sábado, 27 de febrero de 2010

El machismo de los cuentos infantiles

Disney es machista. Un video en Internet, enviado por una persona que lee este blog, lo explica muy bien.

Aunque Disney no ha inventado nada. La inmensa mayoría de los cuentos infantiles lo son: siempre cuentan la historia de una chica linda, con una madrastra horrible y mala, un padre bueno y sometido a su esposa, y un príncipe azul que rescata a la princesa.

¿Cuál es la enseñanza de esos cuentos? Que el padre es siempre bueno, que la culpable de todos los males es siempre una mujer, que las chicas tienen que esperar pasivamente a su príncipe azul que viene a rescatarlas y se enamoran de ellas no por su inteligencia, sino por su belleza, y que su felicidad pasa por casarse y tener hijos.

En pocas palabras: sé linda y callate.

Si tuviera hijxs, defenestraría a la primera persona que se atreviera a contarles ese tipo de cuentos.

martes, 16 de febrero de 2010

Lo que pasa es que no tenés humor...

El otro día me enviaron chistes por mails, de esos "subidos de tono" que circulan por Internet y que, más allá de que me parecen pésimos, transmiten de manera encubierta un horrendo sexismo. Digo, no dicen "las mujeres son todas putas", pero finalmente, no sé qué es peor, si chistes claramente machistas, o este tipo de chistes con la apariencia de la inocencia.

Primer chiste:
Resulta que, tras el diluvio universal, el arca de Noé se movía para todos lados, y el patriarca Noé no encontraba explicación a ello.
Un día decide ir a visitar la cubierta de los animales, y he ahí el problema: todos los animales hacían el amor.
Noé enfadado les gritó:
- Paren, ¡esto no puede ser! Les salvé la vida, ¿es así como me pagan? Van a hundir el arca.
Todos los animales le obedecieron, pero a Noé le dio lástima y les dijo:
- Le daré una ficha a cada pareja; en ella estará el día y la hora en que pueden hacer el amor.
Y así lo hizo. Pasaron los días y andaba el mono molestando a la mona y le decía:
- ¡El miércoles a las 4 de la tarde vas a sufrir!
Y durante tres días le dijo lo mismo. La mona, muy enfadada, fue a hablar con Noé.
- Mira Noé, el mono hace tres días que me anda molestando. Me dice que el miércoles a las 4 de la tarde voy a sufrir. Yo sé lo que va pasar ese día. ¡Pero no puede andar gritándolo por todas partes! ¿Qué van a decir mis amigas?
Noé, enfadado, fue a buscar al mono y le dijo:
- ¡Oye, mono...! ¿Por qué molestas a la mona de esa manera? ¿Qué es eso de que va a sufrir?
- Verás... ¡es que perdí mi ficha jugando al póquer con el burro!
No es la expresión "vas a sufrir" la que me escandaliza. Sino el hecho de que sea el mono el dueño de la ficha. ¿No era que Noé había dado una ficha "a cada pareja"? Aquí vemos un espléndido ejemplo de falocentrismo: "la pareja" es, en realidad, "el macho", que tiene la ficha, o sea, el poder. Poder de decidir cuándo, cómo y si tener relaciones sexuales. Todo un símbolo...

Segundo chiste:
Un joven, al estar con su novia en un parque, dentro de un auto, le ruega, lloriquea y pide por lo que más quiera que se deje hacer el amor, pero la chica no accede.
Finalmente el joven le dice:
- ¡Anda mujer! ¡Sólo te voy a meter la mitad!
La mujer, por fin convencida, acepta, diciéndole:
- Bueno, pero sólo la mitad... Promételo.
El joven acepta y se lanza sobre ella desesperado e introduce todo lo que tiene. La chica, al sentir la embestida, goza tremendamente y le dice a su novio:
- ¡¡Métemela toda!! ¡¡Métemela toda!!
El novio, algo avergonzado, tratando de salvar su orgullo, le dice:
- ¡Ah no! Promesas son promesas.
O sea, primero, vemos claramente un caso de violación: ella acepta con la condición de que sea sólo la mitad, y él se caga en su deseo, su cuerpo, su integridad física y se la mete entera. Claramente una relación no consentida.
Y luego, el chiste transmite la idea de que si le das un poquito a una mujer que se niega, ésa enseguida cambia de parecer y se pone a gozar como loca.
Por último, da a entender que hacer el amor = penetración de la vagina con el pene. Yo, personalmente, conozco mil maneras de hacer el amor sin que haya penetración, pero en fin...
Y ni que hablar de la expresión: "que SE deje hacer el amor". Significa que en una relación sexual, el que hace es el hombre. La mujer se deja. Buenísimo.

Eso sí: si le enviara mis comentarios a la persona que me mandó estos chistes, me tildaría de histérica, de hincha pelotas, de aburrida, y me reprocharía que vea sexismo en todos lados.

Si veo sexismo en todos lados, ¿será por un problema mío de visión? ¿O porque realmente está en todos lados?
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jueves, 11 de febrero de 2010

Las madres perpetúan el machismo

Me pidieron entradas más cortas. Entonces voy a escribir una entrada corta.

Incontables veces, escucho que son las mujeres las que tienen la culpa de perpetuar el machismo, porque educan a sus hijxs de manera machista.

Ajá.

¿¿¿Y el padre qué carajos hace mientras tanto??? ¿Salió a jugar al pool con los amigos?

Un padre que deja que la madre eduque a sus hijxs de tal o cual manera, o que directamente no se hace cargo de sus hijxs, tiene tanta responsabilidad como la madre en el resultado de esa educación. Si quiere un resultado distinto, ¡que se meta!

Por lo demás, y sí, las mujeres también son producto de una sociedad y reproducen el machismo, ¿o pensaban que las mujeres vivían en una burbuja?


(¿así es suficientemente corta la entrada?)

martes, 9 de febrero de 2010

Me duele la cabeza...

El otro día, estuve hojeando la revista Brando, una revista, al parecer, dirigida al hombre moderno heterosexual de hoy. Uno de los artículos hablaba del cansancio que pueden sentir algunos hombres al final de la jornada, que dificultaría el deseo sexual y las ganas de tener sexo con su pareja.

No tomé la pena de anotar exactamente lo que decía, pero uno de los párrafos explicaba algo así: después de una jornada laboral de ocho horas, de una hora en el tráfico, de tener que soportar los gritos del jefe o el mal humor de los colegas, pasar por Coto a comprar lechuga y papel higiénico y llevar a la más pequeña a su clase de chino mandarín, cualquier hombre puede legítimamente sentirse cansado y no tener ganas de tener sexo.

Aaaaaaah, noooo, ¡paren las rotativas! ¿¿Cómo es eso?? Así que ahora que los hombres también hacen compras y se ocupan de lxs chicxs, ¿nos vienen con que están demasiado cansados como para tener sexo? ¿Cómo? ¿No era que era una excusa de las mujeres porque es bien sabido que a las mujeres no les gusta el sexo y se la pasan buscando excusas?

Claro, antes, los varones, después del trabajo, se iban a jugar al fútbol o a tomar una cerveza al bar o se quedaban hasta las 22 en la oficina (siempre con reuniones muuuuuy importantes) con tal de no volver a casa y tener que agarrar una escoba, cocinar o ayudar a sus hijxs a hacer sus deberes. Cuando llegaban a casa, estaba todo listo, los niñxs estaban en la cama, sólo tenían que ir a darles el beso de las buenas noches, poner los pies debajo de la mesa, comer, ver un poco de tele, y pretender que su esposa estuviera dispuesta a tener una noche de sexo desenfrenado, sin tomar en cuenta todo lo que ella había hecho en la casa además de su  propia jornada laboral.

Y ahora vienen con que, y bueno, después de hacer todo eso, qué les parece, es normal que uno se sienta sin ganas...

Me encanta cómo, cuando se trata de hombres, la cosa es entendible, y cuando se trataba de mujeres, ah no, ahí no, era una vil excusa de esa incorregible frígida...
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viernes, 5 de febrero de 2010

Mujer: no arrugues y sé un objeto sexual como dios manda

Ya saben, mujeres: tienen que ser flacas, sin celulitis, blancas y jóvenes, con la piel impecable, sin arrugas, ponerse tacos incomodísimos, mostrar la mayor cantidad de carne posible, pasar delante de machos en celo y desear que nos traten como vaginas con patas, en una palabra, sentirse OBJETOS SEXUALES, que para eso fueron hechas.

Y hombres: ni se les ocurra respetar a las mujeres que caminan por la calle, ni se les ocurra no acosarlas cuando pasan delante suyo, ni se les ocurra no faltarles el respeto: si son machos, tienen el deber de ser cerdos y decirles chanchadas, porque les encanta.

¿Les quedó claro o hay que decirlo más explícitamente aún? A ver si con esta publicidad lo entienden:

martes, 2 de febrero de 2010

Los nenes tienen pito, las nenas tienen...

En muchas familias en que hay un nene y una nena, se nota una clara diferencia sobre el tratamiento de sus órganos genitales. En la mayoría de los casos, ahí donde se habla de pito, pitulín o cualquier otra denominación que designe al pene, en el caso de la vulva... silencio total. A eso que tienen las nenas, no se lo nombra. Ni vulva, ni clítoris, ni nada.

A las nenas se les dice que no tienen pene. O sea, de lo que tienen, se lo define por lo que no tienen. Como mucho, se les dice que tienen vagina: un agujero hecho para recibir un pene y expulsar un bebé. Y punto final. Después, claro, hablan de envidia del pene, cuando lo único que nos dicen es: "Vos no tenés esto o no tenés aquello"...

De lo que rodea la vagina, de lo visible, de la vulva, los labios, el clítoris, del placer que proporciona, nunca se habla.

Hasta en eso los varones tienen suerte. Desde la primera ecografía en que se les ve el pene, los padres se extasian: "Mirá que cacho de pito que tiene, mi nene va a ser bien macho", he escuchado decir a un padre emocionado. Lo mismo cuando le cambian los pañales.

Nunca he escuchado a ninguna madre decir: "Mirá que cacho de clítoris que tiene mi nena, esa sí que va a gozar cuando sea grande".

Y sin embargo, no sería una mala idea. Según muchos estudios, la gran mayoría de las mujeres no conocen su vulva. Nunca la han visto, nadie les ha hablado de ello, no saben de qué se compone. A mí nunca nadie me habló del clítoris, el único órgano humano que no sirve para otra cosa que para el placer. Descubrí su existencia leyendo a escondidas libros sobre la sexualidad, y asociando eso que leía con el placer que me daba masturbarme. No tenía idea de que el líquido que salía de mi vagina cuando tenía un orgasmo (tampoco sabía que eso que tenía era un orgasmo) era de lubricación.

Si bien el sexo es tabú tanto para chicos como para chicas, en eso también los chicos corren con ventaja: desde muy chicos saben cómo funciona, lo que es la eyaculación, lo que es un orgasmo. En las clases de educación sexual impartidas en la escuela, en las que solamente se habla de genitalidad y de reproducción (en todo caso las que yo recibí, durante las horas de clases de Ciencias Naturales), se explica que el hombre tiene un orgasmo, eyacula, y con su semen fecunda a la mujer. ¿El orgasmo en la mujer? Nunca jamás lo mencionaron. Nunca tampoco escuché a mi profesora mencionar el clítoris.

Creo esencial explicar a las nenas, desde muy chiquitas, que lo que tienen ahí tiene nombre. Y eso que está ahí no solamente es una vagina, no solamente es un agujero listo para recibir un pene. Estaría bueno también nombrar la vulva, los labios, el clítoris, y explicar su función.

Quizás así las adolescentes sientan menos vergüenza a la hora de masturbarse. Porque ese es otro tema: ¡los adolescentes varones llegan hasta a masturbarse en grupo! Hablan de ello, la mayoría de ellos se sienten orgullosos de sus capacidades masturbatorias y eyaculatorias. Las mujeres, no solamente lo hacemos en la más completa intimidad, a escondidas, a veces sin siquiera saber de qué se trata (supe que me masturbaba como un año después de empezar a hacerlo asiduamente) sino que encima, ¡llegamos a negar que nos masturbamos!

El día que a las nenas se les explique cómo funciona su vulva, su clítoris, su placer, se evitarán situaciones como las que cuentan las mujeres entrevistadas en este programa de Alessandra Rampolla:

miércoles, 27 de enero de 2010

Amamantar: ¿sólo para mujeres?

Pues sí, hoy me he enterado de algo que echa a tierra todos los argumentos de los hombres que dicen que las mujeres son más aptas para ocuparse de los bebés que los hombres porque ellas amamantan y ellos no.

Los hombres pueden amamantar.



¿Les parece delirante? Aparentemente no lo es. No sé si todo el mundo sabe, pero cualquier mujer, aún sin tener hijos, puede producir leche con un estímulo adecuado de sus mamas, con un saca-leche (¡o pidiendo a alguien que le succione las tetas regularmente!). Basta con activar el saca-leche todos los días en las mamas para que éstas empiecen a producir leche al cabo de unos días o semanas. Así es como las mujeres que adoptan pueden amamantar a su hijx, estimulando sus mamas unas semanas antes de la llegada del bebé a casa (se llama lactancia inducida).

Da la casualidad de que los hombres, como las mujeres, tienen pezones, y más importante aun, glándulas mamarias. En menor cantidad que las mujeres, los hombres pueden por lo tanto, con una medicación hormonal o una simple estimulación física de sus mamas, producir leche. La cantidad producida no sería suficiente para alimentar al bebé, pero sí como complemento, a la espera de que llegue la mamá, o para calmar a un lactante angustiado.

De hecho, para eso último, no hace falta ni producir leche. La mama cumple dos funciones en el lactante: alimentarlo, y reconfortarlo. Pues un hombre podría perfectamente dar el pecho para calmar a su bebé cuando éste llora.

De hecho, existe un pueblo en el que los hombres suelen dar el pecho con ese propósito. Se trata de los pigmeos aka, que viven en los bosques de la frontera entre Congo Brazzaville y la República Centroafricana, y que, según un estudio del Fatherhood Institute, han sido nombrado los mejores padres del mundo, porque son los que más tiempo dedican al cuidado de sus hijos.

Como promedio, un papá aka tiene en sus brazos a su bebé el 47 % del tiempo, es decir, casi tanto como las mamás aka. Y al parecer, esto es un récord mundial. Solamente algunos países del norte de Europa con altos estándares en igualdad de género empiezan a aproximarse al ejemplo de los padres aka. En Suecia, un padre suele cuidar de su hijo el 45% del tiempo, dice el informe.

Al parecer, un papá aka utiliza todas las oportunidades a su alcance para estar en estrecho contacto con su hijo. Suele llevar con él al bebé cuando van a beber vino de palma o durante otras actividades sociales y, según el informe, pueden sostener al bebé entre sus brazos durante varias horas, sin descanso. También son ellos que, con más frecuencia que las mamás, atienden del bebé cuando este se despierta por la noche.

Y, cuando el bebé llora o tiene hambre, suelen darle el pecho. El bebé, cuando está contra el pecho  desnudo de su papá, automáticamente busca el pezón, lo encuentra y empieza a succionar, tranquilizándose. "El pezón de un padre es perfectamente satisfactorio para calmar a un bebé y su llanto hasta que pueda ser alimentado", según el informe británico.

Bueno, pues, al parecer, hasta podría servir para alimentarlo y todo.



Así que ya saben: aquellos hombres que dicen que solamente las mujeres pueden tener ese lazo excepcional con el bebé porque ellas amamantan, tomando eso como excusa para dejarlas a ellas despertarse por la noche u ocuparse del bebé, ya no tienen esa excusa.

Y a ver también cuántos se lo bancan, sacan el pezón y se lo dan a su bebé, después de tantos discursos tipo "qué suerte que tienen las mujeres de poder amamantar, qué daría yo para poder hacerlo" (escuchado hace muy poquito de alguien muy cercano). Pues no tienen que dar nada, solamente darle al saca-leche con asiduidad durante unas semanas. Ya los quiero ver sacar su teta y amamantar a su hijo en público.

Para lxs que entienden inglés:



jueves, 21 de enero de 2010

¿Paridad en las tareas domésticas?

Regularmente me dicen, para negar que el machismo sigue existiendo, que hoy día los hombres comparten las tareas domésticas con las mujeres en un 50%.

Lamentablemente, esa sensación es sólo eso: una sensación. Todos los estudios realizados sobre el tema muestran que las mujeres, en promedio (claro que siempre habrá alguno que salte diciendo que su compañera no hace nada en casa mientras que él hace todo, o que se reparten las tareas de manera equilibrada) se siguen encargando de la mayor parte de las tareas domésticas, y este fenónemo se acentúa cuando la pareja tiene un bebé.

Hace muy poquito salieron dos estudios muy similares sobre el tema en Francia y en España. Los dos arrojan resultados semejantes: en una pareja heterosexual, es la mujer la que más se encarga de las tareas domésticas.

El primer estudio lo realizó el Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED) de Francia. Las conclusiones del demógrafo Arnaud Régnier-Loilier son claras: "La llegada de un hijo acentúa el desequilibrio del reparto de las tareas domésticas entre hombres y mujeres. Son ellas las que se alejan del mercado del empleo, y ellas también las que ocupan más tiempo con las tareas domésticas".

En realidad, el estudio fue internacional. No vi el resultado de todo, pero en Francia salieron publicados los resultados para ese país, en el que se interrogaron a 2.000 parejas. Hombres y mujeres tuvieron que medir, en dos oportunidades, en 2005 y 2008, su participación en las tareas domésticas: la preparación de las comidas, lavar los platos, las compras alimenticias, planchar, pasar la aspiradora, organizar las cuentas de la casa y la organización de la vida social de la familia. Entre las parejas interrogadas, un cuarto de ellas tuvo un hijo entre las dos fechas.

El resultado: entre las mujeres de 20 a 49 años que están en pareja, el 80% se ocupa siempre o la mayor parte del tiempo de planchar, y el 70% de preparar la comida todos los días. La tarea mejor compartida es, sin sorpresa, la organización de la vida social de la familia (invitaciones, preparación de las vacaciones, relaciones con la familia), pero aun ahí, las mujeres se implican más.

Y cuando llega un hijo, peor: la proporción de mujeres que se ocupa de la cocina pasa de 51% a 58% cuando se trata de un primer bebé, y de 72% a 77% cuando ya hay otros hermanas y hermanos.

El 25% de las mujeres que dieron a luz a su primer bebé entre 2005 y 2008 dejaron de trabajar o redujeron su actividad, y el 32% de las que tuvieron un segundo o un tercer bebé. Esta "elección", aparentemente, no las vuelve locas de felicidad: las que se ocupan de casi todas las tareas domésticas son las que dicen estar menos satisfechas con su vida familiar. En efecto,  el 50% de las madres de al menos tres hijos declaran tasas de insatisfacción elevadas, por el 40% de las madres de dos hijos y el 30% de las que no tienen hijos. Los hombres, en cambio, están chochos: el número de hijos no influye en su tasa de satisfacción, y no tiene ninguna incidencia sobre su carrera.

Más información sobre este estudio aquí.

En 1999 había salido otro estudio en Francia, esta vez hecho por el Instituto Nacional de Estadísticas (INSEE). Arrojaba que las mujeres seguían dedicando el doble de tiempo que los hombres a las tareas domésticas: en promedio, las mujeres dedicaban, por día, 4h36 a las tareas domésticas, y los hombres... 2h13.

Sobre el cuidado a los hijos específicamente, las mujeres dedicaban entonces 0h38, y los padres, 0h11. O sea, casi cuatro veces menos tiempo.

Otro detalle interesante: el estudio notó que trece años antes, en 1986, las mujeres dedicaban 5h07 a las tareas domésticas por día. O sea, en trece años, dedicaron media hora menos a esa actividad. ¿Los hombres? Pues ellos aumentaron su participación en las tareas domesticas en tan sólo... 6 minutos: en 1986, les consagraban 2h07 de su tiempo.

En España, un informe de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) demostró lo siguiente (cito una nota del diario El País):

"La mayoría de los hombres de entre 25 y 50 años siguen dedicando mucho menos tiempo a las tareas domésticas que sus parejas. (Una de las autoras del estudio y profesora de Sociología de la UNED, Teresa) Jurado ha afirmado que cocinar o limpiar son actividades que cuestan más realizarlas a los hombres, mientras que las tareas "exteriores" como hacer la compra son "más agradables" para ellos y están más predispuestos a llevarlas a cabo. Jurado, en referencia a un estudio del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2003, ha indicado que los varones de entre 25 y 29 años que conviven con sus parejas dedican una hora y 55 minutos como máximo a las tareas del hogar al día, mientras que ellas emplean tres horas y 47 minutos".

Si en Francia y en España, países en los que la evolución hacia más igualdad entre los sexos ha sido más rápida, ésta es la situación, imagínense ahora lo que pasa en Argentina...

A mí me divierte mucho cuando los hombres dicen que "ayudan" a su pareja en la casa. Al elegir ese término, "ayudar", indica que consideran que las tareas domésticas relevan de la mujer, y que ellos, a lo sumo, la pueden "ayudar" en esa tarea que le corresponde. Si realmente consideraran que las tareas domésticas tienen que ser compartidas en un 50%, hablarían de "participación", no de "ayuda".

También he visto situaciones en las que el hombre decía participar en un 50% en las tareas domésticas, pero si se contabilizaba el tiempo que cada uno les dedicaba, el desequilibrio era evidente. O bien, lo hacían, pero a pedido de la mujer: "¿Podés cambiar los pañales al nene?", "¿No irías a comprar naranjas al súper?".

Porque esa es otra: raras veces se mide la "carga mental" de las tareas domésticas: el hecho de tomar la iniciativa, estar pendiente de si faltan pañales, leche o papel higiénico o de si el nene tiene medias limpias... Puede que el hombre vaya a comprar pañales, leche o papel higiénico y ponga a funcionar el lavarropas, pero en muchísimos casos, la que pensó en hacer todo eso fue la mujer.

O están los que hablan de "lavarle los platos" a la mujer, o "hacerle las compras"...

Un día, un hombre me contó que más tarde, cuando tuviera dinero, pagaría los servicios de una empleada doméstica: "Así mi mujer no tendrá que hacer esas cosas", me explicó.

¿Su mujer? ¿Y él? En caso de no tener empleada doméstica, ¿no piensa realizar su parte de tareas? Visiblemente, no. La que será librada de ese engorroso trabajo será su mujer, no él. Lo peor de todo es que me lo dijo pensando anunciar una posición súper feminista.

En fin...
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lunes, 18 de enero de 2010

Elogio de la mujer brava

Buceando en los archivos de mi computadora, encontré este texto de Héctor Abad, escritor y periodista colombiano, que se remonta a al menos 2003. Me parece un tanto naïf (habla de "las mujeres" como si fueran todas iguales) pero me dieron ganas de compartirlo con ustedes.

Elogio de la mujer brava
Por Héctor Abad

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viragos, marimachos.

En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bolas, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo, y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan, y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan, y sólo se desnudan si les da la gana.

Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio, y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa, y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche, y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza: nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

lunes, 11 de enero de 2010

¿Quién quiere ser mujer?

¿Se han dado cuenta de que en las publicidades, las mujeres tenemos miles de problemas que los hombres nunca tienen?

Arrugas, constipación, celulitis, estrías, canas, incontinencia urinaria, inodoros sucios, ropa de los nenes sucia, toneladas de vajilla para lavar y uf, qué fiaca (pero menos mal está el lavavajilla X, no será que nuestro compañero se humille participando en las tareas domésticas), azulejos tan asquerosos que menos mal que está Mr. M. -un hombre, ahí sí- para enseñarnos a ser limpias, porque nosotras somos realmente mugrientas y tontas de remate y necesitamos que un hombre nos diga cómo hacer (¿que lo haga él? noooooo), etc. etc.

Mientras tanto, los hombres en las publicidades, ¿qué hacen? ¿Qué drama les ocurre?

Bueno, un montón de cosas terribles: toman cerveza, se compran coches, hacen trabajos interesantes, pueden tener mujeres jóvenes y hermosas hasta pasados sus 80 años, compran celulares, viajan, puede que alguna vez les duela la cabeza de tanto trabajar, pero enseguida viene su esposa para atenderlos alcanzándoles una aspirina...

Los nenes que vean esos comerciales crecerán con la idea de que les espera una larga vida apasionante, viril, sana y poderosa.

Las nenas, con la idea de que les espera una larga vida problemática con mugre por doquier, dolores de todo tipo y color, incontinencia, canas, grasa, pañales que desbordan, inodoros a los que la caca se queda pegada (el día que se vea a un hombre de rodillas con las manos dentro de un inodoro en un comercial, habremos dado un gran paso adelante)...

Como me lo señaló muy justamente una lectora en un comentario de otra entrada, ¿cómo una niña puede tener ganas de convertirse en mujer viendo en las publicidades lo que le espera?

Después hablan de envidia del falo. ¡Y con razón! ¿Qué persona en su sano juicio puede desear eso que nos presentan en los comerciales, las revistas, la televisión?

Agradezco infinitamente a mi madre el haberme dado una educación feminista (¡¡y sin tele!!) en la que vislumbré que mi futuro no necesariamente tenía que pasar por ser la mucama de mi marido y de mis hijos, sino que podía pasar por comprarme coches (aunque mi madre también es ecologista, ¡con lo cual tampoco me alentó demasiado a tener un coche! :-)), viajar, tomar cerveza (bueno, ¡nunca me alentó a tomar alcohol tampoco!) y tener poder si así lo deseaba.

Resultado: sigo sin tener televisión, sin ser la mucama de mi compañero, sin tener coche y sin tomar cerveza, y tengo un trabajo que me apasiona, me la paso viajando, no gasto fortunas en tintura para el pelo ni en tratamientos contra la celulitis, y estoy muy feliz de ser una adulta feliz.

Así que padres y madres, ¡ALEJEN A SUS HIJXS DEL TELEVISOR! Y denles una educación igualitaria.



Como verán, esa mujer que siempre necesita la ayuda de un hombre, no tiene en casa a un compañero/marido/novio que participe en las tareas domésticas. Ni se plantea que pueda ser él el que la "ayude" (porque claro, el trabajo de limpiar le corresponde a ella, él a lo sumo la podría "ayudar"). Y ¿vieron el estado de la casa? Qué mugrientas estas mujeres... Menos mal que está Mr. Músculo. Ahora sí puede entrar su compañero/marido/novio a rascarse las pelotas y mirar tele tomando cerveza.
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miércoles, 6 de enero de 2010

Las mujeres son más feas que los hombres...

Llegué a esa conclusión después de repensar todo lo que las mujeres tienen que hacer para ser consideradas lindas.

Si realmente las mujeres fueran consideradas lindas naturalmente, no tendrían necesidad de depilarse el cuerpo entero, pintarse, arreglarse. Hacen todo eso para parecer lindas de acuerdo a los cánones impuestos, los cuales no son reales y no tienen nada que ver con la realidad del cuerpo de las mujeres. Esto significa que una mujer al natural, sin maquillaje, con sus pelos normales, sin tratamiento contra la celulitis, etc., es considerada fea por la sociedad, y que necesita producirse para ponerse linda.

Una mujer necesita artificios para corresponder a eso que la sociedad decidió que significaba "ser mujer", que no tiene nada, pero nada que ver con la naturaleza de las mujeres.

Nunca entendí ni entenderé a la gente, hombres y mujeres, que dicen que las mujeres son más lindas que los hombres, pero que nunca jamás piensan, para afirmar eso, en una mujer al natural (con pelos, celulitis, cara lavada, arrugas, canas). ¿No se dan cuenta de esa contradicción?

Me di cuenta de algo realmente asombroso hace pocos días: la mayoría de los hombres occidentales de mi generación nunca vio a una mujer natural. Mi propio compañero reconoció que nunca vio a una mujer con sus pelos originales en piernas, axilas y cavado. Simplemente, ¡no tiene idea de lo que es una mujer de verdad, de su cuerpo, su naturaleza! Lo que conoce de las mujeres es un artificio, una mentira, un engaño. Y como yo soy cómplice del sistema y me depilo, llegué a la conclusión de que en todo caso en lo físico, se enamoró de algo completamente falso. Mi compañero, y la inmensa mayoría de los hombres occidentales, jamás podrían decir: "Me encantan las mujeres" o "Las mujeres son hermosas" porque nunca en su vida vieron a una mujer de verdad. En todo caso, si fueran honestos, deberían decir: "Me encantan las mujeres depiladas, arregladas, disfrazadas".

He leído algo aún más trágico: muchos médicos jamás vieron tampoco a una mujer natural, y diagnostican hirsurtismo (crecimiento anormal y excesivo del vello) equivocadamente, cuando simplemente se trata de una mujer con una pilosidad normal  y que no se depila.

La industria pornográfica, además, no ayudó en nada: al presentar actrices con el pubis completamente depilado, como el de una niña, crearon una fantasía en muchos hombres, que reclaman a sus compañeras que se presenten ante ellos con el sexo liso como piel de bebé. Teniendo ellos, por supuesto, un vello púbico abundante al que no tocarían ni por todo el oro del mundo y aunque su compañera se atragante en cada felatio.

El día que los hombres se depilen de manera tan asidua, sistemática y obligada como las mujeres,  el día que su pelo también sea objeto de burla y de miradas reprobatorias, será otra historia. Igualmente, no veo el interés de nivelar hacia abajo. Ni hombres ni mujeres deberían sentir la obligación de ocultar la naturaleza de su cuerpo, ni deberían sentir vergüenza ante las manifestaciones naturales de su cuerpo, como las mujeres tienen vergüenza de sus pelos, pasando horas y torturándose de mil maneras para ocultarlos.

Pero parece que algo tan simple y tan evidente como eso es imposible de hacer entender. Por decir eso me tachan de lesbiana, de frustrada, de histérica, y de no sé qué otro epíteto, (siendo "lesbiana" el peor de ellos, por supuesto), y despertando un odio que alcanza niveles realmente alucinantes.
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lunes, 4 de enero de 2010

Maldito pelo largo

Para esta primera entrada del año, arranco con un tema que últimamente me ulcera: las exigencias que pesan sobre las mujeres para con su apariencia.

Esta vez, el tema es: el pelo largo.

Para ser consideradas seductoras, se supone que las mujeres debemos tener pelo largo. Y brillante. Y sedoso.

Y esto se suma a la laaaarga lista de exigencias que nos hacen perder un tiempo (y un dinero) increíble, exigencias que no tienen los varones, porque las exigencias que pesan sobre ellos siempre son más cómodas.

Presionada por mi entorno, decidí dejarme crecer el pelo. Antes, lo tenía muy corto. Pero una cantidad alucinante de personas (en Argentina, porque en Europa nada que ver) me dijo: "Ay, ¿por qué no te lo dejás crecer, vos que sos joven? Cuando estés vieja no lo vas a poder tener largo, porque no da en una mujer grande, ¿viste? Tenés todo el tiempo de tenerlo corto".

Ahí me enteré de que además de toooodo lo otro, también tenemos exigencias sobre el largo del pelo según la edad, porque el pelo es considerado un arma de seducción (por eso en las tres religiones monoteístas el pelo de la mujer -nunca del hombre, claro- es considerado pecaminoso y una provocación sexual).

O sea, cuando se nos pasa la fecha de vencimiento, nada de tener pelo largo y pretender seguir seduciendo, a cortarse el pelo se ha dicho, que una mujer vieja que pretende seguir siendo sensual es muy ridícula (mientras que los tipos siguen siendo considerados seductores pasados los 70). Mi pregunta es a qué edad se considera que una mujer está fuera de carrera y tiene que cortarse el pelo... ¿Los 40? ¿Los 50?

En fin.

Cedí a las presiones y me lo dejé largo. Y el otro día, fui a la peluquería, porque claro, de vez en cuando hay que darle un retoque para que no sea cualquier cosa. En mi peluquería habitual, todos los años me llaman para mi cumpleaños para ofrecerme un baño de crema gratis. Nunca lo usé, porque nunca le vi el interés. La última vez, decidí probar.

Fui pensando que después de lavártelo, te aplicaban una crema, y chau.

Nada que ver. Te aplican una crema, te ponen una toalla alrededor de la cabeza, te ubican debajo de una especie de casco del que sale vapor, ¡y te dejan como media hora ahí! ¡Como si tuviera media hora para perder leyendo revistas de chimentos con todo el trabajo que tengo (preciso que me apasiona mi trabajo, a ver si me acusan de ser víctima del capitalismo a ultranza)! Después de 10 minutos me pudrí, porque además me empezaba a doler la cabeza, y pedí que me sacaran esta mierda y me cortaran el pelo, que a eso había ido.

Después se lo comenté a mi compañero, que me dijo: "Sí, pero mirá qué lindo que tenés el pelo". Lo cual era cualquiera: mi pelo estaba bien porque salía de la peluquería y me lo habían peinado, cosa que, por lo general, hago de manera bastante expeditiva. No porque hubiera estado 10 minutos con la cabeza debajo de un casco de vapor.

Eso del baño de crema es un invento de los industriales de productos capilares para que les compren más cosas, nada más.

Y aunque funcionara, lo lamento por mi compañero, pero no estoy dispuesta a pasarme media hora en la peluquería sólo para tenerlo sedoso o no sé qué otra cosa más. Tengo miles de otras cosas mucho más apasionantes para hacer antes que estar perdiendo el tiempo en algo tan superficial.

Porque después, a esa melena seductora que tenemos que tener las mujeres jóvenes, la tenemos que lavar, enjuagar (cosa que me tomaba 2 minutos con pelo corto, y como 10 con pelo largo, con lo cual gasto más agua, más gas, y tengo un comportamiento menos ecológico), y peinar, claro.

¿Cuántas veces me dijeron, porque simplemente me lo dejo suelto o me lo ato en colita: "Podrías hacerte algún peinado un poco más sofisticado"?

Bueno, un día, para una fiesta, decidí hacerme un peinado más sofisticado. Un rodete hermosísimo, siguiendo las instrucciones en Internet. Además de ser mi primer peinado con asesoría cibernética, tardé 40 minutos en hacerlo. Está bien, falta de práctica, me dirán. Digamos que con mucha práctica (o sea, pasando mucho tiempo para adquirir esa práctica), lo podría hacer en la mitad del tiempo. ¡Veinte minutos peinándome! ¿Qué hombre tarda tanto para arreglarse el pelo? Eso sí, estaba divina y tuve mucho éxito, ésa era la idea, claro. ¡Pero a qué precio!

Una pérdida de tiempo abismal. Que se suma al tiempo perdido pintándose, depilándose, dándole forma a las uñas largas, eligiendo los accesorios, las joyas, etc., todas cosas que se supone que tiene que hacer una mujer para ser considerada una mujer y no un mamarracho.

Como siempre, las exigencias que pesan sobre las mujeres para con su cuerpo y su apariencia les hacen perder un tiempo que los hombres pasan trabajando o descansando o en cualquier otra actividad más divertida que estar horas delante de un espejo.

Algunos hombres son los primeros en decirnos: "Pero mirá qué lindo que tenés el pelo después del baño de crema" o "qué lindo que lo tenés así largo, no te lo cortes más", pero también los primeros en quejarse de que tardemos demasiado en la ducha o en el baño en general.

Como siempre, mandatos contradictorios y pérdida de tiempo son el destino cotidiano de las mujeres si quieren cumplir con lo que se espera de ellas.


martes, 22 de diciembre de 2009

¡Vacaciones!

Porque nadie me paga por hacer este blog,
porque no me tomo vacaciones de verdad con el blog desde su creación,
porque quiero pasar las fiestas lejos de la computadora,
porque yo también necesito descansar de la lucha contra el sexismo...

...por todos estos motivos he decidido tomarme unas vacaciones del blog hasta principios de enero.
Justificar a ambos lados
Esto quiere decir que por más comentarios que me envíen a partir de este martes 22 de diciembre, no los validaré hasta el 4 de enero, ni publicaré entradas nuevas hasta esa fecha.

Esto hará menguar la cantidad de lectoras y lectores, pero bueno, ¡es un riesgo que estoy dispuesta a correr para aliviar un poquito mi mente!

Les aliento, durante mi ausencia, a leer toooodas las entradas que nunca tuvieron tiempo de leer, ¡hay muchas y para todos los gustos! :-)

Felices fiestas a todas y a todos, ¡y que el 2010 nos traiga educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal, seguro y gratuito para no morir, matrimonio para personas del mismo sexo, y en general, igualdad de género!

Bastadesexismo

lunes, 21 de diciembre de 2009

Quedé embarazada y...

Hace unos días, tuve una reunión de reencuentro con alumnas de un instituto de danza al que concurría cuando era adolescente. Para muchas de nosotras, no nos habíamos vuelto a ver desde nuestros 16 o 17 años. Ahora tenemos 34 o 35.

Una tras una, relatamos lo que nos había sucedido en todos estos años. Y me sorprendió algo. Muchas de las que tuvieron hijos contaron lo mismo: estaban estudiando una carrera, quedaron embarazadas, no terminaron la carrera, tuvieron otros hijos y ahora son secretarias, trabajan en un banco, en fin, tienen un trabajo aburrido y en el que nunca podrán desenvolverse profesionalmente.

Todas contaron eso con un tono resignado y para nada alegre. No es que dijeron: "Estaba estudiando y elegí privilegiar tener hijos y decidí dejar la carrera y dedicarme a mis hijos".
Todas dijeron: "Bueno, estaba estudiando, quedé embarazada, y, bueno... es así, qué se le va a hacer... Dejé la carrera y ahora soy secretaria".

O sea, no sentí en ellas una reivindicación de sus elecciones, sino más bien una resignación ante un hecho consumado.

Mi primera pregunta es: ¿por qué quedaron embarazadas mientras estaban estudiando?

Mi segunda pregunta: ¿en algún momento se les cruzó abortar para posponer la maternidad hasta después de terminar la carrera?

Mi tercera pregunta: ¿por qué dejaron la carrera?

A la primera pregunta, supongo que hay dos posibilidades. La primera es que fue un accidente. Son todas mujeres de familias más bien de clase media alta, educadas, con acceso a los métodos anticonceptivos. ¿Un accidente en esas condiciones? Es posible, porque un preservativo se puede romper, una pastilla puede ser olvidada. Digamos que es raro.
La otra posibilidad: el embarazo fue deseado. Pero si fue deseado, ¿por qué elegir embarazarse justo durante la carrera?
La única respuesta que me surge es que no se dieron cuenta de lo que significaba tener un hijo, pensaron que lo podrían hacer todo, hasta que se enfrentaron con la realidad. La falta de información fue la que las llevó a hacer esta elección. Si hubieran estado más informadas, no habrían hecho esta elección. Lo cual me lleva a pensar que se oculta la información a las mujeres para que sigan pariendo sin saber a qué se exponen.

Si fue un accidente, llegamos a la otra pregunta: ¿por qué no abortaron? Puede ser por varios motivos: convicciones personales, miedo a tener un problema de salud dado que en Argentina el aborto se practica en la clandestinidad, o presión de la pareja o de la familia.

Tercera pregunta: ¿por qué dejaron la carrera? Esto es lo que más me llama la atención, porque todas, en el momento de embarazarse, estaban en pareja, y de hecho seguían con la misma pareja al día de hoy. O sea, ellas tuvieron que dejar la carrera, ¿y sus parejas? ¿Qué dejaron por tener un hijo? ¿Su carrera? ¿Su trabajo? Visiblemente, nada de nada. Sus parejas no modificaron en nada su vida. Fueron ellas las que sacrificaron sus estudios, su carrera, su trabajo, y por lo tanto parte de su vida.

Sí, ya sé, lo eligieron, nadie les puso una pistola en la sien. Pero ¿realmente lo eligieron? ¿O todo en esta sociedad incita a que sean las mujeres las que se encarguen de los niños pequeños, mientras se insta a los hombres a seguir con su trabajo para mantener a la familia? ¿Se trata de una elección real de parte de hombres y de mujeres?

Lo que más me entristece es que esas mujeres, el día que se divorcien (porque estadísticamente es casi seguro que esto ocurra), se van a dar cuenta de que tienen un trabajo de mierda que les rinde dos centavos y no les alcanza para vivir. Y mucho menos para criar a sus hijos, porque por supuesto, ellas serán las encargadas de cuidarlos día a día, mientras que los padres de las criaturas, nuevamente, estarán exentos de responsabilidades diarias.

En esas condiciones, las mujeres reclaman dinero, el departamento, el auto de su ex marido... Y los hombres se quejan de que los dejaron en la calle y sin un mango, sin darse cuenta de que las mujeres habían dejado todo, sus estudios, su carrera, un trabajo que les gustaba o una carrera apasionante, para poder criar a los hijos de ambos.

Así como a ninguno de esos hombres se les ocurrió compartir la crianza y sacrificar ellos también algo para que ellas pudieran seguir con su carrera, a ningún padre, en el momento del divorcio, se le ocurrirá pedir la tenencia compartida, es decir, un arreglo para que los hijos estén la misma cantidad de tiempo con los dos padres.

La inmensa mayoría de ellos se conformará con verlos los fines de semana y las vacaciones, pagar una cuota alimentaria (cuando la pagan, cosa que en la mayoría de los casos, no ocurre) y punto. ¿Quién se tendrá que encargar de la educación diaria, de lavar la ropa, de plancharla, de hacer de comer, de bañarlos, de llevarlos a la escuela, al médico, a la casa de los amiguitos, de ir a las reuniones de padres (en las que solamente van las madres), de faltar al trabajo cuando enfermen, de sacrificar las salidas a la noche, las cenas con amigos?

Ellas, por supuesto.

Pero eso sí: los hombres se quejarán de no ver nunca a sus hijos, de haber dejado la casa a su ex, esa bruja malvada (¿se dieron cuenta de que en boca de los hombres, todas las ex son brujas que lo único que les interesa es sacarles el dinero?), de tener que pagar la cuota alimentaria (qué feo, no, encima de no tener ninguna responsabilidad diaria con los hijos, tener que pagar por ellos...).

O sea, se van a poner como víctimas, sin darse cuenta del sacrificio de por vida que sus ex hicieron con los hijos de ambos. Sacrificio que ellos no habrán contribuido en evitar. Al contrario, me imagino que muchos les habrán dicho: "No te preocupes, yo me encargo de todo, vos quedate en casa y ocupate de dar la teta".

La verdad, nuevamente, qué fácil que la tienen los hombres... Yo también en esas condiciones tendría tres o cuatro hijos sin ningún problema. Total, la persona que se encarga es la otra, yo sigo tranquilita con mi vida, mi carrera, subiendo en la jerarquía de la empresa, apasionándome por lo que hago, creciendo, desenvolviéndome en mi trabajo, haciendo grandes inventos y haciendo progresar la humanidad resolviendo problemas complejos.

Y después, tienen el toupé de decir que si las mujeres no llegan a cargos gerenciales, es porque no quieren...
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viernes, 18 de diciembre de 2009

¿Racismo o sexismo?

A veces es difícil hacer la diferencia. Uno de los dos es, sin lugar a dudas.

Título del diario La Nación, acerca de la detención de una joven por tráfico de droga en Ezeiza: "Rubia, joven y con la valija llena de cocaína".

Y en el cuerpo de la nota, el periodista reincide: "María N., rubia, de 21 años, quedó detenida a las 13 de anteayer..."

¿Rubia? ¿Qué aporta esta información? ¿Sería menos grave si fuera morocha? Si fuera morocha, ¿sería entendible que sea una delincuente, porque se supone que las morochas son más proclives al delito que las rubias, necesariamente de buena alcurnia? En ese caso, se trataría de racismo.

¿O bien es que, simplemente, al periodista le parece relevante el aspecto de una mujer en cualquier circunstancia? En este caso, sería sexismo. ¿Se imaginan lo mismo para un hombre? "Juan P., rubio, de 21 años, quedó detenido..."

Sea como sea, esta nota me hace pensar que mi optimismo de la otra vez estaba poco fundado...
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martes, 15 de diciembre de 2009

Por qué las mujeres reproducen el machismo o La violencia simbólica

Incontables cantidades de veces, me dicen, cuando me quejo, que nadie obliga a las mujeres a ceder a los mandatos patriarcales, a ponerse tacos altos, pintarse, ponerse minifaldas, quedarse en casa cuidando a los niños, depilarse etc. Que las mujeres que hacen todo eso lo eligen, porque les gusta.

Por supuesto, nadie está poniendo una pistola en la sien a esas mujeres. Pero hablar de elección en todos los casos es ignorar el lavado de cerebro que hombres y mujeres reciben desde que nacen para actuar de tal o cual forma.

Basta preguntarse por qué los hombres se ponen pantalones y no faldas. ¿Es porque realmente eligen no ponerse faldas? ¿Acaso se plantean: "Bueno, bueno, qué me pongo hoy, un pantalón o una falda? Oh, no, mejor un pantalón porque me gusta más que las faldas"?

Los hombres llevan pantalones porque les ponen pantalones desde que nacen, y porque escuchan desde que nacen que las polleras y los vestidos son "para las nenas".

¿Qué posibilidad de elección real tienen? ¿Les parece que se puede decir que llevan pantalones por gusto propio, o porque ese "gusto" fue impuesto desde que nacieron?

Un hombre ¿quiere ponerse pantalones, o es lo que se supone que debe hacer para ser reconocido como hombre y aceptado por la sociedad?

Para las mujeres, pasa lo mismo. Su ejemplo de mujer es, de acuerdo a los cánones impuestos en nuestra sociedad y nuestra cultura occidental, una mujer flaca, joven, blanca, sin arrugas, sin canas, sin celulitis, pintada, con vestidos escotados o polleras cortas, tacos altos e impecablemente depilada. Nos machacan el cerebro con esas imágenes, en todos los medios y ámbitos, desde que nacemos. Les ponen aritos a las nenas recién nacidas, como para marcar su género desde el vamos, y enseñarles ni bien pegan el primer grito que tienen que ir decoradas.

Una mujer ¿realmente quiere ser flaca, depilada, pintada, con polleras y tacos, o es lo que se supone que debe hacer para ser reconocida como mujer y aceptada por la sociedad?

Bueno, esa "imposición", que no es por violencia física, sino por un muy sutil lavado de cerebro operado desde el nacimiento, es lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu llama la "violencia simbólica", que lleva a una "dominación simbólica".

La dominación simbólica es una dominación que funciona en la medida en que la persona dominada no tiene plena consciencia de sufrir una dominación. Por eso, esa persona es ella misma cómplice de la dominación. Cree que le gustan los tacos altos y las polleras, cree que le gusta toda la parafernalia de la "feminidad", sin saber si realmente le gusta, o si se le fue impuesto desde que nació y a lo largo de su vida.

Las mujeres, entonces, son totalmente inconscientes de esa dominación, en la que participan y colaboran áctivamente, llegando incluso a defenderla ("si me pinto o me pongo tacos altos es porque me gusta", "si me depilo es porque así me siento más cómoda", etc.).

Porque nadie quiere reconocer que hace las cosas por imposición, y no por elección. El momento en que uno o una se da cuenta de que no hace prácticamente nada por elección real es bastante feo. Lo sé porque lo viví.

Ojo, los hombres también sufren esa dominación simbólica: el deber de virilidad, el cual es una carga terrible. Y también son inconscientes de ella. De nuevo, no se ponen pantalones porque los prefieran a las faldas, sino porque desde que nacieron les hicieron entender que los varones deben llevar pantalones para ser viriles (= para no ser afeminados, lo cual sería el colmo del horror).

Digamos que los hombres son "víctimas relativas" del machismo, como dice Bourdieu, porque ellos tienen privilegios, desempeñan el papel positivo, principal, son visibles mientras que las mujeres son invisibles (en el lenguaje, por ejemplo), la vestimenta que se les impone es más cómoda que la vestimenta impuesta a las mujeres, las exigencias sobre su cuerpo son menores que las que pesan sobre las mujeres (no se tienen que depilar, ni pintar, ni dejar crecer las uñas, ni poner joyas, etc. etc.).

Entonces, hombres y mujeres reproducimos, sin saberlo, esquemas que se nos fueron impuestos desde la infancia, no por la violencia física, sino a través de una violencia simbólica.

Por eso es que las mujeres reproducen el machismo, tanto como los hombres. Porque no son conscientes de esa dominación.

Entonces no hace falta ponerles una pistola en la sien para que se depilen y se pinten y se pongan tacos, así como no hace falta poner una pistola en la sien a los hombres para que se pongan pantalones y no faldas. Claro que en el caso de los hombres, las exigencias son tan escasas que en general no se quejan (excepto los que quieren ponerse faldas, pero son una minoría). A lo sumo, putearán contra la corbata o el afeitado de la barba para ir a trabajar. Pero para las mujeres las exigencias van mucho más allá del mero ámbito laboral.

Para que una mujer pueda liberarse de esa presión, tiene que haber sido vestida con ropa neutra desde su nacimiento, y/o criada con una ideología igualitaria y con la fuerza suficiente como para resistir a los mensajes del resto de la sociedad (publicidades, televisión, revistas "de mujeres", moda, etc.), o bien tiene que hacer un trabajo de deconstrucción muy largo y difícil, que pasa por reconocer la dominación a la que fue sometida, para poder superarla. Sólo después de eso, podrá considerar que es libre de depilarse o no, ponerse tacos o no, pintarse o no.

Porque ojo, no estoy diciendo que hay que dejar de depilarse o de pintarse en todos los casos.

Simplemente digo que hoy por hoy, raras veces se trata de una elección real. Me encantaría que algún día, hombres y mujeres podamos hacer lo que realmente se nos cante, sin que sea una imposición social. Si un hombre se quiere depilar, que lo haga sin que la gente se burle. Y si una mujer quiere dejarse el pelo de las axilas, lo mismo. Mientras todas las opciones no estén al alcance de todos y todas sin prejuicios, no se podrá hablar de elección real.

Es desde la pequeña infancia que hay que actuar. Sólo que para eso, hay que modificar todo el entorno social: la manera de educar a lxs niñxs, la televisión, el cine, las propagandas, la escuela, la sociedad entera. Probablemente no viva los años suficientes para ver llegar ese momento...
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domingo, 13 de diciembre de 2009

Malditos pelos

El otro día estaba en la calle y de repente apareció un hombre con el torso desnudo y completa y absolutamente peludo.

Me quedé conmocionada por esta visión simiesca de ese hombre que parecía exhibir su pilosidad como un trofeo de caza.

Y pensé: qué suerte que tienen los hombres. Y volví a pensar en eso de la envidia del falo. Les importa tres pepinos tener pelos y ser más próximos a orangutanes que a seres humanos. Nadie les va a decir nada por tener pelo tupido en el torso, la espalda, las nalgas, las axilas. Es más, la aparición del primer vello es tema de orgullo.

Y nosotras, al lado, somos capaces de dejar de ir a la playa o a la pileta si nos damos cuenta de que tenemos tres pelitos en las piernas o debajo de las axilas, so pena, sobre todo en Argentina, de que nos miren como mamarrachos. Y soportamos comentarios de amigos, novios, familiares, si cometemos la osadía de no depilarnos durante tres semanas.

Eso sí, esos mismos amigos, novios, familiares, son los primeros en decir: "Qué tontas esas mujeres que son capaces de no ir a la playa porque no se depilaron": parte de las eternas contradicciones a las que somos sometidas.

Yo misma, feminista, mujer libre, independiente, me he sorprendido poniéndome un pantalón con 45 grados de sensación térmica porque no me había depilado, en lugar de un short o una pollera, estando de vacaciones...

¿Qué nos pasa a las mujeres que somos capaces de renunciar a placeres de la vida como ir a tomar sol o a nadar o pasear con las piernas al aire porque no nos depilamos?

¿Por qué aceptamos que los hombres anden como simios en libertad por la ciudad (de hecho, odio a los hombres que se ponen torso desnudo en la ciudad, me parece una falta de decoro total), y aceptamos que nos miren con cara de asco (y nos miramos a nosotras mismas con asco) si tenemos tres pelos en las axilas?

¿Qué diferencia intrínseca hay entre el pelo de los hombres y el pelo de las mujeres?

Y si el pelo es tan feo, o es tan higiénico depilarse (argumento que escuché por ahí para justificar que las mujeres se depilen las axilas o el pubis), ¿por qué somos nosotras las que nos depilamos, cuando por lo general tenemos muuuucho menos pelo que los hombres y, por lo tanto, deberían ser ellos los que se depilen con mucho más razón que nosotras?

Me dicen que los hombres se tienen que afeitar. Puede ser. Pero si quieren andar con barba de tres días durante sus vacaciones, pueden, nadie les va a decir nada, no van a dejar de ir a la playa por temor al qué dirán.

Yo si llego a la playa con bigote saliendo del traje de baño, como hacen la inmensa mayoría de los hombres, la reacción más liviana sería una carcajada. Y después dicen que nos depilamos por elección y por gusto...

Si fuera el caso, ¿no les parecería mucha casualidad que toooodas las mujeres tengan el mismo gusto por la depilación, y tooodos los hombres el mismo rechazo?

PD: Preciso que la foto la saqué de Internet...
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sábado, 12 de diciembre de 2009

Momias del machismo

Tengo que compartir con ustedes una nota que acabo de leer en el diario La Nación. Estaba haciendo una búsqueda sobre las momias que fueron halladas en la provincia de Salta en 1999, y encuentro una entrevista a una de las arqueólogas argentinas del equipo que realizó los hallazgos.

Casi me estrangulo con las preguntas del periodista: después de precisar que la arqueóloga es "rubia, delgada y de media estatura" (seguramente algo imprescindible para ser arqueóloga) vienen las preguntas:
"Por ser mujer, ¿tiene dificultades con los hombres de la expedición? ¿Tiene novio?"
Así, en la misma pregunta: ¿tiene novio?

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Creo que el periodista podría haber sido menos hipócrita y haber formulado mejor su pregunta, algo así como: "Si tiene novio, ¿su amo le autoriza a estar tanto tiempo a solas con tantos hombres?"

Pero la cosa no termina ahí. Al contestar ella que no pensó en tener novio, el periodista le dice:
"Pero en esas soledades su belleza puede ser un imán..."
WHAT THE F...???

¿Se imaginan las mismas preguntas para un arqueólogo hombre? ¿Precisar el color de su pelo, preguntarle si tiene novia y decirle que su belleza puede ser un imán en esas soledades?

Pasaron exactamente diez años desde esta nota. ¿Hoy día sería posible leer tantas barbaridades machistas dignas de una momia? No lo sé. Tengo la ilusión de que no. ¿Ustedes qué dicen?
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martes, 8 de diciembre de 2009

Los ayatolás del amamantamiento


Después de la Unicef, le toca a la Ciudad de Buenos Aires lanzar una campaña en favor del amamantamiento. Con un eslogan bien claro: "Prioridad 1: los chicos".

Porque a partir del momento en que una mujer da a luz, ella ya no importa. Primero viene su bebé. Ella queda anulada como persona (de hecho, la publicidad no muestra una persona, muestra una teta), como mujer, como ser humano subjetivo, que piensa, elige, tiene opiniones, hace elecciones, sufre o goza. Lo único que importa es su bebé, y lo que la sociedad considera pertinente en ese momento para ese bebé.

Pongo en cursiva "en ese momento", porque la presión increíble que desde hace unos años reciben las mujeres para amamantar es exactamente la misma que recibían durante la Segunda Guerra Mundial en Europa para no amamantar y para que se incorporaran a la industria de guerra dado que la fuerza laboral masculina estaba menguando.

Como muy bien lo explica Marcelo Pisarro en la entrada Día de la madre: amamantar hasta que las lolas sangren, de su blog Nerds All Star, "las publicidades gubernamentales, en relación al amamantamiento, vibraron al son de los vaivenes económicos y políticos".

Lo que hoy nos presentan como una obligación absoluta so pena de que nuestro bebé se muera a los seis meses o sufra retraso mental y físico, en otras épocas era considerado nefasto para la sociedad.

¿Lo que cada mujer desea, elige, quiere, puede? Eso no importa: primero los chicos, de acuerdo a lo que impone cada época.

En la página del Gobierno de la Ciudad te dicen: "Dale el pecho a tu bebé cuando lo pida y olvidate del reloj". Encima, ¡a demanda! Toda la vida dijeron que a los bebés había que imponerles horarios sino se volvían malcriados y caprichosos, y ahora hay que darles la teta a demanda. Y tienen el desparpajo de explicar que "una lactancia prolongada ayuda a formar personas fuertes e independientes".

¿Independientes? Fuertes, vaya y pase, pero ¿independientes? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra, y más si le damos teta cada vez que chillan?

Y que las mujeres se vuelvan esclavas del bebé (porque esa es la realidad del amamantamiento a demanda, cuando hay que dar la teta entre 8 y 12 veces por día), que ellas pierdan su independencia, eso no importa.

Pero aparte, si hablamos de dar "lo mejor" para el bebé y considerarlo la prioridad número uno, entonces todas las madres y todos los padres tendrían que mudarse al campo, porque la contaminación de las ciudades es nociva para los recién nacidos.

Y también tendrían que hacer campañas públicas para incitar a los padres y las madres a tirar la tele por la ventana, por la mala influencia que representa (¿esa campaña se hará por la tele?), y a dejar de tener Internet para no exponer a su hijo al peligro de los pedófilos.

¿Lo hacen? No. Aunque está comprobadísimo que la contaminación hace estragos a los recién nacidos. Pero eso sí: con el cuerpo de las mujeres se dan todos los gustos para imponer lo que está bien y lo que está mal.

Hace unas semanas, salió uno de esos brillantes estudios que demostró que los bebés cuyas madres no trabajan y se aburren se quedan en casa ocupándose de sus hijos son más inteligentes, o más felices, o más sanos, no me acuerdo. Algo por el estilo.

Las madres, claro, ¿eh? No los padres. No se trata de que uno de los dos padres, no importa cual, se quede en casa cuidando al crío. No, señor. La nota decía "las madres". Son ellas las eternas abnegadas las que tienen que sacrificar su carrera para que el bebé sea más feliz.

Bueno, entonces lancemos una campaña para que las mujeres se queden en casa cuidando al bebé y dejen de trabajar. Qué raro, no, porque es exactamente lo que pregonaban los gobiernos dictatoriales como el de Franco o de Videla: las mujeres en la casa cuidando a los hijos y recibiendo al marido cuando llega exhausto de laburar.

Hoy, parecería totalmente incongruente que el Estado promueva ese tipo de sociedad. Pero al fin y al cabo, si es "lo mejor para el bebé", ¿por qué no? Todo sea para el bebé, ¿no es así? Cagándonos en lo que desea su madre para su propia vida, porque ella es lo de menos. Encima sería una manera de luchar contra la desocupación...

De hecho, me parece que la presión que existe para incitar a las mujeres a una lactancia "prolongada", como dice la campaña, es un intento pernicioso de que las mujeres regresen a sus casas. Porque a ver, intenten amamantar trabajando ocho horas por día fuera del hogar. Es imposible. Y no me digan que con la hora que "regalan" por ley a las mujeres que amamantan, se pueden arreglar.

Decir que las mujeres tienen que amamantar sí o sí de manera prolongada y a demanda, es equivalente a decirles que tienen que dejar de trabajar. Genial. En una época en que dos sueldos alcanzan apenas para vivir, me parece fantástico poner esa presión sobre las mujeres.

Y mientras tanto, el papá se desenvuelve en su profesión, sube los escalones de la jerarquía de la empresa, gana dinero... Y la mamá, totalmente dependiente del padre de la criatura, se dedica a hacer de vaca lechera, y minga que después pueda volver a laburar con el mismo salario que antes y en las mismas condiciones. Ni que hablar de tener una verdadera carrera en la que se sienta realizada.

Después se preguntan por qué las mujeres ganan, en promedio, un 14% menos que los hombres...

Así que la objetividad de la ciencia que asegura que lo mejor para el bebé es, dependiendo de las necesidades económicas de la época, no amamantar, o amamantar, me la paso por el culo.

Más allá de las campañas oficiales, algunos aseguran que (cita textual sacada del sitio web de una de esas organizaciones terroristas pro-amamantamiento a toda costa): "La leche de la madre es propiedad del hijo".

O sea, el cuerpo de la madre es objeto de una apropiación: un derecho patrimonial del que dispone el bebé. Esto es totalmente inconciliable con la visión de las sociedades occidentales sobre la libertad individual, el derecho a disponer y a decidir sobre su propio cuerpo. Porque el primer derecho humano es el derecho a la integridad física.

Una cosa es que se diga que la lecha materna es más sana para el bebé. Por qué no. Pero otra, muy distinta, es que se diga que las mujeres tienen la obligación moral de amamantar, porque es considerar a las mujeres como máquinas cuya finalidad es el bien del otro. Y yo lo lamento, pero tenga o no hijos, mi misión en la vida no es sacrificar mi felicidad, mi independencia, mi carrera, mi desenvolvimiento profesional, por otro ser. Si algún día tengo hijos, pretenderé ser ante todo una mujer feliz, equilibrada, contenta con su familia y con su trabajo y sus actividades, a fin de ser un ejemplo de plenitud para mis hijos, en lugar de dar una imagen de sacrificio, abnegación, y forzozamente, de resentimiento, como tantas madres, cuyos hijos luego se quejan de que grite todo el tiempo y sea una resentida de la vida.

Muchas mujeres (y hombres) son víctimas de estas ideologías que parecen hacer la apología de la Mujer con una M mayúscula (Mujer abnegada, Mujer sacrificada), sin darse cuenta a qué punto este tipo de discurso es machista, violento y liberticida. El mandato impuesto a las mujeres, en nombre del interés del bebé, de renunciar al derecho a disponer de su cuerpo, es una doctrina que las transforma en máquinas.

Hoy día, con la cantidad de campañas que hay y el terrorismo ejercido por los ayatolás de las organizaciones tipo Liga de la Leche, ya no se trata de informar, sino, de manera insidiosa, de instaurar vergüenza, culpabilidad y un sentimiento de incapacidad a las madres indignas que, por razones de salud, porque les duele, por razones de no-disponibilidad porque trabajan, o simplemente porque les causa rechazo, no pueden o no quieren amamantar.

Aconsejar y ayudar, por qué no. Pero manipular y culpabilizar para forzar la decisión, de ninguna manera.

Amamantar puede doler muchísimo. Aceptar un dolor extremo durante varios largos minutos, hasta doce veces por día, durante varios meses, es algo que una mujer puede hacer porque lo elige, pero no por obligación. Y si lo hace por obligación, lo más probable es que le duela aún más y termine haciéndolo con odio. Un estrés y un resentimiento que, necesariamente, transmitirá a su bebé.

En esas condiciones, ¿sigue siendo lo mejor para el bebé?

Además, la campaña de la Ciudad de Buenos Aires me parece terriblemente culpabilizante, porque reza al final: "Tu amor es el mejor alimento".

Confundir amor y alimentación del bebé es una idea realmente extraña. El amor de una madre (o de un padre) no se mide de acuerdo al modo de alimento utilizado. Esto es, nuevamente, culpabilizar a las madres que no amamantan: ¿quiere decir que ellas aman menos a su bebé que las que dan la teta?

¿Entonces puedo decir sin equivocarme que las parejas que viven en la ciudad aman menos a su bebé que las parejas que viven en el campo? ¿Que las parejas que dejan que sus hijos vean tele los aman menos que las parejas que no tienen tele?

Déjense de joder, por favor...

Yo creo precisamente que se puede dar la teta con amor, si se hace con ganas y por elección, pero también se puede dar el biberón con amor. Y que al final, lo importante no es qué alimento se da al bebé, sino cómo se lo da. ¿Qué es mejor? ¿Dar la teta sin ganas, con resentimiento, reticencia y dolor, o dar un biberón con amor, cariño y ternura, y que encima el papá lo pueda hacer y, así, involucrarse profundamente en los cuidados de su bebé en los primeros meses de su vida?

Tampoco es que estoy pregonando dar mierda a los bebés. Las preparaciones artificiales son sustitutos perfectamente aceptables. El niño o la niña no se va a morir porque reciba leche en polvo. No estamos hablando de niños de Africa, ni de los que vivan en situaciones de extrema pobreza, y cuya opción a la lecha materna es... nada.

Y si realmente creen que su hijo será más inteligente porque bebe leche materna... es francamente preocupante.

El otro día una mamá estaba dando un biberón a su hijo de 3 meses. Una mujer que apenas la conocía le preguntó: "¿Por qué le das un biberón?"

¿Y a vos qué mierda te importa? ¿Yo te pregunto cuántas veces por día te masturbás y si te gusta la sodomía?

Tengo una amiga HIV positivo que tuvo un bebé (de hecho, ¿habrá que quemarla en la hoguera por haber tenido un bebé siendo seropositiva?) y, lógicamente, no podía amamantar, para no contagiarlo(*). ¿Se imaginan su estrés y su desesperación cada vez que le preguntaban por qué no daba la teta? ¿Qué podía responder? ¿"Porque tengo HIV, imbécil"?

Esa manera de inmiscuirse en la vida privada de los demás, y en particular de las mujeres, me da por el quinto forro de los ovarios.

Las mamás primerizas ya tienen suficientes miedos, dudas, angustias, con respecto a su nueva responsabilidad. No necesitan que encima las culpabilicen y las presionen y les hagan la moral sobre el amamantamiento. Y reducir la función materna a la producción de leche es realmente patético.

Así que como siempre digo, informar sí, pero ¿puede ser que cuando la mamá esté informada de los beneficios de la lactancia, dejen de hincharle los ovarios de una vez por todas y la dejen tomar su decisión sin que tenga que justificarse?

Información, sí. ¡Terrorismo, no!

(*) De hecho, algunas de estas organizaciones extremistas en favor del amamantamiento exclusivo durante los primeros 18 años del bebé no vacilan en sostener que es mejor que una mujer seropositiva amamante, ¡¡porque así construye la inmunidad del bebé y lo protege contra el sida!! La verdad que esta gente está mal de la cabeza...

PD: Es muy llamativo que el tipo de mamá y de bebé que muestra la campaña del Gobierno de la Ciudad sea bien blanco y bien rubio. Sin hablar del hecho de que se menciona a "los chicos", invisibilizando a las chicas. En realidad la campaña debería decir: "Primero los varones blancos".

PD2: Minutos después de publicar esta entrada, leo esta nota en el suplemento Las 12, de Página/12. ¡Ni que me hubiera copiado!

sábado, 5 de diciembre de 2009

Los declaro marido y mujer

¿Alguna vez se dieron cuenta de la diferencia?

Cuando un hombre se casa, se convierte en marido. Cuando una mujer se casa, se convierte en... mujer.

O sea, una persona de sexo femenino no alcanza la madurez, la completud, la edad adulta, hasta que se casa. El hombre es el que la convierte en mujer. Su identidad de mujer pasa por un hombre. Y se convierte en "su mujer", como tiene su perro o su casa.

Porque si "mi marido" o "mi esposa" se refiere a un estado civil, en cambio "mi mujer", que es un término genérico, es claramente un referente de posesión.

Es otro motivo por el que he decidido no casarme. No necesito un hombre para alcanzar el estatuto de mujer, y no pretendo ser la posesión de nadie. El día que se declare a los contrayentes "esposo y esposa", o de última "hombre y mujer", veremos. Por ahora, paso.
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