Continuando sobre el tema de la entrada anterior y la "cosificación" del delantero Ezequiel Lavezzi, he leído algunos textos que me han hecho reflexionar sobre el concepto mismo de cosificación.
Sé que en mi entrada anterior he puesto en paralelo la cosificación de las mujeres con la de los varones, diciendo que estaba mal sea cual sea el género.
Pero la situación no es completamente equiparable. La cosificación no es, fuera de todo otro contexto, que un puñado de mujeres expresen su calentura al ver un tipo con un buen lomo.
La cosificación de las mujeres es algo mucho más complejo: se da porque existe un contexto que hace de toda mujer que se adecúe en mayor o menor medida a los cánones establecidos un objeto sexual a disposición de la mirada masculina. Además, muchas veces se muestra solamente pedazos del cuerpo de las mujeres: su culo, sus tetas. Se les borra el rostro. Se vuelven, literalmente, trozos de carne.
Y eso tiene muchas más implicancias que una simple página de Facebook sobre Lavezzi que, por más que retome el vocabulario y el tono de los varones cosificadores, es como una isla en un océano de cosificación de las mujeres.
Es decir, esta página no tendrá absolutamente ninguna consecuencia, porque seguimos viviendo en una sociedad de dominación patriarcal, en que todas las instancias aceptan que se cosifique a las mujeres incluso a nivel institucional, pero no a los varones.
Esas mujeres que se pajean delante de imágenes de Lavezzi siguen siendo vistas como una rareza, una anécdota divertida. Si hace tanto ruido esta página de Facebook (como deben existir miles y miles sobre sex simbol femeninos de las que desconocemos la existencia), es porque no se considera como algo normal que las mujeres expresen de manera tan gráfica que se mojan toda miranda la foto de un varón.
Esto no es el nacimiento de una nueva norma que objetivice también a los varones. En cuanto termine el Mundial, se volverá a lo de siempre: las mujeres calladitas, y los varones desparramando sus calenturas por la web y el mundo sin que se le mueva un pelo a nadie (salvo a las siempre tan molestas feministas).
No habrá ninguna otra consecuencia que el recuerdo de una anécdota singular. Para ser concreta, la FIFA no va a atender el pedido de esas 300.000 babosas y no va a obligar a los jugadores a desempeñarse en la cancha en cuero para satisfacer la mirada femenina heterosexual.
En cambio, las mujeres deportistas sí tienen y tendrán que seguir satisfaciendo la mirada masculina heterosexual. Esto es algo aceptado, promovido y incluso impuesto por las autoridades deportivas. Y solamente hablo aquí del mundo del deporte, pero podría extenderme al resto de la sociedad.
Hasta el 2012, por ejemplo, las jugadoras de voleibol de playa tenían la obligación de jugar con diminutos bikinis: no podían tener más de 7 cm de ancho en la cadera. ¿Comodidad? No, por supuesto. Entre un bikini que te entra en la raya del culo y un short, el short es mucho más cómodo. De hecho los varones juegan con bermudas con los que no se sienten un pedazo de carne.
Pero claro, había que satisfacer al público masculino heterosexual y mostrar la mayor cantidad de carne femenina para que sea un deporte atractivo. Y de hecho, las fotos que se publican de los partidos no dejan ninguna duda al respecto: lo que interesa aquí son los culos, no la performance deportiva:
Y si la Federación Internacional de Voleibol (FIVB) permitió a las mujeres usar shorts y tops en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, no fue por una cuestión de igualdad, sino, muy por el contrario, ante la presión de los países musulmanes...
Lo mismo con el tenis: las mujeres están obligadas, todavía hoy, a jugar con diminutas polleritas sexys. Y en 2011, la Federación Mundial de Badminton (BWF) anunció que obligaría a las jugadoras a llevar falda en los torneos para "asegurar una atractiva presentación" de este deporte.
¿Tiene que ver eso con una necesidad del deporte en sí? No, claramente: esas obligaciones solamente se aplican a las mujeres. Si fuera por comodidad, las faldas también se deberían imponer a los varones. De nuevo, es pura y exclusivamente para satisfacer al público masculino heterosexual.
Entonces, el día que la FIFA decida que los jugadores de fútbol tienen la obligación de jugar sin camiseta, como lo propone el grupo de Facebook baboso-lavezziano, para satisfacer al público femenino heterosexual, y el día que los varones sean puestos como objetos de decoración con sus pectorales al aire en cuanto programa de televisión haya, el día que sean vistos, en todas las instancias de la sociedad, como trozos de carne apetitosos, sí estaremos empezando a entrar en una situación en que se pueda equiparar la cosificación de los varones con la que históricamente hemos vivido las mujeres.




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