martes, 9 de junio de 2009

Pudor masculino...

En el pasado, varios novios míos se negaron a ir a ver a un médico especializado para que les revisara su pitulín, en momentos en que teníamos problemas de tipo enfermedad de transmisión sexual, porque les daba "vergüenza".

Tuve que negarme a tener sexo durante dos meses con uno de ellos para convencerlo de que fuera a revisarse. "¿¿Pero me va a tocar el pito??", me decía entre escandalizado y atemorizado. Y durante semanas prefirió no tener sexo (lo que me costó esto, santos cielos...) antes que un médico le viera la pija.

Todas las veces que sucedió algo similar, me enfurecí.

Claro. Los pobres hombres no pueden ir UNA VEZ a ver a un médico para revisarse su sagrado, maravilloso e intocable pene (¿a qué tienen miedo? ¿a tener una erección?), pero consideran perfectamente normal que nosotras nos abramos de piernas dos veces por año para que nos metan espéculos, dedos, palitos para el pap y la colposcopía, y ni les cuento en caso de parto: tactos vaginales sistemáticos y por lo general inútiles, estar abiertas de piernas delante de todo el mundo, que obstetras, anestesistas, parteras, estén dando vueltas por ahí mientras estamos con la vagina y el culo al aire, que te metan una mano entera hasta el fondo de la vagina para ir a buscar la placenta después del parto si tarda en bajar...

Pero claro, esto es natural, normal, cómo te va a molestar eso, nena, en esta situación no sos mujer, no tenés pudor, sos una futura MADRE, qué te importa que te metan cosas, te rasuren el pubis, te cagues toda delante de todos porque estás pujando, cómo te vas a quejar de eso y hablar de intimidad, de vergüenza, de pudor, si lo único que importa es que salga un bebé sano, y vos... y bueno, vos bancátela que por eso sos mujer...

La mayoría de los hombres no soportarían un décimo de lo que tenemos que vivir las mujeres con el cuerpo médico. Y cuando les toca, UNA VEZ EN SU VIDA, ir a revisarse la pija, pegan alaridos de vírgenes ofendidas...

A veces, lo admito, me dan ganas de hacerme socia vitalicia del club de admiradoras de Lorena Bobbitt...

Menos mal, mi compañero actual no es así. Pero me parece que en eso me saqué la lotería y es uno en un millón.
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domingo, 7 de junio de 2009

En Europa no suceden esas cosas...

O eso dicen... Pero el machismo es un flagelo aquí, en Europa y en la China.

Hoy es el Día de la Madre en Francia y la cadena de supermercados Leader Price no tuvo mejor idea que sugerir regalarle... una aspiradora. Ah, y por la compra de una aspiradora, ¡una plancha de regalo!

Si le regalara un electrodoméstico a mi mamá, creo que me desheredaría...

En fin, mal de muchos, consuelo de tontos, ¿no?

viernes, 5 de junio de 2009

La gripe porcina y las mamás... y los papás tranquis, como siempre...

Hace unos días, una amiga mía se quejaba de que su colegio está cerrado durante 14 días a causa de un caso de contagio de gripe porcina. Como trabaja, encontrar dónde dejar a su hijo le resultaba una misión prácticamente imposible durante tanto tiempo. Me contaba a qué punto se le complicaba.

Después de un momento, le pregunté si su marido había muerto o algo, porque nunca me lo mencionaba cómo parte de la ecuación, ni del problema, ni de la solución: encontrar una manera de resolver la situación era trabajo de ella, y únicamente ella. ¿El padre? Mi amiga reconoció: "En mi caso en particular y en la mayoría de mis amigas, nuestros respectivos maridos se sacan el "chip" de padre de familia una vez que se van a trabajar, y se desentienden de casi todo".

Nuevamente, qué cómodo que la tienen la mayoría de los hombres... Lo peor es que probablemente aseguren que se ocupan tanto de sus hijos como la madre ("yo cambié pañales tanto como ella", dicen convencidos de su buena fe), que son muy presentes, que son padres modernos que se hacen cargo, etc...

Y probablemente también digan que si las mujeres no alcanzan los puestos de trabajo más altos de la jerarquía es porque no tienen tanto talento. Los más honestos dirán que es porque "eligen" priorizar su vida de familia. Lo de "elegir" en este caso me parece un tanto exagerado. ¿Se puede elegir otra opción cuando son las únicas en hacerse cargo del niño en caso de que tenga que cerrar el colegio, por mencionar solamente este caso?

Las que faltan al trabajo porque el crío está enfermo, las que están en todo, todo el tiempo, son ellas, por lo general. Y después estos padres tienen la desfachatez de decir que se ocupan de sus hijos tanto como la madre, porque juegan a la pelota con ellos o los llevan a la cancha (si son varones, claro...).

Lo peor de todo es que mi amiga sentía que no era muy normal la cosa, pero no pensaba hacer nada al respecto... Para mí sería motivo de divorcio inmediato, y pedido de guardia compartida para que sepa lo que es tener que ocuparse de un niño de verdad...

Tengo la sensación de repetirme últimamente, y de terminar todas mis entradas de la misma manera, pero realmente hay días en que me gustaría ser hombre...
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miércoles, 3 de junio de 2009

Violencia en la política

Con el 25% de las mujeres argentinas víctima de violencia y el 50% que pasará por alguna situación violenta en algún momento de su vida (según el BID), ¿esta campaña de Convergencia Socialista es realmente acertada?


lunes, 1 de junio de 2009

Divorcio cómodo

Según una nota del diario Clarín, el 22% de los matrimonios que se celebraron en el primer trimestre de 2009 en la Ciudad de Buenos Aires son de gente que ya era divorciada una primera vez y reincidieron en el intento. Y el diario precisa:
"Susana Torrado remarca en el libro Historia de la Familia en la Argentina Moderna que "la propensión a reincidir en el matrimonio es mucho más intensa entre los hombres que entre las mujeres, casi el doble en Capital Federal".

Lo dice por varias razones. Una: los hijos de una pareja suelen vivir con la madre. Por eso, la mujer le cuesta más reiniciar su vida y establecer una pareja porque prioriza el cuidado de sus hijos y porque no se atreve convivir con alguien si los chicos están en la casa."
Y sí... los hombres que no se hacen cargo día a día de sus hijos están en una situación muchísimo más cómoda. Por eso mismo si tengo hijos y me termino separando, reclamaré la guardia compartida de los niños, es decir, una semana conmigo, una semana con el padre. Jamás aceptaré ser la única en sacrificar mi vida por mis hijos, mientras el padre puede rehacer su vida en la comodidad de la soltería.

viernes, 29 de mayo de 2009

Madre a los 66 años... ¿y los padres?

Nuevamente el mismo debate: una mujer dio a luz a un bebé a los 66 años de edad, luego de una inseminación artificial.

Y todas y todos siguen con la misma canción: es un horror, esta mujer es una egoísta, qué pasará cuando el niño tenga 10, 15, 20 años (entre paréntesis, un niño de 20 años ya no es un niño...), esta mujer es un monstruo, etc. etc.

Bien. Yo no sé si esta mujer es un monstruo. Lo que sí sé es que nunca, NUNCA escuché tantas expresiones de odio hacia los hombres que tienen hijos a la misma edad.

¿Alguien se indignó, la semana pasada, cuando se supo que Julio Iglesias iba a ser padre por novena vez, a los 65 años? ¿Alguien se indignó cuando su padre, Julio Iglesias Puga, tuvo un hijo a los... 87 años? Murió tres años después, a los 90 años, cuando su mujer estaba nuevamente embarazada... Un huérfano antes de nacer... ¿Alguien dijo que ese señor era un egoísta, un monstruo? No.

Algunos me dicen que es distinto, porque los hombres pueden tenerlos biológicamente sin recurrir a la ciencia. Ajá. ¿Y? ¿Estamos hablando de lo posible/imposible o de lo ético/no ético?

Si lo que se reprocha a esta mujer es recurrir a la ciencia para tener un hijo que la naturaleza no le podría haber dado, entonces ¿por qué no condenamos con el mismo afán las personas que tienen 25 o 30 años y recurren a la inseminación artificial porque son estériles.

No, que la cosa sea clara: lo que se reprocha a esta mujer es que haya tenido un hijo a los 66 años, sea como sea.

Entonces, de nuevo, ¿por qué no se le reprocha lo mismo a los hombres que tienen hijos a la misma edad? Porque además, está demostrado que la calidad de los espermatozoides baja a medida que envejece un hombre, y un hombre viejo es más susceptible de tener hijos con problemas de salud que un hombre joven.

O sea, no solamente un hombre de 66 años afrontaría las mismas dificultades relacionadas con su edad avanzada que una mujer de 66 años, sino que además transmitiría genes debilitados, lo cual no ocurre con la mujer porque el óvulo no es de ella sino de alguna otra mujer más joven.

Pero no. La única a la que se le va a reprochar algo, con un odio visceral, es a la mujer de 66 años.

Esta entrada no es muy distinta a otra de hace unos meses, pero es que me sigue indignando la diferencia de tratamiento entre hombres y mujeres en la misma situación...
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miércoles, 20 de mayo de 2009

Amas de casa desesperadas

Hoy por un problema hogareño, consulté la póliza de mi seguro de hogar, la del banco HSBC. Y oh sorpresa, leo esto:
Empleada de hogar (*) En caso de hospitalización del ama de casa, bajo prescripción médica y como consecuencia de un siniestro de incendio, rayo o explosión ocurrido en la vivienda asegurada, siempre que el período de hospitalización previsto sea mayor a 7 días, la Compañía asumirá los gastos de una empleada de hogar, designada por el asegurado por un máximo de 7 días, limitado a un costo total de $30 por día

O sea, para HSBC, las tareas domésticas las hacen las mujeres y únicamente las mujeres (sean estas "amas de casa" o "empleadas").

Es decir que si una "ama de casa" tiene que ser hospitalizada después de un incendio, su marido o compañero tendrá derecho a una ayuda doméstica (pobrecito, no, no lo vamos a dejar tocar una escoba, sería una humillación demasiado grande). Pero si el hospitalizado es él, la mujer de la casa tendrá que arreglarse solita con todo. Qué cómodo. No hay caso, quiero ser hombre...

Aunque, pregunto: si un hombre vive solo con sus hijos y tiene que ser hospitalizado después de un incendio, ¿quién se hace cargo de la casa? Visiblemente, HSBC considera que... nadie. Que se joda por no tener una mucama... digo... una esposa.

¿Y si se trata de un hogar de dos hombres homosexuales? Bueno, supongo que ya estoy pidiendo demasiado...

¿Se han enterado en HSBC que hoy en día los hombres también planchan, cocinan, pasan la aspiradora y cambian pañales? Visiblemente, no.
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sábado, 16 de mayo de 2009

Por qué me consideran hincha pelotas

El viernes, una persona me dejó un comentario a mi entrada ¿Soy hincha pelotas? que me pareció brillante, acerca de por qué las (y los, algunos varones hay) feministas somos consideradas hincha pelotas o, en todo caso, exageradas y extremistas, en nuestra lucha por la igualdad.

Un comentario tan brillante que me dio ganas de copiarlo en una nueva entrada, sin modificar una palabra.

Ojalá, leyéndolo, algunas personas de mi entorno dejen de decirme que exagero...

Entonces, soy considerada hincha pelotas porque...

"Porque el machismo, actualmente, no es visto como algo contrario al desarrollo libre de los seres humanos, sino como algo políticamente incorrecto.

El discurso de la igualdad entre los sexos es "tolerado", pero la militancia por la igualdad efectiva de los sexos es considerada una exageración, algo extremista e -inclusive- intolerante.

La lucha por abolir una situación de desigualdad es considerada como algo intolerante por la mentalidad del demócrata medio.

Entonces, si alguien te llama hinchapelotas o extremista por tener una actitud militante sobre una situación injusta, ya tenés la pauta de que esa es una persona conformista por más que en su discurso tenga una cierta crítica social."


R. Fuego


De hecho, nunca entendí eso de que me tachen de extremista: ¿cómo se puede ser feminista a medias? ¿Cómo se puede exigir "un poco" de igualdad? Se pide la igualdad a secas, o no se la pide, pero no hay un término medio, en que agarro algunas cosas que me sirven y descarto las otras. El feminismo sólo puede ser extremo. Extremo en el sentido de pedir los mismos deberes, ni uno más, y los mismos derechos, ni uno menos. Si esto es ser extremista, entonces sí, lo soy.

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jueves, 14 de mayo de 2009

El derecho al aborto, condición sine qua non para la igualdad de condiciones

Una noticia maravillosa llegó de España: el Consejo de Ministros está a punto de aprobar un cambio histórico en la regulación del aborto. De ahora en adelante, las mujeres no tendrán que pedir permiso a nadie para abortar en las 14 primeras semanas del embarazo.

La interrupción voluntaria del embarazo pasa a ser un derecho jurídicamente exigible, y ya no un delito despenalizado bajo algunas condiciones: éste es un cambio drástico, fundamental, y del que espero podamos gozar en Argentina muy pronto.

¿Por qué digo que el derecho al aborto es una condición para la igualdad de condiciones con los varones?

Porque, más allá del debate acerca de si un embrión es o no es una persona (y que, francamente, no me interesa, lo dejo en manos de la Santa Iglesia católica, apostólica y romana, que no tiene nada mejor que hacer, aparte de disculpar a sus curas pedófilos), una mujer nunca podrá estar en igualdad de condiciones con los varones si no puede decidir cómo, cuándo y si tener hijos.

¿Por qué?

Porque tener hijos no es anecdótico en la vida profesional de una mujer, por sólo mencionar ese aspecto de la vida de alguien. Están los nueve meses de embarazo, eventualmente el amamantamiento, y el hecho de que en general, quien se hace cargo de la crianza del bebé es la mujer, con poca participación del padre.

¿Cómo una mujer puede pretender tener la misma carrera que un hombre, si depende de contingencias físicas como un embarazo y una maternidad no deseados?

Pero más allá de lo que algunos podrían considerar un "detalle", como es la carrera profesional de una mujer (aunque cuando se trata de hombres pasa a ser lo más importante en la vida, por supuesto), hay un derecho absolutamente inalienable, y es el derecho a controlar nuestro propio cuerpo, que es lo único que es nuestro y únicamente nuestro.

No se puede imponer una operación quirúrgica a nadie. Ni siquiera se puede imponer un tratamiento de salud a nadie: si la persona no quiere ser tratada, tiene derecho a negarse, porque se trata de su cuerpo, de su salud, de su vida. No se puede imponer una mutilación física a nadie. Y cada persona es absolutamente libre de hacer lo que se le antoje con su cuerpo: tatuajes, automutilaciones, operaciones de cirugía estética, donación de órganos... Nada de eso es ilegal. Es más, es ilegal la compra de órganos, pero la persona que decide vender sus órganos no es susceptible de ir a la cárcel.

Igualmente, nadie puede obligar a nadie a sacrificar su vida o su salud para salvar la de otra persona.

En el caso de un embarazo no deseado, pasa lo mismo. Aunque no les guste a muchos, un embarazo ocurre dentro del cuerpo de una mujer. Cuerpo sobre el que esta mujer tiene control absoluto.

Ninguna mujer debería poder ser obligada a someterse a un embarazo y un parto. Ninguna mujer debería ser obligada a elegir la existencia de un simple proyecto de vida, ni siquiera reconocido como persona ante la ley, antes que su vida propia, o antes que su salud física, mental, emocional.

El día que los embriones y los fetos crezcan fuera del útero, la situación será distinta. Pero por ahora, somos las mujeres y únicamente las mujeres las que podemos tomar este tipo de decisiones. Les guste o no a los "pro-vida".

Por eso, no habrá igualdad absoluta de condiciones entre hombres y mujeres hasta que las mujeres no tengan el control absoluto sobre su propio cuerpo, como lo tienen los hombres.

Y por eso, y por muchas otras cosas, pero sobre todo por eso, es que digo que en Argentina NO HAY igualdad de condiciones entre hombres y mujeres.
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domingo, 10 de mayo de 2009

¿Soy hincha pelotas?

Hoy me pasó algo singular.

Estaba leyendo una nota sobre un juez árabe que justificó la violencia conyugal. Empecé a putear y quejarme de que no se impusiera un embargo contra países que discriminan tan alevosamente a las mujeres, tal como sí se hizo contra Sudáfrica en la época del apartheid.

Pocos minutos después, leí una nota sobre el papa Benedicto XVI que, en una misa en Jordania, alabó la supuesta abnegación, el supuesto espíritu de sacrificio de las mujeres, y el supuesto hecho de que actúan siempre con amor y compasión.

Y también puteé, porque me pareció un discurso esencialista, que pone a las mujeres en un pedestal del que es difícil bajarse, so pena de convertirse en un monstruo insensible, y porque, aunque soy mujer, no me reconozco en eso de la abnegación y el espíritu de sacrificio.

Y claro, la gente que me rodeaba empezó a decir que no había pija que me viniera bien (no lo dijeron así, pero eso pensaron), que me tenía que poner contenta por los discursos del Papa que, al menos, no fomenta la violencia contra las mujeres, como sí lo hizo el juez árabe.

Y me enfurecí. La verdad, me enfurecí.

¿Por qué las mujeres tenemos que conformarnos con que no nos quieran fajar? ¿Por qué, cuando queremos ser más sutiles, nos tachan de hincha pelotas? ¿Por qué tenemos que aceptar que den una imagen estereotipada de las mujeres, aunque esa imagen sea positiva, con la excusa de que la otra opción es justificar la violencia? ¿Por qué, cuando exigimos otras opciones, nos tachan de histéricas que no sabemos lo que queremos?

Yo sé muy bien lo que quiero. Quiero acabar con la única alternativa de o puta, o madre/santa.

Quiero que me vean como un ser humano complejo y lleno de sutilezas y contradicciones, como un individuo, como cualquier otro ser humano complejo y lleno de sutilezas y de contradicciones, y no como una persona definida por preconceptos sexistas, sean esos negativos o positivos.

No me gusta ni un extremo ni otro. No quiero ni que demonicen a las mujeres, ni que las "angelicen". Ni que las vean como seres inferiores a los que conviene fajar de vez en cuando, como ese juez árabe, ni como seres angelicales, llenos de amor, maternales y abnegados, como el Papa.

¿Es eso realmente una exageración, un abuso, de mi parte? ¿Nos merecemos que nos tilden de hincha pelotas cada vez que queremos defender algo que todavía está lejos de ser adquirido, esto es, que nos vean como individuos y no como seres estereotipados?

¿Por qué, cuando elegimos "lo mejor" y no "lo menos peor", nos critican?

¿Tenemos que conformarnos con un estereotipo simplemente porque el otro estereotipo que nos ofrecen es peor?
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miércoles, 22 de abril de 2009

Hacete hombre siendo un abusador

Lo vi en el blog El periodista en su laberinto. Hacía tiempo que un comercial no me escandalizaba tanto.

La obra de arte, para vender un automóvil, es de la agencia Publicis Graffiti.

La idea es la siguiente: un padre compra un auto a su hijo para que se haga "hombre". Y el comercial muestra todas las otras situaciones en que un varón se "hace hombre": encontrar el primer vello, masturbarse, ir al prostíbulo alentado por su padre, jugar al pool, vomitar en la cancha de fútbol, llorar mirando una película, someterse a un examen proctológico, y finalmente comprarse un Renault Symbol.

El comercial termina por: "Hacete hombre. Comprate un auto de hombre"

O sea, primero, visiblemente en Renault piensan que las mujeres no se compran autos. Ya sé qué marca NO me compraré el día improbable en que quiera comprarme uno.

Luego, se alaba el hecho de convertirse en cliente de prostitución (es decir que se fomenta el hecho de abusar sexualmente de mujeres que no tienen otro medio de sustento que ése, y por favor no me vengan con los eternos mitos acerca de la prostitución).

Por supuesto, se hace el paralelo con el "hacerse mujer", y adivinen cómo se hace mujer una mujer... Sííí, acertaron: ¡¡pariendo!! O sea, el destino de toda mujer, para convertirse en una mujer de verdad, pasa por la maternidad. Y punto final.

Tanto sexismo me escandaliza. Y no sé qué es lo que más me desespera más: que millones de personas miren esta lamentable publicidad. O pensar que el 99% de la gente ni siquiera se percatará de lo sexista que es...

Si quieren decir todo lo que opinan de este comercial a sus "creativos" que tienen tanta imaginación, puede escribir aquí: info@publicisgraffiti.com.ar

domingo, 5 de abril de 2009

Los hombres no cambian pañales

En el aeropuerto de Ezeiza, como en tantos otros lugares, los padres nunca están solos con sus bebés y por ende, nunca tienen que cambiarles los pañales. Mejor, porque no tendrían dónde...

lunes, 23 de marzo de 2009

Y dale con la madre...

El diario La Nación publica hoy una nota sobre mitos y creencias acerca de los gemelos.

Uno de esos mitos es que desarrollan un lenguaje propio. Resulta que ese mito es verdadero, y el diario pasa a explicar que los gemelos suelen crear un idioma bastante elaborado, y que esto puede afectar el habla. Y se detalla, citando a Laura Pérgola, presidenta de la Fundación Multifamilias:
"En muchos casos la aparición de un idioma propio significa falta de estímulo directo y personal entre la madre y cada uno de los gemelos".
Ajá... No quiero ser reiterativa, pero... ¿y el padre? ¿El padre nunca tiene la culpa de nada? Qué cómodo, la verdad...

Lo he decidido: el día que tenga hijos, quiero ser su padre, no su madre. Así si algo sale mal, no tendré nunca la culpa de nada.
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sábado, 21 de marzo de 2009

Manual europeo de lenguaje no sexista

Es una excelente noticia: el Parlamento europeo publicó un manual de estilo y uso de la lengua para que no sea sexista. Se propone erradicar al masculino -falsamente- neutro y utilizar términos que no impliquen un género. Por ejemplo, en lugar de "los argentinos", se propone "el pueblo argentino".

No puedo más que alegrarme por esta noticia.

Pero algunos periodistas de Clarín, para variar, se ganan el premio al sexismo al informar de esta noticia. A la persona que escribió la nota desde Bruselas, visiblemente el manual le parece una perfecta boludez. La nota, escrita en tono de burla, está llena de ironía, del tipo:

"La lucha contra la discriminación puede provocar sorpresas"
o
"Otros ejemplos parecen, a primera vista, contrarios a las normas básicas del buen uso del lenguaje. En lugar del sencillo, comprensible y corto "los médicos", el manual aconseja usar "personas que ejercen la medicina"."
o
"Los consejos llegan hasta el punto de pedir que "fireman" (bombero, en inglés) se cambie por "firefigther" (el que lucha contra el fuego)."

Y termina por el magnífico: "Claro que en los países que van un paso atrás de los europeos se podría objetar que hay otras cuestiones más urgentes que resolver: violencia machista, trata de blancas, desigualdad salarial, entre otras."

Nuevamente, ¿en qué un manual de idioma no sexista impide que se luche también contra la violencia machista, la trata de "blancas" (mejor dicho de mujeres) y la desigualidad salarial? ¿Por qué una cosa impediría la otra? Y como si, aparte, esos problemas no existieran en los países europeos...

Por suerte, para contrarrestar el tono burlón de la nota, se publicó una columna de opinión de un psicoanalista, Norberto India, que resume la situación real:
La noticia puede parecer divertida, pero tiene una importancia considerable. A veces nos olvidamos que la lengua no sólo describe realidades, sino que produce realidades. Esto es que cada vez que nombramos estamos conformando lo que nombramos. El lenguaje tiene un valor performativo, constitutivo, hacemos cosas con las palabras. Y el peligro, claro, es la naturalización, el hecho de que hay un continuo entre las palabras y las cosas. Nada más lejano: las palabras son tan arbitrarias como determinantes. Los discursos brindan modelos y soluciones, creencias y valores, que colocan dicotómicamente a varones y mujeres. Cuando nos dirigimos a una mujer, usamos cortésmente los términos "señora" o "señorita". Para el varón sólo contamos con el vocablo "señor", por fuera de su estado civil. Abonamos en automático la creencia de que la subjetividad del varón es autónoma, mientras que a la mujer le viene por su relación con el varón. El lenguaje es androcéntrico y produce el paradigma "ordenador" del hombre como eje y la mujer como satélite. Pero el sexismo lingüístico también ha simplificado y perjudicado a los varones: quedar del lado de la norma y de lo general, obstaculiza enormemente la propia indagación. Cuando nos dijeron "los hombres no lloran" también -como con las mujeres- amputaron trayectorias y devenires más complejos. Bienvenida esta alerta sobre la lengua que nos produce.
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viernes, 20 de marzo de 2009

Hijos de su madre

Por primera vez en Argentina (o que yo sepa, en todo caso), una mujer está llevando ante la justicia el sexismo de imponer como primer apellido el paterno. Resulta que sus tres hijos son de tres padres distintos, y los tres, claro, llevan un apellido distinto.

"Los progenitores de mis hijos tampoco han podido y en algunos casos no han querido asumir la responsabilidad que implica la paternidad", cuenta esta mujer en una nota del diario Clarín. O sea, lo único que han hecho esos hombres es coger una vez y listo. La que se ha encargado de la crianza, de los pañales, de no dormir por la noche, de las enfermedades, de los mocos, de las preocupaciones, de los biberones, de las comidas, de los eructos, de la ropa, de la limpieza, de la escuela, de TODO, ha sido ella. Y sin embargo, de por ley llevan el apellido de un hombre que nunca se encargó de nada ni asumió responsabilidad alguna.

"La balanza de la justicia se inclina a favor del padre al tutelarlo como el único relevante en la imposición del apellido de los hijos. Frente a esta situación de abuso del derecho vuelvo a preguntarme: 'la madre no tiene ningún derecho, debiendo estar a la decisión del padre?'", dice el escrito.

Me preguntaba qué había sido del proyecto del Ejecutivo de modificar la ley. Veo que quedó en la nada. De todos modos, también era sexista, ya que si bien imponía los dos apellidos, el del padre seguía yendo adelante.

¿Qué tan complicado es entender que es una ley sexista por donde se la mire? ¿Con qué razón irrefutable se impone el apellido paterno por sobre el materno de manera sistemática? ¿La unidad de la familia? ¿De qué unidad me están hablando con la mitad de las familias separadas, divorciadas, recompuestas?

La ley no debería imponer ningún apellido por sobre el otro. Tendría que ser de común acuerdo de los padres y, de no llegar a ningún acuerdo, debería haber un sistema justo y no arbitrario, como el alfabético.

Pero parece que algo tan sencillo como esto resulta ser un sueño utópico e inalcanzable. A veces, me siento muy cansada...
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miércoles, 11 de marzo de 2009

Segregación

Tristísimo.

En Medellín, Colombia, van a poner en funcionamiento "taxis rosas" para que los usen solamente las mujeres. El objetivo: reducir los robos y violaciones que sufren algunas mujeres en los taxis ilegales que circulan por la ciudad, informa el diario Clarín.

No es la primera experiencia de este tipo en el mundo. En Londres ya existe un sistema de taxis "Pink Ladies". En México, en Japón, en Brasil, existen autobuses o vagones exclusivos para mujeres, por los mismos motivos.

Me aterra que el nivel de agresión sea tal que se piense en medidas de segregación para proteger a las mujeres.

Pero ahora, yo pregunto: ¿qué pasará si una mujer sigue tomando un taxi de los "mixtos" y la violan? ¿Se pensará que se lo buscó? ¿Habrá tantos taxis rosas como mixtos?

Y sobre todo, ¿hasta qué punto de segregación deberemos ir para "proteger" a las mujeres? ¿Por qué, ya que estamos, no imponer un toque de queda para las féminas?

¿No sería más barato y efectivo luchar contra los taxis ilegales y tener una política de lucha contra las violencias sexuales? En lugar de focalizarse en la separación, de buscar soluciones extremas, ¿no se debería pensar en educar, enseñar el respeto mutuo, la no-violencia?

Por lo general, cualquier medida que implique una discriminación, una segregación, un ataque a lo mixto, me parece deplorable. Pero también soy consciente de que no doy ninguna solución alternativa concreta. Y que si estuviera en la situación de las mujeres que han sido agredidas en los taxis de Medellín, probablemente tendría otro discurso. No lo sé. Sólo hablo desde la teoría. Y desde la teoría, separar a los hombres y las mujeres para evitar las agresiones no me parece una solución viable a largo plazo. Apenas una medida de emergencia.
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miércoles, 25 de febrero de 2009

Sáquennos las manos de encima, de Eva Giberti

Estoy harta de que me envíen, al menos una vez al año, una cadena por mail que da supuestos consejos a las mujeres para evitar ser violadas. Hacía rato que quería escribir algo acerca de estas pésimas recomendaciones del tipo no llevar cabello largo, no llevar prendas sueltas y no salir solas de noche... Sólo faltaría que nos aconsejen ponernos una burka afgana para terminar de limitar nuestras libertades.

Entonces, iba a escribir algo para criticar este texto, del que desconozco la autoría, cuando me encontré con que Eva Giberti , coordinadora del Programa Las Víctimas contra las Violencias, que depende del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, ya lo hizo hoy en Página/12. Me permito copiarlo aquí:

Sáquennos las manos de encima

Hace años nos mandaban por carta “cadenas” encomendándonos a santos y a figuras sagradas con una advertencia: “Envíe esta cadena a diez amigos y no la corte porque Fulana que la interrumpió tuvo un grave accidente el mismo día que tiró la carta”. Ahora aparecen mediante los correos electrónicos. Por ejemplo, contamos con una que incorpora el logotipo de la Policía Federal Argentina destinada a “prevenir la violación de mujeres” y que finaliza con un pedido: “Envíe este material a las mujeres que conozca y también a los hombres, que a su vez pueden reenviarlo a sus amigas, esposas, hijas, novias, en fin... Son cosas simples, pero pueden evitar traumas y hasta salvar una vida”.

Este admonitorio final está precedido por una pretendida estadística: se habría entrevistado a 750 violadores para descubrir cómo eligen una víctima potencial. Así nos enteramos de que los violadores antes de elegir a su víctima analizan su peinado: “Es más probable que ellos ataquen una mujer con un peinado tipo cola de caballo, trenzado o cualquier otro peinado que sea posible tironear más fácilmente. También que ataquen mujeres con cabellos largos. Las mujeres con cabellos cortos no son blancos comunes”. Afirmación que torna recomendable el corte de cabello casi al ras del cuero cabelludo.

Los violadores también observan si la mujer lleva ropa “fácil de arrancar rápidamente”, lo cual garantiza el éxito de los jeans apretados (contra todo consejo ginecológico que advierte en contra). Los horarios del día que preferirían los violadores: “Entre las 5 y las 8.30, y después de las 22.30”. Es decir, que durante el resto del día no existirían riesgos ciertos.

Un capítulo aparte está destinado a los paraguas: “No atacan mujeres que cargan paraguas u objetos que puedan ser usados como arma a una cierta distancia”; las más expuestas son las que empuñan celular y están distraídas.

El documento que circula por Internet, y que algunas organizaciones difunden, tiende a crear la ilusión de claves para “no ser violadas”, para “quedarse tranquilas” siempre y cuando se corten el cabello, enarbolen un paraguas cuando andan por la calle, utilicen ropa “difícil” de arrancar (y obviamente que no sea provocativa), salgan de sus casas después de las 9 y regresen antes de las 22.30 y jamás utilicen sus celulares fuera del hogar (recordemos que las estadísticas evidencian que el 60 por ciento de las violaciones está a cargo de conocidos y familiares). Y siempre deben obedecer sus instintos (los de ella): “Esté siempre atenta a lo que pasa detrás suyo. Si percibe algún comportamiento extraño, siga sus instintos. Es preferible quedar medio desubicada en el momento, pero tenga la certeza de que quedaría mucho peor si el sujeto realmente atacase”. No se le vaya a ocurrir que, de acuerdo con las actuales propuestas de Naciones Unidas, las mujeres debemos exigir ciudades seguras. En cambio se trata de cuidar personalmente la propia retaguardia y revolear un carterazo hacia atrás, por las dudas. Interesa la valoración de nuestros instintos que nos conducirán a llevar el cabello como más nos guste, vestirnos como queremos, pasear por las calles de nuestras ciudades a cualquier hora y hablar –celular mediante– cuando transitamos avenidas y empedrados. O sea, hacer lo que mejor nos parezca.

Como tengo a mi cargo un Programa –que depende del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos– que se ocupa de la atención inmediata de mujeres víctimas de violación, harta de leer estas recomendaciones que enmascaran descalificaciones y agresiones contra el género, decidí preguntarle al jefe de la Policía Federal si este decálogo provenía de esa institución. La desmentida, por escrito, fue rotunda. Esa página que ostenta el sello oficial de la institución no fue creada oficialmente por ella. Esa aclaración ya figuraba en Internet.

¿Por qué logra semejante éxito de distribución un texto que es denigratorio de la inteligencia de las mujeres? ¿Existirá una estadística realizada a 750 violadores seriales o principiantes con preguntas del tipo: “Usted, ¿cómo elige a su víctima?”. O bien, aplicando la técnica de la pregunta indirecta, seleccionando entre sus respuestas las que serían sus preferencias. En nuestro país, ¿contamos con múltiples equipos de profesionales destinados a analizar las características de los violadores? De lo que estamos seguros es de que de acuerdo con sus derechos se los deja en libertad después de haber cumplido con un tiempo de condena, y posteriormente los reencontramos como reincidentes. Pero ése es otro tema. También es otro tema la desconfianza que la víctima despierta en algunos ámbitos judiciales, suponiendo que no existió violación sino consentimiento; existe cierta conexión entre el documento que analizo y, desde otra perspectiva –semejante–, suponer que la víctima pudo evitar la consumación del delito (como se lo “enseñan” las recomendaciones mencionadas).

La estrategia encubierta del documento –y que abunda en otras consideraciones– apunta a recordarles a las mujeres que somos violables. A enfatizar la figura temible del violador como algo inevitable, poderoso, inextinguible a través de los tiempos y además recordarlo reiteradamente, en la pantalla de la computadora, para que no nos olvidemos que nuestros cuerpos son sustancias deseables para ejercitar el abuso de poder que sostiene el placer del violador. Al que tampoco le importará nuestra vida, como claramente lo dice la advertencia final que se dirige a los “hombres buenos” para que les enseñen a las mujeres cómo cuidarse.

Se trata de infundir miedo y no de advertir que efectivamente los violadores andan sueltos y que cada uno aplica su propia modalidad, de manera que aconsejar defenderse –como exitosamente pueden contar algunas mujeres– tiene su contrapartida en los violadores armados dispuestos a otra clase de ataque.

Por el contrario, existe buen cuidado de no difundir que es necesario identificar a los violadores y detenerlos, para lo cual contamos exclusivamente con el testimonio de las víctimas.

“¡Ah, sí! ¡Pero cuando una mujer violada concurre a la comisaría, le hacen preguntas que una no está en condiciones ni en ánimo de contestar!” Así sucedía y quizás ocurre en alguna región. No sucede de ese modo en la Ciudad de Buenos Aires, donde la Policía Federal, ante una mujer violada que recurre a la comisaría más cercana del hecho, tiene la obligación de llamar al Equipo Especializado que atiende Violencias contra la Integridad Sexual. Llegamos a la seccional velozmente para que esa víctima sólo deba dialogar con la psicóloga y la trabajadora social que se hacen presentes. Y hablan con ella el tiempo necesario antes de trasladarla al hospital donde se la asistirá, ya que se trata de impedir la infección del VIH y un posible embarazo.

A partir de allí se la acompaña y se espera que durante las primeras horas esa mujer se recupere y pueda: 1) mantener la denuncia; 2) identificar al violador, ya sea en las pantallas donde figuran registrados los conocidos o mediante un identikit.

No será eficaz continuar reclamando la detención de los violadores si las víctimas no asumen estos dos momentos, si no se las asesora para que puedan reconocer que son parte de un problema mundial, social y de género, en el cual han quedado comprometidas por solidaridad con otras mujeres y que puedan colaborar en el esclarecimiento a cargo del equipo formado por otras mujeres. Las víctimas de violación, como ha sido comprobado, pueden ser personas activas y luchadoras solidarias cuando se las acompaña en el reclamo ante el Estado que tiene la obligación de detener a los violadores. Una vez detenidos, discutiremos otros temas.

Las víctimas que, sobrepasadas por el asco y el sufrimiento, recurren a su domicilio para bañarse, anulan definitivamente la posibilidad de localizar al delincuente, porque borran la huella seminal que contiene el ADN orientador para localizar al sujeto. Pero no es esta advertencia la que circula por Internet sino la recomendación –de corte fetichista– que apunta al largo de sus cabellos y al emblema fálico del paraguas en ristre.

Entre las “protecciones” de ese documento no figura, por ejemplo, algo que la experiencia demuestra fundamental: no subir sola a un ascensor con un desconocido y no abrir la puerta de calle del consorcio a un sujeto que “casualmente llega en ese momento”. Tampoco se habla de decidirse a denunciar al familiar o al amigo de la familia que la acorraló aprovechando la confianza o convivencia; en estas violaciones, el delincuente ha tenido tiempo para estudiar sus costumbres y cuenta con “la ventaja” de la que supone discreción de la víctima “para no crear un problema familiar”. Sabe también que ella no gritará “¡Fuego!” como recomiendan los protectores que escribieron ese documento.

La difusión de textos como el que menciono –que además utilizan el logo de la Policía Federal– tiende a confundir a la comunidad y a promover una imagen de desvalimiento de las mujeres, impregnada por la creencia en la estupidez del género, que se supone repetirá esas afirmaciones sin verificarlas.

Sugiero atención permanente frente a quienes pretenden cuidarnos. Recordemos la antigua consigna: “Sáquennos las manos de encima si quieren acompañarnos”.

lunes, 16 de febrero de 2009

Sendra y las mujeres

Ultimamente la prensa alimenta mi blog. Este dibujo de Sendra me parece deplorable. Banaliza la violencia contra las mujeres, las objetiza, con la excusa -¡la eterna excusa!- del humor...

viernes, 13 de febrero de 2009

Hombres violados

Un paquistaní acusado de haber planificado el atentado en Bombay que dejó 173 muertos en noviembre pasado cuenta que fue violado por una agente del FBI. El diario Crítica de la Argentina relata en una nota que primero se lo obligó a ver películas pornográficas, y luego fue sometido sexualmente durante toda la noche por una "mujer blanca".

Más allá de lo que se pueda opinar acerca del uso de la tortura, me quedé helada con los comentarios que los lectores del diario dejaron en el sitio... Excepto algunos pocos que subrayaron que una violación es una violación, y por lo tanto un crimen, muchísimos hombres dejaron comentarios como:
¡¡Ya mismo me voy para Ezeiza!! Sirve cualquier avion o tiene que ser yankee?

Que buen metodo !!! A quien hay que tirarle un zapatazo para que te torturen asi?

Esa agente del FBI, esta dentro de las 10 mas buscadas en el mundo.-

Joder con este moro y encima se queja. Que hay que hacer para que esta tía me torture toda la noche? Me declaro culpable de lo que tu quieras.

Una cosa de locos esa muñeca de FBI. Yo le tiré una piedra a un tren, que me venga a buscar, jejejeje
¿Habrían hecho los mismos comentarios si se hubiera tratado de una mujer violada por un hombre? ¿O si el paquistaní hubiera sido violado por un hombre? ¿Cómo puede ser que semejante noticia despierte reacciones tan frívolas, tan machistas, tan lamentables?

Supongo que los tipos que escribieron esto son los mismos que dicen cosas a las mujeres en la calle, pensando que eso nos en-can-ta. Los mismos que me contestarían, si me quejara: "Ah pero a mí me encantaría que las mujeres me digan piropos en la calle" o "cómo me gustaría que me violen"...

¿Qué se imaginan? A una rubia espectacular que concreta todas sus fantasías? ¿Una Angelina Jolie vestida de agente secreto con una minifalda infartante y los pechos desbordando de una camisita apretada? ¿No se ponen a pensar cinco minutos que cualquier relación sexual no consentida es un crimen? ¿Que puede ser vivido como una pesadilla, una tortura, algo horrendo?

Claro, pensarán, ¿de qué se quejan las mujeres violadas, no, si a nosotros nos encantaría que nos violen?

Me estoy murdiendo los dedos para no escribir que me gustaría que alguna vez estos hombres sean violados, por una mujer o por un hombre, da igual. Para que aprendan. Para que dejen de escribir tantas boludeces (una cosa es que lo piensen o lo comenten entre amigos, otra es que dejen comentarios en el sitio del diario, comentarios que pueden ser leídos por cualquiera y pueden ser muy ofensivos para quienes fueron víctimas de violaciones).

Pero no lo voy a hacer, porque no se lo deseo a nadie. Ni siquiera a imbéciles como ellos.
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martes, 10 de febrero de 2009

Hombres de verdad

Muy buen texto de Rolando Hanglin en La Nación, acerca de cómo los jóvenes de hoy ya no dan la cara, y prefieren enviar un mensaje de texto en lugar de afrontar personalmente una situación.

Es una pena que Rolando Hanglin hable solamente de los varones, llegando al extremo de escribir: "Era de hombres afrontarlo".

Frase a la vez machista y homofóbica.

Una lástima que alguien como Hanglin siga usando términos tan sexistas...