martes, 30 de marzo de 2010

Licencia de paternidad: una solución para menor discriminación laboral

Hoy en día en Argentina, los varones que tienen hijxs tienen derecho a dos (2) días de licencia por paternidad.

O sea: nace su bebé, y ni siquiera pueden esperar a que la mamá regrese a su casa luego del parto, que ya tienen que volver al trabajo.

Esto representa una doble discriminación: para los varones. Y para las mujeres.

¿Por qué?

Para los varones, es bastante obvio: se les niega el derecho a disfrutar de su nueva paternidad, a crear lazos con su bebé recién nacido (tiempo que la mamá sí tendrá), seguramente con la excusa de que ellos no pueden amamantar (lo cual, por cierto, es falso y además, si fuera por eso, entonces habría que acortar la licencia a las mujeres que no amamantan), a estar presente para la mamá, que luego de un parto, y más si es por cesárea, está agotadísima. El bebé se encariñará con la persona que más presente esté, es decir, la mamá. ¿Cuántos padres se quejan de que al regresar del trabajo, su bebé ni siquiera los reconoce y pide a gritos ser devueltos a los brazos de su mamá?

Además, es importante que lxs niñxs vean que su papá se dedica a su bebé de igual manera que su mamá. Esto es fundamental para dar el ejemplo de una pareja igualitaria y dedicada en la misma medida.

Ahora, ¿por qué digo que para las mujeres también es una discriminación?

Es muy simple. Imagínense ser empresarix. Imagínense tener que contratar a una persona, y tener que elegir entre un varón y una mujer, con iguales cualificaciones, igual experiencia, igual talento para ese trabajo. Sin dudas, cualquiera contrataría al varón. Porque la mujer, si está en edad de procrear, es fuente probable de problemas para la empresa: si queda embarazada, tiene derecho a 90 días de licencia. Un tiempo en que habrá que buscarle una persona para reemplazarla, en fin, un quilombo.

El varón, si tiene hijxs, y esto puede ocurrir más o menos en cualquier momento de su vida, porque su vida fértil es más larga, no representará ningún tipo de problemas: dos días de licencia, y a otra cosa mariposa.

Esto es una de las principales causas de discriminación laboral entre varones y mujeres.

Si los hombres, en caso de paternidad, tuvieran 30 días de licencia obligatorios, también empezaría a representar un problema para la empresa el hecho de que tengan hijxs. Y precisamente como su vida fértil es más larga, ya no habría tanta discriminación a la hora de contratar a una mujer. Treinta días empieza a ser un tiempo suficientemente molesto para la empresa.

¿Por qué digo que obligatorios? Porque es muy fácil que el o la jefa presione para que no se tome esos treinta días y regrese rápidamente a la empresa, donde seguramente habrá otras personas dispuestas a hacer el trabajo que él se negaría a hacer si se tomara toda la licencia. Y muchos, para hacer letra, o para no perjudicar la empresa, se negarán a tomarse esos 30 días. Por eso ese tiempo debería ser obligatorio.

Igualmente, para mí sólo sería un principio. Considero que la licencia por paternidad y maternidad debería ser absolutamente la misma. Está bien, el varón no tiene que reponerse del parto. ¿Pero por qué no pensar en darle una licencia después de la licencia de la madre, para que ella pueda retomar su trabajo sin tener que pensar en una guardería, y para que él pueda crear esos lazos tan importantes con su bebé?

Por todo eso es que, por ahora, estoy completamente en contra de aumentar los permisos maternales. Mientras no se haya alcanzado la igualdad, aumentar los permisos para las madres sólo reforzará la discriminación laboral entre varones y mujeres. Una vez alcanzada la igualdad, entonces sí se podrá pensar en alargarlos, tanto para las madres como para los padres. Porque se puede dar perfectamente que sea el padre el que decida dejar de trabajar un tiempo para ocuparse de sus hijxs, y no la madre. 

Sé que existe una tendencia del feminismo que opina que es una prioridad dar no sé cuántos años de licencia a las madres, y no a los padres. Yo no comparto esa postura. La compartiré a partir del momento en que se haya alcanzado la igualdad de permisos.

Como dicen en la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción, una asociación basada en España:
"El permiso de maternidad no es un descanso; es un periodo para cuidar al bebé. Las madres tienen derecho a disfrutarlo, pero también los hombres deben tener ese mismo derecho. Que los hombres se dediquen en la misma medida es fundamental para establecer la igualdad de roles en la pareja desde el primer momento de la llegada del bebé. Es importantísimo que los niños vean que los papás cuidan igual que las mamás.
Las mujeres dan a luz y tienen que recuperarse del parto, pero el hecho es que, entre unas cosas y otras, se dedican 16 semanas. Nada impide que los hombres se dediquen durante otras 16 semanas. El solo hecho de que desaparecieran del empleo durante el mismo tiempo ya sería importante, pero es que además, según demuestra la experiencia, la mayoría de los hombres cuidan a sus bebés durante los permisos. Una minoría no lo hace, pero eso no es ningún argumento para quitarle el derecho a los que lo utilizan debidamente.
Muchas otras reformas son necesarias para conseguir un modelo de sociedad en el que mujeres y hombres sean personas sustentadoras/cuidadoras en igualdad, pero otorgar a los hombres la igualdad de derechos para el cuidado es crucial. Mientras los permisos sigan siendo desiguales y/o conjuntos para madres y padres, mujeres y hombres continuarán siendo presionados por las empresas, por el entorno familiar y por el medio social para mantener la tradicional división de roles de género."

sábado, 27 de marzo de 2010

Lo otro

Ser mujer sigue siendo una característica aparte. El otro día, el diario La Nación titulaba: "Se fue el nº2 de Stornelli y lo reemplaza una mujer".

¿Se imaginan el mismo título al revés? "Se fue Mercedes Marcó del Pont y la reemplaza un hombre".

Tampoco se podría imaginar como título: "Un hombre se convierte en presidente de Costa Rica".

Sería impensable. ¿Por qué? Porque ser hombre no es una característica: es lo que se espera de las personas con cargos gerenciales o con cualquier tipo de responsabilidades o incluso en la vida cotidiana.

Lo normal es que sea un hombre. Lo masculino es lo genérico, lo general, lo que está por default.

Un ejemplo que cité en otra entrada: el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss un día escribió: "Todo el pueblo se fue al día siguiente en unas treinta pirogas, dejándonos solos con las mujeres y los niños en casas abandonadas".

"Todo el pueblo" debería referirse, lógicamente, a la totalidad de lxs habitantes del pueblo, varones y mujeres. Pero en realidad, con "todo el pueblo", Lévi-Strauss quería hablar únicamente de los varones adultos. Las mujeres y los niños no forman parte de "todo el pueblo": están aparte. Y lo peor es que la inmensa mayoría de la gente, al leer esa frase, entiende perfectamente que "todo el pueblo" son, en realidad, únicamente los varones. Nadie se pone a pensar: "¿Cómo? ¿No había dicho que todo el pueblo se había ido? ¿Qué hacen allí las mujeres?"

La mujer sigue siendo lo otro, el satélite, lo anecdótico, lo secundario. La feminista francesa Simone de Beauvoir lo explicó mejor que nadie (¡en 1949!) en El Segundo Sexo (título más que explícito): la mujer "se determina y se diferencia en relación al hombre y no en relación a lo que ella misma es; ella es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el sujeto, el absoluto: ella es “lo otro”".

De hecho, para iniciarse al feminismo (luego han surgido textos mucho más modernos, por supuesto), recomiendo enfáticamente la lectura de El Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir. Supongo que muchas mujeres dirán que se equivocó al demonizar la maternidad y mostrarla como una alienación para las mujeres, pero es que lo era (y lo sigue siendo en gran medida) a partir del momento en que se asignaba únicamente a la mujer el papel de criadora, relegándola a la esfera doméstica, mientras los hombres monopolizaban los lugares de poder.

Entonces, El Segundo Sexo son dos tomos largos (como mil páginas) y engorrosos, algo anticuados en su enfoque, pero que tienen conceptos que, a mi entender, siguen teniendo plena vigencia. Lamentablemente.

lunes, 22 de marzo de 2010

50.000

Es el número de visitas que mi blog ha recibido desde su nacimiento, hace casi dos años y medio. Sé que en comparación con otros blogs, que reciben esta cantidad de visitas por semana o incluso por día, no es nada, pero yo estoy más que satisfecha, sabiendo, por un lado, que el tema de mi blog no es para nada popular ni demagogo, y por el otro, que su crecimiento es exponencial (la mitad de las visitas fueron en los últimos seis meses).
El o la visitadora nº 50.000 se conectó desde Buenos Aires este domingo a las 21h04 y su servidor era Telecom, así que si alguien se reconoce, se hace acreedor-a de... ¡todo mi reconocimiento!

Quiero aprovechar la ocasión, justamente, para agradecer a todxs y cada unx de ustedes por leerme, dejar comentarios, y hacer que este espacio sea dinámico y plural.

Mi meta, desde el inicio, ha sido simplemente concientizar a la gente, abrirles los ojos sobre la realidad del sexismo en la vida cotidiana. Es un viaje sin retorno: quien se da cuenta de que vivimos en un mundo sexista no puede volver para atrás. A veces, a mí me gustaría volver a cerrar los ojos, Pero es imposible. El panorama no es muy lindo, pero cada cual puede, con su granito de arena, modificar las cosas en pos de la igualdad de género.

Esta es, en todo caso, mi loca esperanza.

PD: Si quieren dar un empujón más al blog, también pueden votar por él aquí y adherirse a la página en Facebook creada recientemente.

domingo, 21 de marzo de 2010

La bruja me sacó a mis hijos

Es una constante: cuando una pareja con hijxs se separa, la mujer termina siendo una bruja que se quedó con la casa y lxs hijxs, y el hombre un pobre infeliz a quien no le queda nada, y que critica el sistema judicial por darle la tenencia de lxs hijxs a la mujer.

Estoy de acuerdo en que ningún padre, ninguna madre, puede negar al otro progenitor el derecho a ver a sus hijxs, excepto en casos extremos de violencia o incesto.

Ahora. Mi pregunta es la siguiente: mientras estaban juntos, ¿quién se ocupó realmente de lxs hijxs? ¿Quién sacrificó parte de su carrera para ocuparse de ellxs? ¿Quién fue a buscarlxs al colegio cuando enfermaban, poniendo en juego su trabajo y la consideración que tiene de parte de sus superiores? ¿Quién fue a las mal llamadas reuniones de padres, porque allí sólo se ven madres? ¿Quién les cocinó, les planchó la ropa, les ayudó a hacer los deberes, pensó en ponerles crema solar en verano, en cambiarles las medias sucias, en sacarles ese moco que le está colgando, en darles comida equilibrada o en comprarle los útiles para el colegio?

Según todas las estadísticas, y salvo muy honrosas excepciones (que no niego, ojo, sólo que me parece que no son representativas), las madres dedican tres o cuatro veces más tiempo al cuidado de lxs hijxs que los padres.

Esos padres, ¿se esfuerzan por cambiar la sociedad, el mundo laboral y reclaman permisos de paternidad más largos iguales al de las madres? ¿Militan por tener el derecho a ausentarse del trabajo por motivos familiares sin que sean mal vistos por sus superiores? ¿Hacen algo para cambiar la situación actual y poder disfrutar de su paternidad sin ser penalizados en su empresa?

Como leí en el sitio Stopmachismo (Hombres contra la desigualdad de género), en un comunicado reciente en ocasión del Día del Padre en España:
"(...) Quien no ha compartido al 50% las tareas de cuidado durante el matrimonio, no puede pretender después la custodia compartida tras el divorcio, con desprecio del criterio de la madre y con total desvaloración del trabajo de cuidado desarrollado por ella durante años. La atención compartida es una obligación de los hombres antes de la separación y por eso mismo la custodia compartida no es un derecho de aquellos que no hayan asumido previamente la mitad de las tareas domésticas y de cuidado. Reivindicar la custodia compartida en esas circunstancias y hacer pasar a la madre por el calvario de un procedimiento judicial, nos parece simplemente un acto más de violencia de género (psicológica y económica). Por más que algunos padres divorciados se sientan víctimas de una privación injusta de sus hijos y de una lógica disminución de su nivel de vida, lo que es verdaderamente injusto es reivindicar, por resentimiento a causa de la separación (que el modelo masculino tradicional sigue considerando como una ofensa), un papel que no se haya desempeñado (aunque subjetivamente se piense que “se ha ayudado mucho”) con el fin consciente o inconsciente de poner palos en la rueda del trabajo educativo que realiza la madre para hacerle la vida aún más difícil. Y encima manipular el sentido de la igualdad pidiendo la custodia compartida en nombre de una pretendida igualdad".
Eso, para todxs lxs que me citan asociaciones de padres divorciados como APADESHI (Asociación de Padres Alejados de sus Hijos). Yo quiero ver cómo esos padres se desenvolvieron en su casa como pareja y como padres, para luego del divorcio reclamar como un derecho automático la tenencia compartida.

PD: Preciso que estoy total y absolutamente de acuerdo con la tenencia compartida y que en mi caso, obligaría más bien a mi ex pareja a que se ocupe de sus hijxs tanto como yo luego de la separación (así como no concebiría tener hijxs con alguien que no se ocupe al 50% de ellxs mientras estemos juntos). Hablo únicamente del caso de los padres que no se ocuparon de sus hijxs en un 50% real, y luego pretenden tener derecho automático a la tenencia compartida. Igualmente, no conozco muchos padres así. Conozco muchos que se quejan de que la tenencia fue otorgada a la madre, pero no muchos que hayan reclamado realmente ante el tribunal la tenencia compartida: saben muy bien que ocuparse de un hijx todos los días de la semana, y no solamente un fin de semana de cada dos, implica un trabajo, una dedicación y un compromiso que la mayoría de ellos no está dispuesta a dar, arguyendo que trabajan todo el día (como si la madre no lo hiciera). Entonces aceptan el fallo de la justicia con gusto, ni se les ocurre reclamar la tenencia compartida, que implicaría tener a sus hijxs una semana entera de cada dos, pero luego, hipócritamente, se quejan de lo injusto del sistema.

jueves, 18 de marzo de 2010

Soledad

De repente, todo cambia en la vida de alguien.
De repente, lo que se creía estable, inmutable, sólido, hace agua, se fisura y finalmente se desmorona.
De repente, la persona más fuerte, más independiente, más entera, se cae a pedazos, y encuentra trozos de su ego, de sus convicciones, de sus ideologías, de sus certezas, pegados debajo de cualquier zapato sucio.
De repente, aquello que nos parecía tan importante se vuelve miserable, inútil, insignificante, fútil, y hasta molesto.
De repente, una vida pensada de a dos tiene que volver a pensarse en singular.
Y eso, por más sólida que una persona se sienta, la tiene como un pájaro con las alas rotas.

sábado, 13 de marzo de 2010

Si las mujeres fueran hombres...

Esta publicidad, que al parecer causa mucha gracia a muchos varones, muestra cómo serían las mujeres si actuaran como los hombres: en sus casas, pasearían con calzoncillos para nada sexys, se rascarían el culo, se tirarían pedos, escupirían, y tomarían cerveza mirando carreras de auto por televisión.

Ahora, ¿tan ingenuos son algunos varones que piensan que las mujeres no hacemos esas cosas cuando estamos solas? ¿Acaso creen que nos pasamos el día en tanguita con encajes, que nunca tenemos flatulencias y que siempre comemos ensaladitas light y miramos telenovelas soporíficas?

En el imaginario masculino, las mujeres nunca pueden estar cómodas, ni siquiera cuando están solas. La comodidad, el hecho de vivir naturalmente las manifestaciones del cuerpo, está reservado a los varones. Las mujeres tenemos que portarnos bien, ser decorosas y actuar como ladies inglesas, en todas las circunstancias, incluso en la soledad de nuestras casas.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Spam en los comentarios

Ante la invasión de spam de todo tipo en los comentarios (ustedes no se enteran porque los rechazo), me he visto obligada a imponer el paso de "verificación de palabra" para enviar un comentario.
Realmente no quería llegar a esa instancia, pero los spams me hacen perder mucho tiempo y ya me tienen cansada. Si veo que es mucho inconveniente para lxs participantes, lo sacaré de nuevo, pero al menos me habrá dado algún respiro.
Saludos a todxs.

martes, 2 de marzo de 2010

Ahora las mujeres pretenden trabajar...

Estoy podrida, podridísima de que la gente diga que antes las mujeres no trabajaban y se ocupaban de la casa, y que ahora pretenden trabajar a la par de los varones y que por eso estamos como estamos.

Un día, alguien me dijo que las mujeres, si querían alcanzar la igualdad, iban a tener que trabajar mil años para poder pretender obtener los mismos derechos y las mismas consideraciones que los varones, insinuando así que en los mil años anteriores, ellas se habían dedicado a rascarse los ovarios viendo cómo los pobres varones trabajaban y se ganaban el derecho a ser todopoderosos (ergo: para adquirir ese derecho, ahora les toca a ellas romperse el lomo).

Miente, miente, que algo quedará... Es exactamente lo que está sucediendo con el trabajo de las mujeres.

Porque las mujeres SIEMPRE HAN TRABAJADO. Siempre. En la época de las cavernas, es mentira que se quedaban cuidando la cueva mientras el varón iba a arriesgar su vida cazando el mamut. Ellas no solamente recolectaban frutos, también salían a cazar animales, quizás más pequeños que los que cazaban los varones, pero se iban a cazar igual. O sea que todas las grandes teorías sobre que los varones tienen mejor sentido de la orientación que las mujeres porque ellos tenían que ubicarse en el espacio, y sobre que las mujeres encuentran más fácilmente el frasco de mayonesa en la heladera porque se encargaban de ubicar las cosas en la caverna, son una mentira de los antropólogos machistas, que han interpretado a su conveniencia la realidad histórica.

Y así con todo. En el campo, las mujeres han trabajado siempre a la par de los varones, yendo a buscar el agua, cargando pesadísimos cubos, ocupándose de los animales antes mismo de que amaneciera, matándose sembrando, cosechando, y también lavando, cocinando, cuidando a lxs hijxs de la pareja. Sin embargo, no tenían los mismos derechos,  no eran consideradas cuidadanas, no podían votar, no podían tener acceso a la educación, que estaba reservada a los varones, o sea que no podían pretender desarrollarse como profesionales ni superar su condición. Hasta principios del siglo XX (o sea, ayer), las mujeres no tenían derecho a ir a la escuela y menos que menos a la universidad.

Después, claro, lxs machistas se jactan de que no hay genias entre las mujeres y  de que las mujeres no han inventado nada trascendental. Otra mentira, claro, porque en la escuela solamente te enseñan nombres de hombres famosos por sus inventos y sus logros. Pero de todos modos, si hay menos genias que genios, ¿es por una incapacidad de las mujeres o porque históricamente las han incapacitado para desarrollarse?

Eso de que las mujeres se quedan en casa mientras el marido sale a trabajar fue un invento de las clases altas del siglo XVIII (misma época en que se inventó el concepto de "instinto materno" para hacer creer a las mujeres que su destino era la maternidad y punto final), pero entonces las mujeres de las clases más bajas (o sea, la inmensa mayoría) también iban a trabajar fuera de la casa, de lavanderas, de obreras, de lo que fuera.

Y hoy en día, las mujeres representan la mitad de la fuerza laboral de la gran mayoría de los países, es decir, siguen trabajando a la par de los hombres, y con frecuencia incluso más que ellos. Eso sí, muchas veces su trabajo no es reconocido, se desarrolla en el campo informal, es menos pagado, y son ellas las que siguen cargando con la doble o triple jornada de trabajo, al tener que ocuparse de las tareas domésticas y de lxs hijxs de la pareja (insisto en que lxs hijxs son de ambos, no solamente de ellas) cuando vuelven a su casa después de trabajar.

A pesar de eso, ¿cuántas veces he escuchado: "Y bueno, ahora las mujeres pretenden trabajar", como si nunca lo hubieran hecho?

En un blog sobre África que descubrí recientemente, leí una entrada llamada "El oficio de ser mujer en África". Ahí el o la autora explica:

"Si África es un lugar olvidado por Dios, para todo tipo de personas, el oficio de ser mujer en África es una tarea de las más duras.
  • La mujer va a por agua con sus hijas
  • La mujer va a por leña con sus hijas
  • La mujer prepara la comida con sus hijas
  • La mujer cuida de sus hijos, junto con sus hijas
  • La mujer atiende a su marido
  • La mujer atiende la "casa"
  • La mujer atiende los animales
  • La mujer atiende las cosechas
En cambio el marido, únicamente busca un trabajo o atiende la cosecha.
El duro y triste oficio de ser mujer en África".

 
Cargando agua con un bebé a cuestas. Nunca he visto a un hombre trabajando con su bebé en la espalda...

sábado, 27 de febrero de 2010

El machismo de los cuentos infantiles

Disney es machista. Un video en Internet, enviado por una persona que lee este blog, lo explica muy bien.

Aunque Disney no ha inventado nada. La inmensa mayoría de los cuentos infantiles lo son: siempre cuentan la historia de una chica linda, con una madrastra horrible y mala, un padre bueno y sometido a su esposa, y un príncipe azul que rescata a la princesa.

¿Cuál es la enseñanza de esos cuentos? Que el padre es siempre bueno, que la culpable de todos los males es siempre una mujer, que las chicas tienen que esperar pasivamente a su príncipe azul que viene a rescatarlas y se enamoran de ellas no por su inteligencia, sino por su belleza, y que su felicidad pasa por casarse y tener hijos.

En pocas palabras: sé linda y callate.

Si tuviera hijxs, defenestraría a la primera persona que se atreviera a contarles ese tipo de cuentos.

martes, 16 de febrero de 2010

Lo que pasa es que no tenés humor...

El otro día me enviaron chistes por mails, de esos "subidos de tono" que circulan por Internet y que, más allá de que me parecen pésimos, transmiten de manera encubierta un horrendo sexismo. Digo, no dicen "las mujeres son todas putas", pero finalmente, no sé qué es peor, si chistes claramente machistas, o este tipo de chistes con la apariencia de la inocencia.

Primer chiste:
Resulta que, tras el diluvio universal, el arca de Noé se movía para todos lados, y el patriarca Noé no encontraba explicación a ello.
Un día decide ir a visitar la cubierta de los animales, y he ahí el problema: todos los animales hacían el amor.
Noé enfadado les gritó:
- Paren, ¡esto no puede ser! Les salvé la vida, ¿es así como me pagan? Van a hundir el arca.
Todos los animales le obedecieron, pero a Noé le dio lástima y les dijo:
- Le daré una ficha a cada pareja; en ella estará el día y la hora en que pueden hacer el amor.
Y así lo hizo. Pasaron los días y andaba el mono molestando a la mona y le decía:
- ¡El miércoles a las 4 de la tarde vas a sufrir!
Y durante tres días le dijo lo mismo. La mona, muy enfadada, fue a hablar con Noé.
- Mira Noé, el mono hace tres días que me anda molestando. Me dice que el miércoles a las 4 de la tarde voy a sufrir. Yo sé lo que va pasar ese día. ¡Pero no puede andar gritándolo por todas partes! ¿Qué van a decir mis amigas?
Noé, enfadado, fue a buscar al mono y le dijo:
- ¡Oye, mono...! ¿Por qué molestas a la mona de esa manera? ¿Qué es eso de que va a sufrir?
- Verás... ¡es que perdí mi ficha jugando al póquer con el burro!
No es la expresión "vas a sufrir" la que me escandaliza. Sino el hecho de que sea el mono el dueño de la ficha. ¿No era que Noé había dado una ficha "a cada pareja"? Aquí vemos un espléndido ejemplo de falocentrismo: "la pareja" es, en realidad, "el macho", que tiene la ficha, o sea, el poder. Poder de decidir cuándo, cómo y si tener relaciones sexuales. Todo un símbolo...

Segundo chiste:
Un joven, al estar con su novia en un parque, dentro de un auto, le ruega, lloriquea y pide por lo que más quiera que se deje hacer el amor, pero la chica no accede.
Finalmente el joven le dice:
- ¡Anda mujer! ¡Sólo te voy a meter la mitad!
La mujer, por fin convencida, acepta, diciéndole:
- Bueno, pero sólo la mitad... Promételo.
El joven acepta y se lanza sobre ella desesperado e introduce todo lo que tiene. La chica, al sentir la embestida, goza tremendamente y le dice a su novio:
- ¡¡Métemela toda!! ¡¡Métemela toda!!
El novio, algo avergonzado, tratando de salvar su orgullo, le dice:
- ¡Ah no! Promesas son promesas.
O sea, primero, vemos claramente un caso de violación: ella acepta con la condición de que sea sólo la mitad, y él se caga en su deseo, su cuerpo, su integridad física y se la mete entera. Claramente una relación no consentida.
Y luego, el chiste transmite la idea de que si le das un poquito a una mujer que se niega, ésa enseguida cambia de parecer y se pone a gozar como loca.
Por último, da a entender que hacer el amor = penetración de la vagina con el pene. Yo, personalmente, conozco mil maneras de hacer el amor sin que haya penetración, pero en fin...
Y ni que hablar de la expresión: "que SE deje hacer el amor". Significa que en una relación sexual, el que hace es el hombre. La mujer se deja. Buenísimo.

Eso sí: si le enviara mis comentarios a la persona que me mandó estos chistes, me tildaría de histérica, de hincha pelotas, de aburrida, y me reprocharía que vea sexismo en todos lados.

Si veo sexismo en todos lados, ¿será por un problema mío de visión? ¿O porque realmente está en todos lados?
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jueves, 11 de febrero de 2010

Las madres perpetúan el machismo

Me pidieron entradas más cortas. Entonces voy a escribir una entrada corta.

Incontables veces, escucho que son las mujeres las que tienen la culpa de perpetuar el machismo, porque educan a sus hijxs de manera machista.

Ajá.

¿¿¿Y el padre qué carajos hace mientras tanto??? ¿Salió a jugar al pool con los amigos?

Un padre que deja que la madre eduque a sus hijxs de tal o cual manera, o que directamente no se hace cargo de sus hijxs, tiene tanta responsabilidad como la madre en el resultado de esa educación. Si quiere un resultado distinto, ¡que se meta!

Por lo demás, y sí, las mujeres también son producto de una sociedad y reproducen el machismo, ¿o pensaban que las mujeres vivían en una burbuja?


(¿así es suficientemente corta la entrada?)

martes, 9 de febrero de 2010

Me duele la cabeza...

El otro día, estuve hojeando la revista Brando, una revista, al parecer, dirigida al hombre moderno heterosexual de hoy. Uno de los artículos hablaba del cansancio que pueden sentir algunos hombres al final de la jornada, que dificultaría el deseo sexual y las ganas de tener sexo con su pareja.

No tomé la pena de anotar exactamente lo que decía, pero uno de los párrafos explicaba algo así: después de una jornada laboral de ocho horas, de una hora en el tráfico, de tener que soportar los gritos del jefe o el mal humor de los colegas, pasar por Coto a comprar lechuga y papel higiénico y llevar a la más pequeña a su clase de chino mandarín, cualquier hombre puede legítimamente sentirse cansado y no tener ganas de tener sexo.

Aaaaaaah, noooo, ¡paren las rotativas! ¿¿Cómo es eso?? Así que ahora que los hombres también hacen compras y se ocupan de lxs chicxs, ¿nos vienen con que están demasiado cansados como para tener sexo? ¿Cómo? ¿No era que era una excusa de las mujeres porque es bien sabido que a las mujeres no les gusta el sexo y se la pasan buscando excusas?

Claro, antes, los varones, después del trabajo, se iban a jugar al fútbol o a tomar una cerveza al bar o se quedaban hasta las 22 en la oficina (siempre con reuniones muuuuuy importantes) con tal de no volver a casa y tener que agarrar una escoba, cocinar o ayudar a sus hijxs a hacer sus deberes. Cuando llegaban a casa, estaba todo listo, los niñxs estaban en la cama, sólo tenían que ir a darles el beso de las buenas noches, poner los pies debajo de la mesa, comer, ver un poco de tele, y pretender que su esposa estuviera dispuesta a tener una noche de sexo desenfrenado, sin tomar en cuenta todo lo que ella había hecho en la casa además de su  propia jornada laboral.

Y ahora vienen con que, y bueno, después de hacer todo eso, qué les parece, es normal que uno se sienta sin ganas...

Me encanta cómo, cuando se trata de hombres, la cosa es entendible, y cuando se trataba de mujeres, ah no, ahí no, era una vil excusa de esa incorregible frígida...
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viernes, 5 de febrero de 2010

Mujer: no arrugues y sé un objeto sexual como dios manda

Ya saben, mujeres: tienen que ser flacas, sin celulitis, blancas y jóvenes, con la piel impecable, sin arrugas, ponerse tacos incomodísimos, mostrar la mayor cantidad de carne posible, pasar delante de machos en celo y desear que nos traten como vaginas con patas, en una palabra, sentirse OBJETOS SEXUALES, que para eso fueron hechas.

Y hombres: ni se les ocurra respetar a las mujeres que caminan por la calle, ni se les ocurra no acosarlas cuando pasan delante suyo, ni se les ocurra no faltarles el respeto: si son machos, tienen el deber de ser cerdos y decirles chanchadas, porque les encanta.

¿Les quedó claro o hay que decirlo más explícitamente aún? A ver si con esta publicidad lo entienden:

martes, 2 de febrero de 2010

Los nenes tienen pito, las nenas tienen...

En muchas familias en que hay un nene y una nena, se nota una clara diferencia sobre el tratamiento de sus órganos genitales. En la mayoría de los casos, ahí donde se habla de pito, pitulín o cualquier otra denominación que designe al pene, en el caso de la vulva... silencio total. A eso que tienen las nenas, no se lo nombra. Ni vulva, ni clítoris, ni nada.

A las nenas se les dice que no tienen pene. O sea, de lo que tienen, se lo define por lo que no tienen. Como mucho, se les dice que tienen vagina: un agujero hecho para recibir un pene y expulsar un bebé. Y punto final. Después, claro, hablan de envidia del pene, cuando lo único que nos dicen es: "Vos no tenés esto o no tenés aquello"...

De lo que rodea la vagina, de lo visible, de la vulva, los labios, el clítoris, del placer que proporciona, nunca se habla.

Hasta en eso los varones tienen suerte. Desde la primera ecografía en que se les ve el pene, los padres se extasian: "Mirá que cacho de pito que tiene, mi nene va a ser bien macho", he escuchado decir a un padre emocionado. Lo mismo cuando le cambian los pañales.

Nunca he escuchado a ninguna madre decir: "Mirá que cacho de clítoris que tiene mi nena, esa sí que va a gozar cuando sea grande".

Y sin embargo, no sería una mala idea. Según muchos estudios, la gran mayoría de las mujeres no conocen su vulva. Nunca la han visto, nadie les ha hablado de ello, no saben de qué se compone. A mí nunca nadie me habló del clítoris, el único órgano humano que no sirve para otra cosa que para el placer. Descubrí su existencia leyendo a escondidas libros sobre la sexualidad, y asociando eso que leía con el placer que me daba masturbarme. No tenía idea de que el líquido que salía de mi vagina cuando tenía un orgasmo (tampoco sabía que eso que tenía era un orgasmo) era de lubricación.

Si bien el sexo es tabú tanto para chicos como para chicas, en eso también los chicos corren con ventaja: desde muy chicos saben cómo funciona, lo que es la eyaculación, lo que es un orgasmo. En las clases de educación sexual impartidas en la escuela, en las que solamente se habla de genitalidad y de reproducción (en todo caso las que yo recibí, durante las horas de clases de Ciencias Naturales), se explica que el hombre tiene un orgasmo, eyacula, y con su semen fecunda a la mujer. ¿El orgasmo en la mujer? Nunca jamás lo mencionaron. Nunca tampoco escuché a mi profesora mencionar el clítoris.

Creo esencial explicar a las nenas, desde muy chiquitas, que lo que tienen ahí tiene nombre. Y eso que está ahí no solamente es una vagina, no solamente es un agujero listo para recibir un pene. Estaría bueno también nombrar la vulva, los labios, el clítoris, y explicar su función.

Quizás así las adolescentes sientan menos vergüenza a la hora de masturbarse. Porque ese es otro tema: ¡los adolescentes varones llegan hasta a masturbarse en grupo! Hablan de ello, la mayoría de ellos se sienten orgullosos de sus capacidades masturbatorias y eyaculatorias. Las mujeres, no solamente lo hacemos en la más completa intimidad, a escondidas, a veces sin siquiera saber de qué se trata (supe que me masturbaba como un año después de empezar a hacerlo asiduamente) sino que encima, ¡llegamos a negar que nos masturbamos!

El día que a las nenas se les explique cómo funciona su vulva, su clítoris, su placer, se evitarán situaciones como las que cuentan las mujeres entrevistadas en este programa de Alessandra Rampolla:

miércoles, 27 de enero de 2010

Amamantar: ¿sólo para mujeres?

Pues sí, hoy me he enterado de algo que echa a tierra todos los argumentos de los hombres que dicen que las mujeres son más aptas para ocuparse de los bebés que los hombres porque ellas amamantan y ellos no.

Los hombres pueden amamantar.



¿Les parece delirante? Aparentemente no lo es. No sé si todo el mundo sabe, pero cualquier mujer, aún sin tener hijos, puede producir leche con un estímulo adecuado de sus mamas, con un saca-leche (¡o pidiendo a alguien que le succione las tetas regularmente!). Basta con activar el saca-leche todos los días en las mamas para que éstas empiecen a producir leche al cabo de unos días o semanas. Así es como las mujeres que adoptan pueden amamantar a su hijx, estimulando sus mamas unas semanas antes de la llegada del bebé a casa (se llama lactancia inducida).

Da la casualidad de que los hombres, como las mujeres, tienen pezones, y más importante aun, glándulas mamarias. En menor cantidad que las mujeres, los hombres pueden por lo tanto, con una medicación hormonal o una simple estimulación física de sus mamas, producir leche. La cantidad producida no sería suficiente para alimentar al bebé, pero sí como complemento, a la espera de que llegue la mamá, o para calmar a un lactante angustiado.

De hecho, para eso último, no hace falta ni producir leche. La mama cumple dos funciones en el lactante: alimentarlo, y reconfortarlo. Pues un hombre podría perfectamente dar el pecho para calmar a su bebé cuando éste llora.

De hecho, existe un pueblo en el que los hombres suelen dar el pecho con ese propósito. Se trata de los pigmeos aka, que viven en los bosques de la frontera entre Congo Brazzaville y la República Centroafricana, y que, según un estudio del Fatherhood Institute, han sido nombrado los mejores padres del mundo, porque son los que más tiempo dedican al cuidado de sus hijos.

Como promedio, un papá aka tiene en sus brazos a su bebé el 47 % del tiempo, es decir, casi tanto como las mamás aka. Y al parecer, esto es un récord mundial. Solamente algunos países del norte de Europa con altos estándares en igualdad de género empiezan a aproximarse al ejemplo de los padres aka. En Suecia, un padre suele cuidar de su hijo el 45% del tiempo, dice el informe.

Al parecer, un papá aka utiliza todas las oportunidades a su alcance para estar en estrecho contacto con su hijo. Suele llevar con él al bebé cuando van a beber vino de palma o durante otras actividades sociales y, según el informe, pueden sostener al bebé entre sus brazos durante varias horas, sin descanso. También son ellos que, con más frecuencia que las mamás, atienden del bebé cuando este se despierta por la noche.

Y, cuando el bebé llora o tiene hambre, suelen darle el pecho. El bebé, cuando está contra el pecho  desnudo de su papá, automáticamente busca el pezón, lo encuentra y empieza a succionar, tranquilizándose. "El pezón de un padre es perfectamente satisfactorio para calmar a un bebé y su llanto hasta que pueda ser alimentado", según el informe británico.

Bueno, pues, al parecer, hasta podría servir para alimentarlo y todo.



Así que ya saben: aquellos hombres que dicen que solamente las mujeres pueden tener ese lazo excepcional con el bebé porque ellas amamantan, tomando eso como excusa para dejarlas a ellas despertarse por la noche u ocuparse del bebé, ya no tienen esa excusa.

Y a ver también cuántos se lo bancan, sacan el pezón y se lo dan a su bebé, después de tantos discursos tipo "qué suerte que tienen las mujeres de poder amamantar, qué daría yo para poder hacerlo" (escuchado hace muy poquito de alguien muy cercano). Pues no tienen que dar nada, solamente darle al saca-leche con asiduidad durante unas semanas. Ya los quiero ver sacar su teta y amamantar a su hijo en público.

Para lxs que entienden inglés:



jueves, 21 de enero de 2010

¿Paridad en las tareas domésticas?

Regularmente me dicen, para negar que el machismo sigue existiendo, que hoy día los hombres comparten las tareas domésticas con las mujeres en un 50%.

Lamentablemente, esa sensación es sólo eso: una sensación. Todos los estudios realizados sobre el tema muestran que las mujeres, en promedio (claro que siempre habrá alguno que salte diciendo que su compañera no hace nada en casa mientras que él hace todo, o que se reparten las tareas de manera equilibrada) se siguen encargando de la mayor parte de las tareas domésticas, y este fenónemo se acentúa cuando la pareja tiene un bebé.

Hace muy poquito salieron dos estudios muy similares sobre el tema en Francia y en España. Los dos arrojan resultados semejantes: en una pareja heterosexual, es la mujer la que más se encarga de las tareas domésticas.

El primer estudio lo realizó el Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED) de Francia. Las conclusiones del demógrafo Arnaud Régnier-Loilier son claras: "La llegada de un hijo acentúa el desequilibrio del reparto de las tareas domésticas entre hombres y mujeres. Son ellas las que se alejan del mercado del empleo, y ellas también las que ocupan más tiempo con las tareas domésticas".

En realidad, el estudio fue internacional. No vi el resultado de todo, pero en Francia salieron publicados los resultados para ese país, en el que se interrogaron a 2.000 parejas. Hombres y mujeres tuvieron que medir, en dos oportunidades, en 2005 y 2008, su participación en las tareas domésticas: la preparación de las comidas, lavar los platos, las compras alimenticias, planchar, pasar la aspiradora, organizar las cuentas de la casa y la organización de la vida social de la familia. Entre las parejas interrogadas, un cuarto de ellas tuvo un hijo entre las dos fechas.

El resultado: entre las mujeres de 20 a 49 años que están en pareja, el 80% se ocupa siempre o la mayor parte del tiempo de planchar, y el 70% de preparar la comida todos los días. La tarea mejor compartida es, sin sorpresa, la organización de la vida social de la familia (invitaciones, preparación de las vacaciones, relaciones con la familia), pero aun ahí, las mujeres se implican más.

Y cuando llega un hijo, peor: la proporción de mujeres que se ocupa de la cocina pasa de 51% a 58% cuando se trata de un primer bebé, y de 72% a 77% cuando ya hay otros hermanas y hermanos.

El 25% de las mujeres que dieron a luz a su primer bebé entre 2005 y 2008 dejaron de trabajar o redujeron su actividad, y el 32% de las que tuvieron un segundo o un tercer bebé. Esta "elección", aparentemente, no las vuelve locas de felicidad: las que se ocupan de casi todas las tareas domésticas son las que dicen estar menos satisfechas con su vida familiar. En efecto,  el 50% de las madres de al menos tres hijos declaran tasas de insatisfacción elevadas, por el 40% de las madres de dos hijos y el 30% de las que no tienen hijos. Los hombres, en cambio, están chochos: el número de hijos no influye en su tasa de satisfacción, y no tiene ninguna incidencia sobre su carrera.

Más información sobre este estudio aquí.

En 1999 había salido otro estudio en Francia, esta vez hecho por el Instituto Nacional de Estadísticas (INSEE). Arrojaba que las mujeres seguían dedicando el doble de tiempo que los hombres a las tareas domésticas: en promedio, las mujeres dedicaban, por día, 4h36 a las tareas domésticas, y los hombres... 2h13.

Sobre el cuidado a los hijos específicamente, las mujeres dedicaban entonces 0h38, y los padres, 0h11. O sea, casi cuatro veces menos tiempo.

Otro detalle interesante: el estudio notó que trece años antes, en 1986, las mujeres dedicaban 5h07 a las tareas domésticas por día. O sea, en trece años, dedicaron media hora menos a esa actividad. ¿Los hombres? Pues ellos aumentaron su participación en las tareas domesticas en tan sólo... 6 minutos: en 1986, les consagraban 2h07 de su tiempo.

En España, un informe de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) demostró lo siguiente (cito una nota del diario El País):

"La mayoría de los hombres de entre 25 y 50 años siguen dedicando mucho menos tiempo a las tareas domésticas que sus parejas. (Una de las autoras del estudio y profesora de Sociología de la UNED, Teresa) Jurado ha afirmado que cocinar o limpiar son actividades que cuestan más realizarlas a los hombres, mientras que las tareas "exteriores" como hacer la compra son "más agradables" para ellos y están más predispuestos a llevarlas a cabo. Jurado, en referencia a un estudio del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2003, ha indicado que los varones de entre 25 y 29 años que conviven con sus parejas dedican una hora y 55 minutos como máximo a las tareas del hogar al día, mientras que ellas emplean tres horas y 47 minutos".

Si en Francia y en España, países en los que la evolución hacia más igualdad entre los sexos ha sido más rápida, ésta es la situación, imagínense ahora lo que pasa en Argentina...

A mí me divierte mucho cuando los hombres dicen que "ayudan" a su pareja en la casa. Al elegir ese término, "ayudar", indica que consideran que las tareas domésticas relevan de la mujer, y que ellos, a lo sumo, la pueden "ayudar" en esa tarea que le corresponde. Si realmente consideraran que las tareas domésticas tienen que ser compartidas en un 50%, hablarían de "participación", no de "ayuda".

También he visto situaciones en las que el hombre decía participar en un 50% en las tareas domésticas, pero si se contabilizaba el tiempo que cada uno les dedicaba, el desequilibrio era evidente. O bien, lo hacían, pero a pedido de la mujer: "¿Podés cambiar los pañales al nene?", "¿No irías a comprar naranjas al súper?".

Porque esa es otra: raras veces se mide la "carga mental" de las tareas domésticas: el hecho de tomar la iniciativa, estar pendiente de si faltan pañales, leche o papel higiénico o de si el nene tiene medias limpias... Puede que el hombre vaya a comprar pañales, leche o papel higiénico y ponga a funcionar el lavarropas, pero en muchísimos casos, la que pensó en hacer todo eso fue la mujer.

O están los que hablan de "lavarle los platos" a la mujer, o "hacerle las compras"...

Un día, un hombre me contó que más tarde, cuando tuviera dinero, pagaría los servicios de una empleada doméstica: "Así mi mujer no tendrá que hacer esas cosas", me explicó.

¿Su mujer? ¿Y él? En caso de no tener empleada doméstica, ¿no piensa realizar su parte de tareas? Visiblemente, no. La que será librada de ese engorroso trabajo será su mujer, no él. Lo peor de todo es que me lo dijo pensando anunciar una posición súper feminista.

En fin...
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lunes, 18 de enero de 2010

Elogio de la mujer brava

Buceando en los archivos de mi computadora, encontré este texto de Héctor Abad, escritor y periodista colombiano, que se remonta a al menos 2003. Me parece un tanto naïf (habla de "las mujeres" como si fueran todas iguales) pero me dieron ganas de compartirlo con ustedes.

Elogio de la mujer brava
Por Héctor Abad

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viragos, marimachos.

En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bolas, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo, y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan, y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan, y sólo se desnudan si les da la gana.

Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio, y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa, y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche, y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza: nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

lunes, 11 de enero de 2010

¿Quién quiere ser mujer?

¿Se han dado cuenta de que en las publicidades, las mujeres tenemos miles de problemas que los hombres nunca tienen?

Arrugas, constipación, celulitis, estrías, canas, incontinencia urinaria, inodoros sucios, ropa de los nenes sucia, toneladas de vajilla para lavar y uf, qué fiaca (pero menos mal está el lavavajilla X, no será que nuestro compañero se humille participando en las tareas domésticas), azulejos tan asquerosos que menos mal que está Mr. M. -un hombre, ahí sí- para enseñarnos a ser limpias, porque nosotras somos realmente mugrientas y tontas de remate y necesitamos que un hombre nos diga cómo hacer (¿que lo haga él? noooooo), etc. etc.

Mientras tanto, los hombres en las publicidades, ¿qué hacen? ¿Qué drama les ocurre?

Bueno, un montón de cosas terribles: toman cerveza, se compran coches, hacen trabajos interesantes, pueden tener mujeres jóvenes y hermosas hasta pasados sus 80 años, compran celulares, viajan, puede que alguna vez les duela la cabeza de tanto trabajar, pero enseguida viene su esposa para atenderlos alcanzándoles una aspirina...

Los nenes que vean esos comerciales crecerán con la idea de que les espera una larga vida apasionante, viril, sana y poderosa.

Las nenas, con la idea de que les espera una larga vida problemática con mugre por doquier, dolores de todo tipo y color, incontinencia, canas, grasa, pañales que desbordan, inodoros a los que la caca se queda pegada (el día que se vea a un hombre de rodillas con las manos dentro de un inodoro en un comercial, habremos dado un gran paso adelante)...

Como me lo señaló muy justamente una lectora en un comentario de otra entrada, ¿cómo una niña puede tener ganas de convertirse en mujer viendo en las publicidades lo que le espera?

Después hablan de envidia del falo. ¡Y con razón! ¿Qué persona en su sano juicio puede desear eso que nos presentan en los comerciales, las revistas, la televisión?

Agradezco infinitamente a mi madre el haberme dado una educación feminista (¡¡y sin tele!!) en la que vislumbré que mi futuro no necesariamente tenía que pasar por ser la mucama de mi marido y de mis hijos, sino que podía pasar por comprarme coches (aunque mi madre también es ecologista, ¡con lo cual tampoco me alentó demasiado a tener un coche! :-)), viajar, tomar cerveza (bueno, ¡nunca me alentó a tomar alcohol tampoco!) y tener poder si así lo deseaba.

Resultado: sigo sin tener televisión, sin ser la mucama de mi compañero, sin tener coche y sin tomar cerveza, y tengo un trabajo que me apasiona, me la paso viajando, no gasto fortunas en tintura para el pelo ni en tratamientos contra la celulitis, y estoy muy feliz de ser una adulta feliz.

Así que padres y madres, ¡ALEJEN A SUS HIJXS DEL TELEVISOR! Y denles una educación igualitaria.



Como verán, esa mujer que siempre necesita la ayuda de un hombre, no tiene en casa a un compañero/marido/novio que participe en las tareas domésticas. Ni se plantea que pueda ser él el que la "ayude" (porque claro, el trabajo de limpiar le corresponde a ella, él a lo sumo la podría "ayudar"). Y ¿vieron el estado de la casa? Qué mugrientas estas mujeres... Menos mal que está Mr. Músculo. Ahora sí puede entrar su compañero/marido/novio a rascarse las pelotas y mirar tele tomando cerveza.
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miércoles, 6 de enero de 2010

Las mujeres son más feas que los hombres...

Llegué a esa conclusión después de repensar todo lo que las mujeres tienen que hacer para ser consideradas lindas.

Si realmente las mujeres fueran consideradas lindas naturalmente, no tendrían necesidad de depilarse el cuerpo entero, pintarse, arreglarse. Hacen todo eso para parecer lindas de acuerdo a los cánones impuestos, los cuales no son reales y no tienen nada que ver con la realidad del cuerpo de las mujeres. Esto significa que una mujer al natural, sin maquillaje, con sus pelos normales, sin tratamiento contra la celulitis, etc., es considerada fea por la sociedad, y que necesita producirse para ponerse linda.

Una mujer necesita artificios para corresponder a eso que la sociedad decidió que significaba "ser mujer", que no tiene nada, pero nada que ver con la naturaleza de las mujeres.

Nunca entendí ni entenderé a la gente, hombres y mujeres, que dicen que las mujeres son más lindas que los hombres, pero que nunca jamás piensan, para afirmar eso, en una mujer al natural (con pelos, celulitis, cara lavada, arrugas, canas). ¿No se dan cuenta de esa contradicción?

Me di cuenta de algo realmente asombroso hace pocos días: la mayoría de los hombres occidentales de mi generación nunca vio a una mujer natural. Mi propio compañero reconoció que nunca vio a una mujer con sus pelos originales en piernas, axilas y cavado. Simplemente, ¡no tiene idea de lo que es una mujer de verdad, de su cuerpo, su naturaleza! Lo que conoce de las mujeres es un artificio, una mentira, un engaño. Y como yo soy cómplice del sistema y me depilo, llegué a la conclusión de que en todo caso en lo físico, se enamoró de algo completamente falso. Mi compañero, y la inmensa mayoría de los hombres occidentales, jamás podrían decir: "Me encantan las mujeres" o "Las mujeres son hermosas" porque nunca en su vida vieron a una mujer de verdad. En todo caso, si fueran honestos, deberían decir: "Me encantan las mujeres depiladas, arregladas, disfrazadas".

He leído algo aún más trágico: muchos médicos jamás vieron tampoco a una mujer natural, y diagnostican hirsurtismo (crecimiento anormal y excesivo del vello) equivocadamente, cuando simplemente se trata de una mujer con una pilosidad normal  y que no se depila.

La industria pornográfica, además, no ayudó en nada: al presentar actrices con el pubis completamente depilado, como el de una niña, crearon una fantasía en muchos hombres, que reclaman a sus compañeras que se presenten ante ellos con el sexo liso como piel de bebé. Teniendo ellos, por supuesto, un vello púbico abundante al que no tocarían ni por todo el oro del mundo y aunque su compañera se atragante en cada felatio.

El día que los hombres se depilen de manera tan asidua, sistemática y obligada como las mujeres,  el día que su pelo también sea objeto de burla y de miradas reprobatorias, será otra historia. Igualmente, no veo el interés de nivelar hacia abajo. Ni hombres ni mujeres deberían sentir la obligación de ocultar la naturaleza de su cuerpo, ni deberían sentir vergüenza ante las manifestaciones naturales de su cuerpo, como las mujeres tienen vergüenza de sus pelos, pasando horas y torturándose de mil maneras para ocultarlos.

Pero parece que algo tan simple y tan evidente como eso es imposible de hacer entender. Por decir eso me tachan de lesbiana, de frustrada, de histérica, y de no sé qué otro epíteto, (siendo "lesbiana" el peor de ellos, por supuesto), y despertando un odio que alcanza niveles realmente alucinantes.
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lunes, 4 de enero de 2010

Maldito pelo largo

Para esta primera entrada del año, arranco con un tema que últimamente me ulcera: las exigencias que pesan sobre las mujeres para con su apariencia.

Esta vez, el tema es: el pelo largo.

Para ser consideradas seductoras, se supone que las mujeres debemos tener pelo largo. Y brillante. Y sedoso.

Y esto se suma a la laaaarga lista de exigencias que nos hacen perder un tiempo (y un dinero) increíble, exigencias que no tienen los varones, porque las exigencias que pesan sobre ellos siempre son más cómodas.

Presionada por mi entorno, decidí dejarme crecer el pelo. Antes, lo tenía muy corto. Pero una cantidad alucinante de personas (en Argentina, porque en Europa nada que ver) me dijo: "Ay, ¿por qué no te lo dejás crecer, vos que sos joven? Cuando estés vieja no lo vas a poder tener largo, porque no da en una mujer grande, ¿viste? Tenés todo el tiempo de tenerlo corto".

Ahí me enteré de que además de toooodo lo otro, también tenemos exigencias sobre el largo del pelo según la edad, porque el pelo es considerado un arma de seducción (por eso en las tres religiones monoteístas el pelo de la mujer -nunca del hombre, claro- es considerado pecaminoso y una provocación sexual).

O sea, cuando se nos pasa la fecha de vencimiento, nada de tener pelo largo y pretender seguir seduciendo, a cortarse el pelo se ha dicho, que una mujer vieja que pretende seguir siendo sensual es muy ridícula (mientras que los tipos siguen siendo considerados seductores pasados los 70). Mi pregunta es a qué edad se considera que una mujer está fuera de carrera y tiene que cortarse el pelo... ¿Los 40? ¿Los 50?

En fin.

Cedí a las presiones y me lo dejé largo. Y el otro día, fui a la peluquería, porque claro, de vez en cuando hay que darle un retoque para que no sea cualquier cosa. En mi peluquería habitual, todos los años me llaman para mi cumpleaños para ofrecerme un baño de crema gratis. Nunca lo usé, porque nunca le vi el interés. La última vez, decidí probar.

Fui pensando que después de lavártelo, te aplicaban una crema, y chau.

Nada que ver. Te aplican una crema, te ponen una toalla alrededor de la cabeza, te ubican debajo de una especie de casco del que sale vapor, ¡y te dejan como media hora ahí! ¡Como si tuviera media hora para perder leyendo revistas de chimentos con todo el trabajo que tengo (preciso que me apasiona mi trabajo, a ver si me acusan de ser víctima del capitalismo a ultranza)! Después de 10 minutos me pudrí, porque además me empezaba a doler la cabeza, y pedí que me sacaran esta mierda y me cortaran el pelo, que a eso había ido.

Después se lo comenté a mi compañero, que me dijo: "Sí, pero mirá qué lindo que tenés el pelo". Lo cual era cualquiera: mi pelo estaba bien porque salía de la peluquería y me lo habían peinado, cosa que, por lo general, hago de manera bastante expeditiva. No porque hubiera estado 10 minutos con la cabeza debajo de un casco de vapor.

Eso del baño de crema es un invento de los industriales de productos capilares para que les compren más cosas, nada más.

Y aunque funcionara, lo lamento por mi compañero, pero no estoy dispuesta a pasarme media hora en la peluquería sólo para tenerlo sedoso o no sé qué otra cosa más. Tengo miles de otras cosas mucho más apasionantes para hacer antes que estar perdiendo el tiempo en algo tan superficial.

Porque después, a esa melena seductora que tenemos que tener las mujeres jóvenes, la tenemos que lavar, enjuagar (cosa que me tomaba 2 minutos con pelo corto, y como 10 con pelo largo, con lo cual gasto más agua, más gas, y tengo un comportamiento menos ecológico), y peinar, claro.

¿Cuántas veces me dijeron, porque simplemente me lo dejo suelto o me lo ato en colita: "Podrías hacerte algún peinado un poco más sofisticado"?

Bueno, un día, para una fiesta, decidí hacerme un peinado más sofisticado. Un rodete hermosísimo, siguiendo las instrucciones en Internet. Además de ser mi primer peinado con asesoría cibernética, tardé 40 minutos en hacerlo. Está bien, falta de práctica, me dirán. Digamos que con mucha práctica (o sea, pasando mucho tiempo para adquirir esa práctica), lo podría hacer en la mitad del tiempo. ¡Veinte minutos peinándome! ¿Qué hombre tarda tanto para arreglarse el pelo? Eso sí, estaba divina y tuve mucho éxito, ésa era la idea, claro. ¡Pero a qué precio!

Una pérdida de tiempo abismal. Que se suma al tiempo perdido pintándose, depilándose, dándole forma a las uñas largas, eligiendo los accesorios, las joyas, etc., todas cosas que se supone que tiene que hacer una mujer para ser considerada una mujer y no un mamarracho.

Como siempre, las exigencias que pesan sobre las mujeres para con su cuerpo y su apariencia les hacen perder un tiempo que los hombres pasan trabajando o descansando o en cualquier otra actividad más divertida que estar horas delante de un espejo.

Algunos hombres son los primeros en decirnos: "Pero mirá qué lindo que tenés el pelo después del baño de crema" o "qué lindo que lo tenés así largo, no te lo cortes más", pero también los primeros en quejarse de que tardemos demasiado en la ducha o en el baño en general.

Como siempre, mandatos contradictorios y pérdida de tiempo son el destino cotidiano de las mujeres si quieren cumplir con lo que se espera de ellas.