miércoles, 22 de abril de 2009

Hacete hombre siendo un abusador

Lo vi en el blog El periodista en su laberinto. Hacía tiempo que un comercial no me escandalizaba tanto.

La obra de arte, para vender un automóvil, es de la agencia Publicis Graffiti.

La idea es la siguiente: un padre compra un auto a su hijo para que se haga "hombre". Y el comercial muestra todas las otras situaciones en que un varón se "hace hombre": encontrar el primer vello, masturbarse, ir al prostíbulo alentado por su padre, jugar al pool, vomitar en la cancha de fútbol, llorar mirando una película, someterse a un examen proctológico, y finalmente comprarse un Renault Symbol.

El comercial termina por: "Hacete hombre. Comprate un auto de hombre"

O sea, primero, visiblemente en Renault piensan que las mujeres no se compran autos. Ya sé qué marca NO me compraré el día improbable en que quiera comprarme uno.

Luego, se alaba el hecho de convertirse en cliente de prostitución (es decir que se fomenta el hecho de abusar sexualmente de mujeres que no tienen otro medio de sustento que ése, y por favor no me vengan con los eternos mitos acerca de la prostitución).

Por supuesto, se hace el paralelo con el "hacerse mujer", y adivinen cómo se hace mujer una mujer... Sííí, acertaron: ¡¡pariendo!! O sea, el destino de toda mujer, para convertirse en una mujer de verdad, pasa por la maternidad. Y punto final.

Tanto sexismo me escandaliza. Y no sé qué es lo que más me desespera más: que millones de personas miren esta lamentable publicidad. O pensar que el 99% de la gente ni siquiera se percatará de lo sexista que es...

Si quieren decir todo lo que opinan de este comercial a sus "creativos" que tienen tanta imaginación, puede escribir aquí: info@publicisgraffiti.com.ar

domingo, 5 de abril de 2009

Los hombres no cambian pañales

En el aeropuerto de Ezeiza, como en tantos otros lugares, los padres nunca están solos con sus bebés y por ende, nunca tienen que cambiarles los pañales. Mejor, porque no tendrían dónde...

lunes, 23 de marzo de 2009

Y dale con la madre...

El diario La Nación publica hoy una nota sobre mitos y creencias acerca de los gemelos.

Uno de esos mitos es que desarrollan un lenguaje propio. Resulta que ese mito es verdadero, y el diario pasa a explicar que los gemelos suelen crear un idioma bastante elaborado, y que esto puede afectar el habla. Y se detalla, citando a Laura Pérgola, presidenta de la Fundación Multifamilias:
"En muchos casos la aparición de un idioma propio significa falta de estímulo directo y personal entre la madre y cada uno de los gemelos".
Ajá... No quiero ser reiterativa, pero... ¿y el padre? ¿El padre nunca tiene la culpa de nada? Qué cómodo, la verdad...

Lo he decidido: el día que tenga hijos, quiero ser su padre, no su madre. Así si algo sale mal, no tendré nunca la culpa de nada.
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sábado, 21 de marzo de 2009

Manual europeo de lenguaje no sexista

Es una excelente noticia: el Parlamento europeo publicó un manual de estilo y uso de la lengua para que no sea sexista. Se propone erradicar al masculino -falsamente- neutro y utilizar términos que no impliquen un género. Por ejemplo, en lugar de "los argentinos", se propone "el pueblo argentino".

No puedo más que alegrarme por esta noticia.

Pero algunos periodistas de Clarín, para variar, se ganan el premio al sexismo al informar de esta noticia. A la persona que escribió la nota desde Bruselas, visiblemente el manual le parece una perfecta boludez. La nota, escrita en tono de burla, está llena de ironía, del tipo:

"La lucha contra la discriminación puede provocar sorpresas"
o
"Otros ejemplos parecen, a primera vista, contrarios a las normas básicas del buen uso del lenguaje. En lugar del sencillo, comprensible y corto "los médicos", el manual aconseja usar "personas que ejercen la medicina"."
o
"Los consejos llegan hasta el punto de pedir que "fireman" (bombero, en inglés) se cambie por "firefigther" (el que lucha contra el fuego)."

Y termina por el magnífico: "Claro que en los países que van un paso atrás de los europeos se podría objetar que hay otras cuestiones más urgentes que resolver: violencia machista, trata de blancas, desigualdad salarial, entre otras."

Nuevamente, ¿en qué un manual de idioma no sexista impide que se luche también contra la violencia machista, la trata de "blancas" (mejor dicho de mujeres) y la desigualidad salarial? ¿Por qué una cosa impediría la otra? Y como si, aparte, esos problemas no existieran en los países europeos...

Por suerte, para contrarrestar el tono burlón de la nota, se publicó una columna de opinión de un psicoanalista, Norberto India, que resume la situación real:
La noticia puede parecer divertida, pero tiene una importancia considerable. A veces nos olvidamos que la lengua no sólo describe realidades, sino que produce realidades. Esto es que cada vez que nombramos estamos conformando lo que nombramos. El lenguaje tiene un valor performativo, constitutivo, hacemos cosas con las palabras. Y el peligro, claro, es la naturalización, el hecho de que hay un continuo entre las palabras y las cosas. Nada más lejano: las palabras son tan arbitrarias como determinantes. Los discursos brindan modelos y soluciones, creencias y valores, que colocan dicotómicamente a varones y mujeres. Cuando nos dirigimos a una mujer, usamos cortésmente los términos "señora" o "señorita". Para el varón sólo contamos con el vocablo "señor", por fuera de su estado civil. Abonamos en automático la creencia de que la subjetividad del varón es autónoma, mientras que a la mujer le viene por su relación con el varón. El lenguaje es androcéntrico y produce el paradigma "ordenador" del hombre como eje y la mujer como satélite. Pero el sexismo lingüístico también ha simplificado y perjudicado a los varones: quedar del lado de la norma y de lo general, obstaculiza enormemente la propia indagación. Cuando nos dijeron "los hombres no lloran" también -como con las mujeres- amputaron trayectorias y devenires más complejos. Bienvenida esta alerta sobre la lengua que nos produce.
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viernes, 20 de marzo de 2009

Hijos de su madre

Por primera vez en Argentina (o que yo sepa, en todo caso), una mujer está llevando ante la justicia el sexismo de imponer como primer apellido el paterno. Resulta que sus tres hijos son de tres padres distintos, y los tres, claro, llevan un apellido distinto.

"Los progenitores de mis hijos tampoco han podido y en algunos casos no han querido asumir la responsabilidad que implica la paternidad", cuenta esta mujer en una nota del diario Clarín. O sea, lo único que han hecho esos hombres es coger una vez y listo. La que se ha encargado de la crianza, de los pañales, de no dormir por la noche, de las enfermedades, de los mocos, de las preocupaciones, de los biberones, de las comidas, de los eructos, de la ropa, de la limpieza, de la escuela, de TODO, ha sido ella. Y sin embargo, de por ley llevan el apellido de un hombre que nunca se encargó de nada ni asumió responsabilidad alguna.

"La balanza de la justicia se inclina a favor del padre al tutelarlo como el único relevante en la imposición del apellido de los hijos. Frente a esta situación de abuso del derecho vuelvo a preguntarme: 'la madre no tiene ningún derecho, debiendo estar a la decisión del padre?'", dice el escrito.

Me preguntaba qué había sido del proyecto del Ejecutivo de modificar la ley. Veo que quedó en la nada. De todos modos, también era sexista, ya que si bien imponía los dos apellidos, el del padre seguía yendo adelante.

¿Qué tan complicado es entender que es una ley sexista por donde se la mire? ¿Con qué razón irrefutable se impone el apellido paterno por sobre el materno de manera sistemática? ¿La unidad de la familia? ¿De qué unidad me están hablando con la mitad de las familias separadas, divorciadas, recompuestas?

La ley no debería imponer ningún apellido por sobre el otro. Tendría que ser de común acuerdo de los padres y, de no llegar a ningún acuerdo, debería haber un sistema justo y no arbitrario, como el alfabético.

Pero parece que algo tan sencillo como esto resulta ser un sueño utópico e inalcanzable. A veces, me siento muy cansada...
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miércoles, 11 de marzo de 2009

Segregación

Tristísimo.

En Medellín, Colombia, van a poner en funcionamiento "taxis rosas" para que los usen solamente las mujeres. El objetivo: reducir los robos y violaciones que sufren algunas mujeres en los taxis ilegales que circulan por la ciudad, informa el diario Clarín.

No es la primera experiencia de este tipo en el mundo. En Londres ya existe un sistema de taxis "Pink Ladies". En México, en Japón, en Brasil, existen autobuses o vagones exclusivos para mujeres, por los mismos motivos.

Me aterra que el nivel de agresión sea tal que se piense en medidas de segregación para proteger a las mujeres.

Pero ahora, yo pregunto: ¿qué pasará si una mujer sigue tomando un taxi de los "mixtos" y la violan? ¿Se pensará que se lo buscó? ¿Habrá tantos taxis rosas como mixtos?

Y sobre todo, ¿hasta qué punto de segregación deberemos ir para "proteger" a las mujeres? ¿Por qué, ya que estamos, no imponer un toque de queda para las féminas?

¿No sería más barato y efectivo luchar contra los taxis ilegales y tener una política de lucha contra las violencias sexuales? En lugar de focalizarse en la separación, de buscar soluciones extremas, ¿no se debería pensar en educar, enseñar el respeto mutuo, la no-violencia?

Por lo general, cualquier medida que implique una discriminación, una segregación, un ataque a lo mixto, me parece deplorable. Pero también soy consciente de que no doy ninguna solución alternativa concreta. Y que si estuviera en la situación de las mujeres que han sido agredidas en los taxis de Medellín, probablemente tendría otro discurso. No lo sé. Sólo hablo desde la teoría. Y desde la teoría, separar a los hombres y las mujeres para evitar las agresiones no me parece una solución viable a largo plazo. Apenas una medida de emergencia.
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miércoles, 25 de febrero de 2009

Sáquennos las manos de encima, de Eva Giberti

Estoy harta de que me envíen, al menos una vez al año, una cadena por mail que da supuestos consejos a las mujeres para evitar ser violadas. Hacía rato que quería escribir algo acerca de estas pésimas recomendaciones del tipo no llevar cabello largo, no llevar prendas sueltas y no salir solas de noche... Sólo faltaría que nos aconsejen ponernos una burka afgana para terminar de limitar nuestras libertades.

Entonces, iba a escribir algo para criticar este texto, del que desconozco la autoría, cuando me encontré con que Eva Giberti , coordinadora del Programa Las Víctimas contra las Violencias, que depende del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, ya lo hizo hoy en Página/12. Me permito copiarlo aquí:

Sáquennos las manos de encima

Hace años nos mandaban por carta “cadenas” encomendándonos a santos y a figuras sagradas con una advertencia: “Envíe esta cadena a diez amigos y no la corte porque Fulana que la interrumpió tuvo un grave accidente el mismo día que tiró la carta”. Ahora aparecen mediante los correos electrónicos. Por ejemplo, contamos con una que incorpora el logotipo de la Policía Federal Argentina destinada a “prevenir la violación de mujeres” y que finaliza con un pedido: “Envíe este material a las mujeres que conozca y también a los hombres, que a su vez pueden reenviarlo a sus amigas, esposas, hijas, novias, en fin... Son cosas simples, pero pueden evitar traumas y hasta salvar una vida”.

Este admonitorio final está precedido por una pretendida estadística: se habría entrevistado a 750 violadores para descubrir cómo eligen una víctima potencial. Así nos enteramos de que los violadores antes de elegir a su víctima analizan su peinado: “Es más probable que ellos ataquen una mujer con un peinado tipo cola de caballo, trenzado o cualquier otro peinado que sea posible tironear más fácilmente. También que ataquen mujeres con cabellos largos. Las mujeres con cabellos cortos no son blancos comunes”. Afirmación que torna recomendable el corte de cabello casi al ras del cuero cabelludo.

Los violadores también observan si la mujer lleva ropa “fácil de arrancar rápidamente”, lo cual garantiza el éxito de los jeans apretados (contra todo consejo ginecológico que advierte en contra). Los horarios del día que preferirían los violadores: “Entre las 5 y las 8.30, y después de las 22.30”. Es decir, que durante el resto del día no existirían riesgos ciertos.

Un capítulo aparte está destinado a los paraguas: “No atacan mujeres que cargan paraguas u objetos que puedan ser usados como arma a una cierta distancia”; las más expuestas son las que empuñan celular y están distraídas.

El documento que circula por Internet, y que algunas organizaciones difunden, tiende a crear la ilusión de claves para “no ser violadas”, para “quedarse tranquilas” siempre y cuando se corten el cabello, enarbolen un paraguas cuando andan por la calle, utilicen ropa “difícil” de arrancar (y obviamente que no sea provocativa), salgan de sus casas después de las 9 y regresen antes de las 22.30 y jamás utilicen sus celulares fuera del hogar (recordemos que las estadísticas evidencian que el 60 por ciento de las violaciones está a cargo de conocidos y familiares). Y siempre deben obedecer sus instintos (los de ella): “Esté siempre atenta a lo que pasa detrás suyo. Si percibe algún comportamiento extraño, siga sus instintos. Es preferible quedar medio desubicada en el momento, pero tenga la certeza de que quedaría mucho peor si el sujeto realmente atacase”. No se le vaya a ocurrir que, de acuerdo con las actuales propuestas de Naciones Unidas, las mujeres debemos exigir ciudades seguras. En cambio se trata de cuidar personalmente la propia retaguardia y revolear un carterazo hacia atrás, por las dudas. Interesa la valoración de nuestros instintos que nos conducirán a llevar el cabello como más nos guste, vestirnos como queremos, pasear por las calles de nuestras ciudades a cualquier hora y hablar –celular mediante– cuando transitamos avenidas y empedrados. O sea, hacer lo que mejor nos parezca.

Como tengo a mi cargo un Programa –que depende del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos– que se ocupa de la atención inmediata de mujeres víctimas de violación, harta de leer estas recomendaciones que enmascaran descalificaciones y agresiones contra el género, decidí preguntarle al jefe de la Policía Federal si este decálogo provenía de esa institución. La desmentida, por escrito, fue rotunda. Esa página que ostenta el sello oficial de la institución no fue creada oficialmente por ella. Esa aclaración ya figuraba en Internet.

¿Por qué logra semejante éxito de distribución un texto que es denigratorio de la inteligencia de las mujeres? ¿Existirá una estadística realizada a 750 violadores seriales o principiantes con preguntas del tipo: “Usted, ¿cómo elige a su víctima?”. O bien, aplicando la técnica de la pregunta indirecta, seleccionando entre sus respuestas las que serían sus preferencias. En nuestro país, ¿contamos con múltiples equipos de profesionales destinados a analizar las características de los violadores? De lo que estamos seguros es de que de acuerdo con sus derechos se los deja en libertad después de haber cumplido con un tiempo de condena, y posteriormente los reencontramos como reincidentes. Pero ése es otro tema. También es otro tema la desconfianza que la víctima despierta en algunos ámbitos judiciales, suponiendo que no existió violación sino consentimiento; existe cierta conexión entre el documento que analizo y, desde otra perspectiva –semejante–, suponer que la víctima pudo evitar la consumación del delito (como se lo “enseñan” las recomendaciones mencionadas).

La estrategia encubierta del documento –y que abunda en otras consideraciones– apunta a recordarles a las mujeres que somos violables. A enfatizar la figura temible del violador como algo inevitable, poderoso, inextinguible a través de los tiempos y además recordarlo reiteradamente, en la pantalla de la computadora, para que no nos olvidemos que nuestros cuerpos son sustancias deseables para ejercitar el abuso de poder que sostiene el placer del violador. Al que tampoco le importará nuestra vida, como claramente lo dice la advertencia final que se dirige a los “hombres buenos” para que les enseñen a las mujeres cómo cuidarse.

Se trata de infundir miedo y no de advertir que efectivamente los violadores andan sueltos y que cada uno aplica su propia modalidad, de manera que aconsejar defenderse –como exitosamente pueden contar algunas mujeres– tiene su contrapartida en los violadores armados dispuestos a otra clase de ataque.

Por el contrario, existe buen cuidado de no difundir que es necesario identificar a los violadores y detenerlos, para lo cual contamos exclusivamente con el testimonio de las víctimas.

“¡Ah, sí! ¡Pero cuando una mujer violada concurre a la comisaría, le hacen preguntas que una no está en condiciones ni en ánimo de contestar!” Así sucedía y quizás ocurre en alguna región. No sucede de ese modo en la Ciudad de Buenos Aires, donde la Policía Federal, ante una mujer violada que recurre a la comisaría más cercana del hecho, tiene la obligación de llamar al Equipo Especializado que atiende Violencias contra la Integridad Sexual. Llegamos a la seccional velozmente para que esa víctima sólo deba dialogar con la psicóloga y la trabajadora social que se hacen presentes. Y hablan con ella el tiempo necesario antes de trasladarla al hospital donde se la asistirá, ya que se trata de impedir la infección del VIH y un posible embarazo.

A partir de allí se la acompaña y se espera que durante las primeras horas esa mujer se recupere y pueda: 1) mantener la denuncia; 2) identificar al violador, ya sea en las pantallas donde figuran registrados los conocidos o mediante un identikit.

No será eficaz continuar reclamando la detención de los violadores si las víctimas no asumen estos dos momentos, si no se las asesora para que puedan reconocer que son parte de un problema mundial, social y de género, en el cual han quedado comprometidas por solidaridad con otras mujeres y que puedan colaborar en el esclarecimiento a cargo del equipo formado por otras mujeres. Las víctimas de violación, como ha sido comprobado, pueden ser personas activas y luchadoras solidarias cuando se las acompaña en el reclamo ante el Estado que tiene la obligación de detener a los violadores. Una vez detenidos, discutiremos otros temas.

Las víctimas que, sobrepasadas por el asco y el sufrimiento, recurren a su domicilio para bañarse, anulan definitivamente la posibilidad de localizar al delincuente, porque borran la huella seminal que contiene el ADN orientador para localizar al sujeto. Pero no es esta advertencia la que circula por Internet sino la recomendación –de corte fetichista– que apunta al largo de sus cabellos y al emblema fálico del paraguas en ristre.

Entre las “protecciones” de ese documento no figura, por ejemplo, algo que la experiencia demuestra fundamental: no subir sola a un ascensor con un desconocido y no abrir la puerta de calle del consorcio a un sujeto que “casualmente llega en ese momento”. Tampoco se habla de decidirse a denunciar al familiar o al amigo de la familia que la acorraló aprovechando la confianza o convivencia; en estas violaciones, el delincuente ha tenido tiempo para estudiar sus costumbres y cuenta con “la ventaja” de la que supone discreción de la víctima “para no crear un problema familiar”. Sabe también que ella no gritará “¡Fuego!” como recomiendan los protectores que escribieron ese documento.

La difusión de textos como el que menciono –que además utilizan el logo de la Policía Federal– tiende a confundir a la comunidad y a promover una imagen de desvalimiento de las mujeres, impregnada por la creencia en la estupidez del género, que se supone repetirá esas afirmaciones sin verificarlas.

Sugiero atención permanente frente a quienes pretenden cuidarnos. Recordemos la antigua consigna: “Sáquennos las manos de encima si quieren acompañarnos”.

lunes, 16 de febrero de 2009

Sendra y las mujeres

Ultimamente la prensa alimenta mi blog. Este dibujo de Sendra me parece deplorable. Banaliza la violencia contra las mujeres, las objetiza, con la excusa -¡la eterna excusa!- del humor...

viernes, 13 de febrero de 2009

Hombres violados

Un paquistaní acusado de haber planificado el atentado en Bombay que dejó 173 muertos en noviembre pasado cuenta que fue violado por una agente del FBI. El diario Crítica de la Argentina relata en una nota que primero se lo obligó a ver películas pornográficas, y luego fue sometido sexualmente durante toda la noche por una "mujer blanca".

Más allá de lo que se pueda opinar acerca del uso de la tortura, me quedé helada con los comentarios que los lectores del diario dejaron en el sitio... Excepto algunos pocos que subrayaron que una violación es una violación, y por lo tanto un crimen, muchísimos hombres dejaron comentarios como:
¡¡Ya mismo me voy para Ezeiza!! Sirve cualquier avion o tiene que ser yankee?

Que buen metodo !!! A quien hay que tirarle un zapatazo para que te torturen asi?

Esa agente del FBI, esta dentro de las 10 mas buscadas en el mundo.-

Joder con este moro y encima se queja. Que hay que hacer para que esta tía me torture toda la noche? Me declaro culpable de lo que tu quieras.

Una cosa de locos esa muñeca de FBI. Yo le tiré una piedra a un tren, que me venga a buscar, jejejeje
¿Habrían hecho los mismos comentarios si se hubiera tratado de una mujer violada por un hombre? ¿O si el paquistaní hubiera sido violado por un hombre? ¿Cómo puede ser que semejante noticia despierte reacciones tan frívolas, tan machistas, tan lamentables?

Supongo que los tipos que escribieron esto son los mismos que dicen cosas a las mujeres en la calle, pensando que eso nos en-can-ta. Los mismos que me contestarían, si me quejara: "Ah pero a mí me encantaría que las mujeres me digan piropos en la calle" o "cómo me gustaría que me violen"...

¿Qué se imaginan? A una rubia espectacular que concreta todas sus fantasías? ¿Una Angelina Jolie vestida de agente secreto con una minifalda infartante y los pechos desbordando de una camisita apretada? ¿No se ponen a pensar cinco minutos que cualquier relación sexual no consentida es un crimen? ¿Que puede ser vivido como una pesadilla, una tortura, algo horrendo?

Claro, pensarán, ¿de qué se quejan las mujeres violadas, no, si a nosotros nos encantaría que nos violen?

Me estoy murdiendo los dedos para no escribir que me gustaría que alguna vez estos hombres sean violados, por una mujer o por un hombre, da igual. Para que aprendan. Para que dejen de escribir tantas boludeces (una cosa es que lo piensen o lo comenten entre amigos, otra es que dejen comentarios en el sitio del diario, comentarios que pueden ser leídos por cualquiera y pueden ser muy ofensivos para quienes fueron víctimas de violaciones).

Pero no lo voy a hacer, porque no se lo deseo a nadie. Ni siquiera a imbéciles como ellos.
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martes, 10 de febrero de 2009

Hombres de verdad

Muy buen texto de Rolando Hanglin en La Nación, acerca de cómo los jóvenes de hoy ya no dan la cara, y prefieren enviar un mensaje de texto en lugar de afrontar personalmente una situación.

Es una pena que Rolando Hanglin hable solamente de los varones, llegando al extremo de escribir: "Era de hombres afrontarlo".

Frase a la vez machista y homofóbica.

Una lástima que alguien como Hanglin siga usando términos tan sexistas...

lunes, 9 de febrero de 2009

Padres y cochecitos

Hoy el diario Clarín informa de que se realizó un operativo en la Plaza Cortázar para liberar las veredas de sillas, mesas, percheros, etc. que se colocan afuera los fines de semana y dificultan el paso. Gabriela Seijo, directora del CGP 14, explica:
"Una persona de edad o una madre con un cochecito no pueden circular por las veredas así como están".
Qué bueno que a los padres con cochecito no les pase...

jueves, 15 de enero de 2009

lunes, 12 de enero de 2009

Abuelos son solamente las abuelas

En una nota titulada "Ciudar a los nietos por obligación y no por placer, un problema que crece", Clarín nos explica que hay "abuelas full time", "abuelas sin tiempo libre", "abuelas cansadas y exigidas que tienen miedo de decir que no".

"Es un fenómeno que crece, sobre todo, en la clase media donde mamá trabaja tantas horas como papá y sin embargo cada vez les cuesta más afrontar los gastos de jardines maternales, niñeras y colegios de doble escolaridad", se precisa, con un leve sabor a "si las mujeres dejaran de trabajar para cuidar a su prole, todo estaría en orden".

Una psicóloga, Diana Resnicoff, explica que "este síndrome aparece en el rol femenino 'porque la confianza en el cuidado de los niños se deposita en la mujer, la madre; en cambio el abuelo lo vive más como espectador'".

Claro. Cuando trabajaban, era porque trabajaban. Y ahora que están jubilados, ¿qué? Porque tienen que ir a jugar al truco con los amigos?

En un recuadro, Clarín publica algunos consejos para las abuelas. Lo leí varias veces. En ninguna parte vi que recomendaran la participación del abuelo...

Decididamente, a las mujeres las toman por idiotas hasta el fin de sus vidas. Y ellas se dejan...
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domingo, 9 de noviembre de 2008

Teta, teta, teta (bis repetita)

Está bien. El cáncer de mama es un flagelo terrible. Hay que impactar para que todas las mujeres tomen consciencia de la necesidad de hacerse controles regulares. Buenísimo. ¿Pero es necesario para eso empapelar la ciudad con tantas tetas?


Ese cartel lo vi colgado en un edificio de la avenida 9 de Julio. Estaba en bici y casi me estrolo. Me imagino la cantidad de hombres que se quedarán mirando el cartel babeando delante de tantas tetas ofrecidas ante su vista. ¿La Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer pensó en la cantidad de accidentes que pueden provocar esos carteles?

Nuevamente, ¿para cuándo un afiche con 19 fotos de anos masculinos para la prevención del cáncer de colon?

lunes, 20 de octubre de 2008

martes, 7 de octubre de 2008

¿Por qué las mujeres estamos tanto tiempo en el baño?

Hace unos días, recibí uno de esos mails que suelo tirar sin leer, porque supongo que me voy a encontrar con alguna cadena pedorra que te dice que si no lo reenviás a 127 personas en los próximos quince minutos te vas a morir fulminad@ por un rayo, por más que ese día haya un sol resplandeciente.

No sé por qué, éste lo leí, y me encontré con algo muy distinto a lo que me esperaba. El objeto del mail es: "¿Por qué las mujeres estamos tanto tiempo en el baño?"

Con una pregunta tan generalizadora ("las mujeres"...), pensaba que la respuesta sería esencialista, del tipo "porque a las mujeres nos encanta pintarnos porque nos encanta ser lindas y queremos estar siempre divinas" o "porque necesitamos esos momentos de intimidad entre mujeres entonces vamos de a dos y tardamos mucho porque nos encanta hablar de nuestros hombres" o algo por el estilo.

Y nada que ver.

No es un texto trascendental, pero me recordó muchas situaciones reales ,y bueno, nada, alguna vez también me toca escribir (o en este caso copiar) algo liviano, así que aquí va:
El gran secreto de todas las mujeres respecto a los baños es que de chiquita tu mamá te llevaba al baño, te enseñaba a limpiar la tabla del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza.

Finalmente te instruía: 'Nunca, nunca te sientes en un baño público'.

Y luego te mostraba 'la posición' que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza.

'La Posición' es una de las primeras lecciones de vida de una niña, súper importante y necesaria, nos ha de acompañar durante el resto de nuestras vidas. Pero aún hoy en nuestros años adultos, 'la posición' es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está a punto de reventar.

Cuando TENÉS que ir a un baño público, te encontrás con una cola de mujeres que te hace pensar que dentro está Brad Pitt. Así que te resignás a esperar, sonriendo amablemente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando piernas y brazos en la posición oficial de 'me estoy meando'.

Finalmente te toca a vos, si no llega la típica mamá con 'la nenita que no se puede aguantar más'.

Entonces verificás cada cubículo por debajo para ver si no hay piernas.

Todos están ocupados. Finalmente uno se abre y te lanzás casi tirando a la persona que va saliendo.

Entrás y te das cuenta de que el picaporte no funciona (nunca funciona); no importa... Colgás el bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), inspeccionás la zona; el suelo está lleno de líquidos indefinidos y no te atrevés a dejarlo ahí, así que te lo colgás del cuello mientras mirás cómo se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa, porque el bolso está lleno de pelotudeces que fuiste metiendo dentro, la mayoría de las cuales no usás, pero que tenés por si acaso...

Pero volviendo a la puerta... Como no tenía picaporte, la única opción es sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajás la bombacha y te ponés en 'la posición'... Alivio...... Aahhhhhh.... por fin... Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar.... Porque estás suspendida en el aire, con las piernas flexionadas, los calzones cortándote la circulación de los muslos, el brazo extendido haciendo fuerza contra la puerta y un bolso de 5 kilos colgando de tu cuello.

Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza ni la cubriste con papel, interiormente creés que no pasaría nada pero la voz de tu madre retumba en tu cabeza: '¡jamás te sientes en un inodoro público!', así que te quedás en 'la posición' con el tembleque de piernas...

Y por un fallo de cálculo en las distancias una salpicada finííííísima del chorro te salpica en tu propio culo ¡y te moja hasta las medias!

Con suerte no te mojás tus propios zapatos, y es que adoptar 'la posición' requiere una gran concentración.

Para alejar de tu mente esa desgracia, buscás el rollo de papel higiénico peroooo, la puuuuuuuuta...! El rollo está vacío...! (siempre) Entonces suplicás al cielo que entre los 5 kilos de cachivaches que llevas en el bolso haya un miserable kleenex, pero para buscar en tu bolso tenés que soltar la puerta, dudás un momento, pero no hay más remedio...

Y en cuanto la soltás, alguien la empuja y vos tenés que frenar con un movimiento rápido y brusco, mientras gritás OCUPAAADOOOO!!! ahí das por hecho que todas las que esperan en el exterior escucharon tu mensaje y ya podés soltar la puerta sin miedo, nadie intentará abrirla de nuevo (en eso las mujeres nos respetamos mucho) y te ponés a buscar tu kleenex sin agobios, te gustaría usarlos todos pero sabés lo valiosos que son en casos similares y te guardás uno por si acaso.

Ahí ya vas contando los segundos que te quedan para salir de ahí, transpirando porque llevás el abrigo puesto ya que no hay perchero, y es increíble el calor que hace en esos sitios tan pequeños y en esa posición de fuerza en la que seguís, con los gemelos a punto de estallar.

Sin contar el garrón del portazo, el desnuque con la correa del bolso, el sudor que corre por tu frente, la salpicada del chorro en las piernas...

El recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima si te viera así; porque su culo nunca tocó el asiento de un baño público, porque francamente, 'vos no sabés qué enfermedades podrías agarrarte ahí'.

...estás exhausta, cuando te parás ya no sentís las piernas, te acomodás la ropa rapidísimo y tirás la cadena ¡sobretodo!

Entonces vas al lavamanos. Todo está lleno de agua así que no podés soltar el bolso ni un segundo, te lo colgás al hombro, no sabés cómo funciona la canilla con los sensores automáticos, así que tocás hasta que sale un chorrito de agua fresca, y conseguís jabón, te lavás en una posición de jorobado de Notre Dame para que no se resbale el bolso y quede abajo del chorro... El secador ni lo usás, es un trasto inútil así que terminás secándote las manos en tus pantalones, porque no pensás gastar tu kleenex para eso y salís...

Tendrás suerte si no se te pegó un pedazo de papel higiénico al zapato y lo vas arrastrando, o peor, con la falda arremangada enganchada por las medias que te subiste a la velocidad de la luz ¡y mostrando todo el culo!

En este momento ves a tu chico que entró y salió del baño de hombres y encima le quedó tiempo de sobra para leer un libro de Borges mientras te esperaba.

'¿Por qué tardaste tanto?', te pregunta el idiota.
'Había mucha cola', te limitás a decir.

Y ésta es la razón por la que las mujeres vamos en grupo al baño, por solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra te sujeta la puerta, otra te pasa el kleenex por debajo de la puerta y así es mucho más sencillo y rápido ya que una sólo tiene que concentrarse en mantener 'la posición' y la dignidad.
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viernes, 19 de septiembre de 2008

La telaraña que tejen las mujeres

No puedo creer la cantidad de estereotipos que transmite esta publicidad aparentemente tan alegre y fresca. De verdad que esta vez, se superaron.

Para resumir:
  • los hombres no se quieren comprometer, las mujeres sí
  • las mujeres "cazan" a los hombres y transforman lo que era una relación informal en algo formal
  • los hombres son tan bobos que no se dan cuenta de nada
  • el tener hijos es única responsabilidad de las mujeres (cara de "yo no fui" de la mujer embarazada al final, que en realidad significa: "y sí, es culpa mía, ¿me perdonás?" como si él no tuviera nada que ver en ese embarazo)
  • o sea: los hombres no quieren hijos, sólo ceden a los deseos irreprimibles de las mujeres
  • las mujeres usan a los niños como manera de enganchar definitivamente a los hombres y tejer su telaraña (para que después no se vayan a quejar las mujeres cuando el hombre se da cuenta del engaño y la abandona a ella y a los hijos)
  • el hombre es el que maneja el coche, y de hecho el coche es suyo desde el principio: el auto "tiene lugar para todo lo que se viene" en la vida del hombre heterosexual: mujer, hijos...
No sé si seguir o dejarlo ahí...

martes, 2 de septiembre de 2008

¿Panza?

Aún cuando quieren mostrar mujeres "gorditas", las publicidades muestran mujeres flacas.

Ésta para una gaseosa "light" es bastante increíble. En la primera imagen, se muestra a un chico y una chica. Se supone que ambos tienen panza y la están "metiendo" para adentro para ocultarla. En el caso del chico, es tal cual: tiene pancita y la mete para adentro (aunque bueno, tampoco es que sea gordo, tiene una panza normal). Pero en el caso de la chica, aún antes de meterla... ¡no tiene ni una onza de grasa! De hecho cuando le toca "meter panza", ni se nota la diferencia a nivel de la panza.

El resto de la publicidad es igual: los hombres con panza... tienen algo de panza (aunque a mi criterio, nada que justifique que se pongan a dieta). Pero las mujeres son todas flaquísimas, aunque nos quieran hacer creer lo contrario.

¿Cómo pretender luego que las chicas no sean anoréxicas, si contratan a actrices flacas aún para mostrar mujeres gorditas? Y lamentablemente, esta tendencia suma adeptos entre los varones también.


martes, 26 de agosto de 2008

Pildoritas

Algunas noticias sobre las que me da fiaca explayarme pero que valen la pena ser subrayadas:
  • El Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto resolvió en abril pasado incorporar los carácteres multilingües del español y del portugués para la registración de dominio de sitios de Internet y la utilización del subdominio ".gob.ar" en lugar del inglés ".gov.ar". ¿Qué tiene que ver con el sexismo? Nada. Sólo que me parece bárbaro que se luche a nivel gubernamental para defender la identidad lingüística. Ojalá algún día se luche de la misma forma para fomentar un lenguaje no sexista...
  • El diario Clarín publicó una nota titulada: "Ministra, soltera y embarazada", en la que se da la increíble noticia de que en el siglo 21, una mujer va a tener un hijo sin estar casada. ¡No te puedo creer! ¿En serio? ¡Qué escándalo! Digno de una nota, efectivamente.
    También se explica que esa mujer, Rachida Dati, la ministra francesa de justicia, perdón, la "bella" ministra francesa de justicia, es la más "glamorosa" del gabinete, al parecer le habría encantado acostarse con el presidente Nicolas Sarkozy y Carla Bruni está muuuuy celosa de ella (ay, mujeres, mujeres...). ¿Alguna otra información relevante?
    No.
  • El colmo: ayer recibí por mail un anuncio del primer campeonato de Pole Dance de Argentina. ¿Qué es el Pole Dance? Pues sí: el baile del caño. Supongo que tienen un robot que registra todos los sitios que alguna vez hablaron del baile del caño y que mandó ese mail de forma automática. A menos que se trate de una broma pesada. Muy pesada...
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viernes, 22 de agosto de 2008

Juegos machistas

Ni siquiera durante los Juegos Olímpicos nos dejan el paz. Se supone que los Juegos promueven valores como la igualdad, la tolerancia, el respeto mutuo. Pero alguna gente no se da por enterada. El diario Clarín, por ejemplo, para variar. Un diario que está alcanzando el primer podio, el del diario más machista.

No podía faltar en su página web una galería de fotos de "las diosas de los Juegos Olímpicos". Y mete fotos de "las que se robaron las miradas" con comentarios tipo "la belleza invadió Beijing" o "hoy se despidió una de las más bonitas".

Hasta en el deporte nos joden con la belleza. ¿Es mucho pedir que al menos durante los Juegos nos den una tregua, nos traten como iguales y destaquen a las mujeres por sus logros deportivos, como los hombres, y no por su físico?

Para el gran diario argentino, sí, visiblemente, es mucho pedir.
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