El otro día, buscando un regalo para el hijo de una amiga, me metí en la
página de una juguetería argentina. No me sorprendí al ver que el catálogo estaba dividido entre "niñ
os de 3 años en adelante" y "niñ
as de 3 años en adelante".
Recorrí los dos catálogos. Además de aspiradoras, bijouterie, hornos microondas, cajas registradoras, set de maquillaje y ponys, no encontré un solo juguete educativo o que fomente la imaginación, la creatividad, la destreza de las nenas.
Los varones, además de los eternos juguetes de guerra, sí cuentan con juegos de construcción (ladrillos encastrables tipo Lego). Pero ojo, siempre cosas muy viriles, para construir edificios, automóviles, robots o aviones.
Desde la más tierna infancia,
estamos condicionados por una sociedad que se encarga de dejar bien en claro cuáles serán los futuros papeles de las niñas y de los niños.
Desde que nace, el bebé sabe lo que se espera de él. Se habla con un tono más suave a una nena, más enérgico a un nene. Es más, yo diría que todo se juega desde la panza: se sabe que las mismas patadas del feto son interpretadas de manera distinta si se trata de un nene o de una nena. Algunos estudios han mostrado que el futuro padre toca la panza de la futura madre de manera distinta según si se trata de una niña o un niño.
Me recuerda un experimento que se hizo una vez: se mostró la película de un bebé llorando. En un primer caso, se lo vistió de rosa y se preguntó a veinte adultos: "¿Por qué llora esta nena?" Y contestaron: "Porque está triste". Luego se vistió al mismo bebé de celeste y se preguntó: "¿Por qué llora este nene?". Y contestaron: "Porque está enojado". O sea: proyectaron sobre ese bebé una emoción que no le pertenece (tal vez lloraba porque tenía hambre, o porque le dolía algo), pero con la que ese bebé se va a empapar a lo largo de su vida: las nenas se ponen tristes y los nenes se enojan.

Ropa, juguetes, color del cuarto: el bebé todavía no ha nacido y ya se empiezan a dibujar estrategias para condicionarlo, sin siquiera que padre y madre se den cuenta de esa programación anticipada.
Nacemos socialmente antes de nacer biológicamente.
Y cuando el bebé crece y empieza a expresar deseos, éstos se conforman lógicamente a lo que le inculcaron desde que nació: el niño pedirá juguetes de niño, y la niña, pues de niña.
Recuerdo una escena en un supermercado de juguetes. Una nena de unos cuatro años con su mamá, recorriendo pasillos en busca de un juguete. La nena miró un muñeco de GI Joe y dijo: "Mamá, ése, quiero ése". La madre ni siquiera se detuvo a mirar y respondió con total naturalidad: "No, esto es un juguete para nenes, vayamos a ver los juguetes de las nenas".
Estoy prácticamente segura de que a partir de ese momento, esta nena nunca más pidió un juguete "para nenes".
La nena que pide que le regalen una aspiradora o un set de maquillaje sólo copia el modelo que tiene ya sea en la casa, ya sea en la casa de otras personas o en la televisión. Desde que son bebés, se les regala muñecas que hacen pis y dicen "mamá". Se les regala incluso muñecos de recién nacidos, con la venda en el ombligo y todo.
¿Y después hablan de "instinto" materno?Al nene se le regalan armas, juguetes violentos, muñequitos de super-héroes: desde que nacen se identifican con imágenes violentas, ejemplos de virilidad, coraje, acción.
¿Cómo quieren, en esas condiciones, que niñas y niños crezcan en condiciones
reales de igualdad?
A veces me dicen: "A mis hijos les dejé elegir pero luego,
naturalmente, el varón pidió armas y la nena pidió muñecas".
¿Naturalmente?
Puede que algunos padres intenten dejar total libertad a sus hijos de elegir sus juguetes. Pero lamentablemente,
los padres no son los únicos en criar a su prole. Es más, llega un momento en que su influencia es casi minoritaria: está la televisión (se calcula que l@s niñ@s ven un promedio de 50 comerciales por día...), abuelas y abuelos, el resto de la familia, la escuela, l@s compañerit@s de escuela y sus padres...
Por más que un niño juegue en su pequeña infancia con muñecas o aspiradoras, muy pronto elegirá juguetes más acordes a lo que se espera de un varón, no porque les guste realmente más, sino porque se conformará al modelo impuesto la mayor parte del tiempo.
¿Cómo se puede hablar de elección real cuando toda la sociedad nos grita: "Niños, a sus armas, niñas, a sus muñecas"? ¿Qué libertad de elección tenemos cuando de cada diez mensajes, nueve son para ubicarnos en la vía del sexismo (y del heterocentrismo, porque la homosexualidad nunca es un modelo, el único camino "normal" que se enseña a l@s niñ@s es el de la heterosexualidad)?