Hoy, 25 de noviembre, es el día internacional de lucha contra las violencias contra las mujeres.
Cada vez que un varón mata a su pareja o su ex pareja, saltan muchxs a pedir pena de muerte, se escandalizan, cómo puede ser, qué monstruo aquel, qué enfermo aquel otro.
El jefe de la policía bonaerense, Hugo Matzkin, explicó que el asesino dejó una carta en la que explica "por qué fueron asesinadas".
¿Por qué fueron asesinadas? La única razón de este asesinato es
la sociedad patriarcal. Es
la dominación masculina. Es
el machismo. Es
la violencia de género. No hay ninguna otra razón.
Decir que en la carta se explica "por qué fueron asesinadas" es una manera de insinuar que hay otras razones. Y que ellas hicieron algo para desencadenar semejante tragedia. Que las mató porque su ex se fue por otro, por ejemplo. Y que esa es una razón para explicar el drama.
No las mató porque se fue con otro. Las mató porque la sociedad le dijo que esta mujer le pertenecía y que tenía un derecho de vida o muerte sobre ella.
Ese tipo
no está loco. Decir que los varones violentos son locos es
una manera de disculparlos, pero sobre todo, de situarlos fuera de la sociedad "normal": "Miren, este tipo no forma parte de la comunidad de los seres humanos, esté tipo está fuera de sí, es un enfermo, un monstruo, no pertenece a la categoría "humano". Nosotrxs no somos así. Él no es como nosotrxs." Exactamente como en el caso de
Angeles Rawson, cuyo asesino no es ningún loquito que anda suelto por ahí, sino un
hijo sano del patriarcado.
Sin embargo, sí somos así. Sí somos como él. Y él sí es como nosotrxs.
La sociedad educa a los varones para que sean bien machitos. Nada de llorar, nada de parecerse a una mujer, nada de andar con sensiblerías. Los educa para que sepan pelear, sean dominantes, y consideren que su sexualidad es incontrolable y sin límites, para que crean que siempre deben tener ganas, y que las mujeres están para saciar ese deseo (y si no están, pues se las fuerza un poquito, total, dicen que no, pero siempre terminan gozando como perras).
Cuando un niño
le levanta la falda a una niña, se lo ve como algo enternecedor. Cuando un varón dice un "
piropo" a una mujer, se lo ve como un halago. De hecho, se le dice "piropo", y no lo que es, es decir, "acoso". Cuando un varón apoya su pene contra el cuerpo de una mujer en un bondi,
se lo veo como un tipo piola o apenas inmaduro.
A las mujeres, por el contrario, se las educa para ser pasivas, dóciles, y para que sueñen toda su vida con el príncipe azul. Se les incita a ser lindas, atractivas, a buscar siempre la aprobación de la mirada masculina, a responder a cánones de belleza esclavizantes.
A las rebeldes, se les dice que terminarán solas. A las que no siguen los cánones de belleza femeninos, se las trata de machonas. A las que ven los piropos como un acoso, de histéricas ("si no te dijeran nada, te sentirías fea").
A las que se quejan de que su novio las acosa para tener sexo aún cuando ellas no quieren, se les dice "deberías forzarte un poco, sino se va a ir con otra, mirá que ellos tienen otras necesidades que nosotras".
A las que se quejan de que sea violento, se les dice que "no es para tanto, pensá en los chicos" o "pero vos siempre le llevás la contra" o "es que gritás mucho, el tipo se sacó".
A una mujer que va a denunciar a su pareja a la policía, se le dice que es un asunto privado, que el tipo ya se va a tranquilizar, que no se puede hacer una denuncia por una amenaza nada más, que vuelva cuando tenga moretones. O bien, se toma la denuncia, pero se archiva la causa, o se le piden pruebas a la mujer que puede difícilmente aportar y se le ponen mil trabas que dificultan que la causa siga adelante, como explica este
informe del Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo bonaerense.
Muchas veces, se culpa a las mujeres golpeadas de quedarse con una pareja violenta o de no hacer nada para librarse de él. "Les gusta que les peguen", llegan a decir algunos, y algunas.
El asesino de San Martín tenía varias denuncias. Ella lo había dejado. Sin embargo, ni la policía ni la justicia hicieron absolutamente nada. Todos en su familia, en el barrio, sabían que era violento. Ninguna autoridad hizo nada. Y luego se extrañan de lo ocurrido.
Y cuando, finalmente, se toman medidas específicas contra la violencia de género, cuando se decide alejar al varón denunciado por violencias, cuando se le niega la custoria de lxs hijxs a un varón violento, ahí
saltan los masculinistas a 1) negar la realidad de la violencia de género, 2) quejarse de las medidas legales que se toman ANTES de que termine la investigación para proteger a la mujer por las dudas de que su denuncia sea auténtica.
Para esos masculinistas, en caso de denuncia, habría que hacer exactamente lo que se está haciendo ahora en la mayoría de los casos: nada. Dejar a la mujer en contacto con el varón denunciado, mientras la investigación sigue su curso, si es que abren una investigación. No tomar medidas de protección. Y luego, todxs saltan asombrados: "¿Cómo es posible que semejante tragedia ocurra?"
Como sociedad, somos responsables de que haya tanta violencia de género. El día de lucha contra la violencia de género debería ser un día para replantearnos a nosotrxs mismxs como sociedad.
Cada vez que se mire con una sonrisa a un varón "piropeador", acosador, agresor, se está dando permiso a todos los varones para acosar, agredir y hasta matar.
Cuando ocurren cosas como la que ocurrió en San Martín, no deberíamos extrañarnos. Deberiamos pensar: "Al fomentar una sociedad sexista, al fomentar los estereotipos de género, yo también soy responsable de esto que pasó".
"La maté porque era mía": sigue siendo la triste realidad de centenares de mujeres, con el beneplácito de toda la sociedad. Y esto no tiene nada que ver con la inseguridad de la que lxs anti-K tanto hablan. Y tampoco tiene que ver con la droga, el alcohol o pertenecer a tal o tal clase social, porque esto pasa en las mejores familias.
Tiene que ver con el machismo. Tiene que ver con nosotrxs mismxs.