualidad o a un episodio irremediable de la naturaleza, que no se quiso ni se buscó. 

El hecho es que el aborto existe y es un fenómeno social de vastas proporciones en el mundo entero. Y en reconocimiento a esa circunstancia es que se ha liberalizado su práctica, asumiendo incluso el Estado -como en España, por ejemplo- la obligación de ponerlo a disposición de la mujer que lo requiera. Es un modo de asegurarle su libertad y de no imponerle una clandestinidad peligrosa, en que su vida se pone en riesgo por falta de garantías médicas. Hoy, donde aun está penalizado, resulta una práctica generalizada, a la que solo podrán recurrir con cierta confianza quienes puedan pagar una mejor atención y esto también es profundamente injusto. 

Naturalmente, somos conscientes de que hay una corriente doctrinaria que estima que el precario feto de menos de doce meses es titular del derecho a vivir. A nuestro juicio no es aún una persona autónoma, no posee condiciones naturales para sobrevivir fuera de su madre, dista mucho de ser considerado una individualidad titular de derechos y obligaciones. No puede hablarse de un "homicidio", como con exceso de lenguaje se hace desde ciertas corrientes filosóficas. Hay una indiscutible expresión de vida, como la hay en un óvulo fecundado in vitro y congelado y nadie pensaría que es un homicidio destruirlo. Es una potencialidad de vida, pero no la vida de una persona. Una semilla es una semilla, capaz de generar un árbol, pero no es el árbol. 

En un terreno ético, por otra parte, toda sociedad establece un mínimo que, para convivir, adopta con el carácter imperativo de la ley. El resto es el mundo de las diversidades y, por lo tanto, dominio de la libertad. Hay quienes creen que la unión entre dos personas del mismo sexo es inmoral y hay que prohibirla legalmente y hay quienes pensamos a la inversa. La pregunta es: ¿alguien tiene derecho a imponerle a otro su moral, cuando no media un mínimo consenso social? Que la ley obligue a un médico del Estado, de filosofía cristiana, a practicar un aborto es violentar su libertad de conciencia y está bien reconocer su excepción. Que la ley ordene castigar como delito el aborto a una mujer que llegó a esa situación por no sentirse habilitada para una maternidad responsable, ¿no es también una coacción que violenta su libertad de conciencia? A nadie se le impone un aborto. Pero, a la inversa, ¿por qué se condena a quien siente que su necesidad se lo impone? 

Por la convicción que expresamos pensamos también -y no lo callamos por un deber de lealtad- que la solución legal votada en la Cámara de Diputados no es buena. Someter a quien llega a esa situación, llena de temores, a todo un trámite que incluye un tribunal examinador de tres miembros y un período de reflexión, es reiterar la arcaica idea machista de que la mujer no posee criterio suficiente para manejar su vida. No se asegura, además, la imprescindible privacidad del acto y por eso nos tememos que este camino legal no alcance eficacia en el terreno práctico, manteniendo vigente la clandestinidad. En cualquier caso, esperemos que sea solo un primer paso para que la sociedad uruguaya supere la vieja hipocresía de asumir que no existe lo que sí existe y permita que la mujer avance un paso más en el camino de reconquistar derechos que por siglos se le negaron.