Es muy común que, cuando me quejo de la norma impuesta a las mujeres sobre depilación (o sobre cualquier otra norma social sobre el cuerpo, la vestimenta, la apariencia), me contesten que ahora la cosa es más igualitaria, porque los varones también, cada vez más, son alentados a depilarse y a estar atentos a su apariencia.
En realidad, no es exactamente lo mismo. La norma, para los varones, no es la depilación y el cuidado extremo del cuerpo (maquillaje, ropa, flaqueza, etc.). Las sociedades occidentales siguen teniendo una actitud radicalmente distinta ante la "belleza" femenina y la "belleza" masculina.
En nuestra sociedad, los varones que se depilan, que pasan "demasiado" tiempo cuidando su apariencia, son considerados "sospechosos", "raritos", por no decir "putazos". No son los representantes de la masculinidad tal como se espera que sea (entendiéndose, por supuesto, que los gays no son "hombres de verdad").
De un hombre "de verdad", de un macho varonil, de los que serán reconocidos por sus pares como "varones", no se espera que se depilen el pecho, las piernas, las axilas. A lo sumo, algunos se depilarán el pubis, siguiendo el ejemplo de las películas porno, y con el argumento de que "es mejor para el sexo oral".
Pero no es una norma, como sí lo es para las mujeres, no es una exigencia, y dado que se trata de una parte "oculta" del cuerpo, no recibirán una reprobación social si no lo hacen, pues las únicas personas en enterarse son ellos mismos, y sus eventuales parejas.
Algunxs me dicen: "Bueno, pero un varón que se quiere pintar o depilar también será discriminado".
Sí, precisamente: la masculinidad hegemónica, es decir, lo que se espera de un varón para que entre en la categoría "varón", exige de ellos que sean lo más naturales posibles. Nada de modificar demasiado su apariencia, de sacarse lo que la naturaleza les dio como el pelo en pecho, axilas, piernas, nada de aparentar otra cosa que lo que son (pintura en el rostro o en las uñas).
La femeneidad hegemónica exige exactamente lo opuesto: que sean lo menos naturales posibles, y que pierdan mucho tiempo y dinero en depilación, cosméticos, pintura, cremas para adelgazar, ropa sexy, tacones altos, etc.
La historiadora Ilana Lowy explica, en "L'Emprise du genre" (la influencia del género), citando a la socióloga Kathy Davis, que
"el interés de las mujeres por la belleza (...) sigue siendo considerado como "normal" porque reafirma su identidad profunda. La mujer estereotipada es bella, y preocupada por su apariencia. Los varones que muestran un interés comparable de preocupación por su apariencia son considerados como "raros". Tal preocupación sólo es tolerada para un pequeño número de varones: celebridades del mundo del espectáculo y de los medios de comunicación, actores, bailarines, creadores de moda. Pero se considera que se contradice con la racionalidad dominante y la masculinidad hegemónica. Esta última no se asocia con una fuerte preocupación por la apariencia, sino con el ejercicio del poder en el mundo. El "varón enamorado de belleza", que se ubica del lado del divertimiento agradable, no es un símbolo de masculinidad. Pero el "varón racional" sigue dominando las altas esferas de las organizaciones económicas, políticas o militares y diseñando la vida intelectual."*
Así que no, no se puede poner en paralelo el hecho de que algunos varones, como actores, cantantes, personajes de la farándula, que viven de su apariencia, también se depilen, se pongan base en el rostro o se apliquen botox, y la presión que existe sobre todas las mujeres, en cada instante de su vida, para que se transformen radicalmente (lo cual me hace pensar que, en el fondo, se considera que las mujeres son feas naturalmente), a fin de ser deseables por los varones, algo que se les impone como la meta última de su vida.
*Ilana Löwy, L'emprise du genre. Masculinité, féminité, inégalité, ed. La Dispute, Paris, 2006 (lamentablemente, creo que no traducido al castellano por ahora).











